París, 6 de julio de 1645
Padre:
¡La gracia de nuestro Señor sea siempre con nosotros!
Le envío una memoria sobre la irregularidad de dos sacerdotes que se han visto en este estado durante su retiro, y le ruego que obtenga su dispensa y nos la envíe lo antes posible. Entre tanto están con nosotros en el seminario del colegio de Bons-Enfants.
Su carta del 12 del mes pasado me habla de unos poderes generales para comprar una casa. No me he acordado de mandarlos hacer; además, no podemos hacerlo. Indíqueme si tiene usted alguna buena ocasión al presente.
Estoy pensando en lo que me dice del señor obispo de Babilonia. Ya veremos.
El padre Dufestel está mal de los pulmones y se ve obligado a salir de Marsella. Me encuentro apurado para cubrir esa plaza. No tenemos ninguno tan indicado y tan a punto como el padre Guérin; le ruego que vaya usted a ocupar su sitio en Annecy.
No acabo de ver claro el proyecto del padre Codoing. Habrá que aguardar con paciencia.
El padre Coglée parece que es necesario en Marsella, donde se ha recobrado de su indisposición.
Ya le indiqué mi opinión a propósito del hermano Berthe en relación con dicho señor.
Me alegra mucho lo que me dice, según creo, de que el reverendo padre León va a pasar algunos días con ustedes. Si todavía sigue en Roma, lo abrazo con todo el afecto de mi corazón, así como también al buen señor de Montheron, postrado en espíritu a los pies de ambos.
Sobre lo que me dice de la dificultad de dar beneficios a los niños, se trata de una orden que se ha dado estando los señores obispos de Lisieux y de Beauvais en el Consejo de Asuntos Eclesiásticos, por las razones que puede usted imaginarse y por el motivo que se ha indicado, de que entre dos males hay que rechazar el peor, que es la ingenuidad y la inutilidad de la infancia. Sería bueno si no hubiera más que hombres casados y con hijos, que pidieran beneficios; pero el número de esos no llega quizás ni a la tercera parte; pues no todos los que piden esos beneficios están casados, ni todos los casados tienen hijos, ni todos los que tienen hijos están decididos a hacerlos eclesiásticos, a pesar de que toman el beneficio. Ha habido, por tanto, dificultades en esta disposición. Se hacen muchos esfuerzos por romperla; y, gracias a Dios, ya empiezan a habituarse a ella. El señor de Chavigny, perdió a su segundo hijo, en posesión de dos buenas abadías, y los parientes la han pedido para su tercer hijo, que sólo tiene 5 o 6 años; pero Dios me ha dado fuerzas para mantenerme firme. Vino luego a verme y a decirme que está lejos de enfadarse por mi oposición que, por el contrario, si hubiese accedido a los deseos de su madre, le habría escandalizado, me habría despreciado y no lo habría aceptado. Le hablo del propio señor de Chavigny. Que esto quede sólo para los oídos de su corazón. No sé por qué me he dejado llevar a decirle todo esto. Le daré ahora algunas de nuestras noticias. Dios ha dispuesto del señor de Vincy. Partió de este mundo no sólo con paz, sino también con alegría. Quiso que lo recibiéramos en la compañía cuatro horas antes de morir, según una inspiración que me dijo que había tenido. Lo enterramos como tal. Lo encomiendo a sus oraciones.
El padre Lamberto ha entrado en el seminario, donde da muy buen ejemplo.
Hemos enviado al padre Gallais a Le Mans a que tome posesión de nuestra casa
El padre Portail va a hacer un retiro de siete u ocho días y luego lo mandaremos a hacer la visita que hacía el padre Lamberto. Necesita un poco de ejercicio. Quizá vaya a verles. Lo sustituiremos con el padre Lamberto en su cargo de asistente, si no opinan lo contrario usted y todos los demás a quienes he consultado en conformidad con nuestras reglas.
Hemos empezado el seminario de eclesiásticos, que celebran la santa misa en Notre-Dame. Ya hay unos veinte en Bons-Enfants, desde hace siete u ocho días. Hemos enviado al padre Gilles y al padre de Beaumont para seguir las clases y hemos traído aquí al hermano Damiens, que gusta mucho a los alumnos. A los ordenandos tendremos que traerlos aquí, y para ello empezaremos un edificio en el sitio de la enfermería pequeña, La señora duquesa de Aiguillon nos ha dado 10.000 libras para ello. Y estamos además amurallando nuestras tierras.
A pesar de todas las molestias, mi carta ha sido más larga, pues no he salido hoy de la habitación, por culpa de un pie que tengo malo. Esto es todo lo que puedo decirle por ahora. Abrazo a sus compañeros, postrado en espíritu a los pies de todos, y soy su muy humilde y obediente servidor.
VICENTE DEPAUL
Indigno sacerdote de la Misión
Le ruego, en nombre de nuestro Señor, que haga todo lo que pueda por la dispensa del señor Legras. Su buena madre está decidida a ello y no creo que él cambie de opinión.
Dirección: Al padre Dehorgny, superior de los sacerdotes de la Misión, en Roma.







