Padre:
La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros
Ayer por la tarde recibí las suyas del cuatro y del doce del pasado mes. La primera me liberó de una gran preocupación de que se hubiese perdido mi paquete, cuyo recibo me comunica en la del cuatro. Bendito sea Dios de que no haya sido así y por lo que me comunica! He aquí la respuesta a todos los puntos que consulta
1. Alabo a Dios por el permiso de confesar que ha obtenido, y del uso que del mismo hace con los pobres, los prisioneros y las gentes del campo.
2. Admiro la providencia de esa Congregación para las misiones y ruego al soberano pastor y dueño de las misiones que obtenga de allí mucha gloria. ¿Hay algún peligro de que les hablase con toda sencillez de la de acá? ¿No podría de ese modo procurar para ello alguna fundación? Le he escrito sobre esa pequeña capilla fuera del Vaticano. Me interesa más que la parroquia. ¿Quid si ofreciese a Su Santidad o a algún obispo dedicarse al campo? Yo le enviaría alguno de la Compañía para acompañarle. Le he hablado de monseñor el cardenal Bagni, porque creo que es de los mayores prelados que conozco de la Iglesia, y porque le tengo mucho cariño y deseos de servirle, y me ha dicho en algunas ocasiones que nos haría el honor de servirse de nosotros. Es para mí un ejemplo de prelados. Su prudencia, su bondad y el afecto con que honra a nuestra pequeña Compañía me parecen la imagen de la prudencia de Dios, de su bondad y de la protección con que place a su divina Majestad honrar a nuestra pequeña Compañía.
3. ¿Qué le puedo decir sobre la manera de portarse con esos señores eclesiásticos en la misión, sino que la caridad y la sencillez tienen que reinar sobre todo y que el espíritu del país requiere precaución?
4. Hace bien en no comer fuera y en recibir la retribución por la misa. De momento, supone humildad el obrar de esta manera, y prudencia para vivir hasta que sea conocido; pero creo que hará bien si distribuye esa retribución entre los pobres.
5. Aguardo con ilusión, por no decir con impaciencia, las opiniones acerca de su misión y cómo habrá sido recibida la cosa a su vuelta.
6. Guillard ha nacido de padre y madre católicos. Ha sido él el que ha caído en la herejía y ha permanecido en ella durante tres años. Ahora es uno de los más fervorosos de la Compañía. Le hemos enviado a Lorena para que asista allí a los pobres corporal y espiritualmente; es el sexto que hemos enviado. Todavía no tiene cuarenta años y no es doctor ni noble. El oficio que tiene en Lorena ¿merecería un extra tempora? El señor Parisot, que no tiene ninguna de esas tres cualidades, lo ha obtenido para Lescar.
7. La iglesia de Richelieu tiene a Nuestra Señora como patrón o titular.
8. Le devolveré aquí las cien libras y el cambio al corresponsal del señor Marchand, o se las enviaré por medio del señor Lumague, si no me dan órdenes de entregarlas aquí a alguien.
9. Sobre el asunto de Toul, estamos aquí en proceso. Procuraré enviarle las piezas que me pide; se necesitan para presentarlas aquí. Ya veré si puedo tener una copia autorizada.
10. Sobre lo de san Lázaro, nos apoyamos en el decreto del parlamento Monseñor de París ha sido el que siempre ha provisto.
En la última vacante, hubo uno que obtuvo el título del rey y otro del señor arzobispo, que es el que está actualmente de prior y que se lo debe a él. Es verdad que fue gracias a un acuerdo entre el señor presidente Janin, que se lo pidió al rey, y el señor Le Bret consejero de Estado, que lo obtuvo para el señor prior de monseñor de París. Y luego, el señor prior, para afirmarse contra una comisión o provisión de la que podía ser depuesto ad nutum, hizo venir una provisión de Roma. Fuera de eso, nadie jamás, que yo sepa, ha tomado esa provisión más que de los obispos de París; de todas formas se trataba de provisiones ad nutum, y el prior presentaba todos los años las cuentas ante el obispo de París.
¿Quid si escribiese al padre Gilioli para presentarle sus excusas por no haber ido a saludarle, tal como le dije que sería muy conveniente pasar por Ferrara a verle y asegurarle que ocupa siempre el mismo lugar de estima y de afecto en el corazón de la Compañía, y darle noticias nuestras?
Dudan aquí de que el altar privilegiado que quiso concedernos Su Santidad para san Lázaro sea válido, porque sucede a veces, aunque raramente, que sólo se dicen en él tres o cuatro misas al día. Digo que raramente. Creo, sin embargo, que sería conveniente que quisiese Su Santidad disminuir el número de siete misas al día a tres o cuatro. Trate de este asunto, por favor.
Le envío sus indulgencias a Jouy. Nada le diré de su asunto por ahora, o sea, del asunto por el que usted ha sido enviado, sino que, pesadas y consideradas todas las cosas, creo que habrá que tender a la consolidación completa, ya que hay razones que le diré, de las cuales una muy urgente es que acabo de ver hace poco a uno de la Compañía, de los mejores de entre nosotros, de los más ocupados y de espíritu muy manso, que está sin embargo decidido desde hace ocho días a retirarse, sin darme ninguna razón particular, por más representaciones, instancias o humillaciones que yo he practicado con él. Y lo más extraño de todo es que su vocación parece totalmente de Dios, es un ejemplo muy grande para la Compañía y se ha afirmado en ella de la forma con que lo hicieron algunos particulares y los más antiguos, como ya sabe, esto es, por voto. Después de ese ejemplo, ya no sé de quién podríamos estar seguros. No se lo nombro, porque todavía no se lo he dicho a nadie de los de aquí.
Hemos emprendido, con la ayuda de Nuestro Señor, la asistencia de los pobres que hay en Lorena, y hemos enviado allá a los padres Bécu y Rondet, Y a los hermanos Guillard, Aulent, Bautista y Bourdet, dos a cada ciudad de Toul, Metz, Verdun y Nancy. Espero poder proporcionarles dos mil libras cada mes.
Acabamos ayer la misión que hemos tenido en La Chapelle, que está junto a san Lázaro, en donde hemos reunido a todos los pobres loreneses que se encuentran en esta ciudad, y se les ha dado a cada uno Un pan diario durante ocho días; eran cerca de trescientos.
Bien, eso es todo. Acabo encomendándome a sus santos sacrificios en esos santos lugares. Espero escribirle en adelante por todos los correos que haya y que Nuestro Señor se servirá de usted en muchas obras buenas, si cuida de su salud, como se lo suplico, y soy padre, en su amor y en el de su santa Madre, su muy humilde y obediente servidor.
París, 10 de mayo de 1639.
Dirección: Al padre Lebreton, sacerdote de la Misión, en Roma.







