Vicente de Paúl, Carta 0198: A Antonio Portail, Sacerdote De La Misión

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Vicente de Paúl · Año publicación original: 1972 · Fuente: Obras completas de san Vicente de Paúl.
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Padre:

La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.

He recibido dos cartas suyas desde su partida, o mejor dicho, tres: una desde Brie-Comte-Robert, otra desde Lyón, y la última, al día siguiente de Quasimodo, desde Luzarches, su primera misión; y no he respondido a la primera, porque no la he recibido hasta hace ocho días poco más o menos, y creí que mi contestación no le llegaría a Lyón; ni a la segunda, porque no lo creí conveniente. Le contestaré ahora a las tres

Le diré, pues, por lo que se refiere a la primera, que no creo que necesite otra licencia más que la que yo le mandé; sobre la segunda, que alabo a Dios por lo que me indica en su nota.

Hablemos de la tercera. Ciertamente, padre, me ha consolado más de lo que podría decirle por la bendición que ha querido conceder Dios a sus pobres catecismos y a las predicaciones del padre Lucas, que me dice usted son muy buenas, y a todo lo que de allí se ha seguido.¡Qué bueno es, padre, que se haya visto humillado, ante todo porque de ordinario es lo que sucede en todo progreso, y porque es ésa la suerte que Nuestro Señor prepara a aquéllos de los que desea servirse útilmente! Y él mismo, ¡cómo fue humillado también desde el comienzo de su misión! Como extrema gaudii luctus occupat, también a los que trabajan en la angustia y el agobio se les ha dicho que tristitia eorum vertetur in gaudium. Amemos, pues, esto último y temamos lo primero. Y en nombre de Dios, padre, le ruego que entre por estos pensamientos, lo mismo que el padre Lucas, de no pretender de sus trabajos nada más que vergüenza, ignominia y finalmente la muerte, si Dios quiere. Un sacerdote debería morirse de vergüenza antes que pretender la fama en el servicio que hace a Dios y por morir en su lecho, viendo a Jesucristo recompensado por sus trabajos con el oprobio y el patíbulo Acuérdese, padre, de que vivimos en Jesucristo por la muerte en Jesucristo, y que hemos de morir en Jesucristo por la vida de Jesucristo, y que nuestra vida tiene que estar oculta en Jesucristo y llena de Jesucristo, y que, para morir como Jesucristo, hay que vivir como Jesucristo. Pues bien, puestos estos fundamentos, démonos al menosprecio, a la vergüenza, a la ignominia y desaprobemos los honores que recibimos, la buena reputación y los aplausos que se nos dan y no hagamos nada que no sea para este fin.

Trabajemos humilde y respetuosamente. Que no se desafíe en la cátedra a los ministros; que no se diga de ellos que no son capaces de mostrar ningún pasaje de sus artículos de fe en la Sagrada Escritura, a no ser rara vez y con espíritu de humildad y de compasión; si no, Dios no bendecirá nuestro trabajo. Alejaremos a las pobres gentes de nosotros. Creerán que ha habido vanidad en nuestra conducta, y no creerán en nosotros. No se le cree a un hombre porque sea muy sabio, sino porque lo juzgamos bueno y lo apreciamos. El diablo es muy sabio, pero no creemos en nada de cuanto él nos dice, porque no lo estimamos. Fue preciso que Nuestro Señor previniese con su amor a los que quiso que creyeran en El. Hagamos lo que hagamos nunca creerán en nosotros, si no mostramos amor y compasión hacia los que queremos que crean en nosotros. El padre Lamberto y el padre Soufliers, por haber obrado de ese modo, han sido tenidos por santos en todas partes, y Nuestro Señor ha hecho grandes cosas por medio de ellos. Si obran ustedes así, Dios bendecirá sus trabajos; si no, no harán más que ruido y fanfarrias, pero poco fruto. No le digo esto, padre, porque yo haya sabido que haya hecho el mal que digo, sino para que se guarde de él y trabaje con constancia y humildemente y en espíritu de humildad. Que el padre Lucas siga con las predicaciones, y usted con el catecismo.

Dudo mucho que el señor Olier y Perrochel vayan a verles. El primero había partido ya y el segundo debería seguirle unos días más tarde. Pero el señor Olier se ha visto detenido por la proposición que con insistencia le ha hecho el señor de Langres para que tomara su obispado. Andan ahora en tratos. La cosa es todavía dudosa por causa de las condiciones. Parece ser que más bien se hará la cosa. Dicho señor Olier no dejará quizás por eso de hacer

un viajecito hasta Pébrac para arrendar sus tierras. Si el señor Perrochel tiene algún compañero, quizás no deje de ir a verles. Ya se verá. Entre tanto, le suplico que me escriba con frecuencia y me indique a quién he de dirigir la carta en Mende.

Esta tarde he enviado la carta del padre Lucas al padre Tinien, y al señor Olier la suya; pues ha sido esta mañana cuando he recibido la de usted.

¿Qué noticias podré darles de aquí? Todos están bien, gracias a Dios. Desde su partida hemos recibido a un gentilhombre lemosino que ha sido religioso, pariente del señor de Saint-Angel, y a un estudiante de Auvernia; pero, en cambio, hemos convencido al señor Flahan que estaría mejor en otro sitio que aquí. Creo que recibiremos también a un primo del señor Meyster; antes era el hermano Esteban. El padre de la Salle recibe mucha ayuda de Dios en su misión; igualmente los que están en Normandía. Van a salir algunos para dos o tres sitios de la diócesis de Chartres y para dos de esta diócesis. He dicho al padre du Coudray que vuelva con el padre Gilioli.

Y estas son todas nuestras noticias. Todavía no he leído su carta a la compañía; lo haré mañana, con la ayuda de Dios, en cuyo amor saludo y abrazo cariñosamente al buen padre Lucas y también a usted, padre, sin olvidar al buen hermano Felipe, con toda la sencillez con que le he hablado y con que soy, padre, su muy humilde y obediente servidor,

París, 1 de mayo de 1635.

Dirección: Al padre Portail.

VICENTE DEPAUL

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