Paris, abril 1645.
MONSIEUR,
¡La gracia de nuestro Señor esté con usted por siempre!
Estas líneas no son más que para anunciarle que el número de los misioneros de nuestra casa del cielo se ha aumentado hace poco con el feliz fallecimiento de uno de nuestros estudiantes. Es nuestro buen hermano Jamain, natural de Andieu, a quien Dios ha hecho dejar la teología escolástica para ir a aprender en un instante la celestial. Su vida ejemplar y su santa muerte nos hacen esperar piadosamente que él goza ya de la feliz inmortalidad de los santos. Mi plan no es exponerle aquí en detalle sus santas acciones, tanto porque no dispongo de tiempo, como a causa de no hemos celebrado la conferencia todavía sobre el tema de su vida y de su muerte. Me será suficiente por ahora decirle que no recuerdo haber visto nunca en él ningún vicio, y que poseía en un alto grado las virtudes que componen el espíritu de un Misionero, en particular la sencillez, la humildad, la mansedumbre, la sumisión, la exactitud, no sólo en el seminario sino también en la escuela, donde los más fervorosos, de ordinario, se relajan. Ha estado enfermo varias veces, y en esta condición ha demostrado siempre una gran paciencia y una gran resignación a la voluntad de Dios, aunque la interrupción de sus estudios le diera un motivo de mortificación. La última enfermedad que ha tenido tan solo ha durado ocho días; pero ha hecho y sufrido más durante esta semana por Jesucristo que en muchos años de su vida, por razón de las penas que pasaba eran más grandes y las virtudes que practicaba más difíciles; de manera que sorprendía cómo podía pensar en Dios. El mal le atacó de repente el domingo cuarto de cuaresma y fue un cólico muy violento que en pocos días se cambió en una inflamación del pulmón que se perdió en seguida. Es increíble qué grande era la opresión que padecía y punzante el dolor, y sin embargo manifestaba una paciencia extraordinaria y una notable ecuanimidad de espíritu.
Cuando le anunciaron las noticias de su muerte cercana, dio señales de estar ya todo resuelto, diciendo sin perturbarse: «Bueno, Señor, ¿y qué vamos a hacer entonces?» Recibió todos sus sacramentos con una devoción y con una tranquilidad nada comunes, y tuvo la suerte hasta de ganar el jubileo; y siempre se le vio casi hasta el último suspiro en la práctica de las virtudes que merecen el paraíso, pues hacía de vez en cuando actos de corazón o de palabra, particularmente cuando alguno le hablaba.
No estuvo en la agonía más que poco tiempo, habiéndole querido recompensar Dios, sin duda, en consideración de que ya había combatido bastante en salud por la virtud de la mortificación. No podría callarme las circunstancias menores que vimos antes y después de su muerte, que me parecen ser de buen augurio para este buen hermano. Ha tenido la suerte 1º de besar devotamente la cruz, inmediatamente antes de morir; 2º expirar en el instante en que se acababan las recomendaciones del alma, en estas palabras: Pervenire mereatur ad gloriam regni coelestis; 3º el último día de su vida ha sido el domingo de la Pasión de Nuestro Señor, y al mismo tiempo de san Francisco de Paula, cuya sencillez y humildad había practicado tan bien; 4º fue también el día de la apertura del jubileo; 5º ha sido inhumado frente por frente del crucifijo de Nuestro Señor, en la iglesia de San Lázaro; 6º algunos días antes de su muerte, predijo, contra el pensamiento del médico, que no pasaría de ese domingo.
Todo parece indicar que esto no sucedió porque sí, sino que como si Dios lo ha permitido, para hacernos conocer mejor el feliz estado de esta hermosa alma
Esto no será óbice para que, por favor, le preste los deberes acostumbrados, como lo ha hecho con el resto de nuestra compañía, y como lo hemos hecho ya aquí, habiendo cantado además un servicio solemne el día de su entierro, que se hizo el lunes 3 de abril. Dios nos conceda la gracia de imitarle en sus virtudes, para seguirle un día a la gloria que él posee.
Soy en el amor de Nuestro Señor y de su santa madre, Señor vuestro muy humilde y muy obediente servidor
VICENTE DE PAÚL,
indigno sacerdote de la Misión.







