Señorita:
Hace un cuarto de hora, poco más o menos, que acabo de llegar de la ciudad. Me he encontrado al volver con la adjunta. Vea cómo me obligan a estar mañana antes de las siete en san Lázaro, lo cual me privará del consuelo de ir a verla mañana por la mañana, como me había propuesto. Perdóneme, por favor; y el jueves, con la ayuda de Dios, repararé esta falta, ya que no podré hacerlo mañana, por tener la reunión de los eclesiásticos en san Lázaro.
He visto esta mañana a la buena señora Saunier y la he encontrado totalmente inflamada en fuego por la Caridad y dispuesta a ser de ella. Pero ha surgido una dificultad en este asunto, que hace que se crea conveniente retrasar la reunión de las damas, que tenía que celebrarse el jueves, hasta otro día. Le suplico, señorita, que se lo avise y que haga todo lo posible por estar bien; para eso le ayudará mucho el no preocuparse tanto por sus hijas, alimentarse bien y no salir tan pronto.
La deseo buenos días y soy, en el amor de Nuestro Señor.







