El señor Vicente visto por su secretario, Luis Robineau. Artículos 171 al 175

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luis RobineauLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Luis Robineau, C.M. · Traductor: Martín Abaitua, C.M.. · Año publicación original: 1995 · Fuente: Asociación Feyda.
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171. Mortificación en el desapego de sus parientes.

Quien quiera desprenderse enteramente de sus parientes y de sus intereses como lo hizo el Señor Vicente de los suyos, necesitaría po­seer su mortificación, pues se sabe que estaba desprendido de ellos en absoluto; el mismo Señor Vicente dijo sobre ello alguna cosa más por extenso en una de sus charlas pronunciadas por él y que fueron recogidas.1

172. Aguanta unas acusaciones falsas, cuando lo nombran Vicario General.

También su paciencia ha quedado patente con ocasión de una acu­sación falsa, que le atribuyó un abogado al litigar en el Gran Consejo sobre la cuestión de la verificación de las Letras patentes del Rey, portadoras del nombramiento de la persona del Señor Vicente para proveer a los beneficios del Señor Abad de Richelieu durante su au­sencia y su detención en Amiens por orden del Rey. Pues bien, esa acusación consistió en decir que el Señor Vicente iba de puerta en puerta a solicitar a los Señores Jueces, para que le repusieran en el cargo de Vicario General de dicho Señor abad. El Señor Vicente procuró que se viera bien pronto que aquello no era cierto, ya que él mismo, muy lejos de solicitar y tratar de conseguir ser Vicario Gene­ral, pidió a dicho Consejo, que le descargara de aquel cargo, como ya lo hemos dicho largamente en el tema de la humildad (f° 12, ro).2

173. Paciencia con Nicolás Chicot.

Por su paciencia ha hecho volver a su deber y conservado en la Casa de San Lázaro a Nicolás Chicot, donde, por la misericordia de Dios, ha servido a los enfermos con tanta gracia y cuidado y con tanta bendición, que todos están edificados, porque este buen vasco ha estado durante una temporada sin querer hacer nada más que beber y comer y pasear. Ésa fue la causa de que varios de la Casa murmuraran de él, y de que el Señor Vicente lo tolerara aquí dentro y no lo echara, y de que hasta algunos le hablaran del caso; pero él no quiso despedirlo, sino tener paciencia y esperar.3

174. Es detenido por unos burgueses.

También dejó ver su mortificación y ecuanimidad durante la segun­da guerra de París, que ocurrió el año 1652, cuando vinieron de la ciudad y estando para salir por la puerta y llegar a San Lázaro, fue detenido por los burgueses, que hacían guardia en la puerta, y le hi­cieron ver que lo querían insultar, y le obligaron a poner el pie en tierra y bajarse de la carroza. Les habló con su educación habitual sin extrañarse gran cosa. Ellos, por fin, al ver su forma de actuar tan ingenua, nos dejaron pasar. Ese hecho motivó que el Señor Vicente me enviara donde el Señor Duque de Orléans para obtener un pase para poder entrar y salir de París. E inmediatamente se lo concedie­ron.4

175. Soportó con paciencia las reducciones en los ingresos.

Donde su paciencia se veía también mucho era cuando le iban a decir: «Señor, mire, el Rey, por medio de una declaración, ha suprimi­do (la renta de) un trimestre de la renta de su propiedad (sobre los) coches y carrozas; o bien, de dos trimestres, y otras veces, de un año»; o bien, cuando algún Oficial o Hermano Coadjutor le venía a comunicar: «Señor, hemos perdido en una de nuestras fincas tal cosa»; o bien: «Sepa usted que la granja de tal finca se ha quemado» (así sucedió durante las guerras en Fréneville), e igualmente, en ocasio­nes parecidas de tristeza y disgusto, que le iban a anunciar. Pues bien, en todos esos accidentes y circunstancias su lamento más habitual era: «¡Alabado sea Dios!»; o también este otro: «¡Debemos someter­nos y aceptar de buen grado lo que Dios quiera enviarnos!»; o bien: «¡Todo lo que quiera Dios permitir que nos suceda!». Otras veces decía: «¡Creo que finalmente nos veremos obligados a ir de vicarios por las aldeas, si el buen Dios no se compadece de nosotros!».5

  1. Renuncia y desprendimiento de los parientes.

    —Deja a los suyos en su humilde condición (Abelly III.291).

    No quiere mezclarse en la rehabilitación de uno de sus parientes (Abelly III.291; SV III.19/23).

    —Uso de una cantidad de 1.000 libras dadas por el Sr. Dufresne en 1650; conserva la cantidad durante 2 o 3 años; después, en 1652, la entrega al canónigo Saint-Martin para entregarla a sus parientes, fa­cilitar la reconstrucción de las casas, la reanudación del trabajo… (Abelly III.292).

    Peligro de la visita a los parientes. (Julio de 1623, XII.219/X1.517; E.636; 2 de mayo de 1659).

    —Se niega a ayudar a un sobrino en los estudios (Abelly III.294).

  2. Falsa acusación, cuando lo nombraron Vicario General; (Cf. nota 60).
  3. Paciencia con el Hermano Chicot.Ninguna mención de ese Hermano en la Vie de Abelly, 1664, ni en los escritos de Vicente de Paúl. (París 1920-1925, 1970); Coste, Monsieur Vincent (1932, 3 vols.).
  4. El Sr. Vicente detenido por los burgueses en 1652.

    El Sr. Vicente en dicha ocasión envía al Hermano Robineau, para que consiga del Duque de Orléans un pasaporte para entrar y salir de París, junio de 1652.

  5. Paciencia cuando se reducen las rentas, en los robos, en los incen­dios. Carlota de Ligny, Presidenta de Herse, donó el 23 de julio de 1653 a la casa de San Lázaro dos fincas: una situada en Mespuits, la otra en Fréneville (1.305/331). La hacienda de Orsigny fue saqueada en 1649, pero Vicente había podido previamente sacar de ella a 240 ovejas (III.412/376, 25 de febrero de 1649).

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