París, 3 de agosto de 1644.
¡La gracia de nuestro Señor sea siempre con nosotros!
Me parece que hace poco tiempo que le escribí. He aquí lo que tengo que añadir a mi anterior.
A propósito del padre Guérin, me parece que hace usted bien y que es necesario darle al hermano Juan Bisson para que lo acompañe.
Le devolveremos al señor obispo de Saintes las cincuenta libras que me ha dicho que entregó al padre Guérin para que fuera a tomar las aguas.
algún otro para
¡Ay, padre! ¡Cuánto me preocupa la pobreza en que están ustedes y que no podemos aliviar desde aquí! Honran ustedes la pobreza de nuestro Señor, y él les colmará de los tesoros eternos, y su sufrimiento actual les merecerá la abundancia, que hemos de temer más todavía que la escasez. Un buen padre reformado, cuya casa se encuentra sin embargo muy dividida, me decía uno de estos días, al hablarme de su aflicción: «¡Ay, padre! Mientras pasábamos apuros, servíamos a Dios con mucha paz y devoción; ahora que nada nos falta, estamos divididos y desolados».
Le escribiré al padre Portail que les envíe el reloj que piden ustedes. Soy del padre Guérin, a quien abrazo, y de usted, padre, su muy humilde y obediente servidor.
VICENTE DEPAUL
i. s. de la Misión







