San Lázaro, 1 de marzo de 1640
Padre:
¡La gracia de nuestro Señor sea siempre con nosotros!
Recibí a las dos la suya del 28 de enero, en donde me habla 1.° de nuestro asunto principal; 2.° de lo que el señor Le Bret ha tratado con el señor vicegerente para que se pueda usted establecer en ésa; 3.° de su opinión sobre las iglesias que le ofrecen y su alojamiento 4.° del ofrecimiento que le ha hecho ese buen canónigo de la Rotonda; 5.° de las dispensas que le pedí para los impedimentos matrimoniales; y finalmente, de lo que ha ocurrido con el señor cardenal Bagni.
Pues bien, a propósito de lo primero, le diré que creo que será conveniente no perder el tiempo con nuestro asunto principal, según los cambios o modificaciones que le envié en carta del 10 de diciembre, que usted menciona. Su eminencia me ha mandado decir que, cuando cambie un poco la situación, se encargará de escribir sobre este asunto. Sin embargo, no deje usted de proponer las cosas de la forma en que están, y envíeme el proyecto que haga.
En cuanto al segundo punto, me siento muy consolado por lo que usted me dice de lo tratado por el señor Le Bret con el señor vicegerente, y creo que será conveniente no perder tiempo en ello.
En cuanto a las iglesias y la residencia, somos demasiado pobres para pensar en Nuestra Señora de Loreto. Creo que será mejor pensar en lo que ya le he escrito, comprar alguna casa a bajo precio, pero de forma que disponga de un jardín y que esté en un lugar en donde pueda ampliarse con el tiempo.
¡Dios mío! ¿Qué haremos para el cambio? Miraré a ver si se puede enviar dinero por algún barco de Marsella; haga usted también lo mismo.
Veo muchas dificultades en el ofrecimiento de la Rotonda- dé las gracias con todo afecto a ese buen señor que nos lo ha hecho.
Más tarde le escribiré sobre las dispensas para los matrimonios inválidos.
Entretanto le ruego que diga al señor cardenal Bagni lo que ya tuve la dicha de decirle en otra ocasión, que espero que él apruebe algún día lo que le pedimos.
Le ruego además, padre, como lo hice también en mi anterior, que observe con toda fidelidad nuestro reglamento en lo que se refiere a no hablar nunca de los negocios de Estado y que mortifique su curiosidad por saber y tratar de los asuntos del mundo. Uno de nuestros hermanos, que va y viene para llevar el dinero a los pobres de Lorena, me ha dicho que se siente lleno de consuelo, cuando está aquí, por no oír hablar nunca de las noticias que corren, y que está muy extrañado de ver el uso contrario en las religiones por donde pasa; y el padre du Coudray me ha escrito lo mismo desde Toul y que es menester mantener y observar esta práctica tan preciosa.
Adiós, padre. Soy s. s.
VICENTE DEPAUL
Sacerdote de la Misión
Dirección: Al padre Lebreton, sacerdote de la Misión, en Roma.







