«Viendo el gentio, le dio lastima de ellos, porque andaban maltrechos y derrengados como ovejas sin pas tor. Entonces dijo a sus discipulos: La mies es abundante y los braceros pocos; por eso, rogad al dueño que mande braceros a su mies». (Mt 9,36-38).
«Las Provincias, las Casas y cada uno de los misioneros deben preocuparse de suscitar candidatos para la misión vicenciana.
Busquen, ademas, las Provincias los medios mas aptos para promover las vocaciones y atenderlas, y elaboren un adecuado plan provincial. El Visitador, oido su Consejo, nombrará un Promotor de Vocaciones, que coordinará la pastoral de promoción vocacional en nuestras obras». (E 37,1,2,3).
Suscitar vocaciones para la mision es una exigencia de la fidelidad al don de Dios dado a la Iglesia y puesto ahora en las manos de los Misioneros. Tambien exi-te la razon del agradecimiento. La subsistencia se justifica solo por el servicio que la CongregaciOn puede seguir prestando a la Iglesia.
- Dejemos obrar a Dios y mantengámonos a la espera.
San Vicente escribe a un Misionero que ha estado mas de veinte al-los sin atreverse a pedir vocaciones para la Compania. Si la CongregaciOn es obra de Dios hay que dejar a la divina Providencia que le mande los candidatos necesarios para su conservation (V 439). Cie-tamente, hay que confiar en la Providencia, como dice en la Conferencia del 7 de septiembre de 1657:
«Padres, sobre todo los que predican ejercicios, pongan mucho cuidado en no incitar a nadie a entrar en la Compaiiia, solamente tienen que ayudarles en sus buenas resoluciones, procurando que ellos mismos determinen el lugar adonde crean que Dios les llama. Dejémosle obrar a Dios. Hasta ahora, por la misericordia de Dios, se ha hecho asi en la Compania y podemos de-eir que hasta ahora no ha entrado nadie sin que Dios no le haya puesto en ella… En nombre de Dios, Padres, sigamos esta norma, por favor, y dejemos actuar a Dios, contentandonos con ser sus cooperadores. Creedme, Padres, si la Compaiiia sigue comportandose asi, su divina Majestad la bendecira. Por eso hemos de contentarnos con los sujetos que Dios nos mande». (XI 301-302).
- «iCuánto vale un buen misionero!
Confiar en la Providencia, pero al mismo tiempo ser cooperadores con ella: Cooperar con nuestra oration, con el testimonio personal y comunitario, con el cultivo prudente sin forzar a nadie.
«No dudo, escribe San Vicente, que alein dia pasa-ra ahi (en Polonia) lo que esta pasando por aqui, ya tine nos ofrecen mas fundaciones que las que podemos (,ceptar por falta de obreros. Se presentan pocas personas dispuestas como es debido para entregarse plenamen-/(‘ a Dios y, entre las que comienzan, son pocas las que (Ian resultado. jCuanto vale un buen misionero! Es Dios mismo el que tiene que suscitarlo y moldearlo; es obra (le su omnipotencia y de su gran bondad. Por eso, nues-/10 Senor nos recomendO expresamente que pidiaramos a Dios que envie buenos obreros a su porque efec‑
tivamente, no seran buenos si Dios no los envia, y de astos basta con unos pocos para hacer mucho: doce lueron sufientes para establecer la Iglesia universal, a pesar de la sabiduria humana, del poder del mundo y la ira de los demonios. Pidamos al Senor que comunique el espiritu apostolic° a la Compaiiia, puesto que la ha enviado para hacer su mismo oficio». (VII 519).
- «Ninguno que quiera trabajar podra permanecer ocioso».
El discernimiento de una vocation no es fkil y, sin embargo, es algo que necesariamente hay que hacer, pero icon que criterios? Lo que San Vicente dice en 1658 al Superior de Genova puede ayudar a nuestra reflexiOn:
«Hace V d. muy bien en tener en cuenta las dispo-siciones del cuerpo y las cualidades del espiritu de los aspirantes, para no cargar, si es posible, con ninguno que no resulte. Sin embargo, es suficiente con que ten-gan buena salud, un espiritu conveniente y buena inten-cion, aunque no sean nada extraordinario ni tengan, incluso, talento para predicar. Tenemos tantas cosas que hacer que, gracias a Dios, ninguno de los que quie-ran trabajar con nosotros podra estar ocioso; al contra-rio, los simples obreros y los flats comunes son de Dios. Dios sabe hacer de las Piedras hijos de Abraham; y nuestro Senor, habiendo escogido coma discipulos a personas comunes, hizo de ellos hombres apostolicos que, sin tener ciencia adquirida ni un espiritu elevado ni una buena presencia, sirvieron, sin embargo, de instru-mentos al divino Maestro para convertir a todo el mun-do. Si realmente los misioneros son humildes, obedien-tes, mortificados, celosos y llenos de confianza en Dios, su divina bondad se servira iitilmente de ellos en todas partes y suplira las demas cualidades que puedan fal-tarles». (VII 206).
gT enemos entusiasmo por la promociOn de las vocaciones para la Congregation? gSoy de los que piensan que no merece la pena?
gColaboro en el plan vocational que existe en la Provincia y en la Casa?
«Oh ILsperanza de Israel:
Salvador nuestro en tiempo de la tribulaciOn,
vuelve, compasivo tus ojos desde el cielo,
ven y visita esta to viva;
inunda sus acequias, multiplica sus racimos,
do sazon a la plantada por tu mano.
La mies, en verdad, es mucha;
pero los obreros, pocos.
‘Fe rogamos, oh Duefio de la mies,
que envies mas obreros a tu campo.
Acrecienta tu pueblo, aumenta su alegria,
para que sean edificadas las .murallas de Jerusalen.
Esta es tu casa, Dios y Senor, esta es tu casa:
no haya en ella, Te pedimos, piedra alguna
que tu mano no haya colocado.
Y a los que Tti has llamado
guardalos en tu nombre
y cons4ralos en la verdad. Amen».






