Se acercó a los discípulos, los encontró adormilados y dijo a Pedro: ¡Vaya! ¿No habéis podido velar ni una llora conmigo? Estad en vela y pedid no ceder en la prueba; el espíritu es animoso, pero la carne el débil». 1Mt 26,40-1).
«Pondremos todo el empeño que podamos en hacer oración personal, en particular o en común, todos los días durante una hora, según la tradición que nos viene de San Vicente. Así nos haremos idóneos para percibir el sentido de Cristo y para encontrar los caminos de realizar su misión. La oración personal debe preparar, extender y completar la oración comunitaria y la litúrgica». (C 47,1).
El arte de la oración se aprende con el ejercicio de la oración misma. Dios, autor de la oración, termina siempre concediendo este don divino a quienes se lo piden perseverantemente. De poco o nada servirán las mejores lecciones, técnicas y métodos sobre la oración, si ésta no se practica. La Constitución, citada arriba, recoge no sólo la tradición de la Compañía sobre la hora (le oración diaria, hecha en común, sino las razones que han de movernos a hacerla.
- «Sin oración es imposible que persevere en su vocación un misionero».
Sobre este particular de la oración, San Vicente se mostraba exigente con la comunidad; él ligaba de ordinario la fidelidad a la vocación con la perseverancia y puntualidad en hacer la oración comunitaria de la mañana. Ciertas normas disciplinares que aseguraban su práctica, hoy resultan chocantes; sin embargo están llenas de experiencia:
«Es imposible ir con gusto a la oración, si uno se levanta de mala gana; es imposible meditar útilmente, si uno está en la Iglesia solamente a medias y por cumplir. Por el contrario, los que madrugan de buena gana suelen perseverar, no caen en la desidia y progresan fácilmente. La gracia de la vocación depende de la oración, y la gracia de la oración depende del levantarse. Así pues, si somos fieles a esta primera acción, si nos encontramos todos juntos ante nuestro Señor y nos presentamos a El al mismo tiempo, El se nos dará juntamente a todos, nos iluminará con sus luces y realizará El mismo en nosotros y por nosotros los bienes que tenemos obligación de hacer en su Iglesia». (III 494).
- «Todos los días una hora de oración, sin exceptuar los días de descanso».
La naturaleza «tramposa» del hombre sabe inventarse razones para dejar la oración; pero todos sabemos que la oración no se compagina con la comodidad. De nuevo nos habla San Vicente:
«Nuestra Regla, cuando nos ordena tener todos los días una hora de oración mental, no exceptúa los días de descanso (cf. RC X, 7); por eso, hay que hacerla también esos días durante una hora entera, lo mismo que si no se tuviese descanso; no es justo que ese descanso se haga a costa de la acción más importante del día. Sin embargo, hay que acomodarse a la necesidad de los asuntos. A veces hay que preparar cosas que no se pueden dejar para luego, y que no son compatibles con la hora de oración; en este caso, hay que tener en cuenta esos impedimentos razonables, porque Dios no nos pide nada que sea contrario a la razón». (VIII 377).
- «Gusten cordialmente el coloquio divino con Cristo Señor».
A todos los cristianos se les exhorta a hacer oración, pero de manera particular a los que se han consagrado a Dios con algún vínculo especial. A los sacerdotes, por ejemplo, se les dice:
«Para cumplir con fidelidad su ministerio, gusten cordialmente el coloquio divino con Cristo Señor en la visita y en el culto personal de la Sagrada Eucaristía… especialmente por la recomendada oración mental y variadas fórmulas de oraciones, que eligen a su gusto, los presbíteros buscan y piden instantemente a Dios aquel verdadero espíritu de oración con que ellos mismos, juntamente con la plebe que se les ha confiado, se unen íntimamente con Cristo Mediador del Nuevo Testamento, y así pueden clamar como hijos de adopción: Abba, Padre!» (PO 18).
- ¿Me he preguntado alguna vez, si mis desánimos en la vocación provienen de la falta de fidelidad a la oración?
- ¿Procuro hacer todos los días una hora de oración en común con mis compañeros?
- Cuando los ministerios o el descanso no me permiten hacer la oración con la comunidad, ¿busco tiempo para hacerla en particular?
ORACIÓN:
«Señor Jesucristo, Tú nos dijiste que permaneciéramos en vela para no caer en la prueba, haz que sintamos todos nosotros la necesidad de orar, a fin de permanecer firmes y fieles en la vocación».






