Señorita:
Me parece bien su carta. El espíritu maligno se entremete en el plan de la asistencia espiritual de esas pobres mujeres. El señor Chevenis me ha hablado también esta mañana y me dice que los chevitanos están muy molestos con ello y me dice que no son de la comunidad. Ruego a usted que aclare este punto. Lo peor que podría suceder es que hubiese que abandonar todo eso. Si así es, que sea para bien. Hay que examinar, sin embargo, con toda calma de dónde viene el mal y pensar en el remedio. Voy a ir a ver a la señora presidenta Goussault, a la cual no me parece que le hable con demasiada libertad, como dice usted. Sea siempre muy sencilla y sincera, y ruegue a Dios que me conceda.esas dos virtudes.
Soy en su amor…
San Lázaro, 29 octubre 1634.







