El señor Vicente visto por su secretario, Luis Robineau. Artículos 041 al 045

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luis RobineauLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Luis Robineau, C.M. · Traductor: Martín Abaitua, C.M.. · Año publicación original: 1995 · Fuente: Asociación Feyda.
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041. Rechaza una colgadura para su cama.

En otra ocasión, le pusieron una pequeña colgadura en su pequeña habitación alrededor del jergón a causa del frío y de la incomodidad que sufría en su cuerpo. La quitó de encima «porque —me dijo— aque­llo le daba vergüenza».

Al margen: Ver lo dicho a lo largo del Cuaderno grande.1

042. Ocupa el último sitio en la Iglesia, cuando se ponen a confesar.

Cuando se dio en San Lázaro la misión a los pobres, a veces él solía dar el Catecismo; y el lugar que escogió para oír las confesiones de aquella pobre gente, estaba en la parte baja de la iglesia, junto a la entrada de la puerta, que sirve para salir de la iglesia y marchar a la calle, como el lugar más abyecto, el último, el más incómodo.

Al margen: Ver este artículo en el artículo del Celo, 62

043. Lava la vajilla.

Le he visto varias veces en la cocina, con el mandil puesto y lavando la vajilla, con los Hermanos que allí se encontraban.3

044. Se hace servir después de los pobres.

Cuando estaba en la mesa para la comida, quería que le sirvieran después de los dos pobres allí presentes, de forma que sucedió varias veces, que, como los que servían iban a llevarle un potaje o un pedazo de carne antes que a los pobres, hacía señas de que sirvieran antes a los pobres.

Eso lo he visto y observado yo mismo.4

045. Besa los pies a los pobres.

Besaba con un afecto que causaba maravilla, los pies de los doce pobres el Jueves Santo, cuando celebraba las ceremonias de la Cena, y lo hacía arrodillado.

  1. Cf. Abelly. III 272-273.
  2. Observación omitida por L. Abelly, 1664.
  3. Observación omitida por L. Abelly, 1664.
  4. Abelly, III.132. «Recibía todos los días a dos pobres en San Lázaro, para que comieran con su comunidad; antes les daba la enseñanza espiritual que necesitaban y, a mentido hemos visto a este verdadero amigo de los pobres, después de saludarles con gran afabilidad, ayu­darles a subir los escalones del comedor, hacerles ponerse más arriba que él, preocuparse de que les sirvieran bien, y prestarles, él en per­sona, varios pequeños servicios».

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