París, 28 de abril de 1638
… Pues bien, padre, ya basta de lo temporal. Quiera la bondad de Dios que, según sus deseos, no se aleje de lo espiritual, que nos conceda alguna parte del eterno pensamiento que tiene sobre sí mismo, mientras que perpetuamente se dedica al gobierno de este mundo y provee a las necesidades de todas sus criaturas, hasta de un pequeño mosquito. ¡Oh, padre! ¡cuánto hay que trabajar en la adquisición de la participación de ese espíritu!
Soy, en ese mismo espíritu, padre…







