Domingo de Ramos de 1646
Le agradezco muy humildemente todas las atenciones que ha tenido usted conmigo durante mis ligeras indisposiciones, desde hace más de veinte años, señorita, y ruego a nuestro Señor que sea él mismo su recompensa y mi gratitud.
Estoy mejor, gracias a Dios, pero no salgo todavía, ya que aún no me han purgado, por tener un poco de resfriado.
Su corazón está un poco entristecido por mis pequeñas incomodidades y porque a veces mira las cosas pensando demasiado en las consecuencias y en lo que puede pasar.
Lo mismo le pasa con su hijo. Y esto le conturba demasiado. Es conveniente, señorita, no conceder estas libertades a nuestra imaginación ni detenerla en la consideración de lo que es un efecto de nuestras afecciones melancólicas que, de ordinario, no se realizan la mayor parte de las veces, ya que toda pasa según lo ordena la adorable providencia.
Bien. Le gustaría a usted hacer su revisión y una comunicación más íntima con aquel con quien nuestro Señor le ha dado cierta confianza, y no ha querido Dios que haya podido hacerse esto, para que se haga usted interior e íntimamente con él mismo, que al honrarle con su amor excesivo como dice el Apóstol quiere, por unos celos divinos, ser él con quien haga usted esa ansiada revisión y esa íntima comunicación. ¿Tiene usted motivos para quejarse, si es así?
¿Y qué sabe usted si no es Dios expresamente el que le priva de las noticias de su hijo, para que honre usted de un modo especial la privación que él quiso sufrir del suyo y también la santísima Virgen? 8frézcale, pues, señorita sus cariños, bendígale, confíele la dirección de su hijo y él lo guiará tan bien que hasta del mal que hubiere, que no creo que lo haya, sacará provecho para su bien y su salvación. El que saca agua de las piedras y aceite de las rocas duras, ¿no será capaz de hacer lo que le digo?
He visto ese cuadro tan hermoso. Mañana es cuando celebra la Iglesia la fiesta de la Encarnación; espero celebrar mañana la santa misa frente a él, ya que me parece más conveniente que hoy. ¿Es para su oratorio o para el de los niños?
¿Escribió usted el martes al padre Portail sobre las hermanas que pide? ¿Podrá arreglar las cosas según sus deseos, tal como usted le ha indicado? Sería oportuno que fuera usted allá; pero como las cosas no están preparadas y no puede estar usted en todas las fundaciones, haga unas memorias que sirvan para este objeto en este caso en el futuro.
Es preciso que se queden ellas con la dirección, o que se sometan a las otras hermanas, Pero esto no conviene y aquello quizás resulte difícil. Sin embargo, hay que tender a ello, o que se les dé una parte de los enfermos para que ellas los traten a su modo. Dígame lo que piensa sobre esto. Les escribiré el martes o el sábado, y ya veremos.
Entre tanto la ofreceré a nuestro Señor, en el adorable sacrificio de la santa misa, que voy a celebrar, junto con sus queridas hijas. Le pido este mismo favor en su santa comunión.
Me gustaría saber que es ese rosario de catorce cuentas que está unido a la imagen de la santísima Virgen.
Autos, señorita.
Soy su muy humilde servidor.
VICENTE DEPAUL
Dirección: A la señorita Le Gras.







