Señora:
La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
¡Bendito sea Dios por la bendición que ha dado a su misión y porque la ha hecho volver tras el accidente que le ha ocurrido! No le faltara aquí tarea. Ya la está esperando una que hacer por los caminos: la de marchar a Estival, que es esa abadía de la que me habló usted que está mal la abadesa con sus religiosas y con su madre, para que intente llevarlas a un arreglo. Ella tiene un eclesiástico que la echa a perder y que la hace vivir mal de esta forma con su madre. Sería de desear que se remitiese al juicio de algunos árbitros o que se marchase por alguna permuta de su abadía con otra; pues andar con procesos sería perderse y ponerse fuera del plan de reforma, en vez de llevarla a cabo. Usted no tiene que proponer esa permuta, si ella no habla de la misma. Sólo queda entonces el arreglo. Si pudiese efectivamente disponerla para que lo aceptara, sería una buena obra. La señora Borrain, su tía, me ha hablado de ello con gran sentimiento, pero no convendrá decírselo.
Acabo aguardándola con gran afecto, y soy, en el amor de Nuestro Señor su muy humilde y obediente servidor
San Lázaro, 20 septiembre 1636.
Dirección: A la señora presidenta Goussault, en Angers.







