San Vicente de Paúl y su entronque hispánico (IV)

Francisco Javier Fernández ChentoVicente de PaúlLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: José Herrrera, C.M. · Año publicación original: 1963 · Fuente: Anales españoles.
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Capítulo segundo: Entronque cultural. ¿Estudió san Vicente en Zaragoza?

Artículo primero: Estado de la cuestión

SANVCuatro años después de la muerte de San Vicente de Paúl, su íntimo amigo y colaborador en muchas empresas señor Luis Abelly, Obispo de Rodez, en el capítulo II, página 12, estampaba estas líneas: «Después de esto—de recibir las órdenes menores—, comprometido ya en el servicio de la Iglesia… con el consentimiento de su padre, con un modesta ayuda que le dio, procedente de la venta de un par de bueyes, se fue a Tolosa para dedicarse a los estudios de Teología, tarea en que empleó alrededor de siete años. Es cosa cierta que durante este tiempo pasó a España y residió algún tiempo en Zaragoza para hacer también en ella algunos estudios».

Esto mismo es lo que resultó de las investigaciones hechas en los procesos de beatificación y lo recogieron las bulas de beatificación y canonización, las lecciones del Breviario Romano y todos los biógrafos del Santo, desde las obras monu­mentales de Collet, Bougaud y Mainard, hasta el más modesto compendio que se estampó para la edificación popular.

Rotura de la unanimidad.—Pero esta unanimidad quedó rota cuando, en 1931, Pedro Coste, el ilustre coleccionador editor de la «Correspondencia y Conferencias de San Vicen­te de Paúl» en XV tomos, dio a luz su obra monumental en tres tomos, que tituló Monsieur Vincent, y en la página 36 del primer tomo estampó, entre otras, estas líneas:

«Es difícil comprender que en el estado de escasez en que se encontraba el joven estudiante haya dejado la Universidad de Tolosa por la de Zaragoza, y, apenas llegado, haya vuelto a tomar el camino de Tolosa. Antes de creer en la realidad de este viaje, de que hablan las memorias enviadas desde Dax al primer biógrafo, desearíamos saber en qué funda­mento se apoya la afirmación. Vicente, supone Collet, habría encontrado la Universidad de Zaragoza llena del ruido de las disputas de los estudiantes acerca de la ciencia media y de los decretos predeterminantes y que ésta es la causa de su apresurada vuelta a Francia: hipótesis poco verosímil para explicar un hecho todavía menos verosímil.

No dice más el concienzudo historiador, que se pasa hablando cerca de 20 páginas para explicarnos los estudios del Santo en Tolosa. Después de Coste todos los historiadores, fuera de poquísimas excepciones no han sido más que dis­cos repetidores del maestro, y los más modernos ni siquiera han apuntado la cuestión. Diríase que la eliminación es el camino más rápido para suprimir los posibles quebraderos de cabeza en una explicación.

Nuestra posición.—Coste ha querido minimizar la autori­dad de Abelly en los hechos relativos a la infancia del Santo y a las memorias enviadas desde Dax por el Canónigo San Martín, que le sirvieron de base, a causa de algunos fallos que en ellas se notan. Nosotros queremos demostrar que en este punto las memorias y el biógrafo estaban en lo cierto, y es, por tanto, una realidad su venida a Zaragoza y sus estu­dios en ella.

Respondiendo a Coste.—Coste supone que no tendría di­nero para venir desde Tolosa a Zaragoza; pero con los datos que nos suministra Abelly no sólo dan margen a la hipótesis de Coste, sino a esta otra, que vino de Dax a Zaragoza y lue­go de Zaragoza a Tolosa, pasando por Tarbes para recibir allí el subdiaconado y diaconado, como es nuestra opinión, que quedará más aclarado en otros párrafos. En esta hipóte­sis le bastaron el producto de la venta de los bueyes de su Padre y la ayuda que le pudieron prestar sus parientes de Aragón y luego algo de lo que le tocó de la herencia paterna en 1698, Que es cuando, ordenado ya de diácono, según mi hi­pótesis, va a Tolosa.

La causa de su regreso a Francia no fueron las disputas de la ciencia media y de los decretos predeterminantes, que todavía por estas fechas–1596-1605–no se estudiaban en la Universidad cesaraugustana, según consta del Lucidario de Diego Frailla, el lugarteniente del fundador don Pedro Cer­buna. Collet, sus repetidores y, sobre todo, sus exageradores —los de los gritos y puñetazos—, han sufrido un ilusión ana­crónica y lo que pudo ocurrir a fines del siglo XVII lo tras­ladan al XVI. Es probable que dejara Zaragoza para en­trar en las Órdenes mayores, que había de ejercitar en Fran­cia, a cuyo ejercicio debía preceder la incardinación.

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