Vida de San Vicente de Paúl, de Fray Juan del Santísimo Sacramento. Libro primero, capítulo 21

Francisco Javier Fernández ChentoVicente de PaúlLeave a Comment

CREDITS
Author: Fray Juan del Santísimo Sacramento · Year of first publication: 1701.
Estimated Reading Time:

Capítulo XXI: Muerte del prior de San Lázaro, y gratitud que le tributó Vicente.

Como antes hemos dicho, Adrian Le Son, prior de San Lázaro, fue la persona de quien Dios se valió para poner a Vicente y su compañía en la casa de San Lázaro. No solo consintió en la donación de ese edificio, sino que rogó a Vicente durante un año que lo admitiese, y persistió en su ruego a pesar de la resistencia que oponía éste, haciéndole tanta instancia y suplicándole tanto para que admitiese la casa y el priorato, cuanto otras personas no hubieran hecho al mismo prior para que se las cediese; de tal suerte, que entre estos dos siervos de Dios se entabló una competencia de virtudes, rara y tal vez única en nuestros tiempos, en que la humildad de Vicente luchaba contra la caridad del buen prior, y el amor de la pobreza contra la liberalidad; y si la obediencia a las órdenes de Dios, que al fin conoció Vicente y no se atrevió a desatender, no hubiese terminado esta lucha, sin duda hubiera durado por más tiempo, y quién sabe si en esta vez la virtud más grande hubiera tenido que ceder el campo a otras inferiores, aunque con el tiempo triunfase de cualquier otro modo tan excelente, aunque menos ventajoso para el progreso de la Congregación de la Misión.

Conservó el caritativo prior su habitación y la de sus religiosos en San Lázaro, y no será fácil pintar todas las manifestaciones de cariño y todos los servicios que recibió de los misioneros durante el resto de sus días; pero particularmente de Vicente que lo consideraba como el bienhechor y verdadero padre de los misioneros que vivían en San Lázaro. Estudiaba con particular empeño el modo de agradarlo, de servirlo, de manifestarle respeto y cariño con un espíritu verdadero de sincero y filial reconocimiento; y esto lo hizo por más de veinte años, hasta el de 1651 en que quiso Dios sacar de este mundo, el mismo día de pascua, a este verdaderamente bueno y caritativo prior, para llevarle a gozar en el cielo los frutos de su caridad.

El celo con que Vicente lo había honrado y amado durante su vida, resplandeció en gran manera en el momento de la muerte de su bienhechor, a quien asistió con el afecto y cuidado que le inspiraba el interés que tenía por la salud eterna de una alma que tanto estimaba. Hizo que los misioneros que se hallaban entonces en la casa, rodeasen la cama de aquel interesante moribundo para rogar a Dios por él, y el mismo Vicente rezaba las oraciones de los agonizantes y otras más, sugeridas por su caridad durante la larga agonía del prior.

Luego que este exhaló el último suspiro, a los setenta y cinco años de su edad, y concluida la recomendación de su alma, se levantó Vicente, y habló a los que estaban presentes en estos términos.

«En fin, hermanos míos, ya está nuestro buen padre delante de Dios«; y luego, levantando los ojos al cielo añadió: «Dignaos, Señor, por vuestra bondad aplicarle las buenas obras que esta Congregación pueda haber hecho y los pequeños servicios que hasta ahora ha procurado haceros; os los ofrecemos, Dios mío, y os suplicamos le apliquéis la eficacia de ellos. Tal vez muchos de nosotros estaríamos hoy en la indigencia si él no nos hubiese recibido para alimentarnos; cuidado, hermanos míos, con caer en el negro pecado de ingratitud hacia él y todos los demás señores de esta casa, de quienes somos hijos adoptivos, y a quienes debemos mirar y respetar como a padres. Reconozcamos siempre el gran beneficio que nos han hecho, y tratemos de acordarnos todos los días del buen prior y de rogar a Dios por él«.

Hizo Vicente los funerales con gran devoción, celebró la misa por su alma, y dispuso que se celebrasen otras muchas en la iglesia de San Lázaro, y además, a todas las casas de su Congregación escribió en estos términos: «Dios ha tenido a bien dejar huérfana a esta compañía, quitándole al padre que nos había adoptado por hijos, el prior de San Lázaro, que murió el día de pascua, después de haber recibido los sacramentos, y con tal conformidad con la voluntad de Dios, que durante toda su enfermedad no ha manifestado la más ligera señal de impaciencia, así como tampoco en sus achaques anteriores. Ruego a todos los sacerdotes de vuestra casa que digan misas, y a todos nuestros hermanos que comulguen por su intención«.

Hecho esto, dispuso Vicente que se pusiese un expresivo epitafio en medio del coro de la iglesia de San Lázaro y cerca del sepulcro de este caritativo hombre, para perpetua memoria de los beneficios a que ha sido deudora y desea siempre reconocer la Congregación de la Misión, y además se resolvió que cada año, el 9 de Abril, día en que murió, se celebrara un solemne aniversario por su alma.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *