Hija de la Caridad, sierva de los Pobres en Liancourt
Hoy, martes (hacia mayo 1649)
Querida hermana:
Alabo a Dios con todo mi corazón por su feliz viaje;1 tiene usted motivos para dar gracias a Nuestro Señor que en todo la conduce. Le ruego que consuele cuanto pueda a Sor Margarita de Fisme2 en sus aflicciones y en el motivo que ha tenido para darme sus quejas de Sor Luisa3 y Sor Clemencia.4 Yo la ruego, sobre todo, que considere que no somos perfectas y que Dios permite a veces que estemos sujetas a cometer faltas para humillarnos. De otro modo, la soberbia que es un pecado capital nos llevaría a condenarnos.
Si Dios quiere, mandaremos la carreta lo más tarde el jueves: hará usted el viaje de regreso en dos días para no hacer tan largo el trayecto de una vez, dada la debilidad de nuestra querida Hermana, a la que saludo con todo mi corazón. Espero que su regreso acá será muy provechoso para su salud. Salude también a mi querida Sor Magdalena y a nuestras demás hermanas, y le ruego diga a Sor Clemencia que tengo gran consuelo cuando recibo noticias suyas pero que en cuanto a su viaje acá, le suplico tenga un poco de paciencia, con lo que no perderá nada, ya que ahí tiene ocasión de ejercitar su caridad y mansedumbre de una manera complaciente con nuestra pobre y querida enferma, a quien también haremos venir, Dios mediante, tan pronto como sea del agrado de Nuestro Señor. Aun cuando los gastos del transporte en carreta no son por cuenta del hospital, es justo, sin embargo, que los de las personas sí lo sean, excepto los de usted. Me figuro que no dejará usted de tomar consigo todo lo necesario para aliviar a la enferma; vaya a despedirse del señor cura, lo mismo que le saludó usted al llegar, y presente nuestro afecto a todas nuestras hermanas. Créame en el amor de Jesús Crucificado, mi querida Hermana, su muy humilde hermana y servidora.







