Luisa de Marillac, Carta 0190: A mi querida Sor Turgis

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luisa de MarillacLeave a Comment

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Author: Luisa de Marillac .
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Hija de la Caridad al servicio de los pobres, en richelieu

(hacia abril de 1647)

Queridas Hermanas:

Hace mucho que no tengo el consuelo de recibir carta suya y también hace mucho que yo no les he escrito, con gran sentimiento de mi corazón, que me lo ha reprochado muchas veces; pero no estaba todavía restablecida de la enfermedad que tuve este invierno, cuando recaí con otra más peligrosa aún, de la que apenas empiezo a mejorar;¿no me excusarán ustedes, a vista de todo esto, queridas Hermanas? así quiero esperarlo de la bondad de sus corazones. Pero ¿cuál es el motivo de que Sor Ana1 no me escriba? ¡Me daría tanta alegría! Por mala que sea su letra, ¡por favor, Sor Turgis, haga usted que me escriba! Les incluyo una carta de Sor Luisa Proust2 para que hagan el favor de entregarla en Parthenay. Supongo que se han enterado ustedes de la muerte de nuestra pobre Sor Micaela3 Si ven a alguno de sus familiares, pueden darles la seguridad de que ha tenido una muerte que debe serles de gran consuelo; si puedo, escribiré a su padre. Hemos sentido mucho su pérdida porque, verdaderamente. era una buena Hermana. Nuestra Sor Juana Roux4 está bien. ¿No tienen ustedes por ahí jóvenes que quieran ser de las nuestras? Estamos muy necesitadas de ellas; pero han de ser muy buenas. Pidan a Dios que nos las envíe; desde hace seis meses, hemos tenido a tantas enfermas, que nuestra enfermería no ha dejado de estar llena. Estas son, queridas Hermanas, parte de las noticias que quería darles, en espera de las suyas. Las saludo a las dos, y soy en el amor de Jesús Crucificado, queridas Hermanas, su muy humilde Hermana y servidora.

P. D. Nuestra querida Sor Micaela deseó, unos días antes de su muerte, tener todas las señales de que moría como verdadera Hija de la Caridad, lo que el señor Vicente le concedió y fue para ella de un consuelo indecible. Durante quince días, su enfermedad fue un pequeño martirio, en el que mostró una paciencia admirable.

  1. Sor Ana, de Richelieu (ver C. 175 n. 4).
  2. Luisa Proust, de Parthenay Tenía un hermano en la Congregación de la Misión.
  3. Micaela, oriunda de Richelieu. La envió el señor Portail en 1646.
  4. Juana Roux, otra Hermana joven también procedente de Richelieu.

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