París, 2 agosto 1646
Padre:
La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Soy incapaz de expresarle el consuelo que ha recibido mi alma con la lectura de la suya, al admirar la bondad de ese santo cardenal y su comportamiento con usted. Convendrá que se atenga usted a las circunstancias en lo que se refiere a las dificultades de la fundación. No sé por qué me ha enviado usted el proyecto que, por lo que colijo de la suya, había dirigido a Génova el padre Codoing.
Le escribiré inmediatamente al padre Dehorgny que le envíe a alguien distinto del padre Dunots y que el que le envíe sea sabio, de vida interior, juicioso y capaz de llevar el seminario, o al menos que tenga estas cualidades lo más que se pueda.
El padre Dufestel se ha marchado a casa, debido a la continua oposición que él tenía y que creaba en los demás contra el gobierno de la Compañía, llegando a amenazar que la destruiría después de mí, y poniendo efectivamente las bases para ello. Ya hace mucho tiempo que llevaba prometiéndome que se corregiría; pero en vez de ser así, hacía todo lo contrario. Hemos hecho que le den el deanato de Lillers, en Artois. Es una de las ciudades conquistadas, El se ha quedado contento y la Compañía en paz.
El padre Codoing sigue tirando. Tengo miedo de lo que me dice usted y el padre Martin, aunque parece que se va arreglando. Seguiremos los consejos de ustedes sobre su residencia y ocupación. Tenía ya tan engatusado al padre Dunots, que éste le propuso marcharse los dos a Ginebra.
¡Dios mío! ¡Pero qué es lo que usted me dice de esa horrible malicia del pobre h[ermano] P[ascual]! ¡Que el espíritu maligno le haya hecho decir a un sacerdote de la Compañía lo que él dice, siendo quizás un impostor! ¡Dios mío! ¡O él ha cometido una infamia tremenda, o el otro es culpable de un gran mal! Haga el favor de enviárnoslo cuanto antes y lo más suavemente que usted pueda; entretanto utilice usted a cualquiera, hasta que llegue el que espero enviarle dentro de dos o tres días. No le mandaré al que le dije anteriormente, pues lo hemos enviado a Le Mans, dado que usted nos indicaba que podría prescindir de él.
Comprendo perfectamente que esos señores hayan sacado la conclusión que usted me indica; pero ¿cui fini me ha enviado usted el proyecto de la fundación? ¿Es que S. E. estaba dispuesto a hacer enseguida la fundación? En ese proyecto hay algunas condiciones que podrían alterar el orden de la Compañía y quizás destruirla en ese lugar. Le ruego que me indique cui fini es ese escrito (no he podido sacar nada en limpio de la lectura de su carta), y entonces podré decirle lo que pienso sobre esas dificultades.
Le escribo desde Orsigny, donde me encuentro desde ayer; dentro de dos horas regresaré a París, de donde le envié su carta a la señora duquesa de Aiguillon, que la quería ver.
No me acuerdo ahora de los demás puntos de su carta, para poder contestarle.
Las noticias de por aquí son que, gracias a Dios, la Compañía sigue bastante bien por todas partes, a no ser quizás por lo que usted me dice de ese hermano; hay actualmente en París unos sesenta sacerdotes en el seminario de Bons-Enfants; y unos cuarenta en el seminario del pequeño San Lázaro, que empieza bastante bien, gracias a Dios; que nos llaman para Nuestra Señora de Plancoet, un lugar de mucha devoción, poco más allá de Saint-Malo; que el padre Nouelly y el hermano Barreau han partido para asistir a los pobres esclavos cristianos de Argel; y que estamos a punto de enviar un sacerdote y un hermano a Salé, en el reino de Marruecos, en Berbería.
Esto es poco más o menos lo que puedo decirle; mi corazón tan ruin siente un gran afecto por el suyo, al que quiere más que así mismo. Soy en el amor de Nuestro Señor su muy humilde servidor,
VICENTE DEPAUL
i. s. de la Misión
Le escribo al padre Dehorgny que le envíe a alguien que sepa llevar el seminario, aunque tenga que dejar lo que allí esté haciendo: le ruego que nos envíe al hermano P[ascual], apenas reciba la presente. Haremos salir a nuestro buen hermano dentro de tres días.
Ya hace mucho tiempo que le envié por el correo de Marsella las tijeras, los cortaplumas, los folletos y las estampas. Me parece que el padre Chrétien se ha retrasado en enviárselas hasta ver quién es el que iría a visitarles a ustedes. Si tiene usted prisa, escríbale.
Dirección: Al padre Blatiron, sacerdote de la Misión, en







