Señorita:
Haría me ha contestado con mucho interés, cariño y humildad que está dispuesta a hacer cuanto usted quiera y de la manera que quiera; que lo único que siente es que no tiene bastante juicio, fuerza y humildad para servir para eso, pero que usted le dirá lo que esnecesario hacer y que ella seguirá enteramente sus instrucciones. (Qué buena muchacha me parece que es! Sí, señorita, creo que Nuestro Señor se la ha dado para servirse de ella por medio de usted.
¿Qué le diré del resto de su carta, sino que alabo a Dios por haberla consolado el día de san Lázaro, en Bons-Enfants, y que lo que me parece que El pide de usted es que honre su santa Providencia en su conducta, sin prisas ni fatigas? Ya procuraré ir a saber los sentimientos que Nuestro Señor le ha dado para ello. Pero sobre Chartres no veo qué medio habrá para ir allá, ya que estamos aquí metidos en asuntos muy importantes.
En cuanto a lo que dice usted que tiene necesidad de alguna corrección para no seguir decayendo, ya lo haremos, con la ayuda de Dios.
El ajetreo me ha obligado a retener hasta ahora a María. Envíela todos los días a visitar a esas buenas jóvenes del Hôtel-Dieu, si es que puede darle tiempo para eso; pero que actúe de forma que esa buena señorita no se disguste, por favor.
La señora Forest tiene grandes deseos de relacionarse con usted; es una señora buena y virtuosa; y yo, soy, en el amor de Nuestro Señor…







