San Lázaro, miércoles por la mañana [1636]
Señorita:
La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Resulta que esa buena chica se ha marchado sin decir una palabra. ¡Bendito sea Dios! ¡Ay! ¡Qué gran corona se pierde! Habrá que sustituirla por otra. ¿Qué le parece, señorita, si tomase para ello a la hermana Genoveva, del Hôtel-Dieu, y pusiese en su lugar a la señora Pelletier o la señora Turgis? Se necesita una persona de consideración en aquel lugar, tanto por los casos que allí ocurren de expósitos, como para recibir a las damas. La primera, la señora Pelletier, me parece más conveniente en aquel lugar, tanto por ser más indicada para ambas cosas, como por ser aquél el barrio de la señora Turgis y le podría servir de tentación. Si le parece bien, le ruego que se lo diga de mi parte a la señora Pelletier, y que yo le ruego, junto con usted, que vaya a hacer ese servicio a Dios en ese sitio.
Habría ido a verla, a no ser por una pequeña indisposición que he tenido; si puedo, iré después de comer. No pierda el tiempo, de todas formas, y comunique la presente a la señora Pelletier, para que cuanto antes vaya a hacer ese servicio a Dios. Las personas de la Caridad tienen la dicha de tener con Nuestro Señor esa relación de ir como él unas veces a un sitio y otras a otro, para la asistencia del prójimo. ¡Oh señorita, qué felicidad tener esa semejanza con el Hijo de Dios, y qué sello tan maravilloso de su predestinación llevan en esto las Hijas de la Caridad! ¡Quiera Nuestro Señor darles a todas las disposiciones necesarias! Así lo espero de su bondad y soy en su amor, señorita, su humilde y obediente servidor,
VICENTE DEPAUL
Dirección: A la señorita Le Gras.







