El señor Vicente visto por su secretario, Luis Robineau. Artículos 131 al 135

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luis RobineauLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Luis Robineau, C.M. · Traductor: Martín Abaitua, C.M.. · Año publicación original: 1995 · Fuente: Asociación Feyda.
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131. Levantarse por la mañana a pesar de la inclemencia del tiempo y de sus enfermedades.

La puntualidad, al levantarse todas las mañanas, a las cuatro, mien­tras fue capaz de hacerlo sin miramientos a los rigores del invierno y a los insomnios de su cuerpo, hasta a veces con fiebre, todo eso, digo, sólo da a entender una cosa: la gran devoción del Señor Vicente.1

132. Devoción a la Santísima Virgen. Peregrinación a Chartres.

Otro tanto hay que decir de los Sagrados Oficios, de las Misas Solemnes, que celebraba a menudo, especialmente en las grandes fiestas del año y de la Santísima Virgen, de la cual parecía muy devo­to. Esto se veía en la celebración de sus fiestas y en los consejos que daba a todos, de que le tuvieran una devoción muy especial. Un día marchó en peregrinación a Nuestra Señora de Chartres para obtener, por mediación de la Santísima Virgen, un cambio en Monseñor Alet, que no quería en absoluto aceptar el obispado que el Señor Vicente deseaba que se le diera.2

133. Devoción a Nuestro Señor —La Misa—. La abstinencia de los viernes por la noche.

Su devoción todavía ha parecido mayor, me parece, a la santa hu­manidad de Jesucristo; eso se notaba principalmente en el Santo Sa­crificio de la Misa, entonces, algunas veces, se le oía que suspiraba en voz baja y que se dejaba llevar por los impulsos; como también en la abstinencia, que impuso en la Compañía el viernes por la noche de todas las semanas en honor de la pasión del mismo Salvador.3

134. Modo de celebrar la Misa.

A propósito de la Santa Misa, la decía con tanta devoción y la pro­nunciaba con tanta claridad, realizaba las demás ceremonias tan bien y tan respetuosamente, que causaba devoción a la gente, sin ser ni demasiado largo, ni demasiado breve, más bien largo que breve; le bastaba una media hora.

135. Recitación del Oficio arrodillado.

Le he visto con frecuencia decir el Oficio arrodillado, mientras las posibilidades y los males de las rodillas se lo han permitido.

  1. Levantarse a las 4 de la mañana. Dificultades.

    —2 de agosto de 1640 (IX.28/45).

    «Les diré sencillamente qué es lo que hago yo. Me sucede muchas veces que no duermo por la noche, pero, a no ser que la fiebre me obligue a sudar, me levanto siempre a las cuatro, que es la hora de la Comunidad, pues tengo la experiencia de que me acostumbraría fácilmente a levantarme más tarde» (Abelly I.91).

    Y a pesar de todas sus ocupaciones y demás asuntos extraordina­rios, que le sobrevenían, «no dejaba de levantarse todos los días regu­larmente a las cuatro».

    —»Se levantaba regularmente a las cuatro —como ya lo hemos di­cho—, aunque se acostara siempre muy tarde y pasara muchas no­ches sin poder descansar más de dos horas, tal como lo ha confesado algunas veces él mismo». (Abelly III.70-71)-

    —(Abelly III.299): Se ha hecho notar que nunca ha acortado sus noches de vela en su ancianidad, levantándose siempre a la hora acos­tumbrada de la Comunidad, aunque fuera el último en acostarse».

    «Este prudente y celoso Superior era tan exacto en los actos de su comunidad y, en particular, en la oración de la mañana, que se levan­taba como los demás a las cuatro, aunque hubiera descansado poquí­simo durante la noche por la incomodidad producida por la fiebre o por algún otro impedimento; y hasta los días en que debía ser sangra­do o tomar alguna medicina; y la mañana de esos días hasta en su ancianidad no se relajó nada» (Abelly III.351).

  2. Peregrinación a Chartres, para que Nicolás Pavillon acepte el obis­pado.

    Nicolás Pavillon, nacido en París, nombrado para Alet el 2 de junio de 1637; aceptado el 16 de mayo de 1639; consagrado, después de un Retiro en San Lázaro bajo la dirección de Vicente de Paúl, el 21 de agosto de 1639 por Juan Francisco de Gondi, asistido por Felipe Cospéan (Lisieux) y Enrique Litolfi (Bazas); falleció el 8 de diciem­bre de 1677 en Alet (1.157/214, nota 3).

    Antes de esa fecha, «fue también (el Sr. Vicente) expresamente en peregrinación a la iglesia de Chartres, a fin de obtener, por interce­sión de aquella poderosa Abogada las luces necesarias para un ecle­siástico nombrado para un obispado, y así conocer la vocación de Dios sobre él para aquel sublime estado, pensando que aquel virtuoso eclesiástico podría prestar muy grandes servicios a la Iglesia, aunque le costara mucho decidirse por unos sentimientos de una humildad rarísima. (Abelly, III.92-93).

  3. La Misa. Honor a la Pasión.

    Abelly (III.72-73) refiere las observaciones de los testigos. L. Robineau de unas indicaciones concretas: «A veces se le oía suspirar en voz baja y dejarse llevar de los impulsos». – Las Reglas comunes distribuídas el 17 de mayo de 1658 prescriben esta práctica: «Para honrar en cierta manera la Pasión de Jesucristo, todos se contentarán el viernes de cada semana en la cena con un solo plato, que será de verdura o legumbres, salvo se esté de misiones o de viaje» (R.C. X. 16).

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