Sor Enedina: «La India es puntera en tecnología, pero aún tiene grandes bolsas de pobreza»

Francisco Javier Fernández ChentoTestigos vicencianosLeave a Comment

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Autor: Judit Calvo · Año publicación original: 2011 · Fuente: Correo La Opinión de Zamora.

«El misionero sufre el hecho de no ser ni de aquí, ni de allá; en ningún lugar te sientes como en casa»


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San Esteban del Molar, (Zamora) 1933. Con 45 años a sus espaldas como misionera en la zona de Orissa, una región de La India, sor Enedina tiene pensado continuar con su labor humanitaria el resto de su vida. Cursó en Zamora la carrera de Magisterio y más tarde estudió Medicina en Madrid, profesión a la que se ha dedicado en el país asiático para ayudar a los más desfavorecidos. Cuando cumplió la treintena decidió marcharse a La India, y estuvo destinada los primeros años en una escuela de enfermeras, enseñando el oficio a las nativas y religiosas, para luego ponerse al frente de la institución que las Hijas de la Caridad instauraron en esa zona.

Comprometida con la pobreza y las necesidades de los más débiles, la misionera zamorana sor Enedina ha dedicado su vida a llevar la medicina a una de las zonas más desfavorecidas de La India. En un viaje relámpago a la capital para visitar a sus familiares, quiso tener ayer un encuentro con antiguas alumnas del colegio Medalla Milagrosa para hacerlas partícipes de la vida en las misiones.

-La India es en la actualidad un país con una economía emergente. ¿Se aprecia a nivel social esa preponderancia?

-La India es un país que está a la cabeza en tecnología, pero hay grandes bolsas de pobreza que todavía permanecen. Hay progreso, porque cada vez hay más alfabetización, pero por ejemplo, hace poco las guerrillas nos quemaron las torres de telefonía móvil y ahora no podemos usar los teléfonos ni Internet.

-¿Por qué decide coger las maletas y marcharse tan lejos?

-Las Hijas de la Caridad estamos consagradas a los pobres y en estos lugares es donde más se necesita nuestra ayuda. Aquí hay montones de médicos, pero en La India son muy necesarios para atajar las epidemias.

-¿En un país de mayoría hinduista, es la religión un impedimento para que personas como usted puedan desarrollar su trabajo sin problemas?

-Esta es una zona en la que la mayoría son cristianos, aunque también hay aborígenes de tribus y aunque no son cristianos son muy familiares con nosotros y no tenemos ningún problema con ellos. Los fanáticos a veces quieren hacernos daño, pero cada vez se acercan más. Quise que las hermanas aprendieran la lengua aborigen, pero no encontramos ni una persona que supiera leer y escribir. Ahora hay más alfabetización, progreso sí hay.

-Las desigualdades sociales también incluyen la discriminación de género?

-Sí, y contra eso he intentando luchar desde que llegué. Al comienzo de mi estancia en Orissa había escasamente cinco niñas en la escuela, y eran las hijas de los maestros, lo demás eran todo niños. Ahora hay mucha más igualdad y con dificultad, pero se está consiguiendo que se valore igual a los hombres que a las mujeres. A mí me gusta ayudar mucho dando trabajo y no tanto con dinero, aunque si están enfermos hay que darles todo lo que necesiten. Lo que pasaba es que se pagaba a los hombres más que a las mujeres, haciendo lo mismo, los mismos trabajos pesados. Pero yo siempre he pagado a todos igual, y ahora en esa zona se va consiguiendo la igualdad entre ambos sexos..

-¿Cómo vivieron las revueltas internas de los años 2008 y 2009?

-Con muchísimo miedo. Estamos justo en el borde de la región, a pocos kilómetros del distrito más conflictivo y fue una experiencia horrible, aunque por suerte no nos pasó nada a ninguno.

-Después de tanto tiempo lejos de sus orígenes, ¿de dónde se siente?

-Esa es una dificultad y un sacrificio que hacemos todos los misioneros, porque estamos a caballo entre dos mundos. Vienes aquí y no eres española, y allí no eres pura hindú, en ningún sitio te sientes como en casa. Yo me mezclo con las mujeres de allí y trabajamos juntas, pero te consideran como superior. A mí me gustaría ser igual y quitar ese punto de su forma de pensar, pero es muy complicado. Al principio nos pusieron silla y reclinatorio en la parroquia y nosotros habíamos decidido quitarlos y los retiramos, pero nos lo volvían a poner, porque nos querían ver un poco más que ellos. Además les gustaba vernos guapas y nos decían que teníamos vestidos más bonitos, que nos los pusiéramos.

-¿Piensa volver a Zamora para quedarse?

-Si vengo será unos días para decir adiós a mi gente, nada más. La vida ayudando a los demás es muy satisfactoria.

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