París, San Lázaro, 24 de julio de 1642.
Padre:
¡La gracia de nuestro Señor sea siempre con nosotros!
Le mando la respuesta del señor obispo de Meaux, que me envió ayer con su criado. Tras haber pensado de nuevo en la dificultad de si conviene dar de comer a esos señores, no acabo de verlo claro a causa de los inconvenientes y porque, al estar en la misión, sería preciso que los hermanos volvieran para ese almuerzo. Temo que a la larga resultaría bastante pesado. E! remedio sería que esos señores aceptasen servir por turno a la mesa, lo mismo que los ordenandos de aquí, y leer ellos durante la comida. El gasto no me parece tan importante en comparación con esto. Piénselo usted; y si cree importante estas razones, me parece que no habría inconveniente en que nos viéramos y que viniese usted una tarde a dormir a París para pedir aquí el parecer de algunos de la compañía.
No he podido ver a monseñor para hablarle de la conducta de ese funcionario a quien acusan por sus edictos. Daré aviso a monseñor.
No comprendo bien lo que usted me dice de que uno de esos dos jóvenes tiene los tobillos vueltos para adentro. ¿Se trata de la punta del pie y de los dedos? ¿Es que cojea? ¿Es que resulta deforme su manera de andar? ¿Es que no puede caminar mucho? Por lo que se refiere a ese zapatero, me parece que no hay más dificultad para admitirlo que la de su pobre madre: ¿de qué podrá vivir ella?
Me siento muy consolado por lo que me dice del señor Obriot. le saludo expresamente con toda humildad.
No haremos aquí conservas ni quizás tampoco hagamos las velas. Si se hacen, encargaré que le hagan cien libras, a no ser que me olvide.
La señorita Poulaillon no puede recibir a esas pobres mujeres. Recibe a las que están en peligro de perderse, pero no a las que lo están ya. No podemos hacer]o. Procuraré ver si es posible buscarles alguna dueña; pero lo veo difícil. Le mando expresamente al hermano Pascual y soy s. s.
VICENTE DEPAUL
Creo que será mejor que escriba usted al señor obispo de Meaux para darle las gracias por haberle escrito con tanta bondad y dándole ánimos y que le comunique usted lo de ese funcionario. Envíeme la carta, y yo se la mandaré a él.
Dirección: Al padre du Chesne, superior de los sacerdotes de la Misión de Crécy, en Crécy.







