9 noviembre 1649.
He recibido noticias de una de nuestras casas de que el mal alimento que les dan produce malos efectos en los cuerpos y en los espíritus, de forma que si la persona encargada de la despensa y que con la idea de ahorrar ha llegado a estos excesos económicos, no arregla un poco mejor las cosas, después de la advertencia que le hecho y de la carta que le he escrito, me veré obligado a poner a otro en su lugar para sustentar razonablemente a esa familia, lo mismo que se hace en San Lázaro y en los demás sitios; pues si no, muchos se sienten indispuestos. Le digo esto, padre, porque se encuentra usted en el mismo cargo y para que tenga usted cuidado de evitar estos inconvenientes, procurando dar buen pan, buena carne y no vender el vino mejor para dar otro peor, ni exponer a la comunidad a las quejas contra un trato demasiado austero. He sentido tanto las que me han llegado de la casa de que le hablo que temo mucho que también otras me den los mismos motivos de aflicción; espero que no ocurrirá así con usted. Le ruego que tenga cuidado con ello.







