En la Comunidad, Dios ha establecido a algunos, en primer lugar, como apóstoles; en segundo lugar, como profetas; en tercer lugar, como maestros luego hay milagros, luego hay dones de curar, asistencias, funciones, directivas, diferentes lenguas. ¿Son todos apóstoles? ¿Son todos profetas? ¿Son todos maestros? ¿Hacen todos milagros? ¿Tienen todos dones de curar? ¿Hablan todos lenguas? ¿Pueden todos traducirlas? Pues ambicionad los dones más valiosos. (I Cor. 12, 27-31.
«Todos los miembros de la Congregación, habiendo sido llamados a trabajar en la continuación de la misión de Cristo, tienen el derecho y la obligación tanto de colaborar al bien de la comunidad apostólica, como de participar en el gobierno de la misma, según nuestro derecho propio. Por tanto, todos han de cooperar activa y responsablemente en el desempeño de los oficios, en la aceptación de las tareas apostólicas y en el cumplimiento de los mandatos». (C 96).
La Congregación es, como ya dijimos, un don d Dios dado a Iglesia. Este don está ahora en las manos de todos y cada uno de sus miembros. Todos y cada uno son responsables. De ellos depende su vigor. La comprensión de esta realidad es la que ha hecho que la idea de la corresponsabilidad sea una de las ideas fuertes en le Iglesia y en las comunidades eclesiales.
- Todos tienen derecho y deber de cooperar al bien de la Comunidad.
La común vocación y la misión común fundamentan el derecho y el deber de colaborar en el bien de la Comunidad. Dios nos regaló a todos su don; a todos dios nos pide hacerlo vivo y eficaz. La vinculación que hay entre nosotros, dirá San Vicente, es la que hace que sean también comunes los éxitos y los beneficios (XI, 402).
Las Constituciones señalan en concreto el derecho y el deber de colaborar al bien de la Comunidad. Reflexionemos sobre las disposiciones más fundamentales:
- En la animación de la vida comunitaria: la convivencia fraterna alimenta la misión, crea comunidad, consigue el progreso personal y común y hace más eficaz la misión. La entrega de lo que somos y tenemos, la promoción de los valores e iniciativas personales a la luz del fin y espíritu de la Congregación, acrecienta la comunión en la diversidad y hacen más fructífera la misión.(Cf. C 21,1; 22; 24,1,2).
- En la formación de los nuestros: toda la comunidad provincial debe sentirse responsable de la formación de nuestros candidatos y todos deben prestar la ayuda que se les Aida. (cf. 86; 93; 95).
- En la administración de los bienes: puesto que todos los bienes de la Congregación son comunes, todos somos responsables de su administración y uso, según los cauces indicados. (cf. 149; 151; 152; 153,2).
- Todos tienen derecho y deber de participar en el gobierno.
Gobernar es hacer que la comunidad consiga su fin. Si la Comunidad es de todos, todos, de alguna manera, deben participar en el gobierno según el propio derecho. La Iglesia ha abierto las puertas de esta participación (cc. 631-633) y también la Congregación, fiel al deseo de la Iglesia. Además del principio general antes indicado, se establece que:
«Ayudados del necesario servicio de la autoridad y sujetos activamente a la obediencia, nos haremos corresponsables con el Superior, de buscar la voluntad de Dios en la vida y en las obras y fomentaremos entre nosotros el diálogo, superando el excesivo individualismo en nuestra forma de vivir». (C 24, 2.°).
«La participación en este misterio de Cristo obediente requiere que todos, comunitariamente, busquemos la voluntad del Padre, mediante la mutua comunicación .de experiencias y el diálogo abierto y responsable. En este concurren las diversas edades y temperamentos, de modo que a partir de a van madurando las tendencias coincidentes y surgen las que nos llevan a la toma de decisiones». (C 37,1).
- Cooperación y participación según el don recibido.
La igualdad fundamental entre todos los miembros de la Congregación no impide que en ella existan muchas diversidades de dones personales, oficios, ministerios, situaciones, etc. Esta diversidad es determinante en la cooperación y participación en la marcha de la Comunidad. Por eso se establece que:
«Todos los misioneros, en el desempeño de los oficios que les son confiados por la comunidad, tienen la potestad requerida para cumplirlos. Por ello, no se ha de avocar a un grado superior de gobierno aquello a lo que pueden proveer los particulares o los grados inferiores.
Sin embargo, guárdese la unidad de gobierno necesaria para la realización del fin y bien de toda la Congregación». (C 98).
Selo en la armonización de la diversidad se conseguirá lo que dice San Pablo:
«Los dones son variados, pero el espíritu es el mismo. Las funciones son variadas, aunque el Señor es el mismo. Las actividades son variadas, pero es el mismo Dios quien activa todo en todos. La manifestación particular del Espíritu se da a cada uno por el bien común». (1 Cor 12,4-7).
- ¿El derecho de participar y de colaborar se corresponden en mi actuación con el deber de colaborar y participar?
- ¿Respeto el ámbito de cada uno, en lo que a ellos toca, después de haber prestado mi colaboración?
ORACIÓN
Dios, Padre todopoderoso, cuya sabiduría lo llena todo y todo lo dispone con suavidad y fortaleza al mismo tiempo; llena de esa sabiduría a todos nuestros Superiores y a todos aquellos que de alguna manera intervienen en la gobierno de la Congregación para que, robustecidos por los dones de consejo y fortaleza, nos guíen con seguridad por el camino estrecho y suave, propio de los elegidos. Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo.






