Vicente de Paúl, Carta 0699: Luisa De Marillac A San Vicente

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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Author: Vicente de Paúl .
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Padre:

Las señoras Souscarrière, de Romilly y Traversay han estado en casa de usted para decirle que las ha recibido muy bien el señor canciller y les ha dicho que, para entrar en posesión del castillo de Bicetre, había que hablar con la reina y hacer una solicitud. Le suplican muy humildemente que sea usted el que le hable de ello, si todavía no lo ha hecho, y que les avise a quién tendrán que hacer esa solicitud y presentarla, si al señor canciller o a la señora Brienne. El señor canciller les ha ofrecido también a dichas señoras dar las órdenes oportunas para que puedan utilizar una parte de la suma de los niños pobres para sus necesidades actuales; ¿querrá usted decirles cuál es la suma que tienen que pedir?

Dichas señoras tienen miedo de que la señora de Lamoignon lo haya estropeado todo, al hablar con el señor de Nesmond; por eso le ruego que hable pronto con la reina, no sea que algún otro prevenga a Su Majestad, y que se acuerde de indicarle que el pueblo quedará muy agradecido si el rey quiere dispensarles del impuesto sobre el transporte del grano, como ya le ha dicho la señora de Romilly.

Le he dicho al Padre Portail que usted nos había prometido la reunión para el domingo. Le ha parecido conveniente señalarle el tema sobre la importancia de observar lo que dice el reglamento de la forma de vivir de las Hijas de la Caridad, y leerlo. Creo que es muy necesario advertirles que un buen medio para acostumbrarse a esta práctica es que las hermanas de las parroquias, una por cada casa, den cuenta de ello a todas las reunidas, a todas, o parte de ellas cada vez; por eso, padre, si lo cree usted conveniente, haga el favor de darnos en cada plática una instrucción sobre uno o dos puntos de nuestra manera de vivir. Si usted quiere que todas hagamos oración sobre la reunión, haga el favor de darnos los puntos para que se los enviemos a las hermanas y les avisaremos con tiempo. Mañana temprano iré a verle y a saber lo que usted quiera decirme de todas estas cosas.

Permítame suplicarle que se acuerde de mis necesidades en el santo altar, y especialmente de la que me hace tan criminal delante de Dios, que me impide tener una confianza absoluta en su santísima Providencia y que me hace indigna de llamarme hija suya, aunque gracias a su bondad pueda considerarme tal hija y obligada servidora.

L. DE M.

12 de junio [de 1643]

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