Recordando a Vicente y Luisa, dos grandes profetas de la Caridad

Francisco Javier Fernández ChentoEspiritualidad vicencianaLeave a Comment

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Author: Julia C. Neo, H.C. · Translator: Félix Álvarez Sagredo, C.M.. · Year of first publication: 2010 · Source: Vincentiana, Octubre-Diciembre 2010.
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Reavivar el fuego

En la historia de sus vidas, sus cartas y conferencias, Vicente y Luisa aparecen como personas normales con sus fragilidades y caris­mas pero capaces de conseguir grandes alturas de santidad. Mues­tran de forma extraordinaria cómo puede transformar el poder de la gracia vasos frágiles de tierra en instrumentos eficaces del proyecto divino.

Vicente fue un joven aventurero de procedencia rural que buscaba constantemente horizontes más amplios. Alimentó ambiciones tem­pranas para una promoción social por medio del ministerio sacerdo­tal para ayudar a su familia que tanto quería. Estaba dotado de una capacidad asombrosa para establecer relaciones con una gran varie­dad de personas — pobres y ricos, eclesiásticos y políticos, nobles y plebeyos, hombres y mujeres, religiosos y seglares. Más tarde él pon­dría este don en una buena causa para realizar su sueño de servir a los pobres. Hombres de nuestro tiempo, que buscan constantemente «más» en la vida, pueden sacar valor de la vida de Vicente.

Aunque Luisa nació y se crió con el sufrimiento como una com­pañera constante, no permitió que esto le disuadiese de perseguir los objetivos de su vida. Fue una amante esposa, una madre entregada, preocupada continuamente por su hijo único. Cuando se quedó viuda, continuó ayudando a los otros, especialmente a los pobres. Habiendo descubierto la vocación de su vida con la ayuda de Vicente, llegó a ser su amiga fiel y colaboradora. Juntos, fundaron las Hijas de la Caridad, un camino radicalmente nuevo de vivir la vida consa­grada femenina en su tiempo. Muchas mujeres hoy — religiosas y seglares, solteras, viudas y casadas — encontrarán en Luisa un modelo inspirador, uno que finalmente «se consiguió» no obstante las limitaciones impuestas por el nacimiento, por la naturaleza y las cir­cunstancias.

Después de 350 años, Vicente y Luisa continúan impactando e inspirando a generaciones. El fuego de su caridad todavía arde y enciende a otros muchos. La celebración del aniversario de su muerte reaviva este fuego en nosotros. Cambia el pasado en un pre­sente vivo que transforma.

Ellos se atrevieron a soñar

Durante su vida, Vicente y Luisa persiguieron con una pasión implacable un sueño en el que creían… un sueño que era como un fuego que les consumía. Soñaron entregarse completamente para seguir a Jesucristo evangelizando y sirviendo a los pobres de su tiempo. Este sueño fue como la Estrella Polar que guía cada decisión que tomaron y cada paso que dieron.

Vicente y Luisa, sin embargo, no nacieron con este sueño. De he­cho tenían otros sueños cuando eran jóvenes… sueños como todos tenemos. Pero en la medida en que se daban cuenta de estos prime­ros sueños, eran constantemente acosados por disgustos, fracasos, vueltas, cambios inesperados, como si una mano invisible estuviese presente en el camino de su realización.

Progresivamente, Vicente y Luisa descubrieron el significado de estos acontecimientos que parecían apartarles de la realización de sus sueños. En realidad eran los caminos misteriosos de Dios para revelarles la vocación de su vida. Vicente y Luisa estaban abiertos a esta revelación y se dejaban guiar por el Espíritu.

Tanto Vicente como Luisa han sido atormentados con dudas pro­fundas de fe durante algún tiempo… dudas que eran verdaderas «noches oscuras» para ellos. Pero una experiencia iluminadora para Luisa y una resolución firme de Vicente para servir a los pobres cambiaron el curso de sus vidas. Desde ese momento en adelante, Dios fue su absoluto. Pusieron a un lado sus primeros sueños para seguir la llamada de Dios… una llamada que se despliega a través de una mediación de acontecimientos y personas. Una vez puesta la mano en el arado, Vicente y Luisa nunca volvieron la mirada atrás.

En una época de guerras interminables libradas por razones reli­giosas y políticas y de una pobreza que reta toda imaginación, Vicente y Luisa se atrevieron a soñar… un sueño aparentemente imposible. Pero con la guía y el apoyo de la Providencia, con los dones extraordinarios con que la naturaleza les había enriquecido tan generosamente, y con la bendición de las circunstancias, el sueño de Vicente y Luisa poco a poco fue tomando forma: las Damas de la Caridad (hoy la AIC, Asociación Internacional de Caridad), la Con-gregación de la Misión y las Hijas de la Caridad.

Mientras perseguían su sueño con una firme convicción, Vicente y Luisa alumbraron sin ser conscientes de ello nuevos senderos, sende-ros que contribuyeron significativamente a renovar la Iglesia y la sociedad del siglo XVII en Francia… y más allá.

Mantener vivo su sueño hoy

Al recordar a Vicente y Luisa, estamos agradecidos por el carisma que Dios les dio… un carisma que como fundadores transmitieron a la Familia Vicenciana como un don a la Iglesia y al mundo.

Fidelidad creativa es la otra cara de la gratitud por el don de Vicente y Luisa. Esta fidelidad nos remite a los orígenes de la histo-ria Vicenciana… nos invita a leer el presente a la luz de su sueño… a releer su sueño a la luz del momento actual.

Si Vicente y Luisa estuviesen hoy entre nosotros ¿cómo leerían la situación actual a la luz del Cristo que querían seguir? ¿Qué palabra nos dirían? ¿Cómo responderían a las nuevas situaciones con las que nos enfrentamos hoy? ¿Qué opciones harían?

El nuestro es un mundo radicalmente diferente en muchos aspec-tos al mundo de Vicente y Luisa. Nos presionan nuevas preguntas. En un mundo que ha generado nuevas formas de pobreza, nuevos rostros de personas pobres ¿cuáles y quienes deben ser nuestras prioridades? Vicente y Luisa estuvieron constantemente atentos a los acontecimientos como «lugares» para encontrarse con el Espíritu. En un mundo obsesionado por el «instante» y lo «extra-rápido» ¿cómo continuamos para estar verdaderamente atentos y poder discernir?

¿Cómo afecta hoy nuestro «servicio a toda la persona» la concien-cia de la profunda influencia de las relaciones, estructuras sociales y del entorno sobre la persona humana? Ante una confianza casi abso-luta en la tecnología y en la ciencia, en la eficacia y la competencia, ¿cuál es el «aún más» que nuestro servicio Vicenciano puede ofrecer a nuestros contemporáneos?

El nuestro es un mundo que quiere ser más inclusivo, ir más allá de las fronteras de raza, etnia, clase, género y religión. ¿Qué implica esto en concreto para nuestras obras entre los pobres… para nuestra colaboración?

Nuestro mundo ha crecido más y más secularizado girando sobre si mismo… mientras se preocupa al mismo tiempo por la justicia social. ¿Qué desafíos plantea esto para nuestro servicio Vicenciano, donde la visión de fe y la motivación de la caridad son primordiales?

Celebramos el aniversario de la muerte de Vicente y Luisa en medio de una inaudita crisis global… moral, cultural, económica y espiritual. ¿Cómo vamos a releer el sueño de Vicente y Luisa a la luz de esta realidad?

El Pueblo de Israel releyó su Alianza con Yahweh desde la pers­pectiva de la crisis que ellos experimentaron durante el exilio. Al actuar así, redescubrieron el significado de su identidad como Pueblo de Dios. Vicente releyó el Evangelio desde su experiencia del pobre y la confusión que amenazaba desgarrar la sociedad y la Igle­sia de su tiempo. En este sentido, él descubrió su vocación en la vida y dio a luz un sueño que marcó profundamente su tiempo.

Reflexionar más profundamente en los relatos de la vida y escritos de Vicente y Luisa… escuchar las preguntas planteadas por nuestro tiempo… dejarnos desafiar por ellos… buscar juntos algunas respues­tas es celebrar bien el aniversario de la muerte de Vicente y Luisa. Es mantener vivo su sueño.

Progresando… juntos

Somos herederos de un gran legado… hijos e hijas de dos grandes profetas de la caridad. Esta herencia común nos enorgullece. Nues­tros vínculos se afianzan. Con un inmenso número de miembros en todos los continentes, nosotros, como Familia Vicenciana, tenemos un gran potencial para establecer una diferencia en nuestro tiempo como Vicente y Luisa lo hicieron en el suyo.

Se cuenta la historia de un joven, el hijo de una estrella de béis­bol. Su primera temporada de juego fue decepcionante. Hacia la mitad de su segunda temporada, temía de verdad que iba a ser apartado del equipo.

Cuando iba a tomar el lugar del bateador, tuvo un fallo en su primer bate. En su segundo intento, tuvo de nuevo otro golpe. El entrenador pidió tiempo muerto y el árbitro habló casual­mente al joven. Cuando se reanudó el juego, el pitcher le dio un lanzamiento que golpeó fuera del estadio. Este fue su momento decisivo.

Desde entonces, cada partido que jugaba era un gran éxito. Los entrenadores que le habían visto levantase del fracaso de su primera temporada le preguntaron qué había cambiado su juego.

Entonces él les contó cómo el árbitro le habló de las veces que él había estado detrás de la caseta del bateador durante el tiempo de su padre, cómo había observado el juego de su padre y enton­ces comentó: «Puedo ver sus genes en ti. Tu tienes los brazos de tu padre».

Tenemos los «genes» de Vicente y de Luisa. Tenemos su corazón y su espíritu. La fidelidad a su legado nos apremia a progresar juntos… para ser profetas de la caridad en el mundo actual. La realidad global de hoy e.g. el poder de las gigantescas corporaciones transna­cionales, fusiones y conglomerados exigen testimonios colectivos. Nos reta a ser no simplemente profetas individuales, sino una «fami­lia de profetas».

En un tiempo en que la injusticia ha asumido una dimensión glo­bal, el sueño de Vicente y Luisa nos empuja a desarrollar redes de caridad entre la Familia Vicenciana. Redes de caridad atentas a los acontecimientos y a los pobres, creativas y audaces en sus respuestas, manifiestan la novedad perenne del carisma Vicenciano. Ellas crean ondas de esperanza para el futuro.

Para nosotros, Familia Vicenciana, esta celebración del 350 ani­versario de la muerte de Vicente y Luisa es ciertamente un tiempo de gracia, un tiempo propicio para «hundir más profundamente nuestras raíces en la caridad y expandir más ampliamente nuestras ramas en la misión«… para que sea profética y genere esperanza. Intentemos conseguirlo.

«Es seguro que cuando la caridad mora en un alma, toma pose­sión de todas sus potencias; no le da descanso; es un fuego que está constantemente activo; una vez que la persona está infla­mada por ella, le tiene hechizado» (SVP, Repetición de Oración, 4 de Agosto de 1655).

«Por favor, continúen sirviendo a nuestros queridos maestros con gran delicadeza, respeto y cordialidad, viendo siempre en ellos a Dios» (SLM, Carta 361, Junio 1653).

Guía para la reflexión personal

  1. ¿Cómo ha influido en tu vida en lo concreto la historia de Vicente y de Luisa?
  2. ¿Qué desafío planteado por nuestro mundo contemporáneo a nuestro servicio Vicenciano del pobre es de mayor interés para ti? ¿Por qué? ¿Qué pasos podemos dar como Familia Vicenciana para abordar este desafío?
  3. ¿Cuáles son tus esperanzas con relación
    • a ti mismo como miembro de la Familia Vicenciana
    • tu rama de la Familia Vicenciana
    • la Familia Vicenciana en todo el mundo para que el sueño de Vicente y Luisa permanezca vivo?

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