Roma 18 de julio de 1650
Padre:
Me hubiera tomado el honor de escribirle con mayor frecuencia para darle cuenta de todo lo que va sucediendo con nuestro asunto, si hubiéramos logrado retirar nuestros papeles de manos de monseñor Farnese, secretario de la congregación de regulares (1), el cual, enfadado por haber acudido nosotros al señor cardenal Palotta y haber impedido de este modo que él actuara como juez, según eran sus deseos (y no teníamos por qué permitírselo), se ha quedado con todos los papeles, dándonos largas en el asunto, unas veces de una manera y otras de otra, de forma que resulta casi increíble que un prelado de tal categoría proceda por unas consideraciones tan ruines como las suyas, y que hemos descubierto que no son finalmente más que deseos de venganza y de sacar algún dinero. Me da vergüenza escribirle al señor obispo de Cahors para contarle todas estas dilaciones, pero no tendré más remedio que hacerlo para cumplir con mi obligación.
Estoy muy contento de que apruebe usted la solución que aquí hemos proyectado, de pedir más bien la confirmación de la reforma en vez de hablar de erección. Todavía no estoy muy seguro del orden que hemos de seguir para la ejecución de este proyecto, en el que no podremos hacer nada sin los documentos que nos retiene el señor Farnese. Hacemos todas las diligencias posibles para que nos los entregue. Espero que con un poco de dinero lo podremos conseguir; es el último remedio que se me ocurre. Espero órdenes del señor obispo de Cahors para poder conseguirlo cuanto antes, ya que hemos agotado todo lo que teníamos orden de recibir aquí.
En el penúltimo correo recibí un paquete del señor obispo de Cahors con el breve de apelación de la sentencia del señor abad de Grosbois, que me enviaba para que lo corrigiese, dado que el banquero que lo hizo expedir aquí no había seguido la memoria que le habíamos remitido desde París. Lo he mandado corregir y expedir de nuevo, pero no podré retirarlo hasta el próximo sábado, para poder enviarlo dentro de ocho días. Me he servido de un abogado en esta expedición, para mantenerla en secreto. El padre Guérin había recibido noticias del primero y lo había hecho revocar. Temo que esto cause cierta confusión en la ejecución que tenga lugar en Francia. Ya se lo he escrito al señor obispo de Cahors. Aquí no pueden comprender qué razones puede haber para obligar a llevar este asunto adelante en Francia y en Roma al mismo tiempo. Me parece que hay tantas dificultades para hacerlo así como para no hacerlo. Ambas cosas dependen de la voluntad de dicho señor.
Le agradezco muy humildemente el honor que ha querido otorgarme con su carta del 24 de junio pasado y las molestias que se ha tomado en mandar al padre Alméras que nos dé su ayuda, tal como él nos la ha ofrecido de buena gana. Le quedamos muy reconocidos por ello y procuraremos servirles en la primera ocasión que se presente.
Le suplico que nos siga concediendo su benevolencia y a mí el favor de creerme, padre, su muy humilde, muy obediente y muy obligado servidor.
- VITET
canónigo regular
Dirección: Al padre Vicente, superior general de la congregación de sacerdotes de la Misión, París, en San Lázaro.







