Vicente de Paúl, Carta 0007: La señora de Gondi a San Vicente

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Vicente de Paúl · Año publicación original: 1972 · Fuente: Obras completas de san Vicente de Paúl.
Tiempo de lectura estimado:
[Septiembre 1617]

Señor:

Razón tenía yo en temer perder su asistencia, como tantas veces le he testimoniado, ya que en efecto la he perdido. La angustia que por ello tengo me sería insoportable sin una extraordinaria gracia de Dios, que no merezco. Si sólo fuera por algún tiempo, no tendría tanta pena; pero cuando considero todas las ocasiones en que tendré necesidad de ser asistida, por dirección y por consejo, tanto en la muerte como en la vida, mis penas se renuevan. Juzgue, pues, si mi espíritu y mi cuerpo podrán largo tiempo soportar estas penas. Estoy en situación de no buscar ni recibir asistencia de ningún otro sitio, porque bien sabe que no gozo de libertad para las necesidades de mi alma con muchas persona. El señor de Bérulle me ha prometido escribir a usted, y pido a Dios y a la Santa Virgen que le devuelva a nuestra casa, por la salud de nuestra familia y de otras muchas, con las que usted podrá ejercer su caridad. Le suplico una vez más que la practique con nosotros, por el amor que tiene a Nuestro Señor, a cuya bondad me remito en esta ocasión, aunque con gran temor de no poder perseverar. Si después de todo me rehúsa, le cargaré ante Dios de todo lo que me suceda y de todo el bien que deje de hacer,privada de su ayuda. Me pone usted en la desventura de estar en lugares muchas veces privada de sacramentos, por las grandes desdichas que me afligen y las pocas personas que son capaces de asistirme. Bien sabe que el señor general tiene el mismo deseo que yo, que sólo Dios se lo da, por su misericordia. No resista al bien que puede hacer ayudando a su salud, para que él pueda ayudar algún día a la de otros muchos. Ya sé que, como mi vida no sirve más que para ofender a Dios, no es arriesgado ponerla en peligro; pero mi alma tiene que ser asistida en la muerte. Acuérdese de la aprensión en que me ha visto durante mi última enfermedad en una aldea; estoy a punto de caer en un estado peor; y sólo el temor de ello me hace tanto daño que no sé si no me hará morir sin mi anterior buena disposición.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *