Secularidad de la Compañía de las Hijas de la Caridad

Francisco Javier Fernández ChentoHijas de la CaridadLeave a Comment

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Author: Miguel Lloret, C.M. · Year of first publication: 1985 · Source: Ecos de la Compañía.
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La «secularidad» de la Compañía de las Hijas de la Caridad —tal y como la en­tendieron los Fundadores— se halla en el centro de su identidad. Por ello los Fundado­res la expusieron reiteradamente y la defendieron con tesón.

Al dar oficialmente derecho de ciudadanía en la Iglesia a las «Sociedades de Vida Apostólica» —entre las que se sitúa la Compañía—, el nuevo Código de Derecho Canónico (C. 731) nos permite, por decirlo así, reactualizar esta noción de «seculari­dad», y, sobre todo, volver a puntualizar lo que tiene de específico para las Hijas de la Caridad.

I. Lo que no es la secularidad de la Compañía

A – «Secular» en el sentido negativo de «secularización», secularismo»…

Las Hijas de la Caridad están en el mundo sin ser del mundo.

Aquí se trata del «espíritu del mundo» en lo que tiene de oposición al de Jesu­cristo, al del Evangelio, tanto a nivel de las ideologías como de los comporta­mientos prácticos.

El ideal do las Hijas de la Caridad conlleva, por el contrario, exigencias radi­cales.

Son las mismas exigencias del Evangelio para todo cristiano que quiere vivir su Fe.

Pero para las Hijas do la CM Riad son especialmente radicales, porque:

  • están llamadas a vivir la plenitud del Bautismo en un Instituto reconocido por la Iglesia;
  • llamadas a vivirla en medio del mundo do los pobres.

Esa es la razón por la que los Fundadores afirmaban que las Hijas de la Caridad han de tener por lo menos tanta, si no mayor, «virtud» que las religiosas.

En ese sentido, se puede y se debe hablar también de una «consagración» de las Hijas de la Caridad: entrega o don total al Señor según su vocación.

B — «Secular» en el sentido de «Instituto Secular» (Can. 710 ss.)

Estos Institutos existen dese Pío XII, pero el Derecho Canónico precisa qué

1. Estos Institutos forman parte de los Institutos de «vida consagrada», en el sentido jurídico actual, es decir, los Institutos Religiosos y los Institutos Secu­lares.

  • La vida consagrada, en el sentido jurídico actual, va definida por su finali­dad: tiene como centro, como eje esencia, el hecho de dar testimonio de lo Absoluto del Reino por la profesión de los Consejos Evangélicos de castidad, pobreza, obediencia.
  • En tal vida consagrada, todo lo demás se desprende de ese centro, inclusi­ve el Apostolado, si al apostolado se dedican los miembros, como por ejemplo en la vida religiosa apostólica o en los Institutos Seculares.

2. Estos Institutos Seculares dan testimonio de lo Absoluto del Reino no sólo en el mundo, sino «desde el mundo» (C. 710 y 713, párrafo 2).

  • la vida comunitaria no es obligatoria en ellos (C. 714);
  • al contrario, la vida fraterna en comunidad forma parte integrante de la iden­tidad de las Hijas de la Caridad, lo mismo que de toda Sociedad de vida Apostólica (Can. 731), en las que se encuentran siempre tres elementos: el apostolado como finalidad esencial, una vida al estilo de los Apóstoles en torno a Jesús, una vida al estilo de la de los tiempos apostólicos (cf. He­chos de los Apóstoles), en particular, una vida fraterna en común, sellada por la coparticipación, y de acuerdo con las Constituciones.

II. Lo que es la secularidad de la Compañía

(CF. «Carta Magna de las Hijas de la Caridad», C. 1. 9 y C. 1. 4)

A – Una entrega total al Señor, vivida esencialmente para y en el servicio corpo­ral y espiritual de los Pobres.

1. Una entrega total al Señor.

Las motivaciones son de orden teologal, del nivel evangélico como tal (el Can. 731 habla de la perfección de la Caridad por la observancia de las Cons­tituciones).

  • Es al Señor a quien las Hijas de la Caridad se entregan por entero y para siempre, para el servicio de los pobres.
  • Es con el Señor y en su nombre como van hacia los pobres.
  • Es el Señor a quien contemplan y a quien sirven en la persona de los pobres.
  • Es el Señor a quien deben anunciar y revelar a los pobres (vocación misio­nera).

2. El servicio de los Pobres así comprendido (en el mundo, en el «siglo») es el lugar CENTRAL de su entrega total al Señor.

a) Existe un vínculo íntimo y recíproco entre la entrega total y el servicio:

  • «íntimo»: unidad profunda entre entrega total y servicio que forman absolu­tamente una misma cosa:
  • «recíproco»:
    • la entrega total se expresa esencialmente, «principalmente» (cf. Reglas Comunes, I) en el servicio;
    • el servicio es la expresión esencial, principal, de la total entrega.

N.B.: San Vicente habla, a este respecto, de un «estado de caridad», y la «Carta Magna de las Hijas de la Caridad» dice que es su modo de «hacer profesión».

b) Esta «consagración» de Hija de la Caridad es «secular» porque:

  • se vive habitualmente («ordinariamente») en medio del mundo de los pobres;
  • lleva consigo las duras exigencias y dificultades de tal situación, tanto por parte de los pobres y del servicio, como por parte de las mismas Herma­nas (convicciones profundas, «sólidas virtudes», fortaleza humana y espiri­tual, radicalidad de la pertenencia a Jesucristo), de donde se desprende la necesidad de vivir «regularmente esa secularidad, es decir, según la expre­sión de Santa Luisa, observando las reglas prescritas (cf. Carta de enero de 1659);
  • basándose en una total confianza en la Providencia, que provee a todo, des­de el momento en que la Hermana está actuando en virtud de su vocación de Hija de la Caridad (cf. Importancia de la obediencia como «mandato de la Compañía»);
  • respirando una profunda unión con Dios, presente y operante en ella misma y en el corazón y la vida de los pobres (cfr. expresiones de Santa Luisa, tales como «monasterio espiritual», «claustro interior»…).

c) Toda la vida de la Hija de la Caridad gira en torno a este centro:

  • su vida espiritual, a partir y con miras a una entrega total vivida esencial­mente para y en el servicio de los pobres;
  • su vida comunitaria, a partir y con miras a una entrega total vivida esen­cialmente para y con el servicio de los pobres;
  • su castidad, pobreza y obediencia, a partir y con miras a una entrega total vivida esencialmente para y en el servicio de los pobres.

En todo lo que acabamos de decir, no hay que confundir «servicio» con determi­nada forma de actividad: se trata del servicio, en su sentido profundo de «forma de participar en la Misión de la Iglesia».

Vida espiritual, vida comunitaria, castidad, pobreza, obediencia, representan otros tantos valores «en sí», sin los cuales el servicio quedaría desnaturalizado, pero que reciben de éste su carácter específico en la vida de las Hijas de la Caridad.

d) Los votos de las Hijas de la Caridad son un «punto-clave» para comprender lo específico de su vocación:

  • Estos votos confirman, ratifican su entrega total de Hijas de la Caridad que, de suyo, es un compromiso de por vida: «no se es Hija de la Caridad por­que se han hecho unos votos; sino que se hacen unos votos porque se es Hija de la Caridad y para seguir siéndolo cada vez más perfectamente».
  • Sobre todo cuando se pronuncian por primera vez, estos votos son como la culminación de un caminar espiritual en el que se quiere expresar la entre­ga al Señor de la manera más perfecta posible.
  • El voto «especial» de las Hijas de la Caridad es el de Servicio de los Po­bres, que va apoyado por los otros tres.
  • «La renovación anual de los votos permite a las Hermanas afianzar su vo­luntad de responder a la vocación, a la vez que garantiza la estabilidad de su servicio a Cristo en la Compañía: supone un acto libremente hecho y siempre inspirado por el amor» (C. 2. 5).

e) La unidad de vida queda asegurada por el Espíritu de la Compañía, es decir:

  • El Espíritu Santo que anima a la Hija de la Caridad para que viva su Bautis­mo como Hija de la Caridad (tiene, pues, que vivir en intimidad con el Espí­ritu y bajo su dependencia).
  • El Espíritu que anima la «consagración-servicio» de Hija de la Caridad, con sus notas dominantes propias de humildad, sencillez y caridad.
  • El Espíritu que anima todos los aspectos de la vida de la Hija de la Caridad y constituye el lazo que los une en torno al eje central de la «consagración- servicio», haciendo de ellos:
    • vida espiritual de Hija de la Caridad,
    • vida fraterna en común de Hija de la Caridad,
    • castidad, pobreza, obediencia de Hija de la Caridad

Humildad, sencillez, caridad son, por tanto, para las Hijas de la Caridad, los «con­sejos evangélicos» específicos.

B – Implicaciones prácticas para la Compañía, para cada una de sus Comunida­des, para cada uno de sus miembros.

Las implicaciones prácticas de la secularidad de la Compañía se traducen, por lo que se refiere a cada una de las Comunidades y a cada una de las Hermanas, en una disponibilidad total al servicio de los pobres, precisamente por ser miembros de la Compañía.

1. Disponibilidad total para el servicio a los pobres, luego:

a) Estar verdaderamente a su escucha.

b) Darles respuesta, en la medida de lo posible:

  • con audacia y prudencia (cf. realismo humano y espiritual de los Fundado­res) para asumir ciertos riesgos;
  • espíritu de adaptación, de inventiva – flexibilidad – movilidad…;
  • espíritu de continua reconversión desde todos los puntos de vista (revisión de vida y revisión de obras, sobre todo crear mentalidad a este respecto).

c) Con miras a una promoción integral del pobre.

d) Aportando una cooperación misionera y pastoral, según el carisma propio:

  • a nivel de la Iglesia universal;
  • a nivel de la Iglesia local.

2. Como miembros de la Compañía.

a) Es la Compañía la que confiere el «mandato»:

  • responsabilidad de los Superiores para enviar, acompañar, etc.;
  • necesidad para todos, y a todos los niveles, de espíritu de corresponsabili­dad
  • necesidad de cultivar el sentido de pertenencia a la Compañía como punto de referencia fundamental;
  • aceptar el servir directa o indirectamente a los pobres, en particular a tra­vés del servicio comunitario o cuando la edad, la salud, las circunstancias imponen otra forma de «servir»: «Cada uno de los gestos de la Hija de la Caridad está verdaderamente al servicio de los pobres, porque la Compañía entera les está consagrada y todo en ella ha sido concebido con tal fin» (cf. Madre Guillemin).

b) Es necesario impregnarse cada vez más del espíritu de la Compañía y mani­festarlo de manera especial:

  • a través de las tareas por las que se opta;
  • a través de la manera de ejecutarlas;
  • de todo un estilo de vida que nos «ajusta» a los pobres (semejanza, proximidad, comunicación, fraternidad, etc.), en humildad, sencillez, caridad.

c) El vínculo efectivo con la Compañía requiere especialmente:

  • hacer referencia a los Superiores, quienes, a todos los niveles, tienen mi­sión de «reunir», de «agrupar»;
  • proyectos comunitarios bien hechos, en el plano local y en el plano provin­cial;
  • que ese vínculo se manifieste con especial vitalidad en relación con la Comunidad local, como lugar concreto donde se comparte, se hace el dis­cernimiento, se recobran fuerzas, se confronta y «se da cuenta», etc.

Conclusión

Ante todo y en todo la Secularidad de la Compañía es esencialmente una cuestión de

  • fidelidad al carisma propio;
  • calidad de vida en todos los aspectos.

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