Padre:
Dos asuntos importantes para la gloria de Dios me obligan a ponerle estas líneas.
Los desórdenes de la abadía de Monestier, de la orden de San Benito, en esta diócesis, a 4 leguas de Puy. Depende de los señores de Sansterre. Los padres de la reforma de San Mauro, que viven en la abadía de San Germán de los Prados, le comunicarán lo que pasa. Ayer estuve allí para obligar al prior a castigar a un religioso…
Ya conoce las violencias y sacrilegios que los soldados del regimiento del Languedoc, mandados por el señor de Valon, han cometido en una iglesia de mi diócesis hace tres días. Le ruego muy humildemente que informe de ello a la reina lo antes posible. Le he escrito al señor tesorero largamente sobre este asunto. Creo que él le enseñará a usted mi carta. Se trata de la gloria de Dios. Los altares han sido profanados, el santo copón ha desaparecido y han robado el cáliz en que se consagraba todos los días. Temo que Dios haga sentir su cólera a quienes tienen la autoridad en la mano, si no ponen remedio a estos desmanes. Dentro de ocho días enviaré un hombre expresamente a la corte para presentar los informes y las quejas oportunas.
Soy, padre, su muy humilde servidor,
ENRIQUE,
Puy, 18 noviembre 1648.
Dirección: Al padre Vicente, superior general de la Misión, París.







