El señor Vicente visto por su secretario, Luis Robineau. Artículos 096 al 100

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luis RobineauLeave a Comment

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Author: Luis Robineau, C.M. · Translator: Martín Abaitua, C.M.. · Year of first publication: 1995 · Source: Asociación Feyda.
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096. Actitud general: «Agarrarse al tronco del árbol».

Una cosa, que está bien decirla en este momento, es que también dijo en varias circunstancias a propósito de las divisiones y desave­nencias, que «había que agarrarse al tronco del árbol».

También lo demostró él mismo que estaba perfectamente sujeto a él, pues había hecho voto de obedecer al Papa, como ya lo hemos hecho notar al hablar de los actos de humildad, donde hemos indicado que lo había realizado (f210,v2), que es preciso ver.1

097. Reunión en San Lázaro.

Conviene destacar que, a propósito de las nuevas ideas, hubo una reunión de tres o cuatro personas, a saber: el Sr. Obispo de Saint­Malo, un Doctor de la Sorbona llamado Señor Hallier, actualmente obispo de Cavaillon, y un Padre jesuíta; se reunieron en San Lázaro tres o cuatro veces en diferentes días para discutir juntos sobre al manera que deberían usar para destruir las nuevas ideas de Jansenio, y podemos decir que el Señor Vicente moderó el envite. Procuró hacerse con personas piadosas, que respondieran de los gastos del viaje del Señor Hallier y de sus compañeros enviados a Roma para defender de los jansenistas la doctrina de la Iglesia y hacer ver al Papa las verdades combatidas por los discípulos de Jansenio.2

098. Condena de Jansenio.

Pues bien, el Señor Vicente dijo entonces a su Comunidad, contándoles el informe, que el Papa había dicho a los Señores Diputados: «Que en su vida, nunca había recibido una abundancia tan grande de luz y de gracia, que la que había recibido sobre aquella cuestión, es­pecialmente la víspera del día de la proclamación de la Bula, y Su Santidad ha querido también, a pesar de sus 79 años, asistir a las conferencias, y ha permanecido a veces hasta tres y cuatro horas enteras a pesar de los ruegos y las reconvenciones, que sus parientes y sus amigos le hacían que no lo hiciera así, y que podría morirse, y que dañaría notablemente su salud; pero que, a pesar de todos los ruegos y reconvenciones, había sentido movimientos interiores tan acuciantes, que no había tenido en cuenta todos aquellos ruegos y reconvenciones».

Nos dijo también que el mayor temor que había sentido en toda su vida había sido el que hubiera podido ceder ante las nuevas opiniones, y que él no llegó a aceptar. Desde el tiempo de la herejía de Arrio, cuántas columnas se han roto, y también desde el tiempo de Calvino, nos decía a propósito de esto. Después, continuando su discurso aña­día: «Así que debemos dar muchas gracias a Dios por haber librado la Compañía de este mal, que ahora vemos que ha sido condenado por la Santa Sede. Cuando nos hagamos encontradizos con algunos de los que eran de esas opiniones, no se les debe argüir, ni reprochar­les, más bien debemos dejar pasar todo eso en silencio».3

099. Desinterés por los bienes temporales.

Otro acto de prudencia, que podemos decir que había sido continuo y diario en el Señor Vicente, es que teniendo a mano muchos medios de obtener bienes de fortuna, beneficios, a pesar de eso, él no los ha obtenido. También los bienes temporales le resultaban demasiado bajos, ya que buscaba en las riquezas un bien mayor.

Las mitras y los báculos no hallaron en él acogida, porque veía con mucha precisión, que aquél hubiera sido el camino de perder la Com­pañía, y de darle una ejemplo muy malo, él que predicaba con tanta frecuencia el desprecio de los honores y dignidades, y les exhortaba a vivir como pobres.

100. Investigación acerca de los beneficios.

Usaba mucho de las averiguaciones y se informaba cuidadosamen­te de la vida y de las costumbres de los que pretendían las provisiones de algunos beneficios o ser nombrados por el Rey para algún obispa­do, abadía, y no se las daba, sino a quienes juzgaba más aptos, sin tener en cuenta las recomendaciones que le hacían.

  1. «Agarrarse al tronco de un árbol. —Expresión paralela— Un gran sabio». «El espíritu humano es pronto y móvil; los espíritus más listos y clarividentes no son siempre los mejores, si no los más prudentes, y los que andan en seguridad, y no se separan del camino por donde han andado la mayoría de los sabios».
  2. Enrique II, príncipe de Condé, padre del Gran Condé. «El príncipe de Condé tenía conversaciones secretas y frecuentes con el Nuncio del Papa y el Canciller por mediación del Padre Vicente para buscar juntos unos medios para destruir aquellas novedades que aborrecía». (R. Rapin, Mémoíres, 1.40).

    Sostenedor financiero de Francisco Hallier y Lagault en Roma, mayo de 1652-1653, antes de la publicación de la Bulla «Cum occasione», 31 de mayo de 1653. Canevas: Que los señores Hallier y Lagault pueden contar con que, al regreso a esta ciudad, se les entregará la cantidad de mil libras por el asunto sobre el que han escrito. (IV.496 ed. española).

  3. Las cinco proposiciones fueron condenadas el 31 de marzo de 1653, pero la condena no fue promulgada hasta el 9 de junio. El Señor Vicente escribía el 29 de junio, cuando la noticia se estaba extendiendo por París. (IV 6201576). Abelly (III.7) alude a esta condena y a esta conferencia. La víspera de la fiesta de Pentecostés, último día de mayo de 1653, el Papa Inocencio X, por la Bula enviada a Francia, condena las cinco proposiciones de Jansenio.

    Condena de la cinco proposicones de Jansenio, «Cun occasione», 1653. Reflexiones del Sr. Vicente en junio de 1653 (XI.156/83-84).

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