Misiones populares de la C.M. en España (1704-1975). Parte 11

Mitxel OlabuénagaCongregación de la Misión, Historia de la Congregación de la Misión en España, Misiones «Ad gentes»Leave a Comment

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Autor: Mítxel Olabuénaga, C.M. · Año publicación original: 1997.
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Parte Segunda: Las Misiones Populares y C.M.

Capítulo 4: Misiones Populares C.M. y España Contemporánea (1875-1975)

1. Sociedad e Iglesia en la España Contemporánea

El pronunciamiento del general Martínez Campos (29 Diciembre de 1874) proclamó a Alfonso XII rey de España. El nuevo sistema de gobierno, propiciado por Cánovas del Castillo, se basará en la alternancia de partidos y contará con el apoyo de las altas burguesías, del ejército y de la Iglesia. Las masas católicas de la nación, salvo las carlistas, recibirán al nuevo régimen con júbilo y esperanza mientras la jerarquía, adaptada a las nuevas circunstancias, pondrá su empeño en volver a la situación creada con el Concordato de 1851. Comienza, con ello, una época de «Restauración» no sólo política y social sino también eclesial. Dividiremos, por razones de método, toda la época en tres períodos:

1.1. 1876 – 1931: a la sombra de la nueva Constitución de 1876 (confesionalidad del Estado, obligaciones financieras respecto del culto y clero, vuelta de los religiosos…) y de la protección de los sucesivos gobiernos, especialmente en los turnos conservadores, la Iglesia va a gozar de unas condiciones inmejorables para su actuación aunque, al mismo tiempo, el anticlericalismo fue tomando auge «desde la persuasión de que la Iglesia era causante de muchos de los males sociales de la época, pues el pueblo contemplaba una íntima relación entre las burguesías más influyentes y los altos hombres de la Iglesia, cuando no intuía que ésta bendecía con predilección a aquellas ricas familias».1

A pesar, no obstante, de la promulgación de diversas órdenes «las esperanzas de que la monarquía alfonsina consagrase la unidad religiosa de la nación, haciendo caso omiso de la tolerancia propugnada por algunas voces desde la tribuna y la prensa, quedaron defraudadas».2 De hecho los distintos gobiernos mantuvieron una postura de equilibrio entre las peticiones eclesiásticas, más privilegios, y la realidad política del nuevo régimen. Por eso, en su momento, la Iglesia recibirá la dictadura de Primo de Rivera con «indisimulable zalagarda»3 de la que procuró alejarse a medida que perdía prestigio y popularidad. Esta desintegración del «pacto restaurador en las dos primeras décadas del s. XX mostró lo que era la Iglesia: un poderoso grupo de presión comprometido con el mantenimiento de sus propios privilegios y la supervivencia de un orden social conservador».4 Al mismo tiempo puso en evidencia su debilidad interna y moral: mediocridad intelectual, falta de aptitud para adaptarse a una sociedad cada día más urbana y secular, incapacidad para acercarse a los económicamente desposeídos, predominio de un devocionalismo sentimental sin raíces intelectuales profundas…

Las fuentes de ingresos del clero van a sufrir una honda transformación, especialmente en lo que atañe a la diversificacion: el secular basará su economía en el presupuesto estatal, en los títulos de deuda pública procedentes de bienes desamortizados, en distintos aranceles y en el cobro de las bulas; el regular (para quien los gabinetes posteriores a 1874 se niegan a reconocer «cualquier obligación económica insistiendo en que deben ser autosuficientes«,5 a su vez, sustentará su economía en el capital inicial, como producto de la desamortización, en el fruto que le producen sus trabajos (educación, capellanías, predicación …) y en las limosnas de sus bienhechores. Esta situación se prolonga hasta los inicios de siglo donde la irregularidad de la asignación por parte del estado (no sólo restringida con los años sino también disminuida por los atrasos, los descuentos y las suspensiones) y la disminución de las limosnas hacen que, ante el aumento del coste de la vida, las posibilidades del clero se vean reducidas año tras año. De este estado general únicamente se exceptúan aquellos clérigos que dependen directamente del fruto de su trabajo, especialmente de la enseñanza.

El personal eclesiástico, con el reconocimiento progresivo de los regulares, va a recuperar, si no su poderío económico, sí la suficiente influencia. Su formación la recibirán en los Seminarios, en las casas de estudios de los religiosos y en las tímidas nuevas facultades eclesiásticas. Aún cuando estos medios unificarán el complejo anterior sistema y se abrirán nuevas posibilidades (Comillas, Colegio Español de Roma…) el resultado dará, según Laboa, «un clero no muy preparado, bastante gris y de una mentalidad cerrada, frecuentemente integrista«6 y que, en lo tocante a los regulares, «reasumió rápidamente su papel tradicional como tropa eclesiástica de choque que combatía el secularismo, el liberalismo, la francmasonería, el socialismo, el republicanismo y el protestantismo».7

Junto al clero secular y regular, principal elemento de la acción eclesial, comenzará a desarrollarse un naciente pero poco influyente asociacionismo seglar de ámbito social (sólo plenamente desarrollado después del Vaticano II) y una abundante prensa. El uso que hacen de ella otras instancias diferentes de la Iglesia (en muchos casos para atacarla) lleva también a ésta a cuestionarse su uso. La proliferación de periódicos y revistas controladas en mayor o menor medida por la Iglesia surgen en casi todas las diócesis. De igual manera los Congresos o Días de la Buena Prensa.8 No obstante «la calidad de los periódicos católicos, en general, fue muy deficiente, compensada únicamente con la fidelidad de sus escasos lectores. ‘El Debate’ constituyó una excepción en todos los sentidos, pero no fue bien recibido por amplios sectores del catolicismo hispano».9 El mismo Laboa10 nos indica, referente a los Congresos, que su fracaso «se debió al capillismo existente, a la fuerza de la prensa integrista y a la clara desconfianza manifestada por la jerarquía. De palabra eran obedientes hijos de la Iglesia y de los obispos pero, de hecho, no estaban dispuestos a acatar sus decisiones si no concordaban con sus ideas integristas».

Con estos medios económicos, humanos y técnicos se dispone la Iglesia a cumplir con sus trabajos tradicionales y a afrontar el llamado «problema obrero», que comienza a ser preocupante en este período.

El clero secular continuará con el culto parroquial (su parcela casi exclusiva), mientras las órdenes religiosas, que deben partir de cero, retomarán las tareas extraordinarias de siempre (predicación, misiones, ejercicios…). La piedad resultante11 no es muy diferente de la observada en períodos anteriores aunque algunos de sus rasgos se suavizan y evolucionan: individualismo con más sentido eclesial, base doctrinal más seria aunque con cierta obsesión por el binomio salvación – condenación, intensificación de las devociones, espiritualidad afectiva y práctica, proyección al pobre desde la piedad, devoción al papa…

Preocupación de primer orden, origen de no pocas discusiones parlamentarias, será la enseñanza. El interés del Estado o Instituciones laicales ajenas a la Iglesia por intervenir directamente en el proceso de culturización de las masas populares comienza a ser importante y motiva el conflicto con la Iglesia, que veía reducido uno de sus campos tradicionales de acción tanto cultural como religiosa. Empeñada en alejar al niño del influjo estatal o laico (Institución Libre de Enseñanza), la Iglesia se dirigirá principalmente a la enseñanza secundaria (Jesuitas, Escuelas Pías, La Salle…) aunque existan iniciativas de penetrar en las masas populares (Enrique de Ossó, Poveda, Manjón…). La preocupación por el tema (y la seguridad económica que ello conlleva) condujo también a otras órdenes religiosas, con fines distintos a la enseñanza, a implicarse en este ministerio, como es el caso de los Paúles, Claretianos y otros.

La beneficencia, tercero de sus campos tradicionales, va a verse conmocionada por las nuevas realidades que aparecen en este período. La crisis agraria y el aumento de población, debido a la baja impresionante de la mortalidad infantil, superpuebla el campo y obliga a las gentes a emprender viaje a América o a las ciudades. Establecidos en los suburbios de las grandes urbes o en los barrios obreros de las ciudades industriales, sus condiciones de trabajo y de vida serán pronto objeto de preocupación para las organizaciones sociopolíticas. Señala Carr que «a partir de 1900 se produjo un tremendo aumento de asociaciones obreras;… el nuevo sindicalismo de las «sociedades de resistencia», primero socialista y posteriormente anarquista, no solamente cambió la naturaleza de los conflictos laborales, sino que difundió estos conflictos a nuevas zonas y a nuevas industrias».12

La Iglesia intentó dar respuesta a esta nueva problemática aunque no fue «rápida ni valiente»13 y a sus soluciones les faltó, generalmente, sentido social ya que no se plantean la reforma de estructuras viciadas de base porque «la proyección caritativa hacia el pobre parte de que la existencia de pobres y ricos es algo natural e insoslayable; en el pobre está Cristo y en él servimos a Dios».14

Inicialmente se siguen los cauces tradicionales de la beneficencia aunque hay unos tímidos intentos por «competir» con las soluciones que aportan las organizaciones obreras. Dentro del primer bloque debemos situar las fundaciones religiosas y seglares con fines asistenciales o educativos dirigidas a atender estas nuevas necesidades: Hermanos de la Salle, Escuelas del P. Manjón, Conferencias de San Vicente de Paúl… («Entre 1851 y 1900, aparecen en España 64 Congregaciones femeninas, 44 de ellas con fines asistenciales y benéficos»).15

Entre las segundas, los Círculos de Obreros que «pretendían ser el medio ideal para lograr la unión y enlace armónico del capital y el trabajo, de los ricos y de los pobres»16, Congresos Católicos, Documentos de la Iglesia… «De hecho, y por motivos diferentes, se ahonda en estos años el abandono de la Iglesia por parte de las dos clases implicadas en el conflicto: burguesía y mundo obrero».17

Por ello a comienzos del s. XX «se empieza a poner en tela de juicio la eficacia de esta institución [los Círculos] para solucionar los problemas de injusticia que se dan en el mundo laboral. Arboleya será uno de los primeros que levanta la voz diciendo que a los obreros de nuestros Círculos se les habla de Religión, de moralidad, de resignación, de sus obligaciones …; pero casi nunca se les habla de sus legítimos derechos, en concreto de las injusticias de que son víctimas, de las obligaciones de los capitalistas…».18 A pesar de los nuevos intentos (Sindicatos Industriales o Agrícolas, Cooperativas Catalanas…) «la marginación de la Iglesia en el mundo sociopolítico se acentúa en estos años… Sólo en el sector agrario la estructura y la ausencia de otros organismos competitivos permite a la Iglesia actuar con más éxito y realizar una labor que otros cuidarán menos».19

1.2. 1931 – 1939: las elecciones municipales del 12 de Abril de 1931, que ponen de manifiesto el republicanismo de las grandes ciudades, acaban con la monarquía Alfonsina. El inmediato 14 de Abril se proclama un gobierno provisional para quien la Iglesia jerárquica pedirá cautelosamente prudencia y respeto, aunque las Cartas Pastorales del cardenal Segura del 3 y 25 de Junio20 no ayudaron precisamente a ello.

La Constitución, aprobada el 9 de Diciembre, establecerá la separación Iglesia-Estado. De forma inmediata el gobierno republicano-socialista pondrá en marcha una serie de medidas claramente agresivas respecto a la Iglesia: supresión del presupuesto para el culto, reducción de la asignación del clero, disolución de los jesuitas y confiscación de sus propiedades, prohibición de la enseñanza a las órdenes religiosas… Estas medidas no son sino el precio que la Iglesia hubo de pagar a su estrecha unión con el régimen anterior y a la idea de la intelectualidad de la clase republicana para quien la Iglesia era el modelo acabado esterilizador de la modernización del país. Unicamente la llegada del bienio radical-cedista mejorará la situación y en torno a la defensa de la Iglesia y sus derechos se aglutinará un conjunto de grupos con diversos intereses.

Los violentos desórdenes de Mayo de 1931 junto a la citada serie de medidas económicas llevarán a la Iglesia a reducir drásticamente su actividad pastoral. Y ello a pesar de algunas medidas tomadas por los obispos para paliar esta disminución de sus ingresos (reducción de gastos, aumento de tasas por bulas y aranceles, estímulo de la colaboración de los fieles…). La supresión del presupuesto para el culto condicionará no sólo lo relacionado con el trabajo ordinario (atención parroquial) sino también con el extraordinario (misiones populares, predicación …); la prohibición de la enseñanza a los religiosos colapsa o mantiene muy precariamente no sólo la propia acción educativa sino también otras muchas actividades de los regulares que dependían de los ingresos percibidos en dicha actividad (beneficencia, misiones …); el clima de inseguridad no sólo destruirá materialmente algunos conventos e iglesias sino que provocará la dispersión de muchos miembros del clero tanto masculino como femenino.

También es cierto que la demanda eclesial no era tan extensa como en épocas anteriores ya que «en general se puede decir que la tibieza, la rutina y la indiferencia eran las notas diferenciadoras de grandes capas de la sociedad oficialmente católicas».21 Más aún, una mayoría de las masas populares de las ciudades industriales, núcleos de la minería y de la agricultura de los grandes latifundios del centro y del sur de España no es que hayan apostatado, sino que, sencillamente, no han nacido en la Iglesia. Únicamente las clases altas y medias de la sociedad (en parte alejadas en tiempos de Primo de Rivera pero retornadas en estos momentos, sobre todo con la revolución social de julio de 1936 y la subsiguiente matanza de sacerdotes) se mantienen católicas y practicantes.22

El alzamiento militar de 1936, que terminó con la República, fue visto dentro de la Iglesia, con alguna excepción, como algo necesario. Por ello, a pesar de algunas dificultades iniciales de doctrina acerca de su legitimidad, la Iglesia española, aunque no participó directamente, lo respaldó. Contribuyó notoriomante a ello la persecución indiscriminada contra los católicos en la zona republicana. El episcopado, en su gran mayoría, estaba con el ‘Movimiento’ y le muestra su «decidida, solemne y absoluta solidaridad» con la firma de la Carta pastoral colectiva, redactada por el cardenal Gomá,23 del 1 de Julio de 1937, de manera que la sublevación militar, merced a esta actitud de la jerarquía eclesiástica, quedó convertida en guerra santa.24 Antes, no obstante, ya algunos obispos habían tomado postura favorable a la guerra. Las cartas pastorales de Olaechea, Domenech, Muñiz y Pla y Deniel, especialmente la de éste de 30 de Septiembre de 1936, son bien significativas.

En el desarrollo de la contienda la acción de la Iglesia vive una doble realidad: en la zona republicana, con los templos cerrados y el culto suprimido, de forma semiclandestina; en la zona nacional, con normalidad religiosa y lluvia de privilegios. En ésta, sobre todo después de la publicación de la Pastoral Colectiva, la Iglesia recuperó su influencia y, sobre todo, el control de la educación y del pensamiento, iniciando una intensa campaña de recatolización para lo que disponía de todo el aparato público. Con ello «volvió a ocupar una posicion que había disfrutado por última vez en el siglo XVII».25

1.3. 1939 – 1975: una vez terminada la guerra, los triunfadores impusieron una ideología y una cultura en la que las manifestaciones de signo tradicional y católico sustituyen a las liberales y a sus aliadas más cercanas del socialismo y comunismo («causantes de todos los males pasados»). En función de esto tomaron una actitud intransigente y cerrada en los años de postguerra que excluía cualquier manifestación cultural que no fuera de la ortodoxia más integrista.26

La Iglesia, identificada de hecho con los vencedores,27 no sólo va a representar un importante factor de legitimación del nuevo estado sino que será uno de los cauces privilegiados para expandir entre las masas (agotadas por la guerra y la represión) la ideología dominante.

Con una jerarquía gozosa de participar en los organismos del Estado («se empezó a nombrar obispos que por su inserción en la coyuntura histórica del 36 eran más ‘antiguos combatientes’ que otra cosa»)28 y con el apoyo de la estructura estatal, que dió toda clase de facilidades, «un clero entregado y generoso multiplicó sus esfuerzos en el campo de las misiones populares, de los ejercicios espirituales, de la acción católica, de la enseñanza… Grandes masas asistentes a las frecuentes concentraciones, junto a la omnipresencia religiosa en toda manifestación social, daban a entender que la persecución religiosa y la desafección de buena parte del pueblo habían resultado una pesadilla pasajera».29 Debido, no obstante, a la falta de compromiso social de la mayor parte de estas acciones30 el catolicismo sociológico de la postguerra adquirió una serie de rasgos eminentemente folklóricos que serán duramente criticados en breve por los grupos obreros cristianos, y en el que «las nubes del incienso no dejaron a los obispos ver la injusticia social, las desigualdades, la corrupción e inmoralidad política«.31

Sin embargo, como señala Villota, «fue tan larga la Dictadura que fueron surgiendo nuevas generaciones de cristianos, seglares, sacerdotes y obispos que lograron que hoy no se pueda hablar de la Iglesia del franquismo sino de varias formas de entender el Evangelio durante el franquismo«.32 Lo cierto es que hasta 1945 todas las Instituciones (Falange, Ejército, Iglesia) están al servicio de un totalitarismo que no admite brechas y en el que «la Iglesia no se limitaba a servir de aparato ideológico y legitimador, sino que daba los hombres que ella había preparado para hacer marchar otros aparatos del Estado».33

Según los vencedores había que regenerar y ayudar a volver al buen carril a los españoles que se dejaron desviar de la recta senda por las promesas de un revolucionarismo ateo y de una concepción de la modernidad impregnada de errores, había que volver a las esencias patrias desde el reencuentro con la fe cristiana, había que hacer de ésta y de la vida religiosa de la comunidad, o parte de ella, un elemento constitutivo de la nación… Estamos en el llamado nacionalcatolicismo.

Durante la década 1945-1956 las relaciones Iglesia-Estado son cordiales, a pesar de pequeñas fricciones (JOC, HOAC, cartas pastorales de los obispos de Canarias (Pildain)34 y Solsona (Tarancón),35 polémica en 1954 sobre la censura en la revista Ecclesia…). El Concordato de 1953 significa la ratificación y culminación de esta visión tradicional de los dos poderes, al mismo tiempo que los hipoteca. La Iglesia conseguía, a cambio de su sumisión, apoyo constante y legitimación del régimen, una situación de privilegio. Su firma implica un intercambio de favores; las concesiones de la Iglesia «se cifraban, fundamentalmente, en el acuerdo sobre el modo de ejercer el privilegio de presentación de los obispos …; por su parte el Estado concedía a la Iglesia protección económica, tutela de la fe católica mediante la prohibición de proselitismo a cargo de otras confesiones religiosas, exención del servicio militar para los clérigos, libertad de crear seminarios y universidades de la Iglesia, garantía de la enseñanza religiosa católica en los centros estatales y no estatales y, además, se confiaba a la Iglesia la vigilancia sobre la moral y buenas costumbres».36 En estos años, en que el triunfalismo de la Iglesia institucional resultaba insultante, la acción pastoral fue intensa y se caracterizó por su patriotismo, por su masividad y por su exagerada incidencia en cuestiones de sexo y costumbres. Todo ello llevó a un catolicismo sociológico que ya a mediados de la década de los cincuenta comienza a dar síntomas de inflexión negativa, siendo ésta muy significativa en el mundo obrero.

Al final de los años 50 se va dando, al calor del pontificado de Juan XXIII y de las nuevas corrientes teológicas e intelectuales, una nueva postura, si no por parte del episcopado (notoriamente envejecido), sí protagonizada por una importante parte del clero (muy joven a causa de las importantes ordenaciones de estos años), movimientos obreros de Acción Católica y élites intelectuales (Laín, Aranguren, Marías …), sensibles a la problemática social y política, en general, y que empezó a quebrar el idilio tenido hasta entonces .37 El Concilio Vaticano, recibido con sorpresa por el catolicismo español, significó «un gran estímulo para el sector aperturista o profético de la Iglesia española e incluso quebrantó la unidad ideológica de la jerarquía dentro del sistema».38 Al terminar el Concilio se abandona la concepción de una Iglesia como «poder» que, en colaboración con el Estado, imponía la confesionalidad católica y se abría para ambos un decenio tenso y transcendental en el que «el desconcierto y la crispación se generalizaba. El clero joven luchaba contra sus obispos, a los que tachaba de intolerantes y, a la vez, contra un Estado que se definía católico, pero perseguía a los curas del progreso».39

En el proceso de cambio que se opera en el seno de la Iglesia en los años 1967-1975 «intervienen, por un lado, la toma de conciencia socio-política de nuevas generaciones del clero; por otro, la postura antigubernamental del clero de las nacionalidades y, en fin, la posición más conciliatoria de la mayoría del episcopado».40 En la medida en que la Iglesia se aplica a la renovación postconciliar, el Estado ve cómo se aleja de los antiguos esquemas en los que encontraba con facilidad la legitimación que precisaba.41

En este cambio de postura, la Iglesia, o buena parte de ella, llegó a conductas de verdadera oposición: facilitación de locales eclesiásticos para reuniones de trabajadores (especialmente de Comisiones Obreras), aprobación expresa o tácita de encierros en las iglesias, ayuda a presos, homilías… El acceso de Tarancón a la sede episcopal de Madrid y la «Asamblea Conjunta» de 1971 significan el verdadero distanciamiento del poder político. La Asamblea, que sufrió muy seria oposición de parte del clero más integrista y grupos afines,42 tomó opciones que entraban de lleno en conflicto con el régimen: libertad de expresión, libertad de asociación y reunión sindical… y, sobre todo, «reconociendo humildemente y pedimos perdón porque nosotros no supimos a su tiempo ser verdaderos ministros de reconciliación, en el seno de nuestro pueblo dividido por una guerra entre hermanos».43 No se logró el «quorum» necesario de 165 votos [137] pero la decisión quedó allí como una rectificación histórica a la Pastoral Colectiva de 1937. Se consolida, sin embargo, la existencia de dos Iglesias difícilmente reconciliables: la integrista (en torno a la Hermandad Sacerdotal, Revista Iglesia-Mundo…) y la Iglesia conciliar.

La publicación el 27 de Enero de 1973 del documento «La Iglesia y la comunidad política», recibido de muy diversa manera por progresistas e integristas, muestra claramente el desenganche de los obispos respecto del franquismo, que pierde su más fiel aliado de otros tiempos. A partir de este año «las escaramuzas entre el Estado y la Iglesia, que habían sido esporádicas y ocasionales, iban a ser constantes»44 y el deterioro de sus relaciones patente. Cuando muera Franco en Noviembre de 1975, en la Iglesia hay ya un programa de actuación: llegar a una independencia entre la Iglesia y el Estado.

2. Las Misiones Populares en la España Contemporánea

La Restauración de la monarquía alfonsina trajo para la Iglesia española un período de bonanza no conocido en los años anteriores. Merced a ello y al apoyo económico del Estado, su acción pastoral va a tener un espectacular desarrollo. Las Misiones Populares ocupan un lugar privilegiado en todo este entramado socio-religioso, recibiendo su empuje definitivo con la promulgación del Código de Derecho Canónico de 1917 que recomienda a los Obispos procurar misiones cada diez años a todos los pueblos de sus diócesis.45 Las Congregaciones religiosas dedicadas a ello retoman este trabajo con nuevos bríos aunque bajo la dependencia pastoral y económica de los obispos ya que las sucesivas desamortizaciones les han privado de gran parte de sus bienes. Sin embargo, la precariedad de las asignaciones estatales al mantenimiento del culto motivará paralelamente una cierta inestabilidad en la financiación de este trabajo misionero. Por ello, los religiosos buscarán en otros trabajos con más eficacia económica (especialmente en la educación) o en las donaciones de la burguesía no sólo un medio de subsistencia sino también la base de mantenimiento de la actividad misionera.

La formación de los misioneros, recibida normalmente en sus propios centros, con ser bastante uniforme no deja de ser la tradicional y, por tanto, inadecuada a las nuevas circunstancias que vive el país, especialmente por lo que respecta al problema obrero. Nada tiene de extraño que sea en el ámbito rural, ajeno a los cambios políticos y sociales que se operan en las ciudades, donde tengan las misiones populares sus mejores resultados y donde se realice una extensa tarea.

La llegada de la II República frenó, aunque no suprimió, la acción misionera, siendo más notoria la suspensión en las grandes ciudades que en los núcleos rurales. Esta situación se agrava, en términos generales, durante la guerra civil. En los territorios fieles a la República la acción misionera, como otros aspectos relativos al culto, queda prácticamente suprimida; en aquellos que permanecen o paulatinamente pasan a manos de las tropas de Franco, con un desarrollo continuista con respecto a períodos anteriores.

Con la finalización de la contienda se multiplica la actividad de la Iglesia. Dentro de los medios empleados para una reevangelización y reeducación de la nación, las misiones populares adquieren una importancia muy significativa y alcanzan un desarrollo espectacular. La década de los años cincuenta verá multiplicarse tanto el número de lugares y personas misionados (la técnica de las misiones zonales será el instrumento más eficaz para las grandes misiones) como el de los misioneros dedicados a ellas; y en esta expansión no se distingue entre núcleos rurales o urbanos, entre ciudades grandes o pequeñas, porque la acción misionera llegará a todos ellos. Sin embargo ni los misioneros ni los «temarios» alcanzarán el mismo esplendor, antes bien, permanecerán anclados en los viejos manuales.

Este espectacular e interesado desarrollo de las misiones populares, en las que el elemento devocional, moralizante y sentimental (desarraigado de los problemas concretos de las gentes) ocupa un espacio infinitamente mayor que el catequético o profético, lleva a los misioneros a revestir la misión con una serie de ropajes que, a medio plazo, no sólo ahogarán los contenidos (cada vez más obsoletos) sino que se convertirán en la principal preocupación de los misioneros.

El Concilio Vaticano y el paulatino desenganche de la Iglesia respecto al Estado llevan a los obispos a dejar de lado las misiones populares, sumiéndose éstas en una profunda crisis. Los sucesivos intentos por sacarlas a flote en los inicios de los años setenta no conseguirán resultados nada positivos y el desaliento, al finalizar el período, es más que evidente.

3. La acción misionera de la C.M. en este período

3.1. Una Institución «obediente»

Después de los avatares de la «época liberal» (cierre de casas, reducción de personal, disminución de ministerios, pérdida de influjo de Cataluña…), inicia la Congregación un período en el que, pasados unos primeros momentos de asentamiento, logrará una expansión notablemente superior a la conocida hasta entonces.

Esta expansión, frenada únicamente en la II República y recuperada con posterioridad, llevará a la Institución, más que a profundizar en sus trabajos tradicionales, a extender sus campos de acción hacia áreas ajenas hasta entonces a la misma. La incursión en las parroquias o en la educación, las misiones «ad gentes», el aumento de personal en la atención a las Hijas de la Caridad o en la formación de los propios seminaristas, redundan negativamente en la dedicación a las Misiones populares o en la formación del clero diocesano (sus trabajos tradicionales).

¿A qué responden estos cambios en la orientación de actividades?. A nuestro modo de ver tanto a las opciones propias de la Congregación como a las nuevas circunstancias que aporta el período. Entre las primeras podemos señalar el aumento espectacular de las Hijas de la Caridad y, en menor medida, el de candidatos a la Congregación, lo cual conlleva un mayor número de personal dedicado a estos trabajos. Sin embargo, el período aporta otras causas no menos importantes. Los acontecimientos de la época liberal (desamortizaciones, supresiones de órdenes, eliminación de aportaciones para el clero regular, etc…) dejan a la pequeña Institución en una precaria situación económica. De ello se resienten sus trabajos tradicionales (Misiones Populares y Formación de los Eclesiásticos) que se realizaban de forma «gratuita». Esta gratuidad era posible gracias a los réditos que producían los bienes fundacionales, la mayoría de los cuales correspondían directa o indirectamente a tierras.46

La desaparición de estos recursos y la dificultad de encontrar benefactores, obligaron a buscar nuevos cauces que posibilitasen la gratuidad de los citados ministerios, especialmente de las Misiones. La apertura de algunos Colegios y, sobre todo, la aceptación de Parroquias (desconocida hasta la época) y las aportaciones directas de los Obispos serán los principales de estos cauces. Estas nuevas, aunque no exclusivas, formas de financiación dejan en manos de los obispos no sólo la autorización pastoral para el ejercicio de las misiones sino también la posibilidad económica de llevarlas a cabo. O lo que es lo mismo, las Misiones Populares llevadas a cabo por la C.M. pasan a depender totalmente de la voluntad de los obispos, convirtiendo, en la práctica a los misioneros en «operarios diocesanos».

La sumisión, en términos generales, del episcopado a los gobiernos de la época (salvo en la República) arrastrará, como consecuencia, a la Congregación en esa misma línea. Una Institución muy obediente y muy trabajadora pero nada comprometida, por omisión, en los nuevos problemas que nacen con fuerza en el período. Y esta situación tiene su principal reflejo en las Misiones Populares que, desprendiéndose de la función social que habían desempeñado en épocas anteriores, acabarán convirtiéndose en meros ejercicios devocionales (principal interés de la época restauracionista) o en manifestaciones populares del espíritu del nacionalcatolicismo (interés fundamental del período franquista). Nada tiene de extraño que los aires nuevos acerca de las implicaciones del trabajo pastoral de la Iglesia (Vaticano II) y la progresiva separación del apoyo episcopal a la Dictadura llevaran aneja la caída vertical del interés de los obispos más progresistas por seguir utilizando las Misiones Populares, sumiéndolas en una crisis de la que aún no han salido totalmente en nuestros días.

3.2. Las estructuras misioneras

Las nuevas circunstancias políticas y sociales, impuestas por la Restauración, favorecen el despegue definitivo de la Congregación en España. La apertura de casas por todo el territorio nacional, el aumento espectacular del número de sus miembros, la mayor diversificación de sus trabajos y su proyección internacional son un claro reflejo de esta situación.

Esta trayectoria se verá ralentizada con el advenimiento de la II República y posterior Guerra Civil, para volver a su línea progresiva en la década de los cincuenta. La apertura democrática y el Concilio Vaticano serán el inicio de una nueva época de crisis.

3.2.1. Las Casas de Misiones

Con la Restauración, la Congregación no sólo recupera con cierta rapidez todas sus casas sino que impone un ritmo frenético de nuevas fundaciones: 18 casas hasta finalizar el siglo, 26 más hasta la proclamación de la II República y 22 entre 1940 y 1975, llegando a tener, en este último año, un total de 66 casas en España (TABLA I). A estas aperturas, lógicamente, acompañan algunos cierres.

Las nuevas necesidades pastorales y económicas inciden en las funciones que van a desempeñar estas instalaciones. Así aparecerán, junto a las tradicionales (Misiones Populares y Formación de Clero) o ya introducidas (atención a las Hijas de la Caridad), otras de nueva raíz (Iglesias de Culto, Parroquias, Colegios, Centros de Formación de Candidatos, Residencias…).

Esta diversificación introduce un elemento diferenciador y novedoso en la configuración de las casas pues, si hasta este momento todas ellas tenían una doble y única función (Misiones Populares y Formación del Clero) algunos de los nuevos trabajos (Parroquias y Centros de Formación, especialmente), al requerir una dedicación exclusiva, harán incompatible el trabajo de sus miembros en las Misiones. Así nos encontramos con una palpable disminución de casas con obligaciones misioneras, que si en 1886 aún alcanzaba al 100% de las mismas, presenta en 1908, un 88%; en 1930, un 60%; en 1952, un 38%; y en 1975, únicamente un 7%.

La expansión de las casas de misión llega, en el período 1930-1941, a todas las regiones españolas (salvo a La Rioja y Murcia). Con cierta intensidad a Andalucía (6 casas), Aragón (3 casas), Canarias (4 casas), Castilla-León (4 casas), Cataluña (3 casas) y Galicia (3 casas), y con menor incidencia, en cuanto al número de casas, al resto. A partir de esta fecha irán disminuyendo progresivamente hasta quedar reducidas al testimonial número de cinco.

TABLA I: LAS CASAS-MISIÓN C.M. EN ESPAÑA.ESPAÑA CONTEMPORÁNEA (1875-1975)
1875 1886 1897 1908 1919 1930 1941 1952 1963 1975
TOTAL CASAS 5 10 16 25 34 43 44 49 48 66
CASAS-MISIÓN 0 10 11 22 26 26 28 19 15 5
LOCALIZACIÓN:
ANDALUCÍA 1 1 2 3 6 6 1 1
ARAGÓN 2 2 3 3 3 2 2 1
ASTURIAS 1 2 1 1
BALEARES 1 1 1 1 1 1 1 1 1
CANARIAS 1 3 4 2 4 2 1
CANTABRIA 1 1 1
CASTILLA M. 1 1 1
CASTILLA LEÓN 1 2 4 4 3 4 3 3
CATALUÑA 1 1 3 3 2 1 1 2 3
C. VALENCIANA 2 1
EXTREMADURA 1 1 1 1 1 1 1 1
GALICIA 1 1 2 2 3 3 2 1
LA RIOJA
MADRID 1 1 1 1 1 1 1 1 1
MELILLA 1 1
MURCIA
NAVARRA 1 1 1 1 1
PAÍS VASCO 1 1 1

3.2.2. El personal disponible

Esta disposición general favorable tiene sus repercusiones inmediatas en el aumento del personal y hará posible no sólo su expansión por todo el territorio nacional sino también su consolidación en el extranjero a partir de los territorios coloniales. Como consecuencia de ello los Superiores se verán obligados a repartir su creciente personal por las cada vez más abundantes fundaciones.

TABLA II: MISIONEROS C.M. EN ESPAÑA.ESPAÑA CONTEMPORÁNEA (1875-1975)
1875 1886 1897 1908 1919 1930 1941 1952 1963 1975
SEMINARISTAS 24 104 162 169 197 218 178 527 355 91
HERMANOS C. 20 62 91 130 105 115 72 92 99 67
SACERD. RESID. 30 64 102 184 248 310 261 297 417 434
DAN MISIONES 7 22 23 38 44 33 52 70 91 55
% 23 34 23 21 18 11 20 24 22 13
EDAD MEDIA 44 41 38 37 39 43 45 44 43 51
Nº DE MISIONES
1-2 MISIONES 3 3 5 10 14 13 13 32 57 36
3-5 MISIONES 3 6 7 5 4 4 20 18 22 16
6-10 MISIONES 0 5 5 14 19 8 15 15 12 3
11-15 MISIONES 0 4 3 3 7 5 1 5 0 0
+ 15 MISIONES 1 4 3 6 0 3 3 0 0 0

¿Hasta qué punto influyen estos datos en las Misiones Populares?.

Los Hermanos Coadjutores, que siempre habían tenido una presencia activa en la acción misionera como acompañantes de la terna o bina de sacerdotes, desaparecen de este ministerio a partir de la guerra civil.47

Los sacerdotes residentes dedicados a las Misiones (TABLA II) representan, para todo el período, una cifra cercana al 21%, con porcentajes mayores en torno a 1886 y menores en los años treinta y al finalizar el período. El perfil de edad media nos presenta un sacerdote en torno a los 42 años, siendo algo inferior en el cambio de siglo y tendiendo a aumentar según nos acercamos al final del período (una de las más altas de toda la historia).

La relación «sacerdotes residentes» y quienes se «dedican a las misiones» no tiene un comportamiento paralelo. Aun cuando los datos que nos muestra la TABLA III son lo suficientemente significativos, conviene señalar el hecho de que, en los momentos en que se supera una crisis,el porcentaje de quienes «dan misiones» crece por encima del de los «residentes». Este hecho es visible tanto en los datos de 1886 como de 1952 (épocas finales de las crisis de 1868 y 1930). Cuando, por el contrario, la situación sociopolítica se estabiliza, el comportamiento de la relación se invierte: crece más notoriamente el número de «sacerdotes residentes» que el de quienes se «dedican a las misiones». Los períodos 1897-1930 y 1963-1975 son muestras significativas de esta realidad.

La dedicación a las misiones por parte de los miembros de la Congregación, se debe matizar aun más. Como se aprecia en la TABLA II no todos los sacerdotes se dedican con la misma intensidad al trabajo de las misiones. Existen, como mínimo, tres grupos: los misioneros esporádicos, los sacerdotes que compaginan

TABLA III: EVOLUCIÓN «SACERDOTES» Y «MISIONEROS» (%)
AÑOS «SACERDOTES» R. «MISIONEROS»
1886 + 113% + 214%
1897 + 59% + 4%
1908 + 80% + 65%
1919 + 34% + 15%
1930 + 25% – 25%
1941 – 18% + 57%
1952 + 13% + 34%
1963 + 40% + 30%
1975 + 4% – 65%

éste con algún otro trabajo fundamental y, por último, los destinados exclusivamente a este ministerio. La comparación del grupo de los «esporádicos» con el resto (TABLA IV) refuerza la afirmación anterior: tras los períodos de crisis sociopolíticas hay una dedicación «intensiva» a las misiones (que será mayoritaria hasta la aparición de las misiones zonales en la década de los años cincuenta); cuando vuelve la calma, la dedicación se torna más «esporádica» (que llega a ser mayoritaria a partir de los años cincuenta).

La expansión de casas por todo el territorio nacional y el aumento de sacerdotes repercuten significativamente en su procedencia. Si durante el Antiguo Régimen la mayoría de los misioneros son catalanes, a partir de la Restauración se perfilan cuatro zonas como significativamente importantes: Castilla-León, Navarra, Galicia y Aragón. Tras la guerra civil tres provincias proporcionan la mayor parte del contingente misionero: Burgos, Navarra y Orense.

TABLA IV: MISIONEROS «ESPORÁDICOS» y «DEDICADOS»
AÑOS MISIONEROS ESPORÁDICOS MISIONEROS DEDICADOS
AÑOS % DE QUIE-NES DAN MISIONES % DEL TOTAL DISPONIBLE % DE QUIE-NES DAN MISIONES % DEL TO-TAL DISPO-NIBLE
1875 43 10 57 13
1886 13 5 87 29
1897 22 6 78 17
1908 26 6 74 15
1919 31 6 69 12
1930 39 5 61 6
1941 25 5 75 15
1952 45 12 55 12
1963 62 14 38 8
1975 65 9 35 4

Dos nuevas circunstancias vinieron a modificar, en la segunda mitad del período, la tradicional estructura de los equipos de misiones. Como ya hemos indicado en otras ocasiones, lo más habitual para dar una misión era el pequeño grupo, compuesto de tres o cuatro miembros que, en las misiones de «fundación», se sometía normalmente a un itinerario y, en las «contratadas», cumplía con su cometido y volvía a su Casa-Misión. La aceptación, a mediados de la década de los cuarenta, de misiones «en grandes capitales» y, sobre todo, de las misiones «zonales» obligó a aumentar de modo espectacular el número de misioneros. Para paliar esta necesidad se recurrió, con más frecuencia que nunca, a los misioneros «esporádicos, bien de la C.M. (como hemos visto en las líneas anteriores) o bien del clero secular (a través de la Hermandad Misionera de San Vicente) y regular (con menos frecuencia).

Por otra parte, los nuevos vientos eclesiales de la «pastoral de conjunto» favorecieron la participación de otros estamentos no sacerdotales en los equipos misioneros. Así vemos aparecer por vez primera a las Hijas de la Caridad en la Misión del Arciprestazgo de Parrés (Asturias) en 1966 y, con ello, iniciar su ya continuada colaboración en este trabajo.48 De la misma forma, aunque con éxito desigual, la colaboración de los laicos.

3.3. Los Lugares misionados

Al amparo de unas circunstancias sociopolíticas favorables y con el apoyo de unas estructuras misioneras renovadas, el trabajo misionero en general, y de la C.M. en particular, va a tener una expansión extraordinaria e impensable en épocas anteriores.

3.3.1. Distribución geográfica

El número total de misiones tabuladas por nosotros, y que sin duda no son todas, es de 8.637, correspondiendo a 10.032 lugares (TABLA V). Esta diferencia, como ya se ha indicado, responde a la existencia, durante todo el período, de misiones zonales, iniciadas a partir de 1949.

Las bases de actuación de los equipos misioneros siguen siendo las Casas-Misión que, sólo a partir de la constitución de la Hermandad Misionera a mediados de los años cuarenta, perderán gran parte de su importancia y autonomía para comenzar a ser un trabajo más centralizado y organizado por un Secretariado de Misiones. Hasta estas fechas las casas de Teruel, Palma, Tardajos, Ávila, Badajoz y Madrid (y con menor importancia La Iglesuela, Zaragoza, La Orotava, La Laguna, Villafranca del Bierzo, Paredes de Nava, Guadalajara, Barcelona, y Pamplona) servirán de punto de apoyo a la acción misionera.

A tenor de esta relación nada sorprende que las zonas más intensamente misionadas por la C.M. en esta época sean Aragón (Teruel), Baleares, Castilla-León (Burgos, Ávila y Salamanca), Extremadura (Cáceres y Badajoz) y Madrid. Con mediana intensidad Canarias, Castilla-La Mancha (Guadalajara y Toledo), Castilla-León (León, Palencia y Valladolid) Cataluña (Lérida) Navarra y Comunidad Valenciana (Valencia). Sin casi incidencia numérica, aunque a veces muy significativa, tendríamos Andalucía (misión de Sevilla), Asturias (Misión de la amplia zona de Tineo), Cantabria, Galicia, La Rioja (misión conjunta de toda la diócesis), Murcia y País Vasco (misión del Gran Bilbao).

TABLA V: MISIONES POPULARES DE LA C.M. EN ESPAÑA. ESPAÑA CONTEMPORÁNEA (1875-1975). RESUMEN TOTAL
MIS.LOCALES MIS. EN CAPITAL MIS. DE CAPITAL MIS. ZONALES TOTAL MISIONES TOTAL LUGARES
ANDALUCÍA 234 13 10 2 259 271
ARAGÓN 1.478 7 6 1 1.492 1.497
ASTURIAS 10 1 11 22 164
BALEARES 480 18 3 1 502 518
CANARIAS 382 11 2 395 395
CANTABRIA 43 43 43
CASTILLA LA M. 619 2 8 7 636 780
CASTILLA LEÓN 3.228 7 11 26 3.272 3.555
CATALUÑA 334 2 4 340 340
C. VALENCIANA 87 3 1 17 108 314
EXTREMADURA 494 3 5 27 529 803
GALICIA 124 5 2 131 131
LA RIOJA 39 1 1 41 319
MADRID 639 25 1 665 676
MURCIA 4 1 5 5
NAVARRA 178 2 180 180
PAÍS VASCO 21 5 1 27 41
TOTAL 8.394 96 62 95 8.647 10.032

El trabajo sistemático que venían realizando las Casas-Misión se mantiene en aquellas zonas donde las misiones siguen siendo «locales». En ellas lo más normal (máxime tras la promulgación del Código de 1917) es encontrar poblaciones en las que cada diez años se realiza una misión.

TABLA VI: REPETICIÓN DE MISIONES. 1875-1975
PROVINCIA LUGARES CON 5 MISIONES LUGARES CON 6 MISIONES LUGARES CON 7 MISIONES LUGARES CON + 7 MIS.
ÁVILA49 66 43 9 3
BADAJOZ50 15 9 3 1
BALEARES51 7 13 9 18
BURGOS52 4 4 1 0
CÁCERES53 0 1 1 7
MADRID54 17 0 1 0
SALAMANCA55 3 0 0 0
SEGOVIA56 7 1 0 0
TERUEL57 23 21 22 81
TOLEDO58 11 6 2 0
VALLADOLID59 6 2 0 0
TOTAL 159 100 48 110

La TABLA VI recoge con todo detenimiento esta realidad, llamando poderosamente la atención los casos de Ávila, Baleares y Teruel. Este aspecto se pierde casi por completo en los lugares donde se utiliza la técnica de la misión «zonal» ya que la repetición no es lo más normal.

3.3.2. Distribución tipológica

A tenor de la doble clasificación que nos hemos marcado desde el comienzo, podemos concluir que la gran mayoría de las misiones siguen siendo «locales», y sólo una minoría «zonales». Así las 8.637 misiones del período (TABLA V) quedan desglosadas en 8.552 «locales» y 95 «zonales».

Las misiones «locales» son exclusivas (al igual que en períodos anteriores) hasta 1949, y serán la forma normal de misionar de la Congregación en algunas zonas como Aragón, Baleares, Canarias, Cantabria, Cataluña, Galicia, Madrid, Murcia y Navarra. De ellas corresponden a núcleos rurales o no capitales 8.394, 96 a misiones en capitales (Barrios, Parroquias, Catedral, Instituciones, Cárcel…), y 62 a capitales propiamente dichas. Estas últimas son dadas, bien en exclusiva por la Congregación,60 bien a través de la Hermandad Misionera de San Vicente de Paúl61 o bien colaborando con otras instituciones.62

A partir de 1949 (misión de Valencia) comienzan su andadura las misiones «zonales», caracterizadas por comprender un territorio multilocal al que se desplaza un equipo misionero reunido «ad hoc». Normalmente se trata de arciprestazgos, pero se dan también otras modalidades (Cofradías, Zonas geográficas, Diócesis completas…). Coexistirán junto a las «locales» hasta la finalización del período. Tienen su máxima expresión en Asturias (11 misiones con 149 pueblos), Alicante (5 misiones con 79 pueblos), Burgos (10 misiones con 152 pueblos), Cáceres (27 misiones con 293 pueblos), Salamanca (15 misiones con 132 pueblos) y Valencia (12 misiones con 151 pueblos), aunque también se dan con alguna frecuencia en Cuenca (3 misiones con 57 pueblos) y Guadalajara (3 misiones con 88 pueblos). Dos casos excepcionales los representan las misiones del Nervión (Gran Bilbao) y la Diócesis completa de Calahorra, por reducirse prácticamente a ellas la acción misionera de la C.M.

El total aproximado de pueblos que fueron abarcados en estas 95 misiones «zonales» del período 1949-1975 se acerca a los 1.469 y los habitantes a quienes fue dirigida esta labor misionera se aproximan a los 2.400.000.

3.3.3. Distribución temporal

El período comprendido entre los años 1876 y 1975 presenta, en líneas generales, una evolución positiva pero discontinua (TABLA VII). Los inicios corresponden a una auténtica «restauración» de este ministerio (sólo en la primera década se dan más misiones que en todo el período liberal). A partir de aquí el impulso es espectacular, llegando a su punto más alto en los años 1920-1930, en los que se dan casi tantas misiones como en los cien años del Antiguo Régimen. Las 5.492 misiones de los cincuenta primeros años del período son todas ellas de tipo «local» correspondiendo, por tanto, al mismo número de localidades.

TABLA VII: MISIONES POPULARES C.M. EN ESPAÑA. ESPAÑA CONTEMPORÁNEA (1875-1975). PERIODIZACIÓN
18761886 18871897 18981908 19091919 19201930 19311941 19421952 19531963 19641975
ANDALUCÍA 5 2 16 23 61 54 43 34 21
ARAGÓN 143 215 226 255 259 36 80 142 136
ASTURIAS 1 4 3 7 7
BALEARES 61 59 63 62 63 73 48 55 18
CANARIAS 6 22 60 32 161 24 26 64
CANTABRIA 1 4 5 18 4 5 6
CASTILLA M. 330 61 28 13 60 41 68 19 16
CASTILLA L. 246 224 359 426 723 499 415 324 56
CATALUÑA 6 2 6 29 141 39 58 55 4
C. VALENCIANA 1 2 2 6 5 10 29 46 7
EXTREMADURA 77 77 89 73 80 29 42 49 13
GALICIA 55 16 23 8 3 14 12
LA RIOJA 16 5 8 1 2 4 1 4
MADRID 30 86 120 141 178 71 26 11 2
MURCIA 2 3
NAVARRA 52 44 9 51 18 6
PAÍS VASCO 2 1 4 15 3 2
TOTAL MISION. 954 753 952 1177 1656 1054 913 811 377
TOTAL LUGARES 954 753 952 1177 1656 1054 1059 1413 1014

Esta progresión queda cortada por los sucesos de la década 1930-1939. Con el triunfo de la Dictadura del General Franco se inicia una segunda «restauración misionera» que, sin llegar a la importancia númerica de la primera mitad, tendrá un notorio desarrollo, con su punto álgido en los años cincuenta.

Al final del período se presentan ya los primeros síntomas de la grave crisis en la que entrará este trabajo en los años posteriores. Las 3.155 misiones que se dan en estos cincuenta años son mayoritariamente «locales», siendo las «zonales» noventa y cinco.

La misma situación anterior queda reflejada en un análisis de la media de misiones por subperíodos, que presenta los siguientes resultados: 1876-1886: 86 misiones y el mismo número de lugares; 1887-1897: 68 misiones y el mismo número de lugares; 1898-1908: 86 misiones y el mismo número de lugares; 1909-1919: 107 misiones y el mismo número de lugares; 1920-1930: 150 misiones y el mismo número de lugares; 1931-1941: 95 misiones y el mismo número de lugares; 1942-1952: 83 misiones y 96 lugares misionados; 1953-1963: 73 misiones y 128 lugares misionados; 1964-1975: 34 misiones y 92 lugares misionados.

¿Cómo repercutieron estos cambios en los distintos territorios españoles?.

Andalucía conocerá la instalación de algunas casas, aunque sin dedicación exclusiva a misiones, a través de las que se iniciará este trabajo. Su cota más alta -61- corresponde a los años veinte, no recuperando posteriormente este número. Sin embargo, la significación de algunas de ellas (especialmente la de Sevilla de 1965) será importante para la historia misionera.

Aragón presenta una evolución similar, aun cuando sus realizaciones son mucho más importantes. Recuperada la casa de Teruel en 1877 y apoyada por las casas-misión de Alfranca (Zaragoza, 1885) y La Iglesuela (Teruel, 1902), se iniciará una febril actividad misionera que irá en aumento hasta los años treinta (143 misiones en 1876-1886 y 259 en 1920-1930, con un total para estos cincuenta años de 1.098 misiones y lugares misionados). La gran mayoría de ellas corresponden al territorio turolense, siendo casi nulas las dadas en Huesca. Estos años treinta significan una debacle impresionante (36 misiones) de la que, a pesar del esfuerzo continuado, sólo se logrará una recuperación numéricamente similar a los resultados de comienzos del período (143 misiones en 1876-1886 y 136 en 1964-1975).

Asturias tampoco va a cambiar mucho esta perspectiva. Las esperanzas puestas en la Casa-Misión de Gijón, fundada en 1929, se vinieron abajo con los acontecimientos subsiguientes y la nueva orientación parroquial que se dió a la casa. Se imparte un total de veintidós misiones de las que la mitad, como ya se indicó, son «zonales».

Baleares mantiene de forma cuasi matemática, desde la casa de Palma, un número similar de misiones por período, incluidos los años 1931-1941 (que coinciden con la máxima de toda la época). Los misioneros vienen a dar, excepto en la década final, una media de 6 misiones anuales, cifra que es similar a la establecida en el período del Antiguo Régimen. Su trabajo sólo se ve afectado por la naciente crisis de los inicios de los años setenta.

Canarias basa su trabajo en las nuevas casas de Las Palmas (Gran Canaria 1894), La Laguna (Tenerife 1899), Santa Cruz (La Palma 1906) y La Orotava (Tenerife 1910). Los resultados del número de sus misiones muestran unos altibajos bastante llamativos, derivados en unos casos de los cambios de ubicación, apertura o cierre de casas y, en otros, por la dificultad de tabular debidamente los resultados. Representa, por otra parte, el único territorio que en los años treinta aumenta notoriamente el número de misiones, suponiendo las dadas -161- más del doble que en el siguiente período -64-.

Castilla-La Mancha ve aumentar espectacularmente en la primera década del período el número de misiones (330 en los años 1876-1886) para quedar luego reducida a una media de 38 por década. Tal desproporción obedece a la fundación en 1877 de la Casa-misión de Sigüenza y a su rápido cierre en 1895. Salvo este primer período en el que la mayoría de lugares corresponden a Guadalajara, el resto están ubicados en Toledo (atendido desde la casa de Madrid).

Castilla-León es el prototipo de la evolución que sufren las misiones vicencianas en esta época. Desde las prontamente recuperadas casas de Madrid y Ávila y las nuevas de Arcos de la Llana (Burgos 1888) -trasladada posteriormente a Tardajos, Burgos 1892-, Paredes de Nava (Palencia 1895) y Villafranca del Bierzo (León 1899) la acción misionera se expandirá por todo el territorio y, cuando se instauren las misiones «zonales», servirá, desde Madrid, de centro organizador de todas ellas. La periodización nos muestra una pirámide casi perfecta con la cima en los años 1920-1930, en los que se dan 723 misiones. Antes y después de estos años el desarrollo misionero adquiere también una gran importancia, superando la cifra media de 28 misiones por año pero sin llegar a los números de la década señalada. Los sucesos de los años 30, al igual que en la mayoría de las zonas, suponen la primera de las crisis (499 misiones) de la que se recuperará, no tanto a nivel de misiones (el descenso es continuo) sino a nivel del número de lugares misionados. La caída, por último, al final de la época es significativa (se pasa de 324, en los años 1953-1963, a 56 únicamente).

Cataluña intentó, en la medida de sus posibilidades, restablecer su más original trabajo. Lo hizo de forma muy lenta y casi insignificante hasta los años 1920-30 en los que llega a la cifra de 141 misiones. Las circunstancias favorables y su recién estrenada independencia como Provincia Canónica están en el fondo de este desarrollo. La crisis de los años 30 incide en esta progresión y reduce notoriamente su quehacer misionero hasta dejarlo en cuatro en la última década.

Extremadura, con centro en la restaurada casa de Badajoz, sigue las mismas pautas numéricas de los casos anteriores. Una primera mitad de época con una media de 7 u 8 misiones anuales (locales y en Badajoz) reducidas, una vez concluida la guerra civil, a la mitad y con una incidencia notoria de las misiones «zonales» en Cáceres.

Galicia presenta un desarrollo misionero pobre y bastante desigual, a tenor de los pocos datos que hemos podido obtener. Sorprende la nula actividad misionera en los años 1920-1930 y la muy escasa en el resto de los períodos, especialmente a partir de la guerra civil. Testimonios orales afirman que sí se han dado misiones, pero no hemos podido contrastarlas con otra documentación.

Madrid recupera su actividad misionera en 1875 con la nueva ubicación de la calle de García de Paredes. La actuación en este pequeño territorio es notoria y en alza hasta los años 30 trazando su evolución numérica, al igual que en Castilla-León, una pirámide cuasi perfecta con su cúspide en los años 1920-1930 (178 misiones). No obstante conviene señalar que a partir de la guerra civil la actividad en este territorio no se recupera con la misma intensidad de períodos anteriores. La media anual de misiones es de 8 antes de 1920, y de 2 únicamente después de 1940. La razón más importante de este descenso viene de la dedicación que tuvo su abundante personal a las misiones «zonales» impartidas en otros territorios.

Navarra inicia sus actividades con la fundación de la Casa-Misión de Lodosa en 1914 (sustituida en 1922 por Pamplona). El total de sus 180 misiones se distribuyen a partes iguales antes y después de la década de los años 30, en los que la actividad fue muy reducida. Recupera la media anterior (5 misiones por año) en la década inmediata a la guerra, pero sufre un rápido descenso a partir de entonces.

La Rioja, Valencia y el País Vasco tienen poca importancia numérica en este período para la historia misionera de la Institución. Sin embargo las pocas actuaciones en estos territorios son muy significativas: La Rioja (estrictamente, la Diócesis de Calahorra) se misiona en 1958 de una sóla vez, y representa uno de los más serios intentos de misión «zonal integral»; Valencia, misionada en 1949, (tras la primera experiencia de Pamplona) es la base fundamental no sólo de las misiones «en grandes capitales» sino también del nacimiento de la Hermandad Misionera y de las misiones «zonales»; en el País Vasco (Misión en 1953 del Gran Bilbao) se misiona por vez primera una gran masa «obrera industrial» y se introduce en ella la temática «social».

Cantabria (43 misiones en toda la época) y Murcia (5 misiones) no presentan datos de relieve para la historia misionera de la Congregación en este período.

4. Contenidos y sentido de las Misiones

4.1. La Restauración

La llegada de la Restauración, recibida con esperanza por la Iglesia, significó, entre otras cosas, el fin de un período de inestabilidad para ella y, especialmente, para las órdenes religiosas. La C.M., a pesar de su reconocimiento expreso en el Concordato de 1851, pero suprimida en 1868, participa plenamente de esta realidad.

Al socaire de la nueva situación (confluencia de intereses Iglesia-Estado y mutuos apoyos), la Congregación no sólo va a recuperar sus estructuras anteriores sino que va a alcanzar unas dimensiones desconocidas e impensables en las épocas anteriores. Sus iniciales cinco casas de 1875 pasan a cuarenta y tres en 1930, con una implantación territorial mucho más heterogéna que la tenida hasta entonces (ceñida en la práctica a Cataluña); los sacerdotes residentes conocen un progreso similar: los 30 registrados en 1875 pasan a 310 en el año 1930. Las Misiones Populares, actividad preferencial hasta este momento, van a participar igualmente de este ambiente desarrollista. (El número de quienes se dedican a las misiones pasa de siete a treinta y tres; las Casas-Misión se multiplican y el número de misiones se acerca en algunas décadas al de todas las dadas en las épocas anteriores).

Sin embargo, referida a las misiones, toda esta restauración (como cierre del paréntesis abierto por la época liberal) únicamente atañe a los contenidos, ya que los destinatarios y las bases económicas han cambiado sustancialmente y poco tienen que ver con situaciones anteriores. Esta nueva realidad hace de las misiones una actividad cada día más compleja y para la que el concepto tradicional de «globalidad», aunque ya cuestionado en la época liberal, no sirve. La ausencia de una adecuada acomodación de estos contenidos, bien por falta de visión de la realidad, bien por la seguridad en los modelos antiguos o bien por incapacidad de los misioneros, traerá consigo, a medio plazo, una profunda desorientación (agudizada por el Concilio Vaticano II) y, posteriormente, a pesar de algunos intentos tardíos e inútiles, el descalabro de finales del período.

Como bien es sabido, tras el período liberal, la situación económica de la Congregación en España cambia notoriamente. Las bases que hacían posible, en tiempos anteriores, la acción de las Casas-Misión no eran otras que el producto obtenido de una primera fundación bien laica o bien eclesial, normalmente rentas. Tras la desaparición de estas fuentes de ingresos, la Congregación deberá buscar otros medios que le permitan continuar sus trabajos. Los hallará, en principio, en los contratos firmados con los mismos obispos y, secundariamente, en las indemnizaciones producto de la desamortización y en las aportaciones de bienhechores. Las indemnizaciones le permitirán poner a flote las primeras tareas de reconstrucción de las casas, los contratos con los obispos reanudar las misiones populares en las diócesis correspondientes (y hacerse cargo de las primeras parroquias) y las donaciones su intromisión en el campo de la enseñanza. Dos conclusiones se deducen de este nuevo panorama: la dependencia (pastoral y económica) que a partir de este momento adquiere respecto a los obispos y la extensión del trabajo de los misioneros a dos nuevos campos de evangelización: las parroquias y la enseñanza.

En ambos casos la repercusión sobre las misiones es decisiva: la dependencia de los obispos hará que éstas se den en función de la voluntad y posibilidades del correspondiente prelado, de quien los misioneros, en la práctica, se convierten en operarios (e indirectamente del Estado); el aumento de ministerios (que posibilitará atender otros campos importantes y unas aportaciones económicas más seguras) no sólo dejará menos personal disponible para las misiones sino también modelará un nuevo talante de sacerdote paúl menos específicamente misionero.

Es, no obstante, en los destinatarios de la acción evangelizadora donde se dan los cambios más radicales. Vimos ya cómo en la época anterior comenzó el abandono del cumplimento religioso y el aumento de las dificultades para el ejercicio de las misiones. Esta situación lejos de aminorarse, se fue complicando poco a poco, de manera que a la llegada de la República la deserción de las gentes era más que evidente tanto en las ciudades (hacia las que el éxodo de población aumenta desmesuradamente) como en el campo.

A pesar de estos cambios económicos, del diferente talante de los misioneros y del descenso en la aceptacion de las misiones por parte de pueblos y gentes, la Congregacion hará un esfuerzo hasta entonces desconocido para desarrollarlas, alcanzando cifras de lugares misionados ciertamente importantes. Todo ello manteniendo el tradicional concepto «globalizante» de las mismas y convencida de que los contenidos de las misiones («estrategias» y «predicaciones») debían mantenerse. El único cambio posible era la actitud de los misionandos.63

Las preocupaciones por adecuar las «estrategias»64 quedan reducidas a la primera impresión en 1878 de un Reglamento para España «con poquísimas modificaciones y éstas de pequeña importancia»65 y a la edición en 1925 del nuevo «Reglamento de las Misiones de la Congregación de la Misión»66 en el que las innovaciones no son muchas. En cuanto a las «predicaciones» la situación sigue exactamente igual que en las épocas anteriores contentándose los misioneros con repetir, tras copiarlos tal cual, los sermones, pláticas y doctrinas de sus antecesores.67

La experiencia diaria, sin embargo, mostraba que los pueblos no aceptaban las misiones como antes. Los Libros y Crónicas de Misiones abundan, a pesar de la presión socio-religiosa, en actitudes y comportamientos no sólo escépticos para con las misiones y misioneros68 sino abiertamente pasivos69 e, incluso, hostiles.70

No obstante, y dentro de la más pura mentalidad tradicionalista, sólo cabía pensar que la responsabilidad de la situación estaba en las gentes. Y, siguiendo la mentalidad de San Vicente, los culpables de ello no son tanto «las pobres gentes de los campos o de los suburbios de las ciudades» sino el anticlericalismo de determinadas personas influyentes,71 la propaganda de la prensa,72 el mal ejemplo de los sacerdotes,73 los manejos de liberales y socialistas,74 la acción de los partidos políticos75 o el influjo de masones, protestantes, espiritistas…76

La recuperación del sentido cristiano de la vida pasa, pues, por eliminar estas causas y el nuevo Estado estaba tan interesado como la Iglesia en que así fuese. El Estado, junto al apoyo moral y económico, añadirá, respecto de las misiones y por petición de los mismos misioneros,77 los «oficios» de los Gobernadores a los correspondientes Alcaldes recomendando sumas atenciones con la Misión y con los misioneros (presión social).78 Los Obispos, por su parte, emitirán con más frecuencia que nunca las Credenciales o Patentes79 y las Cartas de recomendación de la misión para sus sacerdotes y feligreses (presión religiosa).80

Esto explica que con un bagaje obsoleto,81 unas crecientes dificultades82 y un personal entusiasta pero deficientemente preparado83 pudiese la Congregación llevar a cabo una tan ingente labor misional. La nómina de lugares misionados es, en este sentido, concluyente. La labor y el sacrificio de los misioneros extraordinaria. Pero no es menos cierto que, merced a éstos déficits, las misiones dejaron de tener incidencia en la vida social por no responder ya a las necesidades vitales de las gentes y, merced a la citada presión social y religiosa (en medio de una sociedad que reclamaba a gritos las libertades individuales), incentivaron el creciente sentimiento anticlerical y un naciente indiferentismo religioso de muchas personas. En este contexto, no son extrañas las abundantes quejas de los misioneros acerca de las dificultades que encuentran para desarrollar las misiones. Sus efectos negativos, sin embargo, sólo serán notorios cuando tal presión se mitigue (determinados gabinetes progresistas) o desaparezca (República).

Esta situación se verá agravada en el momento en que se comience a misionar en pequeñas capitales y suburbios o barrios obreros de las ciudades84 para los que ni el personal (falto de preparación para dichos ámbitos), ni las estrategias (pensadas para el mundo rural) ni las predicaciones (obsoletas en sí mismas) resultan adecuadas y donde la presión social y religiosa es mucho menor o deja de existir.

Los resultados reflejados por los Libros y Crónicas de Misiones (impresas ya en los Anales) siguen parecidos parámetros que en las épocas anteriores: reconciliaciones, restituciones, arreglos de matrimonios… Tres aspectos, sin embargo, llaman poderosamente la atencion: el minucioso registro estadístico de los mismos, la proliferación de Asociaciones y los tímidos intentos de respuesta al problema obrero.

El registro estadístico85 de los resultados comienza a aparecer en esta época de forma sistemática, bien en el Libro de Misiones o bien en la Crónica que se envía a los Anales. Aún cuando no existe ningún esquema prefijado, estas tabulaciones, indicadores de los ojetivos perseguidos, suelen incluir: pueblos misionados, habitantes, comuniones, medallas milagrosas repartidas, asociaciones, prensa (señalando el número de bajas logradas de la «mala» prensa y el de suscripciones a la «buena») y otros menos fijos (reconciliaciones, confesiones, cruces de misión,86 comuniones a enfermos, seminaristas conseguidos,87 crucifijos repartidos…).

La animación, restauración o instauración de Asociaciones (elemento, por otra parte, tradicional en el trabajo misionero) adquiere en esta época un desarrollo espectacular, no conocido con anterioridad y no tan desarrollado posteriormente. El objetivo de la gran mayoría de estas Asociaciones es puramente devocional siendo únicamente las de espíritu vicenciano las orientadas hacia fines asistenciales. Entre las primeras adquieren singular importancia las Hijas de María,88 la Asociación de la Milagrosa89 y el Apostolado de la Oración; de menor calibre, y centradas en algunas provincias concretas, son, entre otras, la Asociación del Corazón de Jesús, la Cofradía del Santísimo Sacramento (Madrid …), los Jueves Eucarísticos (Navarra…), los Hijos de San José (Ávila…), la Pía Unión contra la blasfemia, Asociación de los Luises, Cofradía de Santa Bárbara …

Las asociaciones asistenciales, a su vez, tienen en este período, en su relación con las misiones populares, su tiempo privilegiado. Las Conferencias de San Vicente de Paúl ocupan en exclusiva la preocupación de los misioneros hasta 1908, siendo a partir de entonces sustituidas por la Cofradía o Asociación de Caridad, que aparece por vez primera (a pesar de las continuas referencias en los Reglamentos de Misiones) en 1908, Villarroya de los Pinares-Teruel. Ambas tienen su mayor incidencia en Madrid y Extremadura. En parecida dirección apuntan, aunque su desarrollo es infinitamente más reducido, las Escuelas Dominicales, Roperos…

No parece, por el contrario, que las misiones tuviesen interés especial en desarrollar o apoyar nuevas formas de lucha contra los problemas sociales. Únicamente nos son conocidos algunos mínimos intentos, todos ellos en Teruel, por fomentar la creación de alguna Caja Rural o Sindicato Agrícola que normalmente no dan resultado o funcionan durante unos pocos año.90 Estos intentos, por otra parte, debemos enmarcarlos en la iniciativa particular de algún misionero habida cuenta de que ni el «Reglamento de Misiones para España» de 1878 ni el «Reglamento de las Misiones» vigente a partir de 1924 dicen nada al respecto, incidiendo en las Asociaciones Asistenciales a que antes hicimos referencia.

4.2. La II República y la Guerra Civil

La llegada de la II República agudiza notoriamente las dificultades de los misioneros. El ambiente general, con los excesos ya conocidos, y las decisiones políticas acerca de la cuestión religiosa, especialmente respecto de la financiación del culto y clero, llevan consigo no sólo la restricción de las posibilidades misioneras sino también la desaparición de la presión sociopolítica sobre las gentes receptoras de las misiones.

El número y localización de lugares misionados en estas fechas, muestra de la evolución política durante la República, son suficientemente significativos: 114 en 1931 (Ávila, Baleares, Burgos, Canarias y Teruel), 57 en 1932 (Ávila, Baleares y Canarias), 52 en 1933 (Ávila, Baleares y Canarias), 149 en 1934 (Ávila, Baleares, Burgos, Canarias, Salamanca y Teruel), 123 en 1935 (Baleares, Burgos, Canarias y Madrid) y 56 en 1936 (Baleares, Burgos y Canarias).

A este descenso numérico y reducción del espacio de actividad debemos añadir las difíciles condiciones con las que van a tropezarse los misioneros. Las nuevas corrientes de opinión, la imprudencia de algunos alcaldes,91 un cierto anticlericalismo larvado en épocas anteriores, la incidencia de la prensa, la persistente visión globalizadora de misión… y, sobre todo, la ausencia de presión socio-política, estarán en el fondo de estas dificultades. Todo ello explicará las diversas reacciones de las gentes y de los misioneros ante el anuncio o desarrollo de una misión.

En general, el ambiente no es nada favorable a los misioneros, que deben hacer gala de un generoso talante en el cumplimiento de su trabajo.92 El temor a incidentes está presente en numerosas ocasiones y, a pesar de determinadas medidas de prudencia tomadas por los misioneros,93 estos incidentes se multiplican.94 Nada extraña que, después de recibir información de los párrocos, se suspendan o reduzcan al mínimo los cursos misioneros95 o se abandone un lugar una vez comenzada la misión.96

Los contenidos de la misión (estrategias y predicaciones) siguen siendo los mismos aunque las dificultades por las que pasan les hacen acomodar necesariamente algunas cuestiones, en especial respecto a los actos «externos» y a la duración. Este tema, junto al descenso del número de misioneros y a la falta de repercusión popular, reduce notoriamente la incidencia de la misión. De ahí que los Libros y Crónicas de misiones, tan generosos indicando incidentes y dificultades, sean extremadamente parcos a la hora de reflejar los resultados. La misión ha quedado reducida a una serie de predicaciones con nula incidencia social, realizadas dentro de la Iglesia y para unos núcleos de personas muy determinados.

La consiguiente guerra civil estableció una doble realidad misionera, coincidente con las zonas controladas por ambos contendientes. En los territorios republicanos la acción fue nula; en la zona franquista, en principio con menos dificultades, las misiones se llevaron a cabo con cierta normalidad. El posterior desarrollo de los acontecimientos unirá el avance de la frontera misionera a las conquistas territoriales franquistas en las que los misioneros impulsarán su actividad cargados con la «verdad inamovible» de los contenidos, espoleados por «un celo apostólico» reprimido durante años, y con el apoyo de la «presión sociopolítica» de los poderes triunfadores.

Gracias a estos elementos la acción misionera va a recuperar progresivamente su fisonomía. Y si bien el aumento numérico no es muy importante (no pasan de 80/año los lugares misionados) sí lo es la significativa expansión territorial: 1936: Baleares, Burgos y Canarias; 1937: Ávila, Baleares, Canarias, Navarra y Orense; 1938: Baleares, Burgos, Canarias, Málaga y Salamanca; 1939: Ávila, Badajoz, Baleares, Burgos, Canarias, Granada, Málaga y Navarra…

Los misioneros reciben la nueva realidad con amplias muestras de agradecimiento97 ya que gracias a los apoyos recibidos de los triunfadores les va a ser posible no sólo recuperar uno de sus trabajos prioritarios sino hacerlo de acuerdo con sus contenidos.98 La presión sociopolítica tanto de las autoridades civiles99 como religiosas100 se va a encargar de crear las condiciones necesarias para que todo ello sea posible.101

Si es bien cierto el entusiasmo por recomponer el trabajo misionero, también lo es la ausencia de un análisis serio y profundo acerca de la oportunidad de la misión tradicional. De nuevo se ve el pasado como un paréntesis de pesadilla que lo mejor es olvidar para volver a las misiones de siempre. Envueltos en un clima de victimismo y euforia triunfadora no son capaces los misioneros de ver (o, al menos, no lo reflejaron en sus prácticas) que no es la situación socio-política la principal responsable del problema misionero sino que la misma misión tradicional estaba incapacitada para dar respuesta adecuada a las necesidades que requerían los nuevos tiempos. Pierden, así, la oportunidad de modernizar «estrategias» y «contenidos»,102 al mismo tiempo que misioneros y misiones, consciente o inconscientemente, vuelven a identificarse con el poder establecido.103

4.3. El Franquismo

La conclusión de la guerra civil trajo consigo el cierre del segundo ciclo conflictivo para las misiones vicencianas, iniciado con la proclamación de la República. El triunfo final de la tropas «nacionales», por otra parte, no hará sino propiciar la neorrestauración del tradicional modelo globalizante de misionar. A partir de aquí, el apoyo del Estado, un clima de exaltación de la religiosidad tras los horrores de la guerra, la convicción de la utilidad de las misiones y unas estructuras prontamente recuperadas104 harán posible esta nueva situación.

El período, sin embargo, presenta una mayor complejidad que los estudiados hasta el momento y los cambios sociales, políticos y religiosos inciden con mayor intensidad que en otros períodos en el devenir misionero. A este efecto, parece conveniente subdividir el período en tres fases suficientemente significativas.

4.3.1. 1940 – 1949: de la misión «local» a la misión «zonal».

Corresponde al período más duro de la postguerra; de la cerrazón y el aislamiento; de la represión y la reconstrucción… La Iglesia y la C. M. se ven inmersas en este mismo ambiente. Las misiones populares de signo local y rural, de las que nadie duda son el fin prioritario de la Congregación,105 también.106

Por todo ello la primera dedicación se centra en recuperar los Cursos misionales en pequeños núcleos rurales, en los que frecuentemente se estaba muy poco tiempo,107 con las «estrategias» y los «contenidos» de signo tradicional, considerados como el único modo de ir a los pueblos y llevarlos a Jesucristo,108 dando una importancia singular al tema de la Confesión.109

Este plan exclusivo de misiones locales y globalizantes cambia notoriamente con las predicadas en Pamplona -1946- y Valencia -1949-, solicitadas en ambos casos por Monseñor Olaechea. La intromisión en ciudades episcopales110 y el volumen de la población que se misiona son, a primera vista, elementos más que significativos111 que rompen con el tradicional hacer de la Congregación.

El nuevo reto que significan estas grandes y novedosas misiones es encarado por la Institución, al socaire de vientos político-religiosos muy favorables,112 con un encomiable entusiasmo, pero lastrado por una mentalidad globalizante, unas estrategias inservibles, unos contenidos inamovibles113 y un personal escaso y únicamente a tono con lo vivido hasta el momento.

A tenor de todo esto, los innegables esfuerzos realizados en la preparación y ejecución de ambas misiones, especialmente la de Valencia, irán dirigidos únicamente a la puesta a punto de la infraestructura necesaria para llevar la misión a todos los rincones,114 a la preparación y coordinación del muy numeroso personal necesario115 y a la acomodación de algunas de las estrategias.116 Mientras, los contenidos y la visión general globalizante (posible únicamente con el apoyo sociopolítico) permanecen intocables.

Se instaura, pues, con estas misiones un nuevo modelo de misionar, más acorde con los principios del nacionalcatolicismo de la época (grandes equipos de misioneros, grandes masas, grandes concentraciones, gran incidencia en la prensa, gran intensidad, emotividad a raudales…) que con la tradición vicenciana (equipos reducidos de misioneros, núcleos de poblacón pequeños, expansión de la noticia por proximidad local, sentido catequético, periodicidad de las misiones…).117

Nuevo modelo que aúna lo más obsoleto de la misión histórica vicenciana (globalidad y predicaciones) con la parafernalia propia de las estrategias del nacionalcatolicismo. Se instaura un modelo de misionar, en muchos aspectos común a otras Instituciones misioneras, que va a tener durante bastantes años una incidencia singular en la historia religiosa y social del país, y que pone su acento, a tenor de las estadísticas de resultados, en las estrategias (circulares enviadas, número de carteles, medallas, cancioneros…) y gentes que se confiesan118 y olvida aspectos más sociales como las reconciliaciones,119 arreglos de matrimonios,120 asociaciones,121 cofradías …

4.3.2. 1950 – 1964: apogeo de la «misión zonal»

Corresponde este período a una época socio-política menos intransigente que la anterior. El régimen franquista comienza a ser reconocido por determinados organismos internacionales (EE.UU., Santa Sede, ONU…), estabilización económica, primeros conflictos sociales con obreros y estudiantes…

Las Misiones Populares urbanas y zonales,122 iniciadas en la época anterior, viven su época dorada y obligan a la C.M. a dejar bastante de lado las misiones locales y rurales (a las que por otra parte se aplicarán, fuera de todo contexto, los criterios utilizados en las zonales). Tres factores fundamentales contribuyen a esta expansion: el éxito de la misión de Valencia, la llegada de nuevas remesas de misioneros paúles y la institucion de la Hermandad Misionera de San Vicente de Paúl.

Las repercusiones de la misión de Valencia son tales que, al margen de lo que supuso para su población y alrededores, sus contenidos (estrategias y predicaciones) serán empleados en los próximos años y los éxitos o deficiencias de las misiones siguientes se relatarán a la luz del acuerdo o desacuerdo con las líneas marcadas por dicha misión.123

Comienzan su trabajo, por otro lado, nuevas generaciones de misioneros paúles que no han conocido el modelo tradicional y para quienes su único marco de referencia, teniendo en cuenta su incidencia en las revistas internas, son este tipo de misiones y este tipo de misioneros. Generaciones numerosas e ilusionadas. Generaciones, sin embargo, no particularmente preparadas en sus estudios iniciales para desarrollar este ministerio, a la vista de la heterogeneidad de los trabajos a los que podían acceder, y para quienes la formación permanente no es una urgencia, quedando esta reducida a la preparación inmediata antes de alguna misión bien de forma personal o bien asistiendo a alguno de los recién estrenados Cursillos preparatorios.124

Quizá el factor más importante en este quehacer misionero fue el nacimiento de la Hermandad Misionera de San Vicente de Paúl,125 propulsora de la mayoría de las misiones urbanas y zonales en España desde su fundación,126 al finalizar la misión de Valencia en 1948, «en una reunión de intimidad que el Sr. Arzobispo Dr.Olaechea celebró en Játiva con los misioneros terminada la misión, uno de ellos, se ignora quién fue, lanzó esta sugerencia: ¿por qué no hemos de mantener y fomentar esta hermandad que Dios ha bendecido clamorosamente?.127

Los Anales de la Provincia de Madrid reflejan la noticia en los siguientes términos: «Se ha constituido la Hermandad de Misioneros de España, formada por los padres de la Congregación de la Misión y el Clero Secular, para celebrar Misiones en distintas diócesis. […]. Esta Hermandad se encargará de dar misiones en todas las diócesis de acuerdo con los métodos y planes empleados en Valencia».128

Los mismos Anales recogen, posteriormente, la noticia de su reconocimiento por parte del Superior General de la C.M.: «El día 19 del mismo mes [Julio] el Rvdmo. P. Director General se dignó firmar en su Curia Generalicia el decreto de aprobación de nuestra Hermandad Misionera, con su Reglamento para España… sin el cual no era factible iniciar las actividades propias de la Hermandad». Igualmente será reconocida oficialmente por bastantes de los obispos (14 en 1965), llegando a aglutinar hasta ochocientos sacerdotes seculares129 con los que comienzan a existir reuniones o Cursillos de información acerca de la Hermandad y de formación misionera.130

La conclusión más inminente de esta institución y de esta postura es el extraordinario desarrollo (comenzando por toda la diócesis de Valencia) de las misiones urbanas y de grandes zonas.131

La Misión en estos lugares, merced a la presión social y a los aires globalizantes que conlleva, superará los límites de lo religioso y se convertirá en acontecimiento de primera magnitud; los periódicos se harán eco en sus primeras páginas de cada una de ellas y la propaganda del régimen las utilizará astutamente para hacer ver al mundo (a quien se abre progresivamente) la tradición católica y anticomunista de la España de la época. Las estadísticas misioneras, siguiendo las pautas del subperíodo anterior, se centrarán más que nunca en aspectos estratégicos, como la asistencia a la misión o el número de confesiones.132

Este ambiente misionero, del que participan otras Congregaciones, se mantendrá muy vivo en todos estos años.133 Con el transcurso del tiempo, no obstante, comenzarán las primeras dificultades que, a la postre, provocarán el práctico abandono no sólo de la Misión Zonal o de Capitales sino incluso la tradicional misión local. Entre estas dificultades podemos señalar:

– La disminución de la presión social y religiosa. Pasados los primeros años de la más dura intransigencia y del claro apoyo de los poderes políticos y religiosos hacia el trabajo misionero, este se va difuminando hasta quedar reducido a las «patentes» (y quizá no en todas las circunstancias) de los obispos.134 Esta situación, que rompe una vez más, el sentido globalizante de las misiones, será, en palabras de los mismos misioneros, uno de los motivos por el que fracasaron algunas misiones.135

– La falta de una preparación inicial y continua para este trabajo. Los Minicursillos o Congresos no son suficientes para estar al día y tampoco sirve el viejo sistema del aprendizaje memorístico de las predicaciones. La falta, en definitiva, de una sistematización en el estudio impidió que las nuevas generaciones sustituyesen a los misioneros veteranos, los cuales se vieron obligados a multiplicarse en sucesivas misiones sin suficiente tiempo de preparación. Esto, además de lo que supone de envejecimiento en el personal, rompió una de las intuiciones más claras de San Vicente: que tras el trabajo agotador de un curso de misiones, el misionero debe tener un tiempo suficiente de descanso tanto físico como espiritual.136

– La falta de adecuación a ambientes urbanos y obreros. De hecho ya en la misión de Pamplona de 1946 no se dio misión especial a los obreros sencillamente porque los temarios no aportaban casi nada a las circunstancias por las que pasaba este sector. Esta realidad se trata de subsanar en la misión del Nervión de 1953 añadiendo a los días de misión tradicional, dados por la Hermandad, una «semana social», desarrollada por otras personas. La solución no contentó a nadie137 pero mostró a las claras la insuficiencia del personal, de las estrategias y de los contenidos para este tipo de ambientes.138

– La aparición de la FEDAP (Federación del Apostolado de la Palabra).139 En Julio de 1956, con motivo de celebrarse el IV Centenario de la muerte de San Ignacio de Loyola, tiene lugar en el mismo Loyola un «Congreso General de Misiones Parroquiales»,140 al que acuden ocho Institutos religiosos: Capuchinos, Cordimarianos, Dominicos, Franciscanos, Jesuítas, Pasionistas, Paúles y Redentoristas. Según afirma uno de los cronistas «el fin buscado por los organizadores, al margen del mismo Congreso, era la Federación de Misioneros»,141 idea lanzada por el P. Huelín, S.J.. Dicha Federación abarcaría exclusivamente a religiosos y será aprobada por la CONFER (Confederación de Religiosos) en Octubre de 1956 con tres Secretariados: Misiones, Ejercicios y Catequesis.142

El Reglamento del Secretariado de Misiones de la FEDAP (aprobado definitivamente por la Santa Sede en 1970) indica que «estará integrado… por los Superiores Mayores incorporados a la FEDAP, que ejerzan el ministerio de las Misiones».143 Su «finalidad principal… consistirá en promover e intensificar el apostolado conjunto de los Religiosos por medio de las misiones» (ídem, Artículo 4º) y sus «fines inmediatos: a) Tramitar con la Jerarquía Eclesiástica las Misiones en Diócesis enteras, en las grandes ciudades, en zonas de más de tres arciprestazgos, o superiores a las 40.000 almas» (ídem, Artículo 5º).

Al margen de la legitimidad y bondad de sus fines, no cabe duda de que esta Federación supone no sólo la ruptura de cierto monopolio ostentado por la Hermandad Misionera para las grandes misiones en capitales y zonales144 sino un elemento de confrontación interna para la misma Hermandad (compuesta, exclusivamente, no lo olvidemos, por sacerdotes paúles y diocesanos) a quien no se permite como tal entrar en la Federación145 sino únicamente a los Paúles, que de alguna manera colaborarán con ella. La distinta visión que ambas organizaciones tienen de la Misión,146 al igual que los temarios de predicación,147 traerán a su vez abundantes críticas de los misioneros que colaboran con ellos148 y, al final del período, el abandono de la misma.149

– El Concilio Vaticano II. Comienzan a aparecer nuevas tendencias teológicas y técnicas de evangelización que no parecen muy proclives a las líneas tradicionales que llevaban a cabo las misiones. Las declaraciones del Concilio no sólo afectan a las formas o los métodos, sino fundamentalmente a los contenidos, sobre todo de la propia catequesis, médula de la misión. Los Obispos más «conciliares», en vista de ello, dejarán de solicitar este trabajo.

– La crisis de la Hermandad Misionera. Una Asociación tan compleja (en sus fines y en sus miembros) no es fácil que funcione durante mucho tiempo. La Hermandad Misionera no es una excepción y, así, pasados los primeros años, en que la ilusión y el trabajo aunaron las voluntades, comenzaron a aflorar las normales tensiones de las que, quizá, la mayoría de misioneros no fueron conscientes. Sin embargo, algunas cartas150 cruzadas entre miembros eximios de la Hermandad, especialmente de los PP. Pedro Langarica (C.M. y principal impulsor de la Hermandad), Jacinto Fernández (C.M. y miembro de la Dirección Nacional), Vicente Franco (C.M., Superior Provincial y Director Nacional de la Hermandad), Domingo García (C.M., sucesor en ambos cargos del anterior) y Don Librado Callejo (Canónigo Magistral de León y Asistente Nacional de la Hermandad) no dejan lugar a dudas. Particularmente interesantes son las del P. Langarica a Jacinto Fernández y Librado Callejo, y extremadamente duras las dirigidas por este último a Domingo García. A través de todas ellas, especialmente de las de Librado Callejo, podemos ir viendo la progresiva situación de deterioro en la que se mueve, al menos, la cúpula de la Hermandad y que acabará con la misma Institución hacia 1969. Veamos algunas de ellas.

En carta bien temprana (18 de Diciembre de 1957) Librado Callejo hace ver a Vicente Franco su malestar porque la Hermandad «se limita a reclutar misioneros» cuando además de eso debe preocuparse de la «perfección» de sus asociados; igualmente muestra su preocupación porque la «Dirección Nacional no se ha reunido desde Octubre de 1956» y por la ausencia de selección del personal que provoca que haya «turistas-misioneros y misioneros poco ejemplares que le juegan muy malas partidas a la Hermandad y a las Misiones«. Se queja de la poca defensa que hacen los Paúles de la citada Hermandad y de que, por el contrario, hayan «salido panegiristas entusiastas de la FEDAP». Plantea, por último, varias cuestiones como el cansancio de los misioneros por repetir sin descanso las misiones lo cual «puede convertir[los] en una Discoteca Misionera, misionando sin profundizar» y la de «la revisión de la misma predicación». Termina pidiéndole «que se saque a la Hermandad de este atasco y rutina en que vive«.

Mayor significación tienen sus largas cartas del 29 de Noviembre de 1962, 24 de Enero de 1968 y 24 de Febrero del mismo año. Todas dirigidas a Domingo García (Visitador Provincial de la C.M. y Director, por ello, de la Hermandad).

En la primera de ellas (29 de Noviembre de 1962), tras criticar duramente algunos aspectos relativos a la ambientación, organización y adaptación de la finalizada misión de Palma,151 y, sobre todo, algunas actitudes del Director de la misma,152 pasa a analizar la situación de la Hermandad. Indica, en principio, su sorpresa por el olvido en que los Paúles han tenido sumida a la Hermandad,153 aunque parece que las cosas tienden a mejorar,154 para descargar posteriormente todas sus iras tanto por la falta de entusiasmo de los Paúles por la Hermandad155 como por el apoyo dado por éstos en la constitución de la FEDAP, a la que no ve demasiado sentido,156 olvidándose del clero diocesano.157 Ve en todo ello una maniobra para eliminar no sólo a éstos últimos sino también a la misma Hermandad.158 Termina su carta con una llamada a la superación de los enfrentamientos personales.159

La segunda de estas cartas tiene fecha del 24 de Enero de 1968 y es respuesta a la enviada por Domingo García el 12 del mismo mes. En su inicio hay ya muestras claras de que las relaciones entre ambos se han ido deteriorando progresivamente. Pasa luego a contestar a los argumentos esgrimidos por Domingo García (enfermedad del P. Langarica y ausencia del P. Jacinto Fernández, separación del P. Dallo de la Secretaría de la Hermandad y sus propias ocupaciones que le impiden asistir a las reuniones de la Dirección Nacional) para justificar que «los momentos actuales son muy críticos para el porvenir de la Hermandad«. Del primer punto señala que no es nada novedoso y que si se ha agravado ha sido por la soledad en que se ha visto últimanente el citado P. Langarica,160 recayendo dicha responsabilidad en el mismo Domingo García, como Visitador, que o bien no tiene personal para ayudarle o bien no le importa demasiado la Hermandad.161 En cuanto a la separación del P. Dallo de la Secretaría de la Hermandad, realizada por Domingo García como Visitador de los Paúles, la considera, sencillamente, antiestatutaria, mostrando ya con ello un conflicto de competencias. Le parece, en tercer lugar, inadmisible que el Director Nacional falte a las reuniones de la Dirección Nacional «precisamente en los momentos en que las reuniones eran más necesarias, después de la Asamblea de Septiembre del 66» ya que eso es causa de los males que aquejan a la Hermandad, comenzando por la Dirección General cuya falta de cohesión y rivalidad es bien conocida162 y a cuyas causas dedica un durísimo párrafo, particularmente referidas a la actitud y comportamiento del P. Pardo y al apoyo que ha recibido del mismo Visitador.163 Para evitar estas situaciones, «razón de la ineficacia y del malestar» reinante dentro de la Hermandad, entiende que el remedio estaría «en separar las dos funciones de Visitador y Director de la Hermandad (Director Nacional). […]. Por supuesto, sería necesario, y habría que exigirlo, que la C.M. revistiera a un Padre (no Visitador) de toda la autoridad de Director Nacional y le dotara de autonomía en sus funciones y de medios eficaces para realizar su obra». Termina la carta con unas evidentes palabras de desánimo al mismo tiempo que acusadoras para el propio Domingo García.164

La carta del 24 de Febrero de 1968 es continuación de la escrita un mes antes y aborda cuatro puntos. Comienza con el tema del Director Nacional que considera debe ser distinto del Visitador de la C.M. y elegido por todos los miembros de la Hermandad, y no únicamente por los Paúles («según el fichero de la Hermandad, es pequeño el grupo de la C.M. que pertenece a ella, frente al casi millar de sacerdotes seculares»), no sólo por no ser esto ni «razonable, ni jurídico, ni justo» sino porque evitaría arbitrariedades como las que se han ido dando. Señala, al mismo tiempo, algunas de las cualidades o capacidades que debiera reunir: «que fuera P. Paúl; nunca el Visitador; que tuviera vena misionera; que hubiera actuado en Misiones populares; con aptitud y dotes para dirigir grandes misiones, actuar en Cursillos de preparación de misioneros y, dentro de la Misión, en Centros generales o especializados». El segundo punto se refiere a la Dirección Nacional y a determinadas acciones para que el funcionamiento de la Hermandad sea real y no puro organigrama: necesidad de colaboradores y auxiliares «permanentes y no circunstanciales», urgencia de contar con Direcciones Diocesanas y Locales si se quiere vitalizar la Hermandad, apremio de redactar un nuevo Reglamento ya que «el de 1956 se arrinconó y ahora está desfasado». El punto tercero se centra, con palabras muy duras hacia el comportamiento de Domingo García,165 en la recién terminada misión de Asturias tanto a niveles de organización como de Dirección.166 El cuarto y último punto trata del futuro de la Hermandad y refleja el nivel de enfrentamiento o «incompatibilidad de criterios en lo tocante a la Hermandad»167 al que habían llegado dos de los miembros más significados de la institución. En vista de que los anteriores escritos no habían tenido el efecto esperado y de que la Hermandad está al borde de la defunción, Librado Callejo anuncia que o cambia radicalmente la orientación de la Hermandad o elaborará un informe, del que se incluyen los principales puntos, y lo dará a la publicidad eclesiástica.168 El final de la carta no tiene desperdicio: «Si la cosa no fuera tan seria, le diría que pensara en la esquela de defunción y en una losa que podría llevar esta leyenda: «AQUI YACE LA HERMANDAD MISIONERA DE S. VICENTE DE PAÚL, VÍCTIMA DE LA C.M.». R.I.P. […]. Aún es tiempo, P. Domingo. Hace falta buena voluntad y personas que la acrediten, y con esa buena voluntad trabajen y se sacrifiquen mirando a las almas. Respondo por todo el clero secular: el clero secular seguirá estando con la C.M. si de verdad rehabilitamos la H.M. Si no es así… ¡Nos vamos! y ya encontraremos el «hombre de Dios» que afanosamente venimos buscando en la C.M. y no lo hemos encontrado».

Tal perspectiva de un miembro «diocesano» de la Hermandad viene corroborada por el «resumen de respuestas» que realizan los miembros de la CM en 1969 acerca de la situación de la Provincia de Madrid con motivo de la inminente Asamblea General. Reconociendo sus beneficios se le reconocen «grandes fallos, a saber: a) son de ella pocos los miembros consagrados; la mayoría son sólo miembros participantes, que se inscriben sólo por novedad o por otros motivos humanos; b) hay poca cohesión entre sus miembros: apenas se les reúne para nada; se les llama a última hora y tienen que comenzar a actuar cada uno como se le ocurre; c) apenas conocen el Reglamento, o no le hacen caso, ni en cuanto a las materias que hay que desarrollar ni en cuanto al orden de las mismas; d) tampoco se contrastan después las experiencias y por eso no se progresa nada. Por eso, se exige que no se admita en la Hermandad a cualquiera, sino que se haga una cuidada selección; que sólo se les admita después de haber hecho un cursillo misional y de haberlos sometido a alguna prueba».169

Todas estas dificultades provocaron una honda preocupación en el ambiente misionero. Por vez primera se insiste en la necesidad de renovar en profundidad el personal y los contenidos. Termina la época de la verdad absoluta e inamovible y comienza el lento camino de la renovación.

4.3.3. 1965 – 1975: crisis de la misión popular tradicional.

Corresponde el período a la época del «desarrollismo» económico con todas las secuelas que lleva consigo de aumento de la población urbana, abandono del campo, nuevas formas de vida, nueva mentalidad, etc…; al mismo tiempo comienzan las aplicaciones doctrinales del Concilio Vaticano de tan profundo impacto en la Iglesia.

Las Misiones populares entran en una crisis profunda de la que sólo al final del período parece otearse la salida. Su descenso numérico es evidente tanto en las grandes ciudades como en los pequeños pueblos; igualmente el número de casas y sacerdotes dedicados a ello. El desánimo es palpable tanto en las Crónicas de Misiones, en las que desaparecen las estadísticas de resultados, como en los diferentes Cursillos o reuniones de misioneros. En el fondo de esta crisis están las causas anteriormente aducidas que llegan a su punto álgido y coincidente.

Ante estas realidades comienzan a aparecer reiteradas llamadas a la renovación170 siendo particularmente importantes las conclusiones a las que llega la Semana de Estudios sobre Misiones Populares de 1972;171 junto a ellas, una serie de prácticas encauzadas en la misma dirección tanto relacionadas con las estrategias y predicaciones172 como con los agentes de la acción evangelizadora.173

Son, en general, intenciones y actuaciones tendentes a «acomodar» aspectos concretos de los «contenidos» pero que no cuestionan el mismo fondo e intencionalidad de las misiones populares. Con el tiempo comenzará incluso a cuestionarse la validez global de las misiones. Quizá la visión más lúcida de lo que realmente se precisaba, por cuanto pretende incidir sobre los misioneros y métodos y que rompe radicalmente con los esquemas anteriores, lo expresa José Mª Román: «Cada misión es un problema nuevo y necesita, por tanto, de un temario propio y adecuado a sus peculiares características: urge, pues, la preparación de los misioneros jóvenes, urge la permanente revisión de métodos».174

Tendrán que pasar, no obstante, varios años para que esta intuición comience a hacerse realidad.175 En tanto, se abre para las misiones un túnel extremadamente obscuro, un tiempo de desierto, de desorientación total, de silencio… ¿constructivo?.176

  1. VILLOTA, Ig.: «La Iglesia en la Sociedad española y vasca contemporáneas» p. 153.
  2. CUENCA TORIBIO, JM.: «El catolicismo español en la restauración» en «Historia de la Iglesia en España» (Dir. por R. García Villoslada), V, p. 278
  3. Id.: p. 286
  4. CALLAHAN, W.: «Iglesia, poder y sociedad en España, 1750-1874» p.267.
  5. Id.: p.160
  6. LABOA, Juan Mª: «La larga marcha de la Iglesia» p. 198
  7. CALLAHAN, W.: o.c. p.161
  8. LABOA, Juan Mª: «El Integrismo. Un talante limitado y excluyente» pp. 83-89
  9. LABOA, Juan Mª: «La larga marcha de la Iglesia» p. 81
  10. Id.: p.94
  11. JIMÉNEZ DUQUE, B.: «Espiritualidad y Apostolado» en «Historia de la Iglesia en España» (Dir. por R. García Villoslada) V, pp. 412-418
  12. CARR, R. «España 1808-1939» pp.420-421
  13. JIMÉNEZ DUQUE, B.: o.c., V. p.457. Una amplia Bibliografía sobre «Pensamiento y acción social de la Iglesia» puede verse en esta misma obra pp. 577-580
  14. VILLOTA, Ig.: «La Iglesia…» o.c. p.160.
  15. Id.: p.164.
  16. Ib
  17. SANZ DE DIEGO, R.: «La Iglesia española y el reto de la industrialización» en «Historia de la Iglesia en España» (Dir. por R. García Villoslada) V, p.634
  18. VILLOTA, Ig.: «La Iglesia…» o.c. p. 165
  19. SANZ DE DIEGO, R.: o.c., p. 652; LABOA, Juan Mª.: «La larga marcha de la Iglesia» p.203
  20. REDONDO, G.: «Historia de la Iglesia» I, pp. 139-142 y 145-148
  21. VILLOTA, Ig.: «La Iglesia…» o.c. p. 251
  22. Id.: p.254
  23. BLÁZQUEZ, F.: «La traición de los clérigos en la España de Franco» p.27.
  24. Una Bibliografía seleccionada sobre el tema puede verse en «La Iglesia española y la guerra civil española» Fundación Friedrich Ebert -Instituto Fe y Secularidad, Madrid 1990. pp. 345-346.
  25. CARR, R.: o.c., p.648.
  26. VALVERDE, C.: «Los católicos y la cultura española» en «Historia de la Iglesia en España» (Dir. por R. García Villoslada) V, p.559; BLÁZQUEZ, F.: «La traición …» o.c. p.47-48
  27. «Hay que recristianizar a esa parte del pueblo que ha sido pervertida, envenenada por doctrinas de corrupción. Para hacer esa labor antes había que luchar contra la obra del gobierno. Ahora podéis apoyaros en el poder para realizarla, porque uno mismo es el ideal que nos une». Franco a la Junta Central de Acción C. 10 abril 1940. Citado en «Historia de España» t.X, Labor p.172
  28. TUÑÓN DE LARA, M.: «España bajo la Dictadura franquista» en «Historia de España» (Dir. por M. Tuñón de Lara) X, p.198
  29. LABOA, Juan Mª: » La larga marcha…» o.c. p.226
  30. BLÁZQUEZ, F. en «La traición…» nos dice del clero: «Terminada la guerra civil, el panorama clerical era desolador. El número de sacerdotes asesinados llegó a 4.266,… eran ancianos en su mayoría, habían sido educados en el integrismo, desconfiaban de las libertades, creían en la mística de la autoridad, sentían recelo ante la cultura y la modernidad, su formación teológica estaba en la casuística, el puritanismo de las costumbres y el tremendismo de los novísimos, y, económicamente, vivían en una dorada miseria» pp.96-97. La formación de las nuevas generaciones de sacerdotes, por otra parte, tampoco colaborará mucho, hasta la apertura de 1956, a mejorar el panorama. Ídem, pp. 99-103
  31. BLÁZQUEZ, F.: o.c. p.60
  32. VILLOTA, Ig.: «La Iglesia …» o.c., p. 318
  33. TUÑÓN DE LARA, M.: o.c., p.217
  34. «El sistema sindical vigente en España, ¿está o no concorde con la doctrina social de la Iglesia» 4 de Noviembre de 1954
  35. «El pan nuestro de cada día» 1950
  36. BLÁZQUEZ, F.: «La traición…» o.c., p.107.
  37. VILLOTA, Ig.: La iglesia en la sociedad…» o.c., p. 348; BLÁZQUEZ, F.: «La traición de los clérigos …» o.c., p. 119.
  38. TUÑÓN DE LARA, M.: o.c., p.354
  39. BLÁZQUEZ, F. «La traición de los clérigos…» o.c., p.171.
  40. TUÑÓN DE LARA, M.: o.c., p.402
  41. ORTEGA, Joaquín L.: La Iglesia española desde 1939 hasta 1976″ en «Historia de la Iglesia en España» (Dir. por R. García Villoslada» V, p.695.
  42. BLÁZQUEZ, F.: «La traición de los clérigos…» o.c., pp. 199-203
  43. TUÑON DE LARA, M.: o.c., p.417.
  44. BLÁZQUEZ, F.: «La traición de los clérigos …» o.c. p.209.
  45. «Los ordinarios deben velar para que al menos cada 10 años, procuren los párrocos proporcionar a los fieles lo que se denomina una misión sagrada, y que los párrocos -cualquiera que sea su condición- deben atenerse a lo que mande el ordinario del lugar, en lo referente a las misiones» CDC 1917, canon 1349.
  46. En el archivo de la Corona de Aragón se encuentran los Libros de Cuentas y, sobre todo, una enorme cantidad de pequeños talones o «recibís» correspondientes a los cobros de rentas de las diferentes posesiones.
  47. MANZANAL, F.: «Hermanos Coadjutores de la C.M. en las Misiones», Anales Madrid 1987 pp.512-522
  48. MANZANAL, F..: «Las Hijas de la Caridad en las Misiones Populares Vicencianas» Anales Madrid, 1983, pp.661-669
  49. Con 5 misiones : Adanero, Amavida, Arenas de San Pedro, Bernuy Salinero, Bernuy Zapardiel, Bonilla de la Sierra, Burgohondo, Cabezas del Pozo, Candeleda, Castellanos de Zapardiel, Cepeda de Mora,Collado de Contreras, Constanzana, Chamartín, Chaherrero, Don Jimeno, El Fresno, El Herradón de Pinares, Espinosa Caballeros, Fuente el Sauz, Fuentes de Año, Gallegos de Sobrinos, Gemuño, Gimialcón, Grandes y San Martín, Hernansancho, La Colilla, Langa, La Serrada, La Torre, Madrigal de las Altas Torres, Malpartida de Corneja, Manjabálago, Marlin, Mengamuñoz, Mijares, Mingorría, Mirueña, Monsalupe, Muñana, Muñico, Navacepedilla de Corneja, Nava de Arévalo, Navalperal de Pinares, Navarrevisca, Niharra, Ojos Albos, Orbita, Padiernos, Papatrigo, Pedro Bernardo, Poveda, Pradosegar, Riocabado, Salobral, San Esteban de Zapardiel, Santa Cruz de Pinares, Santa Cruz del Valle, Santo Domingo de Posadas, Santo Tomé de Zabarcos, Sigeres, Sotillo de la Adrada, Tiñosillos, Tortoles, Villafranca de la Sierra, Viñegra de Moraña. Con 6 misiones : Albornos, Aldea del Rey Niño, Arévalo, Blascomillán, Blascosancho, Cantiveros, Casavieja, Crespos, El Ajo, El Arenal, El Bohodón, El Tiemblo, Flores de Avila, Fresnedilla, Gavilanes, Gotarrendura, Guisando, Gutierre Muñoz, Herreros de Suso, Higuera de las Dueñas, La Adrada, La Parra, Mancera Arriba, Mombeltrán, Muñogrande, Muñosancho, Narros de Saldueña, Narros del Castillo, Navaluenga, Navarredondilla, Navatalgordo, Pajares de Adaja, Piedralaves, San Bartolomé de Pinares, Sanchidrián, San García de Ingelmos, San Juan de la Nava, San Pedro del Arroyo, Sinlabajos, Solana de Rio Almar, Sotalvo, Villanueva de Gómez, Vita. Con 7 misiones: Aldeaseca, Casas del Puerto de Villatoro, Fontiveros, Muñogalindo, Salvadiós, Navalmoral, Palacios de Goda, Pedro Rodríguez, Villanueva del Aceral. Con 8 misiones: Cuevas del Valle, San Esteban del Valle. Con 9 misiones: Villarejo del Valle
  50. Con 5 Misiones: Ahillones, Alconchel, Almendral, Berlanga, Esparragosa de Lares, La Albuera, La Nava de Santiago, Maguilla, Mirandilla, Nogales, Olivenza, Salvatierra de Barros, Valverde de Leganés, Valverde de Mérida, Villanueva del Fresno. Con 6 Misiones: Aljucén, Arroyo San Serván, Barcarrota, Campillo Llerena, Cheles, Higuera de la Serena, La Roca de la Sierra, San Pedro de Mérida, Trasierra. Con 7 Misiones: Feria, Higuera de Vargas, Táliga. Con 8 Misiones: Cordobilla de Lácara.
  51. Con 5 misiones: Campos del Puerto, Capdepera, Esporlas, Indioteria, Llombarts, Son Sardina-Palma, Valldemosa. Con 6 misiones: Alaró, Artá, Biniali, Caimari, Capdellá, Costitx, Deyá, Galilea, La Vileta, Llorito, Lloseta, Moscari, Santañy. Con 7 misiones: Biniamar, Casconcos, Genova, Mancor del Valle, Montuiri, Muro, Orient-Buñola, Pina-Algaida, Porreras. Con 8 misiones: Algaida, Andraitx, Binisalem, Calviá, Consell, Establiments, Fornalutx, Las Salinas, Puigpuyent, Sarraco-Andraitx, Son Servera. Con 9 misiones: Ariany-Petra, Bañalbufar, Horta-Soller, María de la Salud, Randa-Algaida, San Joan, Santa Eugenia.
  52. Con 5 misiones: Buniel, Las Quintanillas, Palacios de Benaver, Pedrosa del Príncipe. Con 6 misiones: Avellanosa del Páramo, Pedrosa Río Urbel, Rabé de las Calzadas, Santibáñez Zarzaguda. Con 7 misiones: Tardajos.
  53. Con 6 misiones: Albalá. Con 7 misiones: Montanchez. Con 8 misiones: Almoharin, Arroyomolinos, Torre de Santa María, Valdefuentes, Valdemorales, Alcuescar. Con 9 misiones: Casas de Don Antonio.
  54. Con 5 misiones: Ajalvir, Alcobendas, Colmenar Viejo, Daganzo de Arriba, El Molar, Fresno de Torote, Fuenlabrada, Galapagar, Guadalix de la Sierra, Hortaleza, Leganés, Lozoyuela, Moraleja del Medio, San Fernando de Henares, Serranillos del Valle, Torrejón de Ardoz, Villamantilla. Con 7 misiones: Griñón.
  55. Con 5 misiones: Bóveda del Rio Almar, Puente del Congosto, Santibañez de Béjar.
  56. Con 5 misiones: Donhierro, Escarabajosa de Cabezas, Martín Muñoz de las Posadas, Montejo de Arévalo, Montuenga, Rapariegos, San Cristóbal de la Vega. Con 6 misiones: Martín Muñoz de la Dehesa.
  57. Con 5 misiones: Abenfigo, Aguaviva, Aliaga, Berge, Campillo, Cañada de Benatenduz, Cañizar del Olivar, Castellote, Concud, Crivillén, Ejulve, Estercuel, Gargallo, Jaganta, La Estrella, Luco de Bordon, Mas de las Matas, Montoro de Mezquita, Palomar de Arroyos, Pitarque, Puerto Mingalvo, Seno, Utrillas. Con 6 misiones: Albalate del Arzobispo, Bronchales, Cuevas de Cañart, Dos Torres de Mercader, Fortanete, Griegos, Guadalaviar, Ladruñán, La Mata de los Olmos, La Zoma, Linares de Mora, Miravete de la Sierra, Molinos, Riodeva, Rubiales, Torres de Albarracín, Torre de las Arcas, Tramacastilla, Villar del Cobo, Villarquemado, Villarroya de Pinares. Con 7 misiones: Alobras, Camarena de la Sierra, Cascante del Río, Caudé, Celadas, El Cuervo, Frías de Albarracín, Fuentes de Rubielos, Jabaloyas, Jorcas, Lidón, Los Cerezos, Masegoso-Toril, Monterde de Albarracín, Orihuela del Tremedal, Santa Eulalia del Campo, Tormón, Torrelacárcel, Torremocha, Valacloche, Valdecuenca, Veguillas. Con 8 misiones: Ababuj, Abejuela, Alcotas, Arroyofrío, Bezas, Bueña, Cabra de la Mora, Calomarde, Camarillas, Castralvo, Cedrillas, Cella, Corbalán, Cubla, El Pobo, El Vallecillo, El Villarejo, Formiche Alto, Formiche Bajo, Gea de Albarracín, Las Parras de Castellote, La Puebla de Valverde, Libros, Nogueruelas, Perales de Alfambra, Pozondón, Rillo, Rodenas, Royuela, Saldón, Sarrión, Tortajada, Tramacastiel, Valdecebro, Villalba Baja, Villastar, Villel, Visiedo. Con 9 misiones: Aguatón, Aguilar de Alframbra, Alba del Campo, Alcalá de la Selva, Aldehuela, Alfambra, Allepuz, Argente, Camañas, Campos, Cobatillas, Cuevas Labradas, Escorihuela, Galve, Gudar, Manzanera, Monteagudo del Castillo, Mora de Rubielos, Moscardón, Orrios, Peralejos, Rubielos de Mora, Son del Puerto, Terriente, Valbona, Valdelinares. Con 10 misiones: Albarracín, Albentosa, Cañada Vellida, Cirugeda, Cuevas de Almudén, Fuen del Cepo, Fuentes Calientes, Hinojosa de Jarque, Mezquita de Jarque, Mosqueruela, Noguera, Olba, San Agustín, Torrijas, Villalba Alta. Con 11 misiones: Jarque de la Val, Los Olmos.
  58. Con 5 misiones: Alcañizo, Cardiel de los Montes, Garciotún, Hinojosa de San Vicente, La Calzada de Oropesa, Montesclaros, Nuño Gómez, Parrillas, Sartajada, Sotillo de las Palomas, Velada. Con 6 misiones: Castillo de Bayuela, Herreruela de Oropesa, Lagartera, La Iglesuela, Marrupe, Torrico. Con 7 misiones: San Román de los Montes, Navamorcuende.
  59. Con 5 misiones: Ataquines, La Zarza, Cervillego de la Cruz, Honcalada, Muriel de Zapardiel, Rubí de Bracamonte. Con 6 misiones: San Pablo de la Moraleja, Salvador de Zapardiel.
  60. Teruel en 1889, 1919, 1927, 1949 y 1967; Huelva en 1895 y 1940; Santa Cruz en 1906; Guadalajara en 1908 y 1975; León en 1943; Las Palmas en 1944; Pamplona en 1946; Ávila en 1953; Cáceres en 1973 y Cuenca en 1975.
  61. Valencia en 1949; Ávila en 1950 y 1966; Cuenca en 1950, 1957 y 1966; Málaga en 1950; Salamanca en 1950; Barcelona en 1951 y 1960; Palma de Mallorca en 1951 y 1962; Vitoria en 1951; Cáceres en 1952 y 1964; Bilbao en 1953; Orense en 1955; Teruel en 1955; Oviedo en 1956; Logroño en 1958; Sevilla en 1965.
  62. Barcelona en 1917; Málaga en 1939; Pamplona en 1940; Sevilla en 1940; Zaragoza en 1942; San Sebastián en 1943 y 1951; Cáceres en 1947; Badajoz en 1948 y 1968; Granada en 1949; Lérida en 1954; La Coruña en 1956; Almería en 1958; Murcia en 1961; Salamanca en 1930 y 1961; Toledo en 1961 y 1974; Castellón en 1961; Valladolid en 1962; Vitoria en 1962 y 1972; Granada en 1967 y Burgos en 1974.
  63. La única queja importante está referida a la duración de cada misión. El aumento espectacular del número de lugares misionados hace que se les dedique cada vez menos tiempo, motivando ésto la alarma en muchos misioneros: 1915, Lodosa -Navarra-: «únicas por su duración dignas de ser llamadas Misiones porque todo eso de ocho o diez días, no es más ni vale para más que para hacer un poco de ruido»; 1919, ORENSE, Curso misionero: «fueron de una docena de días escasos. ¿No es poco? ¿San Vicente no las desea más largas? ¿qué se puede hacer en tan poco tiempo?. Explicar los diez Mandamientos, el Sacramento de la Penitencia y Comunión y algunos novísimos y verdades eternas»; 1919, TERUEL, Curso misionero: «las misiones de este curso han sido de pocos días y, por consiguiente, no de grandes resultados… Es tiempo muy insuficiente para caldear los ánimos de pueblos tan retrasados e ignorantes y escasísimo para preparar los ánimos, sobre todo si han de comulgar por primera vez»; 1924, TERUEL, Curso misionero: Piden más de una semana; 1924, MADRID, Curso misionero: «Bendito el día en que esta idea y esta convicción (duración de 15 días) llegue a predominar en todos; aquel día las santas misiones empezarán a volver a su cauce»; 1925, AVILA, Curso misionero: «pues apenas lo hay [tiempo] para poder explicar lo que se necesita y cuando se empiezan a caldear los ánimos y a darse cuenta de la misión, tenemos que decirles adiós»; 1925, TERUEL, Curso misionero: «…pues se ha introducido en esta diócesis una costumbre singular por el difunto cardenal Soldevila de no dar misiones sino durante la Cuaresma, y en este ambiente viven también muchos curas, los cuales sólo las desean para el cumplimiento parroquial»; 1925, TERUEL, Curso misionero: «a pesar de la sencillez evangélica y la unión de los misioneros, no siempre se obtienen en las Misiones los frutos apetecidos y ésto, prescindiendo de las cualidades de los pueblos, depende a veces de que no se pueden poner en juego todos los actos y prácticas propias de la misión. Una misión no es una novena, ni una Cuaresma o Semana Santa; tiene sus actos propios y con frecuencia, los más insignificantes, al parecer, influyen muy poderosamente en los buenos resultados de la misma»; 1926, CADIZ, Parr. de San José : «Con este sistema (8 días) de misiones relámpago, que Dios confunda y que está en pugna con nuestras tradiciones, usos y directorios, no da tiempo para casi nada. Nos decía el obispo: si la misión durase un mes, ustedes cambiarían al pueblo. Créanme: de esa manera es como se ganan las almas»; 1927, JÁTIVA -Valencia- : «Los que proponen las Misiones de tres, cinco y ocho días, no saben lo que son misiones… Que digan los misioneros prácticos en el oficio dónde han visto más entusiasmo, dónde han oido más confesiones generales, dónde han legitimado matrimonios, dónde han reconciliado enemigos antiguos y dónde han recibido grandes cantidades para restituirlas a sus dueños; ¿en los sermones de fiesta?; ¿en los triduos o novenarios?. No; ha sido en una Misión que ha durado por lo menos quince días»; 1929, BURGOS, Curso misionero: «sometimos nuestras humildes fuerzas a rudísimo desgaste misionando un crecido número de pueblos por tres, cuatro y cuando más cinco días. De seguir así nuestras tradicionales misiones de óptimos frutos finieran y la vida de los misioneros se termina pronto. Hay que hacer constar para loa del celo burgalés que la mayor parte de los sacerdotes cuyas feligresías corrimos, protestaban del poco tiempo que duraba la Santa Misión».
  64. Las únicas prácticas novedosas que se introducen, en algunos lugares, son las «predicaciones dialogadas entre dos misioneros» (1915, Teruel, Curso misionero; 1920, Lluchmayor -Baleares-; 1924, Avila, Curso misionero) y las «conferencias por grupos» (1910, Rianjo -La Coruña-; 1913, Alfambra -Teruel-.
  65. «Reglamento de las Misiones para la Provincia de España, Madrid 1878, Advertencia.
  66. Vide PARTE PRIMERA, Capitulo II, 4
  67. En 1929 tiene lugar un Cursillo de Misiones al que asiste un misionero de cada una de las casas-misión. Algunos de los acuerdos allí tomados inciden en: la armonía entre los misioneros durante la campaña misional, hacer las predicaciones sencillas y nutridas de doctrina, apreciar el arsenal de sermones, pláticas y doctrinas que existen, nombrar una Comisión para examinar el punto anterior, formar una Secretaría de Misiones o una Revista de misiones o una Sección dentro de los Anales, comprometerse a enviar las Crónicas de las misiones a los Anales y restablecer la costumbre de visitar a los enfermos donde hubiese hospital. Anales Madrid 1929, p.657; idem 1930, pp.16 y 62.
  68. Las citas a la general indiferencia de los pueblos respecto de la misión, en muchos casos extendida a toda práctica religiosa, es una nota común a todo el período: 1876, Valdeverdeja y Velada -Toledo-; 1892, Frías -Burgos-; 1899, Muro -Baleares; 1904, Curso misionero -Madrid-; 1905, Santolea -Teruel-; 1906, El Cuervo y Saldón -Teruel-; 1907, Curso misionero -Badajoz-; 1907, Valderrobres -Teruel-; 1909, Curso misionero -Madrid-; 1901, Rozas del Puerto -Madrid-: «nadie va a misa, ni la criada del cura»; 1909, Aldea del Fresno -Madrid-: «no se hallaba camino para ir a la Iglesia; todo estaba lleno de hierba. Dentro del Sagrario hubo una colmena bastante tiempo»;1912, Santibáñez del Val -Burgos-; 1913, Curso misionero -Madrid-; 1914, Curso misionero -Baleares-; 1914, Curso misionero -Burgos-; 1915, Monterde -Teruel-; 1917, Curso misionero -Ávila-; 1918, Curso misionero -Teruel-; 1918, Curso misionero -Madrid-; 1919, Puebla de Valverde -Teruel-; 1921, Curso misionero -Badajoz-, 1925, Curso misionero -Teruel-; 1927, Curso misionero -Ávila-; 1931, Curso misionero -Ávila-: «En vista de las privaciones anejas a las misiones y de la indiferencia de parte de los fieles, y en especial de las personas llamadas a cooperar al fruto de la Misión, me traslado insensiblemente al campo de operaciones de nuestros abnegados hermanos de la India y me animo a sufrirlo todo por Dios y por la salvación de las almas»
  69. A pesar de las «patentes» de los Obispos y de los «avisos» de los Gobernadores, las Autoridades de determinados lugares desoyen sus recomendaciones y no apoyan como tales el desarrollo de las misiones. Esta pasividad se manifiesta en ausencias en el recibimiento de los misioneros (1906, La Luisiana -Sevilla-;1908, Fortanete -Teruel-; 1911, Torrelaguna -Madrid-), despreocupación en su alojamiento (1898, Pedrezuela -Madrid-; 1904, Sevilla la Nueva -Madrid-; 1921, Valdequemada -Madrid-),ser contrarios a la misión (1900, San Fernando -Madrid-; 1905, Cercedilla -Madrid-; 1911, Villasur de Herreros -Burgos-: «habiéndose dado el caso de llamar a los hombres para tratar asuntos de la localidad y para beber vino a la misma hora que nosotros tocábamos a la misión»; 1919, Mora de Rubielos -Teruel-; 1923, Cañadilla -Teruel-) o despreocuparse de la misma (1901, Valdilecha -Madrid-).
  70. 1899, Daganzo -Madrid- : «silbada a las cinco de la mañana»; 1903, Valverde -Madrid- «salida poco menos que sacudiendo el polvo de los zapatos»; 1903, Pezuela de Torres -Madrid-: «terminación antes de tiempo»; 1906, Las Planas -Teruel-: «escandalosa despedida… con canciones soeces y subversivas»; 1906, El Cuervo -Teruel-: intentan cencerrada y manifestación contra la misión; 1908, Colmenar de Oreja -Madrid-: les apedrean la casa, no les dejan predicar tranquilos, los mozos no les dejan confesar, salen abandonados y medio fugitivos; 1909, Barco de Ávila -Ávila-: intento de provocación de gentes hostiles; 1910, Mora de Rubielos -Teruel-: «recibidos con insultos»; 1910, Villahan -Palencia-: «fuimos objeto de mofa y escarnio por los que bebían vino…; no se pudo leer el Oficio del Arzobispo por falta de fieles que le escuchasen… Paso por alto las salvajadas que hicieron con nosotros la misma noche de llegar, en la puerta de la casas que habitábamos»; 1910, Prádanos de Bureba -Burgos-: «nos recibieron el Sr. Cura, un grupo de niños …, mientras que los demás, con el ayuntamiento a la cabeza, gritaban: Viva la República, abajo la Religión, muera el clero»; 1911, Alocan del Rey -Teruel-: «les apedrean la puerta»; 1914, Alba -Teruel-: los jóvenes les molestan por la noche; 1915, Pozondón -Teruel-: «un mozo tira un petardo en plena función»; 1926, Mahamud -Teruel-: «al salir… arrojamos el polvo de nuestro calzado sobre los demás». En algunos otros lugares se indica únicamente que «nos hicieron oposición o guerra»: 1877, Sarrión y San Agustín -Teruel-; 1890, Pampliega -Burgos-; 1892, Frías -Burgos-; 1894, Horcajo -Madrid; 1911, Cedrillas -Teruel-; 1913, Aguaviva -Teruel-.
  71. Se citan Alcaldes (1904, Ciempozuelos -Madrid-; 1916, Santa Engracia -Huesca), Boticarios (1889, Quintanar de la Sierra -Burgos-; 1899, Ajalvir -Madrid-; 1905, Quintanar de la Sierra -Burgos-), Jueces (1914, San Llorente de la Vega -Palencia-; 1916, Santa Engracia -Huesca-), Maestros (1901, Perales de Tajuña -Madrid-; 1903, Puerto Mingalvo -Teruel; 1904,Ciempozuelos -Madrid-; 1905, Estercuel -Teruel-; 1916, Santa Engracia -Huesca-), Médicos (1899, Ajalvir -Madrid; 1901, Perales de Tajuña -Madrid-; 1903, Fuenlabrada -Madrid-; 1903, Puerto Mingalvo y Villarroya de Pinares -Teruel-; 1904, Serranillos -Madrid-; 1915, Bronchales -Teruel-;), Secretarios (1893, Montejo -Madrid-; 1903, Serranillos -Madrid-; 1904, Ciempozuelos -Madrid-; 1914, Fontioso -Burgos-;), Veterinarios (1901, Perales de Tajuña -Madrid-) y algunas otras personas sin profesión tan determinada como «rico propietario», «un exdiputado provincial» …
  72. El incansable misionero P. Osaba (1903: TERUEL: Curso misionero) escribe sobre la prensa : «… los periódicos, al hacer la relación de nuestros trabajos evangélicos, no se detienen o no comprenden bien la transcendente importancia de una misión bien dada…; ni se fijan suficientemente en los prodigiosos efectos y maravillosos resultados que la palabra de Dios, pronunciada por los misioneros, produce en las almas y los corazones corrompidos de los pecadores, sino que generalmente, se entretienen en descubrir el boato exterior…; …cuatro quintas partes de los periódicos que se escriben son como otras tantas naves armadas en corso contra la soberanía de Dios…; …hoy en día, en que precisamente la prensa impía ha sido y es uno de los medios más importantes que ha empleado la impiedad para perturbar todas las inteligencias, confundir todas las ideas, torcer todas las voluntades y corromper todas las costumbres […]. Por otra parte la prensa impía y revolucionaria está causando en las muchedumbres espantosos males, trastornos y horribles catástofres; desgraciadamente, hasta en los pueblos más insignificantes de nuestra infortunada España se leen periódicos y papeluchos cuyas infernales y borrascosas doctrinas excitan y engañan miserablemente a los pueblos que se revuelven como víboras contra el clero, contra la Religión y contra la Iglesia». Además, las citas del influjo «negativo» de la mala prensa abundan en las Crónicas de misiones: 1893, Montejo -Madrid-; 1893, Castil de Peones -Burgos-; 1895, Quintanilla de la Mata -Burgos-; 1906, Mas de las Matas -Teruel-; 1914, Fontioso -Burgos-; 1915, Ródenas -Teruel-; 1917, Curso misionero -Teruel-.
  73. 1889, Presencio -Burgos-; 1893, Rubena -Burgos-; 1890, Cordovilla la Real y Pampliega -Burgos-; 1894, Herrera de Valdecañas -Palencia-; 1894, San Agustín -Madrid-; 1895, Quintanilla de San García : «por ser tan dejado en su ministerio por cuanto nunca les predica y si lo hace alguna vez, es de muy mala manera y en términos muy picantes» y Cerezo de Río Tirón; -Burgos-; 1897, Piedralabes -Ávila; 1897, Moralzarzal -Madrid-: «el cura durante la misión se dedicaba a jugar al tresillo»; 1897, Hoyo de Manzanares -Madrid-: «nos enteramos luego de que el cura, en cuya casa nos habíamos hospedado, vivía no con su hermana sino con una golfa que sellevó de Madrid»; 1898, Zahinos -Badajoz-; 1898, Cabanillas, Redueña y El Molar -Madrid-: «el cura vivía con un hija natural de diecisiete años»; 1900, Santos de la Hunosa -Madrid-; 1900, Espinosa de los Monteros -Burgos-; 1902, Arganda -Madrid-; 1905, Santolea -Teruel-; 1908, Villamanta -Madrid-; 1909, Robregordo -Madrid-; 1913, Santa Ursula -Canarias-; 1921, Villamantilla -Madrid; 1923, Peralejos -Teruel-.
  74. 1897, Colmenar Viejo -Madrid-; 1899, Hortaleza, Algete y Meco -Madrid-.
  75. 1877, Pollensa -Baleares-; 1883, Sancellas -Baleares-; 1887, Santa Margarita -Baleares-; 1896, Manacor -Baleares-; 1896, Alcalá de la Selva -Teruel-; 1896, Burgohondo -Avila-; 1898, Caimari -Baleares-; 1898, Zahinos -Badajoz-; 1904, Arroyo -Teruel-; 1905, Estercuel -Teruel-; 1906, Aguaviva -Teruel-; 1907, Poza de la Sal -Burgos-; 1907, Beceite -Teruel-; 1910, Villasandino -Burgos-; 1913, Santa Úrsula -Canarias-; 1920, Olba, Vallecillo y Huélamo -Teruel-; 1923, La Fresneda -Teruel-; 1924, Santa Eulalia -Teruel-; 1924, Pueblo Nuevo -Madrid-; 1924, Grijalba -Burgos-; 1926, Mas de las Matas -Teruel-.
  76. 1889, Quintanar de la Sierra -Burgos-; 1893, Montejo -Madrid-; 1895, Quintanilla de la Mata y Covarrubias -Burgos-; 1896, Móstoles -Madrid-; 1898, Algaida -Baleares-; 1901, Palau de Anglesola -Lérida-; 1903, Luco y Valbona -Teruel-; 1903, Fuenlabrada -Madrid-; 1904, Serranillos -Madrid-; 1905, Molinos -Teruel-; 1914, Capdepera -Baleares-.
  77. «Habiéndose notado en los Cursos precedentes que los Alcaldes rurales hacían poco caso de los comunicados episcopales y que no sólo no atendían en lo necesario sino que hacían alguna gala de su independencia creímos los Paúles, de acuerdo con su Excelencia Ilustrísima el señor Obispo de Madrid-Alcalá, autorizarnos del Sr. Gobernador de la provincia para mayor facilidad de nuestro ministerio». 1898. Madrid. Libro de Misiones. Curso misionero 1898-1899.
  78. Como muestra del contenido de estos oficios, presentamos los dos siguientes utilizados en Madrid y Teruel, dirigidos por los Gobernadores a los correspondientes Alcaldes: «Para secundar las Apostólicas tareas de los Reverendos Presbíteros de la Congregación de la Misión de San Vicente de Paúl que por mandado de su E.I. llegarán dentro de pocos días a ese pueblo, ruego a usted se sirva recibirlos como se merecen los enviados de Dios y prestarles el concurso y ayuda de que dispone la Autoridad con que usted se halla investido; en ello recibiré especial favor. Madrid, 31 de Octubre de 1898. El Gobernador. Santiago Liniers»; «Intereso a los Srs. Alcaldes y demás autoridades, dependientes de la mía que en los actos que realizaren los RR. PP. Misioneros de San Vicente de Paúl, destinados a misionar los pueblos de… guarden a dichos misioneros las consideraciones que les son debidas y les presten el auxilio que para la realización de sus propósitos pudieren necesitar al objeto de que no sufran molestias en el ejercicio de sus funciones y se pongan de acuerdo con sus respectivos señores curas para disponer alojamiento, camas, menaje, luz y combustible para los mismos durante las misiones y les proporcionen medios de traslación a otro pueblo». Oficio utilizado por los misioneros de la Casa de Teruel en el Curso de 1930.
  79. Las llamadas «patentes» del Obispo están citadas en los Reglamentos entre las cosas que no debe olvidar el Director de la misión. El contenido de las más antiguas no diferiría mucho del de las conservadas de finales del s.XIX. La siguiente es del Obispado de Jaén y corresponde a 1883: «Nos, el Doctor D. Manuel María González Sánchez, por la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica, Obispo de Jaén, etc… Siendo los ejercicios de las sagradas Misiones uno de los medios más eficaces de que se vale la divina Providencia para mover a los pecadores a conversión y reformar las costumbres de los pueblos, restableciendo en ellos el respeto y la observancia de las leyes de Dios y de la Iglesia, única sólida base del orden, de la paz y del bienestar de los mismos; como Padre y Pastor de las almas que constituyen el numeroso e interesante rebaño que Dios ha puesto al cuidado de nuestra solicitud, hemos acordado enviar la santa Misión a la ciudad de Andújar, nombrando Misionero a Vos, Rdo. P. D. Laureano Esteban, de la Congregación de la Misión, para repartir el Pan espiritual a los fieles que deseen participar de este singular beneficio. Si algunos, movidos por la divina gracia, se resolvieren a reconciliarse con Dios, y al efecto necesitareis de facultades extraordinarias, además de la de absolver a los penitentes de uno y otro sexo de los casos y censuras a Nos reservadas por las Constituciones sinodales o por Derecho, os comunicamos la que recibimos de la S. Penitenciaría, y en los mismos términos y con las mismas condiciones con que nos fueron conferidas, y que podréis ver en la página 353 del tomo del Boletín Eclesiástico correspondiente al año de 1878. Comunicamos también las mismas facultades, durante el tiempo de la santa Misión y un mes después de concluida, a los confesores que se hallen en la expresada ciudad de Andújar. Así mismo concedemos cuarenta días de indulgencia a nuestros amados diocesanos por cada vez que asistieren a alguno de los ejercicios de la Misión. El Santísimo Vicario de Jesucristo concede también misericordiosamente en el Señor, por una sola vez en cada Misión, indulgencia y remisión de todos los pecados, así a los Presbíteros Misioneros enviados por Nos como a los fieles de uno y otro sexo verdaderamente penitentes que, habiendo confesado y comulgado, rogaren piadosamente a Dios, según la devoción de cada uno, por la exaltación de la Santa Romana Iglesia, por la unión de los Príncipes cristianos, conversión de los infieles y pecadores y extirpación de las herejías, con tal que hubieren devotamente asistido a las Misiones más de la mitad del tiempo que duraren. De acuerdo con ese respetable Arcipreste y Párroco, procuraréis que estas nuestras letras sean leídas al pueblo antes de empezar la Misión, a fin de que todos esos nuestros amados hijos se animen para aprovecharse de esta gracia singular que Dios les concede. Daréis también conocimiento de ellas a las autoridades locales, de cuyos sentimientos católicos esperamos que cooperarán en cuanto pudieren al buen éxito de la santa Misión».
  80. Oficio del Prelado para las autoridades civiles: «Dentro de breves días llegarán, con el fin de dar una Misión en ese pueblo de su digno cargo, los M. Rdos. Presbíteros de San Vicente de Paúl. No dudamos que, inspirándose usted en los sentimientos que le animan y en los deberes que le impone la Religión católica, que es la del Estado, dispensará un afectuoso recibimiento a los referidos Srs. misioneros y les prestará su leal y decidido apoyo para el feliz éxito de su empresa que tan útil podrá ser a la reforma de las costumbres públicas y privadas. Dios guarde a usted muchos años. Madrid… El Obispo de Madrid-Alcalá. Sr. Alcalde constitucional de…» (f. s. XIX).
    Oficio del Prelado a los Srs. Curas: «Nuestro amantísimo Prelado, llevado del celo ardiente de la salud de las almas y del impulso vehemente de su santificación, ha dispuesto mandar la santa Misión a algunos pueblos de su diócesis; y siendo la Parroquia que usted tan dignamente gobierna una de aquellas que su Excelencia Ilustrísima desea hacer participante de bien tan singular, me apresuro a ponerlo en su conocimiento para que usted anuncie a sus feligreses tan fausta nueva, explicándoles los elevados fines de la Misión y los bienes inmensos que produce en los pueblos que la reciben humildemente. Es además voluntad de S.E.I. que usted se ponga de acuerdo con las dignas autoridades del pueblo a fin de que los Rdos. PP. Misioneros sean recibidos con el debido decoro y se les provea de lo que ellos juzguen necesario. Lo que tengo el honor de comunicar a usted para los efectos consiguientes» (f. s.XIX).
  81. En el primer «Cursillo de Misiones», Madrid 6-12 Octubre de 1929, al que asisten los Directores de misiones de cada casa y que muestra un nuevo talante y visión hacia el tema, nadie pone en duda la bondad de los contenidos misioneros, dando básicamente por bueno lo existente. «Cursillo de Misiones. Actas», Anales 1930, pp. 62-81; hay también una breve reseña en las pp. 16-19.
  82. Transcribimos algunos resúmenes de los Cursos misioneros suficientemente significativos: 1904, MADRID, Curso misionero,: «…hoy más que nunca se ha hecho difícil este trabajo. El espíritu revolucionario, el principio liberal, la masonería y los muchos escándalos han minado el edificio de la Iglesia. El sonido de la campana atormenta al Sr. Cura, al Sacristán, al Sr. Alcalde, al Sargento o Cabo de la Guardia Civil, a la mujer casada, a la soltera, a los chicos sin escuela… Ninguno de estos quiere la misión… La Prensa vomita todos los días millones de periódicos llenos de mentiras y blasfemias; críticas, sátiras, acusaciones maliciosas, todo se emplea contra la Iglesia de Jesucristo»; 1905, BURGOS, Curso misionero: «Difícil es, por cierto, nuestra tarea y más en los tiempos que corremos. El Infierno se ha conjurado contra la Iglesia de Dios y declarado guerra sin cuartel al reinado de Cristo en las almas … «; 1906, BADAJOZ, Curso misionero: «No puede negarse que estamos atravesando, por desgracia, unos días muy críticos… para defender la doctrina católica, tan tenazmente combatida por esa general impiedad que de una manera tan sutil y pérfida se viene infiltrando en todos los elementos sociales»; 1908, MADRID, Curso misionero: «no faltan hombres sabios y escritores eruditos y juiciosos que opinan que entre todas las épocas que ofrecen los Anales del género humano no hay ninguna en que más fiera y universalmente se haya combatido, como se combate en nuestros tiempos, a nuestra religión sacrosanta. Madrid, como capital y corte de España, es también capital de todos esos libros y folletos y periódicos del infierno»; 1909, MADRID, Curso misionero: «comenzaré por decirle que el viento de la impiedad se difunde por todas partes, hasta en los lugares más insignificantes … la infame y descreída propaganda de la mala prensa, con sus periódicos, novelas, folletos y revistas pornográficas»; 1911, MADRID, Curso misionero: «malas ciertamente, muy malas con las actuales circunstancias porque atraviesa España para trabajar con feliz éxito en las Misiones, máxime en Diócesis como la de Madrid, tan trabajada por la impiedad e indiferencia; y sobre todo por la mala prensa»; 1912, MADRID, Curso misionero: «para nadie es un misterio el triste estado material, moral y religioso porque viene atravesando la moderna sociedad y nuestra amada patria en particular. Las causas: proximidad a la Corte, mala prensa, los salones de baile, las muchas tabernas, las blasfemias horribles, los públicos excesos, completo abandono de los sacramentos, malos ejemplos de quienes debieran darlos. No había antes esa apatía universal que hoy se nota en materia de religión…; y mucho menos ese odio a la Iglesia, a sus ministros y a las cosas santas…; ahora se mira al misionero con indiferencia, muchas veces con prevención y pocas con amor…»; 1914, BURGOS, Curso misionero: «a pesar de los calamitosos tiempos que corremos y del decidido empeño del diablo y sus agentes en descristianizar a nuestra querida patria, todavía encontramos corazones obedientes a la gracia, que tiemblan al eco de las grandes verdades de la religión …»; 1917, AVILA, Curso misionero: «Como español, mi corazón salta de entusiasmo… cuando recuerdo… Como sacerdote y misionero deploro… el abandono, la inmoralidad, la relajación de costumbres, la ignorancia y la indiferencia que en materia de religión existe… en España… En cada pueblo suele haber una pandilla de vividores y explotadores del pueblo, hombres sin alma… y, por otra parte, se manifiestan religiosos… A este sistema se debe el que veamos en muchos cristianos una mezcla inconcebible de religión y piedad…; vemos católicos a un mismo tiempo estafadores y limosneros, rezadores y obscenos…»; 1918, MADRID, Curso misionero: «dado el abandono e indiferencia, unidos a la ignorancia y corrupción que reinan actualmente en la moderna sociedad, no se puede cosechar todo aquel fruto que uno desearía».
  83. Los misioneros se formaban en los Seminarios de la propia Congregación. Su situación, aunque algo mejor, no debía ser muy diferente a la del clero diocesano. Este se formaba o bien en las Universidades Pontificias o bien en los Seminarios.
    Las primeras (Burgos, Comillas, Granada, Las Palmas, Salamanca, Santiago, Sevilla, Tarragona, Toledo, Valencia y Valladolid) fueron creadas en 1896 y 1897 (excepto Salamanca, que es más antigua, y Comillas fundada en 1904) y cerradas por la Santa Sede en 1933 (salvo Comillas) por no reunir los requisitos de la «Deum Scientiarum». Los Seminarios, que eran unos sesenta, recibieron, a su vez, una inspección el mismo año 1933. Vicente Cárcel sintetiza de la forma siguiente el resultado de todas estas visitas de inspección: «La visita sirvió en un primer momento para documentar un dato para la Santa Sede: la deplorable situación de los seminarios españoles y su negativa incidencia en la formación de un clero mediocre e impreparado para su altísima misión espiritual y social». Citado por Gonzalo Redondo en «Historia de la Iglesia en España 1931-1939. Tomo I, p. 190
  84. Las primeras referencias a estas incursiones, salvando las hechas en otras épocas en algunas parroquias de capitales, son las misiones de Teruel, Huelva, Santa Cruz y Guadalajara y algunos «barrios» de Las Palmas, Burgos y, sobre todo, Madrid.
  85. A modo de ejemplo de estos registros estadísticos, señalamos: TERUEL, 1915: pueblos misionados: 16, comuniones: 21.414, niños de primera comunion: 513, Estatuas Milagrosas a domicilio: 22, entronizaciones: 21, erección de altares: 7, suscricpciones a la Revista «La Milagrosa»: 43. ZAMORA, 1917: misiones dadas: 28, pueblos: 42, almas: 10.000, confesiones: 8.000, comuniones: 35.000, Medallas Milagrosas: 8.000. MADRID, 1917: misiones dadas 11, número de vecinos: 5.159, comuniones: 11.050, Medallas Milagrosas distribuidas: 9.000, Suscripciones restadas [a la mala prensa]: 12, suscripciones a El Debate: 20, Suscripciones a La Inmaculada: 10, Suscripciones a ABC: 6, uniones ilegítimas legalizadas: 2, en vías de arreglo: 14, Sagrado Corazón de Jesús en Ayuntamientos: 3, ídem en casas particulares: 50, placas del ídem en todas las casa del pueblo: 2, fundaciones de sindicatos: 1, Asociación de la Adoración nocturna: 1, Asociación de la Obra de las Marías:3.
  86. La primera cita que hemos encontrado de la instalación de cruces-recuerdo de la misión por parte de los misioneros Paúles es de 1910: «en casi todos lo pueblos misionados de Burgos», aunque parece no llega a generalizarse.
  87. Aparecen por vez primera en 1921 en Zubielgui, Navarra.
  88. Quedan establecidas en «todos los pueblos de Teruel» y en la mayoría de Cáceres, Avila, Badajoz, Burgos y León.
  89. Implantadas en lugares similares a las Hijas de María y en Madrid.
  90. Cajas Rurales: 1907, Calomarde; 1908, Moscardón y Cascante. Sindicatos: 1907, Tramacastilla, Villar del Cobo y Pozondón; 1908, Frías, Rioleva, Cascante, Rubielos de Mora y Abejuela.
  91. Sirvan como ejemplo el caso del Alcalde de Villatoro -Salamanca, 1933- que les exije un acto de adhesión al régimen; el de Navalmorales -Salamanca, 1931- que no les permite la misión porque el Oficio que traen del Gobernador no es del de Salamanca sino del de Ávila; el de Algaida – Baleares, 1932- que prohíbe todo tipo de recibimiento a los misioneros.
  92. Sintomático del ambiente general es la siguiente nota de 1934, Lanzahita -Ávila-: «En estos calamitosos tiempos que corremos jamás me hubiera atrevido a pensar que los pueblos recibieran con tales muestras de agrado a los enviados del Señor».
  93. Lo más normal es eliminar todo acto externo y reducir la misión a las predicaciones dentro de la Iglesia (1931, Valldemosa -Baleares-: «La autoridad eclesiástica dispuso… que la banda municipal no acompañe la procesión»; 1932, 1933 y 1935, Ávila, Curso misionero: «Con el fin de evitar compromisos convinimos en prescindir de toda solemnidad al entrar y salir; prescindir de procesiones; tener las catequesis de niños en horario extraescolar; es decir, concretarnos al interior del templo; 1933, Cuenca: «todos los actos habían de verificarse en el interior de la escuela»; 1934, Burgos, Curso misionero: «van con miedo e idea de reducirse a la Iglesia… aunque luego pueden desarrollar todo».
  94. 1931, Santa María del Berrocal -Ávila-:»No será España grande, mientras no apaguemos ese candil que arde en esos pajares», les decía el boticario en un mitin durante la misión; 1932, Bocigas -Ávila-: «En conformidad con lo dispuesto… queda autorizada esa misión… Esta Alcaldía no responde de los acontecimientos que pudieran surgir en el transcurso de la misión». En este mismo lugar aparecen letreros con «Republicanos, uníos a la protesta contra la Misión», «Viva el laicismo; abajo el clero»; 1933, La Culata -Canarias-: «un grupo de militantes del socialismo propúsose molestarnos durante los actos de la noche. Con cínico descaro y con mucho acaloramiento discutían a la puerta de la Iglesia»; 1933, Guía de Isora -Canarias-: «En medio de la procesión unos ácratas -medio beodos- comenzaron a remedarnos invocando a gritos desaforados a san Marx»;1934, Montuiri -Baleares- «El Gobernador multó al Cura y al Juez por… haber organizado una manifestación de despedida a unos misioneros en la que se dieron vivas a Cristo Rey»; 1934, Pampliega -Burgos-: «Una noche pusieron un alambre atravesado a la puerta de la Iglesia; otra entraron dando gritos y armaron un fuerte escándalo; otras tiraron tiros»; 1934, Guijo de Ávila -Salamanca-: «Salvajadas en la primera noche de misión»; 1934, Puente del Congosto -Salamanca- «las amenazan con quemar la casa»; 1934, Pedro Bernardo -Ávila-: unos jóvenes borrachos apedrean la Iglesia; 1934, Pampliega, Villaverde Mogina, Hinestrosa -Burgos-:intentos de asonada por parte de los socialistas; 1935, Navarrevisca -Ávila-: petardo en la celebración; 1935, Ajalvir -Madrid-: ruidos en el templo, insultos, sogas para que tropiecen al salir de la Iglesia, embadurnan la puerta de la casa del cura …
  95. 1932, Ávila, Curso misionero: «El Obispo resolvió escribir a los párrocos para que le informasen… suspendiendo la salida a misionar hasta nueva orden; 1932, Teruel, Curso misionero: «Escribimos a los señores Curas… y todos, excepto dos, aconsejaron dilatásemos la misión para otro año.
  96. 1933, Muñotello -Salamanca-; 1934, Puente del Congosto -Salamanca-.
  97. 1937, Ávila, Curso Misionero. «Corre hoy por nuestra patria una oleada de resurgimiento religioso que es preciso aprovechar a todo trance…»; 1938, La Orotava -Canarias-: «Se celebra un funeral mandado por el Gobierno por J.A. Primo de Rivera».
  98. 1838, Ávila, Curso misionero: «Recibimiento por fuerzas eclesiásticas, políticas y populares; queda prohibido el trabajo durante la santa Misión; los Alcaldes, Jefes de Falange, Guardias Civiles… procuran que vayan todos a la misión».
  99. 1937, El Hornillo -Ávila-: «El Alcalde pasó aviso a los exsocialistas de la Casa del Pueblo intimándoles la obligación ineludible de asistir a la santa Misión»; 1938, Ávila, Curso misionero: algún pregón como «El que no asista a la misión será expulsado del pueblo»; 1938, Herreruela -Ávila-: «Sólo quedó sin comulgar el Secretario que no es del pueblo y le dieron una buena rechifla»; 1938, Higuera la Real -Badajoz-: «Gran pira, en la despedida, de setecientos libros pornográficos … Brazo en alto y cantando el himno nacional festejamos la destrucción del veneno soviético»; 1938, Ávila, Curso misionero: «Hogueras con biblias protestantes y libros pornográficos».
  100. Véase la siguiente Patente de 1937 del Obispo de Orense: «VIVA ESPAÑA. Nos el Doctor D. Florencio Cerviño González, por la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica, Obispo de Orense, etc… Acogiendo con benevolencia los laudables deseos del Sr.D… quien Nos ha expuesto tiene proyectado celebrar una Santa Misión… a cargo de los RR. PP… venimos en conceder y concedemos la competente licencia para que se verifique dicha Santa Misión en la parroquia… Además, para facilitar el ejercicio del Sagrado ministerio en la administración del Sacramento de la Penitencia, facultamos a los RR. PP. Misioneros y a todos los demás Sres. Sacerdotes que asistan a la Misión, y tengan corrientes sus licencias ministeriales, para que puedan absolver de los casos reservados en esta Nuestra Diócesis, no sólo durante los días de la Misión, sino también en los quince siguientes a la misma; y concedemos… días de indulgencia por la asistencia a cada sermón, plática o explicación de la Doctrina cristiana que tuvieren lugar con tal motivo. Mandamos, finalmente, que estas Nuestras Letras Episcopales sean leídas en el acto de la inauguración de la Misión. Dado en Orense a… de… 19… FLORENCIO, Obispo de Orense.
  101. 1937, Ávila, Curso misionero: «La predicación de la divina palabra y las santas misiones, acogidas con ansia verdadera por el pueblo cristiano, por la circunstancias presentes o por lo que que sea…».
  102. Sirva, como ejemplo, el horario y contenidos de la misión de Málaga de 1938. A la 6 de la mañana: Rosario de la Aurora, Misa de la Misión y explicación doctrinal; a las 11: ejercicio de la misión para los niños; a las 7,30 de la tarde: Santo Rosario, Instrucción doctrinal y Sermón moral.
  103. 1938, Santa Cruz del Valle -Burgos-: «Celebramos la toma de Teruel por nuestras tropas con fiestas cívicas y religiosas; como los dos misioneros habíamos estado en los frentes de combate nos despachamos a nuestro gusto»; 1838, Cerezo de Río Tirón -Burgos: «uno de los días celebramos la reconquista de Lérida por el glorioso ejército español»; 1938, Torrico -Ávila-: «No se habían dado cuenta que la vieja España ya ha caducado por estar decrépita y gastada y que ahora resurge la auténtica España, la cristiana y tradicional».
  104. Para un estudio más detallado de la evolución de las casas y misioneros, vide: «Misiones Populares de la C.M. en España, 1940-1975» OLABUENAGA, M., Anales Madrid 1991, nº 1, pp. 69-79.
  105. «Mientras la misiones ocupen el puesto de honor entre nosotros no hay miedo de que desaparezca la mínima Compañía de la Misión ni de que su espíritu se menoscabe», Anales Madrid, 1940, p.120.
  106. Los Libros de Misiones y las Crónicas insertas en los Anales Madrid de la C.M. muestran certeramente este ambiente: An 1940, p.58: «Esos trabajadores, ayer «trabajadillos» por los socialistas del vecino centro manufacturero y hoy volviendo a su vieja tradición con aire y paz de verdaderos «liberados»; An 1940, p.64: «Nos espera el pueblo en masa… Las campanas tañían a gloria… Los armónicos cantos de la multitud … interrumpidos de vez en cuando para dejar oir los gritos de ¡Viva Cristo Rey!, ¡Vivan los misioneros!, ¡Viva Franco!, ¡Viva España Católica»; An 1941, p.43: «En el Vía Crucis …la última estación frente a la Cruz de los Caídos; nuestros caídos, que dieron su sangre por España y por Jesucristo».
  107. La escasez de días será criticada en sucesivos años: vg., 1940, Villarrubia de Santiago -Toledo-; 1940, Curso misionero; 1946, Avila -Curso misionero-…
  108. Elemento muy significativo para esta recuperación es la impresión que hace el P. Eugenio Escribano en los años 1941-2 de la primera antología de predicaciones a base de textos de grandes misioneros del s. XIX, especialmente de la Congregación (Codina, Sanz, Gros, Burgos). En 1943 el mismo Escribano publicará el «Manual de Misionero» donde, basado en las mismas predicaciones y en los Reglamentos, intenta sistematizarlos.
  109. Las síntesis estadísticas de las misiones (que comenzaron a proliferar en la época anterior) hacen un hincapié desconocido hasta entonces acerca del número de personas que confiesan desglosándolo frecuentemente en niños, mujeres y hombres, indicándose, en algunos casos, con toda claridad que es el fin inmediato que persigue la misión, vg. Huelva, 1941.
  110. La tradicional negativa a misionar en ciudades episcopales aún sigue vigente en los inicios del período pero será pronto superada. AnM 1941, 316: «¿Cuáles son nuestras funciones exteriores?. En la Bula de Urbano VIII constan cinco: 1º En primer lugar, y así aparecen siempre, las Misiones al pobre pueblo del campo»; AnM 1941, p.108: «Ya sabrá -P. Provincial- que ha sido a petición nuestra… que hemos cedido a otros operarios parroquias muy aristocráticas… para que no murmure de si damos misiones en las ciudades».
  111. Las Crónicas recogidas en los Anales coinciden en esta apreciación: «La Misión de Pamplona es la primera ocasión, desde hace mucho tiempo… de realizar, según su espíritu y métodos particulares, con tiempo suficiente de preparación y ejecución y con suficiente libertad, una misión completa en una ciudad episcopal… Se añadirá que no es lo nuestro misionar ciudades; mas cuando interviene un mandato expreso del Sr. Obispo… ha de verse en ello la voluntad de Dios» AnM. 1946 pp. 183-185; «La Misión de Valencia marca el inicio de una nueva etapa en el régimen de misiones. La organización y la técnica moderna puestas al servicio del espíritu. Se ha misionado por primera vez una ciudad entera de más de medio millón de habitantes. En adelante se hablará siempre de las misiones de antes o después de la gran misión de Valencia como hito fundamental en la historia misionera» AnM. 1949, p.132.
  112. Los escritos, patentes, circulares …, tanto civiles como eclesiásticas, proliferan por todas partes:

    – «D… Alcalde Presidente del M.I. Ayuntamiento de esta Ciudad: Hago saber: que en virtud de las disposiciones legales vigentes … sobre la prohibiciòn de traficar con libros inmorales o antipatrióticos; y en virtud de la órdenes … mandando se expurguen de tales tóxicos las bibliotecas públicas y privadas … y abundando este ayuntamiento en los mejores deseos de perpetuar … los frutos espirituales y culturales de la Santa Misión … venimos en disponer y disponemos: 1º: que se entreguen en esta Alcaldía… los libros pornográficos y antipatrióticos; 2º: que se haga con ellos … una hoguera, como auto de fe, contra los enemigos de Dios y de España» AnM. 1940, pp.123-124.

    – «La Jefatura Local de FET y de las JONS, saluda a la Santa Misión que actúa en esta localidad y al hacer votos por su grata estancia, pide con fervor tengáis presente en vuestras oraciones a los Caídos en la Cruzada. Salúdoles brazo en alto. Por Dios, España y su Revolución Nacional-Sindicalista», Esparragosa de la Serena, a 29 de Febrero de 1940.

    – «El Alcalde, lo supe después, había impuesto la multa de 5 pesetas a quien no asistiese a la misión» 1940, Arroyuelos -Burgos-.

    – «Por disposición del señor Alcalde, se ordena a todos los habitantes de este pueblo, tanto mujeres como hombres en general, no impedidos físicamente, para que todos asistan a los actos religiosos de la Santa Misión que han de tener lugar durante la mañana y tarde, en la Iglesia Parroquial, durante los días de la presente semana, advirtiendo que contra los indiferentes que no concurran, se adoptarán severas y enérgicas medidas, además de tomarse nota de ellas, a ulteriores efectos. ¡Pueblo de Berrocal! ¡Todos a la Misión! ¡Así os lo pide vuestro Alcalde!», Santa María de Berrocal -Ávila-, 19 de Noviembre de 1941.

    – «Todas las autoridades han colaborado: ordenando que nadie salga a trabajar por la mañana hasta después de la misión; declarando festivo el día de la misión infantil…» AnM. 1942, p.303″.

    – «Los Rvdos. PP. Paúles Misioneros de San Vicente de Paúl, portadores del presente Oficio, realizan Santas Misiones en pueblos de esta Provincia, con la debida autorización eclesiástica. Ruego a las Autoridades dependientes de la mía, que en el ejercicio de estas Santas Misiones les presten el auxilio que para ello precisaren. Por Dios, España y su Revolución Nacional-Sindicalista. Valladolid, 28 de Noviembre 1942. El Gobernador Civil».

    – «Nos Dr. D. Santos Moro Briz, por la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica, Obispo de Ávila, etc… Atestamos y por las presentes letras certificamos: Que siendo las Misiones uno de los medios más eficaces por la misericordia divina suscitados para confirmar en la fe a los pueblos, para reformar las costumbres públicas y para reconciliar a los pecadores con Dios, de quien están separados por la culpa, hemos dispuesto proporcionar tan señalado favor y consuelo tan saludable a nuestros hijos muy amados los fieles de las parroquias que al margen se expresan, consintiendo y aprobando el que con la venia de su Superior legítimo vayan sucesivamente a ellos los Reverendos PP… Sacerdotes de la Congregación de San Vicente de Paúl, con el fin de que conforme a la Regla y laudables prácticas y Constituciones del propio Instituto, prediquen en ellos las verdades de la Religión y ejerzan todas y cada una de las facultades de que como Misioneros celosos están investidos. Por lo tanto mandamos a los Señores Arciprestes, Curas Párrocos, Ecónomos y demás Encargados de las susodichas parroquias que los reciban con caridad y respeto; que los asistan y auxilien en lo que necesiten para facilitar y conseguir el mayor fruto posible de los trabajos de la Misión y que exhorten a los fieles a que concurran al templo para poder participar de las gracias y beneficios singulares que Dios les otorgará durante los días de salud que permanezcan entre ellos los Misioneros Evangélicos que el Señor les envía para la santificación y salvación de sus almas. Asímismo exhortamos y rogamos encarecidamente a las Autoridades de los mencionados pueblos que presten su poderosa protección a los referidos Misioneros, toda vez que, al enseñar éstos los deberes que los fieles tienen que cumplir para con Dios, para con sus prójimos, para con sus familias, para con la sociedad, para consigo mismo y para con los gobernantes que los dirigen y administran, robustecen el principio de autoridad, rodean de prestigio a los señores Alcaldes, Jueces, Corporaciones y demás autoridades y forman, a la vez que buenos cristianos, sumisos y honrados ciudadanos. Dado en nuestro Palacio Episcopal de Avila, firmado por Nos, sellado con el de Nuestras Armas Episcopales y refrendado por nuestro infrascrito Canciller a… de… de mil novecientos cuarenta y tres. Santos, Obispo de Ávila».

    – «Consecuente con el ruego dirigido en la noche de ayer, durante la plática de la Santa Misión, a la Corporación Municipal que tengo la distinción de presidir, pláceme en exponerles lo siguiente: El motivo fundamental de que estuvieran abiertos los espectáculos públicos y establecimientos de recreo durante la hora expresada, fue la causa de que se celebraran los dos matrimonios que tuvieron lugar en la ermita de Nª Sª de Revilla, hecho, al parecer de mi Autoridad, que no se debía de haber celebrado, con el fin de evitar las consecuencias lógicas y naturales que llevan consigo aquellos y que una vez verificados, no era justo que se les hubiera suspendido los demás actos. Al propio tiempo les significo que, correspondiendo a mi Autoridad el deber de velar por el mejor éxito de la Santa Misión, he transmitido las órdenes correspondientes para que a la hora de la plática, se tenga totalmente cerrado los establecimientos referidos en forma rigurosisima. Baltanás, 20 de Febrero de 1944. El Alcalde».

    – «Los Jefes de Falange ordenan que desde el 22 de Marzo hasta el 9 de Abril todos los Jefes de Centuria suspendan todas aquellas actividades… que puedan ser incompatibles con la asistencia de nuestros camaradas a dichas prácticas religiosas …» AnM. 1944, p.230.

    – «Excmo. Sr. Gobernador Civil de la Provincia. Teruel. Habiendo de ser misionados por los Rvdos. Paúles de esta Residencia de Teruel los pueblos que se relacionan en el estado adjunto, y siendo costumbre que la primera Autoridad eclesiástica de la diócesis se dirija al Excmo. Sr. Gobernador, para que con su recomendación y encargo a los señores alcaldes que de él dependan, contribuya al mejor éxito de la Santa Misión, por las presentes le rogamos se digne comunicar lo que crea procedente, digna ayuda que Dios le ha de premiar y que redundará en bien moral y material de la Providencia. Teruel, … de… de 1944. El Obispo».

    – «Tenemos el honor de poner en conocimiento de V.E. que hemos dispuesto que sean misionados por los Padres de la Congregación de la Misión de esta Residencia los pueblos de Concud, Caude, Celadas, Villarquemado, Cella y Santa Eulalia en las fechas que en la adjunta nota se detallan. Y para mayor garantía del orden público y buen ejemplo de los pueblos agradeceríamos a V.E. que, si lo estima procedente, interese a las autoridades de su mando en su cooperación a los actos de la Misión. Teruel, 21 de Enero de 1948″. El Obispo».

    – «Hemos dispuesto que en las fechas que se detallan en la adjunta nota sean misionados por los Rvdos. Padres de la Congregación de la Misión los pueblos de Concud… y Santa Eulalia. En años anteriores se proporcionó a los dos padres que dieron las Misiones el correspondiente racionamiento. Por lo que este año, en nombre del Prelado, le hacemos el mismo ruego, quedándole reconocidos. Teruel, 21 de Enero de 1948″. El Obispo».

    – «… recibida carta… solicitando de este Ayuntamiento se sufraguen los gastos de hospedaje y demás que originan dichos PP. Misioneros durante su estancia en esta localidad, los Señores reunidos por unanimidad acuerdan, gustosísimos, acceder a lo solicitado». Santa Eulalia del Campo -Teruel-, 1948.

  113. En el «Breviario de Predicación Misionera» de 1948 con motivo de la misión de Valencia, se indica en su Prólogo: «En vista de que las misiones de nuestros días nunca llegan a la duración que tenían las de antes, ha sido preciso reducir varios sermones, pláticas y doctrinas a una, sacando de ellas lo sustancial y darles unidad y solidez, dentro de la brevedad». Efectivamente, los cuarenta y seis SERMONES de comienzos del siglo XIX o los treinta y cuatro de 1942 quedan reducidos a dieciocho: Apertura, Salvación del alma, Pecado, Muerte, Juicio, Obligaciones de los padres para con los hijos, Infierno, Via Crucis, Examen práctico sobre 3º y 5º Mandamiento, Examen práctico sobre el 7º mandamiento o Injusticia social, Obligaciones para con los padres, de los padres y de los esposos, De la Misericordia de Dios, Confesión, Caridad en las obras, Fidelidad, Perseverancia, Conferencias postmisionales y Sermón de Despedida. Con las PLATICAS sucede lo mismo; las treinta y cinco del siglo XIX quedan reducidas a dieciséis: Mandamientos en general, Primer Mandamiento, Obligaciones que impone la fe, Amor a Dios y al prójimo, Virtud de la Religión, Segundo Mandamiento, Tercer Mandamiento, No profanar el Día del Señor, 4º y 5º Mandamiento, El escándalo público, La Pureza, Séptimo Mandamiento, Vida del Católico, Disposiciones para una buena comunión, Perseverancia, Conferencias postmisionales. Las DOCTRINAS, que eran veintinueve en la recopilación de 1942, se reducen a catorce, manteniendo como único tema el de la Confesión.
  114. Parcelación del lugar de misión, distribución y residencia de los misioneros, adaptación de locales, campañas de oración, propaganda intensa, megafonía, planificación de las masivas celebraciones y actos, materiales para las concentraciones… Los «Libros de cantos religiosos de misión» se introducen tarde en las misiones vicencianas y van a alcanzar una gran importancia en el momento en que la misión mueva grandes masas. Los temas que incluyen están principalmente relacionados con las procesiones (muy comunes a los diversos cancioneros son «Alabad al Señor», «Altisimo Señor», «Cantemos al amor», «Corazón Santo», «Christus Vincit», «Oh buen Jesús», «Pange lingua», «Santisimo Sacramento» …) y con los actos penitenciales («Amante Jesús mío», «Ay de mí, yo soy quien os ofendí», «Hijo ingrato he sido», «Perdona a tu pueblo Señor», «Perdón oh Dios mío», «Sálvame. Virgen María»…).
  115. Cursillos, colaboración de seglares y sacerdotes diocesanos, elaboración de guiones y esquemas …
  116. Reuniones previas con los sacerdotes de los lugares, estudios socioeconómicos de las zonas que se misionan, búsqueda de misioneros, financiación, misiones particulares o especiales para grupos más o menos homogéneos de población …
  117. Una muestra de este ambiente nos la da el abanbono práctico de las sencillas crónicas de misiones, reflejadas en los Libros de Misión, que son sustituidas por las más largas y eufóricas de los Anales o de revistas de índole religiosa.
  118. 1944, Ávila -Curso misionero; 1946, Ávila -Curso misionero-; 1950, Olocau -Valencia- …
  119. Cinco casos «citados» en toda la época franquista: 1942, San Esteban de Zapardiel y Navas del Marqués -Ávila-; 1943, Huete -Cuenca-; 1951, San Vicente de Arévalo y Donjimeno -Ávila-.
  120. Tres casos «citados» en toda la época: 1943, Huete -Cuenca-; 1943, Navas del Marqués -Avila-; 1948, Piedralaves -Ávila-
  121. Siete casos «citados» de Hijas de María; 12 de la Asociación de La Milagrosa; 4 de las Conferencias de San Vicente y 4 de Juventud de Acción Católica
  122. Este tipo de misiones no es exclusivo de España. Por la misma época está en boga en Italia y, sobre todo, Francia. Vide: BERNAL DE QUIRÓS, A.: «El Centro de Misiones de París», Incunable, Abril 1956, p.256; SANTAMARÍA, B.: «Nuevos métodos misionales en Francia», Incunable, Enero 1957, p.366
  123. «Una de las causas del éxito de nuestras misiones es la unidad del plan, método y hermandad perfecta de los misioneros de la congregación y los diocesanos» AnM. 1950, p.423; «Su preparación [de Salamanca] fue casi improvisada con la escasa duración de un mes interrumpida con la de Málaga» AnM. 1950, p.225; «en la organización de esta misión [Sevilla] no tuvimos arte ni parte. Solo suplicamos a la comisión que nos diera un sector para nosotros solos, cosa que no fue posible» AnM.1952, p.484; «La preparacion [de Bilbao] duró más de un año: reunión de Julio de 1952, las de Navidad y Reyes del 52 y 53 y los Cursillos preparatorios; la dedicación constante del P. Langarica …» AnM 1953, p.359 …
  124. Para preparar la Misión de Bilbao de 1953, por ejemplo, se tienen Asambleas de misioneros en Agosto y Diciembre de 1952 y en Enero de 1953; igualmente varios Cursillos en Astorga, Málaga, Vitoria, Valencia y Madrid. La misión de Sevilla de 1964 llevó consigo también la organización de Cursillos en Los Molinos, Vitoria, Sevilla, Valencia y La Bañeza. Vide: «Asambleas Misioneras» AnM 1953, pp. 33-41; «Resumen de los Cursillo preparatorios de la Misión de Bilbao» ídem. pp. 328-338; «Cursillos preparatorios de la Misión de Sevilla, AnM. 1964, pp. 660-673.
  125. Para más detalles de sus objetivos, métodos, personal, acciones, etc… puede verse: «Reglamento de la Hermandad Misionera» Madrid, 1949; «Bases, Reglamento y Directorio» Hermandad Misionera, Madrid 1956; «Convenio entre la HMSVP y el Sodalicio de PPC» AnM. 1957, pp. 146-148; FERNÁNDEZ, J.: «Hermandad Misionera de SVP», Madrid 1953; «La Hermandad misionera en marcha», AnM. 1963, pp. 754-758; «Hermandad Misionera de SVP», Madrid 1964; «Envío a Roma del primer resumen de las actividades de la HMSVP», AnM.1964, pp. 518-521; ECHEVERRÍA, L. de: «La HMSVP, magnífica experiencia de colaboración de ambos cleros», AnM. 1956, pp. 507-511; OJEA, S.: «HMSVP. Carta abierta a los militantes», AnM.1956, pp.9-13; DE DIOS, V.: «Hermandad Misionera de San Vicente de Paúl», Incunable, Abril 1956 pp. 10-12; «Espíritu de la Hermandad Misionera de SVDP», Incunable, Febrero 1957, pp. 6 y 8; PARDO, V.: «La HMSVP en Astorga», AnM.1959 pp. 362-365; LANGARICA, P.: «Hermandad misionera de SVP», AnM. 1965, pp. 734-749; «Informe del Vice-Director de la HMSVP, Rvdo. P. Pedro Langarica, CM, al Episcopado Español», Roma, 19-XI-1965, Ciclostilado; «Proyecto de Nuevo Reglamento», Hermandad, 1966?, Ciclostilado. También contienen importante Documentación el Archivo Provincial de Madrid, Carpeta «Hermandad Misionera» y la Biblioteca del Estudiantado de Murguía -Álava-, Carpeta «Misiones Populares».
  126. Pronto se intentará conectarla con las originales Conferencias de los Martes, fundadas por el mismo San Vicente. Vide «Hermandad Misionera de San Vicente de Paúl. Bases, Reglamento y Directorio», Madrid 1956, Introducción.
  127. «Informe del Vice Director de la HMSVP… al Episcopado Español» 1965.
  128. AnM. 1949, p.125
  129. AnM. 1956, p.10. Algunos Documentos Fundamentales para una mejor comprensión pueden ser: «Reglamento de los Eclesiásticos miembros de la Conferencia de los Martes» 1642?, San Vicente de Paúl, Obras Completas, X, n.51; «Reglamento de la Hermandad de Misioneros», Hermandad Misionera, Madrid 1949; «Bases, Reglamento y Directorio de la Hermandad Misionera» Hermandad Misionera, 1956;»Proyecto de Nuevo Reglamento de la Hermandad Misionera», Hermandad, 1966?, Ciclostilado.

    – «Decreto de aprobación de la Hermandad Misionera por el Arzobispo de Valencia» Boletín Oficial Arzobispado de Valencia, 1º de Septiembre de 1953, p. 289: «Aprobamos y bendecimos la Asociación Sacerdotal y Misionera denominada «HERMANDAD MISIONERA DE SAN VICENTE DE PAÚL» y autorizamos su constitución y funcionamiento en Nuestra Diócesis, y exhortamos a Nuestros sacerdotes para que, en calidad de militantes, o cooperadores misioneros, se inscriban en dicha Asociación, después de haber obtenido previamente en cada caso concreto Nuestra licencia; y nombramos Delegado Arzobispal para la misma Hermandad Misionera al Muy Rvdo. Sr. Don Pedro Mauri Rubio, Cura Arcipreste de Enguera».

    – «Aprobación de la Hermandad Misionera de San Vicente de Paúl por parte del Superior General de la Congregación de la Misión», 19 de Julio de 1955: «Sodalitatem Missionariam Sti. Vincentii a Paulo, «Hermandad Misionera de San Vicente de Paúl», benedicimus, atque pro Hispanica natione approbamus, cum Regulis a Consilio Provinciali Matritensi Congregationis Missionis, pro eadem Sodalitate, nuper recognitis».

    – «Convenio entre la Hermandad Misionera de San Vicente de Paúl y el Sodalicio PPC», 12 de Octubre de 1956: «Los que suscriben, el Director general de la HMSVP y el presidente del Consejo de Dirección del Sodalicio PPC, canónicamente erigido en Salamanca, movidos del deseo de promover el trabajo en común de las dos entidades, y de conseguir de esta manera un mayor bien para las almas, se han puesto de acuerdo en los puntos siguientes: Primero: La HMSVP y PPC se mantendrán mutuamente informados de todas las iniciativas que proyecten poner en marcha, con objeto de apoyarse mutuamente en ellas y trabajar en íntima unión, cuantas veces la naturaleza de las mismas lo consienta. Segundo: A este fin, un representante de la Hermandad Misionera formará parte de los Consejos de Redacción de «Incunable» y «Pax», y de la Comisión que rige el Departamento de Campañas de PPC. Este representante será nombrado por el tiempo de tres años, por el director general de la Hermandad, previa consulta al Consejo de Dirección de PPC. Tercero: La Hermandad adopta como revista propia el periódico sacerdotal «Incunable», comprometiéndose PPC a que en dicho periódico se dedique preferente, aunque siempre discreta, atención a los temas referentes a Misiones Populares. Cuarto: La Hermandad acepta como hoja de perseverancia propia de las Misiones que predique, el periódico popular católico «Pax» y está de acuerdo en proporcionar los originales necesarios, que sirvan en la confección de una plana del mismo destinada a temas propios de la perseverancia después de las Misiones. Quinto: Para asegurar más la mutua colaboración, PPC podrá designar un representante suyo en la Hermandad, previa consulta al director general de la misma, el cual durará también un trienio en el cargo».

    – «Letras patentes de erección de la Hermandad en la Diócesis de Madrid» 20 de Abril 1963: «Conforme al Rescripto relativo al establecimiento en España de la «Hermandad Misionera de San Vicente de Paúl» (rescripto otorgado por el Revmo. Sr. Director General de la Hermandad, con fecha del 19-VII-1955); en conformidad con los documentos pontificios relativos a dicha Hermandad (Pío IX, breve «Postulatum a Nobis», 8-VIII-1854; id., «Oblatae sunt», 11-X-1868; Clemente XI, «Cum sicut», 27-X-1713…); a tenor de los nn. V, XI, de las Bases y del art. 25 del Reglamento de esta Hermandad; y según el can. 686 del Código de Derecho Canónico, por las presentes ESTABLECEMOS y EREGIMOS canónicamente la «Hermandad Misionera de San Vicente de Paúl» en la Diócesis de Madrid-Alcalá, y declaramos a dicha Hermandad canónicamente establecida y erigida como persona moral colegial en su carácter de Asociación sacerdotal y misionera».

  130. «Resumen de los Cursillo preparatorios de la Misión de Bilbao» AnM. 1953, pp. 328-338; «Cursillo misional de Astorga», AnM. 1954 pp. 287-291; «Cursillo misional de Covadonga», AnM. 1956 pp. 581-584; «Convivencias misioneras en Los Molinos (Madrid)», AnM. 1956 pp.195-200 … En esta última se destacan dos resoluciones significativamente importantes: «1ª: que las Misiones populares son instrumento actualmente eficacísimo en manos de la jerarquía eclesiástica para obtener la renovación religiosa de la masa creyente. 2ª: sobre las conveniencias de la Misión particular en cada parroquia se encarecen las ventajas de la misión general de las ciudades populosas, sea cual fuere el índice de la población. Asimismo, se estima más ventajosa la Misión arciprestal [zonal] que la particular [local]». «Cursillos preparatorios de la Misión de Sevilla», AnM. 1964, pp. 660-673; «Jornadas de reflexión y estudio en Corias (Cangas de Narcea)», AnM. 1967 pp. 310-312.
  131. Además de las misiones locales, dadas en exclusiva por miembros de la Congregación de la Misión, la Hermandad se hará cargo de las siguientes: 1949: Valencia y suburbios; 1950: Ávila, Cuenca, Málaga, Salamanca; 1951: Barcelona, Melilla, Palma de Mallorca, Vitoria, Arciprestazgos de Cocentaina, Alcoy, Albaida, y Alcira (Valencia); 1952: Cáceres, Jerez de la Frontera; 1953: Bilbao y alrededores, Arciprestazgos de Coria y Valencia de Alcántara (Cáceres); 1954: Arciprestazgos de Sagunto (Valencia) y Sama de Langreo (Oviedo); 1955: Orense, Teruel; 1956: Oviedo; 1957: Cuenca, Jerez de la Frontera; 1958: Logroño y diócesis, Arciprestazgo de Gijón (Oviedo); 1960: Barcelona; 1962: Palma de Mallorca; 1964: Cáceres, arciprestazgos de Cáceres y Coria, Jerez de la Frontera; 1965: Melilla, Sevilla, Arciprestazgo de Arriondas (Oviedo); 1966: Ávila, Cuenca, Arciprestazgos de Lumbrales y Berrueco Pardo (Ávila), seis arciprestazgos de Coria (Cáceres).
  132. 1950, Ávila; 1952, Santiponce -Sevilla-; 1956, Victoria de Acentejo -Tenerife-; 1961, Avellaneda -Ávila-; 1965, Villa de los Silos -Tenerife-… La excesiva preocupación por las confesiones, que provocará a medio plazo abundantes críticas, queda descubierta en cantidad de testimonios de los mismos misioneros: «La asistencia del pueblo… quedó reducida a una tercera parte en cuanto se anunciaron las confesiones, por lo que hay que decir que la misión fue mala» 1945, Loranca -Guadalajara-; «quedaron sin confesar once que fácilmenter hubiesen caído… Al comienzo se les dijo que los misioneros venimos a este pueblo con las aspiraciones de llegar al copo en las confesiones de hombres» 1951, Benimasot -Valencia-; «todos los [jugadores] del Alavés, confesados y comulgados aquella misma mañana, jugaban en gracia de Dios. A juicio de los más hinchas, aquel día fue el del mejor juego del equipo» 1952, Vitoria …
  133. Muestra de la viveza y apasionamiento con que se vivía la problemática misionera es la polémica entablada en las páginas de «Incunable» acerca de las estrategias y predicaciones utilizadas en las misiones. Las críticas lanzadas por Andrés Fuentes en su artículo «Misiones Populares» -Noviembre de 1955- y «La cuestión en su punto» -Marzo 1956- son el detonante de las inmediatas y apasionadas respuestas de varios misioneros tanto de la C.M. (Vicente de Dios «Sobre Misiones Populares» -Enero 1956-, Sabino Pérez «Anotaciones a un artículo» -ídem-, Amador Sáez «Eficacia de las Misiones» -Marzo 1956-) como de la Hermandad (Pedro Gómez «Más sobre Misiones Populares» -Julio 1956-) y Claretianos (Pedro Tura «Misiones Parroquiales» -Enero 1957- y «Deshaciendo objeciones» -Febrero 1957-. Similar polémica, aunque de menos viveza, es la entablada, ya al finalizar el período, con motivo de las misiones de Pamplona «distinta, nueva, revolucionaria» y Cáseda «misión al viejo estilo» (Vide: Fernando Delgado «Misión de Pamplona» Anales 1964 pp.452-456 y Victorino Carballo, ídem, pp.337-343) y en las que intervienen, junto con los anteriores, el periódico «El Pensamiento Navarro» y el Director de la misión de Pamplona, Javier Azagra.
  134. De hecho únicamente hemos encontrado las «patentes» de los Obispos de Teruel -1950- y Tarazona -1960-, cuyos contenidos son similares a las insertadas en otros apartados.
  135. Lo que allí pasó [misión del Nervión] se achacó a «falta de ambiente»; se dice «esa falta de ambiente tiene una explicación. No se quiso lanzar al viento la noticia hasta última hora, para no dar tiempo a que se organice la contramisión. Y es costumbre en estas grandes misiones que el diablo organice una contraréplica misionera. El trabajo se lo hace al diablo la Radio Moscú y sus filiales, tales como Radio Independiente y otras. Ya es viejo en estas radios honrarnos con sus diatribas y hacernos pasar ante ciertos medios como emisarios de Franco» AnM. 1953 p.360.
  136. Vide PARTE PRIMERA, Capítulo II, 3.1.
  137. Las Crónicas escritas por los responsables de ambas «partes » de la misión difieren sustancialmente. La escrita en los Anales de la Congregación por el Coodirector de la Hermandad se refiere a la Misión únicamente referida a la primera parte añadiendo una especie de Apéndice de charlas sociales; sin embargo, la escrita en el Boletín Diocesano por el Coodirector Diocesano refleja la Misión como la ocurrida en la segunda parte con una Introducción para mover al pueblo a cumplir con sus obligaciones espirituales.
  138. Los temas desarrollados en esta Semana Social fueron, entre otros, la Dignidad de la persona humana, la Redención del proletariado, la Participación en los beneficios, la empresa, Factores de solución, Sentir con la Iglesia…
  139. «Apostolado conjunto de los religiosos federados. Historia de la FEDAP». Ed. FEDAP, Madrid, 1969.
  140. Del «Primer Congreso de Misiones Parroquiales», del que nace la FEDAP, realiza una breve reseña Veremundo PARDO en Incunable, Octubre 1956 p.6.; igualmente en AnM. 1956, pp.390-396; las ponencias en «I Congreso de Misiones Parroquiales», Loyola 1956. El «II Congreso de Misiones Parroquiales» se tiene en Madrid del 30 de Junio al 5 de Julio de 1957. Vide: Nicanor MORIONES, Incunable, Septiembre 1958 p.8. También José Luis CORTAZAR, AnM. 1958, pp.423-429 y Miguel PIQUER en AnB. Barcelona 1957 pp.311-319; las ponencias en «II Congreso de Misiones Parroquiales» Perpetuo Socorro, Madrid 1961. El «III Congreso» se tiene en Los Negrales -Madrid- los días 22-26 de Agosto de 1961. Vide: Veremundo PARDO, AnM. 1961 pp.463-466.
  141. AnM. 1956, pp.390-396.
  142. «II Congreso de Misiones Parroquiales», pp. 12-13.
  143. «Estatutos de la FEDAP», Madrid 1970, Título I, Artículo 2º
  144. Este asunto creará más de un conflicto. Sirvan de ejemplo las palabras siguientes: «La [misión] de Jerez de la Frontera [1964]… se realizó con la exclusiva organización y dirección de la Hermandad Misionera. Igual suerte sigue la de Sevilla… Será conveniente que la Asamblea General [de la FEDAP] determine con toda urgencia y precisión la forma de cumplir estos cometidos misionales que, según el artículo 5º del Reglamento del Secretariado de Misiones de la FEDAP, deben confiarse a esta Organización misional cuando pasan de 40.000 almas, o se dan en zonas de dos o más arciprestazgos. De este modo el problema de la actuación conjunta de los misioneros de la FEDAP tendrá un cauce normal, desapareciendo este principio desintegrados de la unión tan necesaria como deseada por todos» «Apostolado Conjunto. Historia de la FEDAP» p. 28. En la misión de Jerez el equipo estuvo formada por 49 Paúles, 45 sacerdotes diocesanos y 17 religiosos que «fueron incorporados con la condición de que aceptasen los métodos y el temario de la Hermandad y se sometiesen a su disciplina» AnM. 1964, pp. 305.
  145. El tema de integrar a todas las Asociaciones Misionales se suscita en el II Congreso de Misiones Parroquiales. La Asamblea no se atrevió a rechazarlo pero tampoco vió, por el momento, adecuado hacerlo. AnM. 1957, p.316.
  146. Para la FEDAP «La Misión es un acto fundamental de la Pastoral parroquial que se dirige a la conversión en sentido pleno, a reforzar las instituciones eclesiales de la parroquia y a formar la conciencia recta de los que han de cambiar las estructuras temporales» AnM. 1961, pp.463-465.
  147. AnM. 1960 pp.809-810
  148. Las Crónicas que escriben los misioneros paúles que participan en misiones de la FEDAP muestran este malestar.

    – «Primera capital [Almería] donde organiza la Misión la FEDAP. El temario es el aprobado en la última reunión de la FEDAP de Madrid. Discrepa bastante del nuestro, sobre todo en el tema de la Confesión, al que dedica sólamente dos pláticas. La explicación de los Mandamientos se hace por la noche y no por la mañana, según nuestro modelo» AnM. 1958, p.239.

    – «Insuficiencia [Cartagena] de altavoces, temario general anulado por conferencias, poca atención a las barriadas, unión de casados-as, solteros-as, salidas de tono al emplear en concentraciones generales cánticos exclusivos de una congregación» AnM. 1958, p.568.

    – «Para nosotros, acostumbrados a las grandes misiones, preparadas con un año o dos de cuidadoso estudio y tanteos de ambiente y sus responsabilidades, resultó francamente sorprendente conocer que esta monumental misión [Buenos Aires], para ocho millones de habitantes había tenido relativamente muy poco tiempo de preparación… Dos facetas nuevas: 1ª: el temario. En contraposición a nuestros temarios tradicionales, ideados para sacudir psicológicamente con el temor y producir como reacción el acercamiento al confesonario, éste de la gran misión era en sustancia una iniciación cristiana de adultos, un plan perfecto de exposición teológica de nuestra fe. 2ª: el Párroco responsable inmediato único de cada centro» AnM. 1960, pp.804 y ss.

    – «Esta vez [Salamanca] la organización la llevaban los de la Curia quedando al margen los misioneros…; todo fue improvisado. Ni preparación, ni ambientación, ni propaganda» AnM.1961, p.290.

    – Se dice que hubo [Barcelona] «revuelo de congregaciones, clero diocesano que desplaza a los misioneros, propaganda impresa abundante pero deficiente, propaganda personal nula, sin preparación de cantos, conferencias especializadas que distraían, altavoces exteriores escasísimos, un notable desacierto: sólo dos instrucciones sobre la confesión» AnM.1961, p. 241.

    – «En los tres centros [Vitoria] hemos tenido los Paúles que extremar nuestra prudencia que pusieron a prueba ya recordando el entusiasmo y fruto de la misión anterior ya comparando con otros centros la satisfactoria asistencia al mismo» AnM. 1962, p.235.

    – «Nos ajustamos [Valladolid] en lo posible al temario [de la FEDAP] todavía sin digerir ni organizar» AnM. 1962, p.229; «¿Resultados [Pamplona]?: los alejados no entraron porque se suprimieron los medios de atración; los misioneros… habíamos estado sufriendo durante quince días por no poder desenvolvernos a gusto con aquellos métodos [sin acto de entrada en cada centro, sin niños, los misioneros sin crucifijo, sin conferencias especiales, sin manifestaciones públicas, controlada por los párrocos, sin aires en la prensa] y temarios; los temarios tenían todo lo que se debe decir en una Misión, pero el orden y el modo resultaban improcedentes» AnM. 1964, pp. 452-456.

  149. Las relaciones de la HERMANDAD SACERDOTAL con la FEDAP merecerían un estudio más detallado. La escasa colaboración de ambas instituciones y algunos documentos, al margen de las opiniones de los misioneros particulares, nos hacen pensar que fueron desde los inicios bastante tensas, aunque externamente se mantengan las formas.

    – De una carta del 18 de Diciembre de 1957 del Asistente Nacional de la HERMANDAD al Director Nacional: «De la CM han salido panegiristas entusiastas de la FEDAP, y públicamente. Pero la Hermandad (que es más de la CM) todavía, que yo sepa, no los tiene» (Carta de Don Librado Callejo al P. Vicente Franco).

    – Ídem del 29 de Noviembre de 1962: «[…] No se nos crea tan incompetentes a los sacerdotes diocesanos como para admitir que la CONFER sea capaz en buena lid de triunfar en competencia con la Hermandad (si es que Dios aprobara tan bajas rivalidades). Ni tan ingenuos que no descubramos el manejo de crear la FEDAP como salida y recurso de sustituir con ventaja (¿tan malos y peligrosos somos?) a la Hermandad Misionera.[…] Tanto más cuanto que sirve de lección de los religiosos. También ellos caben a nuestro lado en la Hermandad (Base IX y Reglamento art.4,c), deponiendo procedimientos propios y sometiéndose con humilde sencillez y uniformidad a los métodos y espíritu vicencianos, como nosotros. ¿A qué vino, pues, crear la CONFER si la partida de nacimiento de la Hermandad es muy anterior y sin la menor violencia podía convertirse en CONFER y FEDAP, incorporándose los religiosos a la Hermandad?. ¿Para qué multiplicar las instituciones si no son necesarias y si, por desgracia, iba a plantearse la lucha?. Objetivamente nadie puede sostener la conveniencia (ni se hable de necesidad) de crear la CONFER o FEDAP si no es para dar la puntilla a la Hermandad, eliminando de paso al clero secular».

    – Carta del P. Langarica, 14 de Marzo de 1963, a algún misionero [Posiblemente Jacinto Fernández] de la Casa de Sevilla: «La FEDAP se mueve. Ya lo sé. Pon en guardia al P. Domingo [Visitador] para que no se deje sorprender. Ya sabemos que el «enemigo» ha de hacer cuanto sepa para destruir una obra que tanto teme. Esto nos debe alentar para seguir adelante. Alerta siempre. Temo a los de casa más que a los de fuera. El demonio sabe disfrazarse de «angel bueno». Habla con el P. Ibáñez sobre las «andanzas» de quien tú sabes. Y que las sepa el P. Visitador. Si no jugamos todos en la luz y con las cartas boca arriba, no haremos nada de provecho. Y… adelante con valentía pero con prudencia, sin confundirla con otras cosas».

    – En la reunión del Consejo de la Hermandad de 17 de Abril de 1963, se indica: «11. Las relaciones de nuestra HERMANDAD con la FEDAP han de ser de la más delicada cortesía. Se consideró conveniente que el P. Provincial … les informe de la nueva reorganización de la Hermandad y les comunique las próximas misiones de Jerez y Sevilla. Acerca del problema de invitar a los frailes a los Cursillo que con ocasión de la Misión se han de organizar, se resolverá más adelante» («Libro de Actas de la Hermandad»).

    – Tras la misión de Jerez de 1964, indica la FEDAP: «Será conveniente que… determine… la forma de cumplir… que… debe confiarse a [la FEDAP y no a la HERMANDAD MISIONERA]… la organización misional cuando pasan de 40.000 almas» («Apostolado Conjunto. Historia de la FEDAP» p. 28).

    – Reunión del 10 de Abril de 1964 del P. Langarica (C.M.) con la Junta de la FEDAP a propósito de la misión de Sevilla. A esta reunión asisten, al menos, dos miembros de la FEDAP (Constantino Martínez y Elías Valcanera) y dos de la HERMANDAD (Pedro Langarica y el autor de las Notas). De estas Notas manuscritas podemos deducir que la reunión fue tensa y larga («la reunión duró de 6 a 8 y media de la tarde») y sacó a la luz no sólo los problemas institucionales que «separaban» a ambas organizaciones sino también los «enfrentamientos» entre significativos misioneros. Permítasenos, por respeto hacia ellos, mantener de momento en el Archivo estas últimas referencias. «El P. Constantino Martínez, OP, Secretario [de la FEDAP], proponía que la misión de Sevilla se diera a través de la FEDAP por la norma de la FEDAP que cuando pasa de 50.000 almas sea por la FEDAP y a través de ella». […]. «Decía que dependía del P. Langarica el que la Misión de Sevilla se dé a través de la FEDAP. El P. Langarica decía que no; que depende del Cardenal de Sevilla». […]. «Cuando más se enfadó, casi brutalmente, fue cuando el P. Langarica les indicó que tenían que misionar los religiosos emparejados a la HERMANDAD»[…]. «Decía también: es que la Misión de Sevilla tendrá mucha resonancia y entonces ¿qué va a ser de la FEDAP…?» […]. «El Consejo de la FEDAP admitió, por fin, tomar parte en la futura misión de Sevilla con estas condiciones: 1) someterse a temario y procedimientos; 2) asistir a los cursillos; 3) ser emparejada con PAÚLES o CURAS SECULARES, o sea, con miembros de la HERMANDAD; 4) rellenar la ficha de inscripción a la HERMANDAD, para saber las cualidades de cada uno; 5) no misionar en las propias iglesias; 6) que los misioneros los proporcione el P. Valcanera, CMF, [Vicedirector de la FEDAP] como amigo de Langarica no como de la FEDAP». […]. «Viene el P. Valcanera a Langarica a decirle que las condiciones aceptadas habían armado gran revuelo en el Consejo de FEDAP. Quería más número y sin someterse a los Cursillos, métodos, etc… y querían misionar en sus Iglesias. Querían que los misioneros que se dieran a la Misión de Sevilla se dieran a través de la FEDAP. Nosotros nos mantenemos firmes en las condiciones». Al final se aceptaron las seis condiciones, los religiosos participaron en la misión de Sevilla, pero la herida permaneció abierta.

    – Carta del 23 de Abril de 1964 del P. Langarica al P. Enrique Velayos, CM.: «Creo que ha llegado ya el momento en que todos los Paúles nos preocupemos a fondo de la Hermandad, máxime si tenemos en cuenta que los Jesuitas se están dando prisa por crear otra similar a la nuestra. Así se lo comunicó al P. Visitador el Sr. Obispo Auxiliar de Sevilla».

    – Resumiendo el año 1965, indica la FEDAP: «Se han destacado las misiones de Sevilla… y Santiago de Compostela, en las que han actuado religiosos y sacerdotes seculares, ateniéndose a los deseos explícitos de sus respectivos Prelados. La FEDAP ha aprobado esta actuación por el momento, pero se ha lamentado de la exclusividad de dirección [HERMANDAD]…» («Apostolado Conjunto… Historia de la FEDAP» p.36).

    – En la reunión de Consejo de la Hermandad del 20 de Diciembre de 1966 se indica: «Conviene escribir una carta a la CONFER pidiendo aclaración sobre la reseña que hace en su último número «CONFER» sobre la Hermandad… Aunque la carta no sea pública sí que interesa mostrar nuestro desacuerdo ante los juicios tan faltos de objetividad que sobre la Hermandad transcribieron» (Libro de Actas de la Hermandad).

    – En la reunión de religiosos dedicados a misiones del año 1968 realizada por iniciativa de la Comisión Episcopal de Pastoral se indica: «Quieren ver [los Obispos] aunado a todo el Clero: Equipos Diocesanos, FEDAP, Hermandad Misionera, etc… con relaciones permanentes y con sentido de universalidad» (Apostolado Conjunto … pp.72-73);

  150. Dadas las fechas en las que nos movemos resulta extremadamente complicado disponer de más documentación e, incluso, publicar parte de la que nosotros disponemos.
  151. «Me consta que el mismo Vicario General llegó a decir: ¡no suspendo la Misión por no dar una campanada!» (LC a DG, Carta del 29 de Noviembre de 1962).
  152. «En Palma hubo Jefe, no Director General», «el P. xxx, manda, no escucha», «a la Misión le va muy bien un Director General… le va muy mal un Dictador», «la misión no tuvo Director, tuvo Dictador», «El Director de la misión de Palma no es hombre de masas. Que no es igual dictar una lección detrás de una mesa que conducir y fascinar a las muchedumbres…» (Ídem).
  153. «Sigo sin saber qué pecado cometió la Hermandad para condenarla año tras año al cepo del olvido, amordazándola previamente» (Ídem).
  154. «Y para terminar déjeme en nombre de todos los sacerdotes diocesanos que pertenecemos a la Hermandad agradecer cordialmente a V.R. haber sacado a la Hermandad de su letargo» (Ídem).
  155. «Ni comprendo como los «panegiristas» de la Hermandad seamos los sacerdotes diocesanos, y no los sacerdotes de la Misión, cuya gloria es. Nosotros no pasamos de ser modestos soldados de filas» (Ídem).
  156. «¿A qué vino, pues, crear la CONFER si la partida de nacimiento de la Hermandad es muy anterior y, sin la menor violencia, podía convertirse en CONFER y FEDAP, incorporándose los religiosos a la Hermandad?.¿Para qué multiplicar las instituciones si no son necesarias y si, por desgracia, iba a plantearse la lucha?. Objetivamente nadie puede sostener la conveniencia (ni se hable de necesidad) de crear la CONFER o FEDAP si no es para dar la puntilla a la Hermandad, eliminando de paso al clero secular» (Ídem).
  157. «Estamos dolidos porque se ha despreciado al clero secular, y que la Congregación de la Misión ni siquiera alzara la voz (ya sé que ha habido «voces» que resonaron en el vacío) y dejara morir a la Hermandad -que a eso está condenada-, lo creemos injusto».[…] «Nosotros fuimos injustamente desreciados y humillados («no servimos para misionar» se ha dicho en sesiones públicas)»… Y lo que ha abierto herida más ancha entre nosotros es que la Congregación de la Misión no tratara de rescatarnos y salir por los fueros de la verdad y de la justicia y ¡hasta de la caridad!» (Ídem).
  158. «No se nos crea tan incompetentes a los sacerdotes diocesanos como para admitir que la CONFER sea capaz en buena lid de triunfar en competencia con la Hermandad (si es que Dios aprobara tan bajas rivalidades). Ni tan ingenuos que no descubramos el manejo de crear la FEDAP como salida y recurso de sustituir con ventaja a la Hermandad Misionera» (Ídem).
  159. «La Hermandad … puede dar mucha gloria a Dios y a la Congregación, si se despoja de prejuicios y partidismos estériles, y procura no enredarse en cuestiones personales que dividen y no edifican» (Idem).
  160. «El problema, pues, no se planteó ahora, se planteó desde el principio. Se agravó con la enfermedad, en la que me temo hayan tenido buena parte la decepción, la soledad y la impotencia para acometer la obra careciendo de medios» (LC a DG, Carta del 24 de Enero de 1968).
  161. «Si tal situación se hubiese provocado en una casa de la C.M., en un Seminario, en una Parroquia, que el Superior enfermase, o tuviera que acudir a otro puesto ¿se hubiera buscado solución?. Seguro estoy que sí. Luego la Hermandad Misionera pesa mucho menos en la C.M. que cualquiera de esos campos. Por ahí llegamos al «abandono» que yo decía en mi carta» (Ídem).
  162. «En el seno de la Dirección Nacional hay una escisión muy ancha y muy profunda que explica muchas cosas y de muy atrás. Hablemos claramente. Existe rivalidad del P. Pardo, no sólo con el P. Dallo, también con el P. Langarica, con el P. Jacinto, con un servidor de Vd. Y con Eguaras y Barroso, salvando una diplomacia de sesiones, sin llegar a tanto como con nosotros, existe la distancia. El Director Nacional lo sabe porque trasciende. ¿El P. Domingo está con nosotros o con el P. Pardo?. Con nosotros, no. ¿Con el P. Pardo?. Pues, sí» (Ídem).
  163. «Con el nombramiento [para la Dirección General] del P. Pardo, la rivalidad no desapareció, se acentuaba y se acentuó, amparado el P. Pardo en su cargo y respaldado por el P. Director» Idem).
  164. Se lo aseguro. «Si celebrásemos Asamblea (han pasado 2 años) ¿qué podríamos ofrecer a los miembros seculares de la Hermandad… Y les prometimos tanto… Fichero, revista, organización, locales, cultivo espiritual… Quiere concretarme, P. Domingo, los avances logrados por la Hermandad en los seis años que Vd. la dirige?. Y son SEIS años. Y otros SEIS antes. ¡¡12 años!!. Respondiendo siempre el clero secular. ¿Es o no, «tomadura de pelo» como le decía?» (Ídem).
  165. «No me mienta, P. Domingo, que los mentirosos y los hipócritas indignaban al Señor. No me diga que el P. Langarica le pidió al P. Dallo para Director de la Misión. ¡No es verdad!. He visto copias de cartas en la Vicaría de Pastoral de Oviedo, hablé de este tema con Somoano y con el Sr. Arzobispo. No me quiera mentir» […] «que la Misión de Asturias no resultó mal en conjunto, ni mucho menos, me dice V. Pero no sería por las facilidades que dió el D.N., sino pese a los obstáculos que interpuso» (LC a DG, Carta del 24 de Febrero de 1968).
  166. «En todo caso conociendo como conocía V.la situación de esa Misión por qué, como D.N. de la H.M., no se dio una vuelta por allí y tomó la Dirección, estando como estaba inutilizado el Vicedirector Nacional y con tantas complicaciones como surgían?. Hubiera visto lo que significaba carecer de medios de locomocación, Oficina Central, propaganda… todo ésto que V. prometió enviar y luego no lo hizo. Inconvenientes de coincidir ambos cargos en una misma persona. La cenicienta resulta ser siempre la H.M.» (Ídem).
  167. Carta del 1 de Abril de 1968
  168. «Yo no sé lo que pasará cuando V. termine el mandato. Le adelanto lo que yo estoy dispuesto a hacer y haré, Dios mediante. Después de un compás de espera prudencial… si la H.M. no se despereza… y entra por el camino de la eficacia, formularé un escrito que ofreceré a los miembros seculares de la D.N. para suscribirlo conjuntamente. Si ellos no se decidieran, lo haré yo personalmente. El escrito llevará dos partes: 1ª) lo que es la H.M. en sí misma. En síntesis, poco más o menos, las ideas del P. Langarica en Roma expuestas a la Jerarquía española. 2ª) Lo que es realmente la H.M.: con datos, nombres, fechas, acontecimientos, etc. y oposición de los Directores Nacionales a la Obra. Síntesis histórica y actual. Las copias de ese escrito las enviaré al Sr. Nuncio de S.S. (por si van a contarle maravillas de la H.M. algunos miembros de la C.M.), a todos los Srs. Obispos y a los responsables más acreditados del clero secular de cada Diócesis. ¿Fin?, salvar nuestra responsabilidad. No hemos conseguido en muchos años lo que era factible en menos tiempo. Hacer honor a la verdad. Que tengan una información objetiva y sincera, hecha por miembros del clero secular y vocales de la D.N. Rogar a la Jerarquía que se desentienda definitivamente de la C.M. para ese cometido porque o no sabe o no quiere o no puede llevarlo adelante. Demasiado tiempo han estado jugando con los Srs. Obispos y con nosotros. Ya estamos hartos de buenas palabras, promesas, disculpas, y en estas condiciones, la H.M. -lo repito otra vez- al clero secular nos inspira compasión o escepticismo o asco. Que piense, además, la jerarquía, en crear otra Hermandad (o como se quiera llamar) Nacional con esa finalidad, pero dinámica y coherente, y al margen de la C.M. Con miembros ya cuenta. Y entrenados. Y entusiasmo les sobra. Esté seguro que lo haré, si llega el caso. Y saldrá su nombre y tejeré su historia verdadera, y su política de mal «gusto» también quedará al descubierto»
  169. AnM. 1969, «En torno a la Asamblea General» pp. 277-280
  170. «El temario tradicional debe quedar intacto en su sustancia viva. Se vuelve al sentido cristocéntrico, a un modo más dogmático sin descuidar en nada la parte moralizadora e incrementando la vida sacramental total y no sólo la confesión. Intensificar el aspecto eclesial, comunitario y de caridad» Reunión de misioneros para adaptar el temario. AnM.1961, p.390; «La misión no se entiende ya con una finalidad exclusiva de poner orden en las conciencias y de volver a la práctica religiosa. Se desea trabajar la parroquia en su conjunto, levantar o reanimar el espíritu comunitario, estimular el celo apostólico y formar cuadros de militantes. Se trabaja en grandes zonas y por equipos de diversas familias religiosas. La fórmula tradicional de la misión separada por parroquias por uno o dos misioneros, tiende a desaparecer, por lo menos donde la otra fórmula es realizable» P. Slattery, Superior General de la C.M. AnM. 1965, p.493; «También coincidirán conmigo en que el antiguo sistema de misiones está llamado a desaparecer. Me refiero a las Misiones aisladas en pequeños núcleos de población. La moderna pastoral misionera los rechaza. Hoy se imponen las misiones colectivas en grandes zonas o áreas de población de iguales o parecidas características» P. Langarica, AnM. 1965, p.733; «Necesidad y actualidad de las misiones populares permanentemente renovadas como medio extraordinario de evangelización «Semana de Estudios sobre misiones populares», AnM. 1972, pp. 371 y ss.
  171. Como punto de arranque se presenta la Evangelización como liberación integral del hombre, ya desde ahora; entiende esta liberación, originariamente, como liberación del pecado, y derivadamente, como liberación de todas las consecuencias personales y comunitarias del pecado. Acepta la necesidad y actualidad de las Misiones populares, permanentemente renovadas, como medio extraordinario de Evangelización; considera igualmente que la misión será siempre complemento de la Pastoral ordinaria, y medio eficacísimo para transmitir el mensaje evangélico con sus características esenciales de novedad y encarnación; necesidad urgente de insertar las misiones en la Pastoral de conjunto a escala parroquial, diocesana y nacional, en todas sus fases de preparación, desarrollo y postmisión; reconocimiento de la multiplicidad de formas de misiones; se ve como necesaria la participación activa de la Religiosa y del seglar en la misión. Basados en estos principios se solicita a los Superiores: 1º: que en la revisión de obras se tenga en cuenta la necesidad de la acción misionera en el campo de la evangelización; 2º: que se creen, alienten y potencien equipos de misioneros fijos -sacerdotes, religiosos, religiosas, seglares- bien preparados y específicamente dedicados, en todo o en parte de su tiempo, a las misiones populares; 3º: que los miembros de estos equipos misioneros sigan perteneciendo a sus comunidades de origen y que se sientan comprometidos con ellas en el mismo esfuerzo por la difusión de su mensaje; 4º: que se organicen cursillos de formación misionera, de carácter abierto, tanto a métodos como a personas». AnM. 1972, pp. 371, 479-492, 557-573. «Las Misiones Populares, hoy», La Milagrosa, Madrid 1973.
  172. En esta línea de renovación, pero ya fuera de lugar, debemos situar la publicación del último «Manual del Misionero» en 1963 con la intención de que «reine la uniformidad vicenciana en todo cuanto sea posible» pero que mantiene fundamentalmente el mismo esquema y contenidos del publicado por Eugenio ESCRIBANO en 1948. Igualmente la propuesta en 1966 de Veremundo PARDO («Pastoral de Misiones Parroquiales» pp. 175-201) de un nuevo temario que, aún recogiendo algunas nuevas líneas teológicas, especialmente de la Cristología y Eclesiología, está pensado para unas estrategias que ya no tienen sentido. Junto a estas realizaciones se introducen algunas prácticas aisladas y que sólo años después serán debidamente sistematizadas. «Eficacia imprescindible de los seglares. Es su hora… como la de la juventud. Hay que buscar una empresa postmisional que siga arrastrando las energías de la juventud. Se impone la creación de parroquias nuevas» Misión de Chiclana, AnM. 1965, p.329; «No poner como centro de atracción ninguna imagen o devoción particular; la propaganda y los altavoces se hizo procurando no molestar a nadie y solo en los centros dispersos y alejados de los templos; el plan de pastoral orgánico se unió al de la misión; no sacar apenas el rosario fuera de las Iglesias; no concentraciones de rosarios o misas en el domingo central …» Misión de Ávila, AnM. 1966, pp.175-176; «Por consiguiente, las Misiones tradicionales, tan criticadas y debatidas en ciertos sectores, tienen una razón de vida, siempre que salven estos principios pastorales: coordinación misioneros-pastoral diocesana, orientación a la parroquia: comunidades vivas de fe y sacramentos, y orientación más catequética e instructiva de nuestros temarios» Misión de Abarán, AnM. 1967, pp. 67-72…
  173. La actuación directa de los seglares es expresamente solicitada por el Cardenal de Sevilla para la misión de la Ciudad en 1965, AnM. 1965 pp.248-256, y provoca la colaboración, junto a otros grupos, de las Damas de la Caridad («Primer cursillo de orientación misionera a las Damas de la Caridad» AnM. 1966 pp.78-80). Las Hijas de la Caridad, a su vez, comienzan a hacerlo en la misión de Arriondas -Asturias- 1966, (AnM. 1966, pp. 185-187) continuando posteriormente de forma ininterrumpida hasta 1975. F. MENESES en «Las Hijas de la Caridad en las Misiones Populares Vicencianas de España», AnM. 1983 p. 665, señala que el índice de participación en estos años fue: 1966: 2 Hermanas; 1967: 66; 1968: 130; 1970: 44; 1971: 20; 1972: 9; 1973: 16; 1974:28; 1975: 30.
  174. AnM. 1960, p.294. También en alguna reunión provincial se habla de «la necesidad de crear un nuevo tipo de misión» An.1973, p.519.
  175. Dentro de las realizaciones novedosas debemos señalar la «Misión permanente de Andalucía Oriental» (iniciada en 1971) consistente en permanecer en una parroquia en torno a un año (Vide: «Una Misión Permamente en Andalucía Oriental» E. FUENTE, AnM. 1973 pp. 361-364, 385-387 y 456-460) y la de Caudete en 1975: «el plan inicial preveía una misión larga de al menos cuatro semanas. Pensamos que un aspecto fundamental del espíritu vicenciano en cuanto a las misiones debe ser su duración. La misión corta no sirve para los fines que pretendió San Vicente ni para lo que debemos pretender hoy»; el fin general de la Misión: «Predicar durante tres semanas el Evangelio a un pueblo de bautizados»; objetivos que lograr: «revisión de ideas cristianas básicas -entre ellas la proyección social-, sentar las bases para una catequesis posterior de inspiración conciliar en todo el pueblo, y suscitar en los más comprometidos -especialmente la juventud- una decisión por la vida de apostolado activo». En esta misión participarán tanto sacerdotes Paúles como Hijas de la Caridad y jóvenes seminaristas (Vide AnM. 1975, pp.434-439 y 512-545).
  176. Muy pocos años después, 1978, un veterano y experimentado misionero expresa crudamente la situación «¿Esperanzas del resurgir misional en España?. Humanamente pocas, ya que no se acaba de renovar adecuadamente ni la predicación ni el estilo de los actos misionales antiguos. Algunas comunidades como Jesuitas, Redentoristas y nosotros, seguimos misionando con pequeños equipos misioneros, la mayoría de gente veterana y bastante cascada ..» Veremundo PARDO «Resurgen las Misiones Populares» AnM. 1978, pp. 34-36.

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