París. 26 octubre 1646.
Padre:
La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
No he recibido carta suya esta semana, pero no quiero romper mi correspondencia con usted. Siento tanta alegría al leer sus cartas y al saber lo que ocurre con sus trabajos que le ruego, padre, que me escriba en todos los correos. Esta alegría no es sólo mía; participa en ella toda la Compañía, ya que se las leo cuando hay algo especial y aprovecho la ocasión para encomendarle a las oraciones de todos.
Me parece bien la razón del señor c[ardenal] arzobispo para no concederle reposo en sus faenas, teniendo en cuenta su celo o las disposiciones y el fervor actual de los pueblos; pero hay que mirar más lejos y conservar a los obreros para que dure el trabajo. Por tanto, haga lo que pueda por moderar un poco las cosas. Y si él insiste, al menos procure no cansarse tanto en la cátedra y en las funciones. Hábleles más familiarmente y en voz más baja, haciendo que se acerquen a usted; la virtud no está nunca en los extremos, sino en la discreción, que les recomiendo todo lo que puedo a usted y al padre Martin.
El padre Portail irá pronto a visitarles. Sigue en La Rose, pero a punto de salir para Marsella y luego para Génova.
El hermano Pascual no ha llegado todavía; cuando llegue, lo recibiremos de la manera que usted sabe y que él desea.
Le saludo a usted y a su pequeño rebaño, con un consuelo y cariño de corazón extraordinario, y postrado a los pies adorables de Nuestro Señor. Le suplico que reciba a todos ustedes bajo su protección y les anime cada vez más con su espíritu y su amor, en el que soy suyo siempre muy humilde servidor,
VICENTE DEPAUL,
Indigno sacerdote de la Misión.
Dirección: Al padre Blatiron, sacerdote de la Misión, en Génova.







