Señor:
La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Le diré, con sumo dolor, que soy indigno del honor de su benevolencia, por no haber sabido guardar al señor caballero su hermano, que se escapó esta tarde por una puertecilla apartada que sirve para nuestro leproso, mientras yo hablaba con su secretario que vino a verme de su parte. a propósito de una carta que le había escrito. Acababa de dejarlo con un religioso de aquí en el jardín con M. de Saint-Louin. Al llegar a verme, no hice más que conducirle hasta la puerta, donde me dijeron que me aguardaba su secretario; y apenas habíamos empezado a hablar cuando vinieron a decirme: ¡Que se escapa ese gentilhombre! Fui inmediatamente al jardín y desde allí a la puertecilla por donde me dijeron que acababa de salir y que estaba con uno de los religiosos de aquí, que no creo haya sido quien le enseñara el sitio por donde se escapó. Para correr detrás de él, no teníamos a nadie a propósito; y además, los soldados le habrían ayudado sin duda alguna. No puedo expresarle, señor, la aflicción que por ello tengo, siendo éste el primer servicio que usted me ha pedido. Sólo Dios sabe lo que me escuece este triste servicio que le he prestado; y si no fuese porque espero que me perdonará su bondad, y que esto le servirá para asegurarlo mejor, no sé quién me podría consolar. Recurro, pues, señor, a su bondad, y le suplico, por amor de Nuestro Señor, que me perdone; esperándolo de su bondad, soy en el amor de Nuestro Señor y de su santa Madre, su muy humilde y obediente servidor,
VICENTE DEPAUL
San Lázaro, sábado por la tarde.







