Luisa de Marillac, Carta 0176: A mi querida Hermana Sor Isabel Martin

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luisa de MarillacLeave a Comment

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Author: Luisa de Marillac .
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Hija de la Caridad, Sierva de los Pobres en el Hospital de Nantes

(octubre de 1646)

(Falta la primera hoja de esta carta)

.. mucho debemos estimar la caridad y el trabajo que esos señores se toman con nosotras. ¿Qué piensan ustedes, queridas Hermanas, que les pide Dios en reconocimiento por tantas gracias como les concede? Es la fidelidad a su servicio en todos los puntos de su reglamento, y sobre todo queridas Hermanas, la tolerancia cordial de unas a otras, la condescendencia y sumisión y el buen entendimiento. ¿Leen ustedes su reglamento y sus oficios? ¿Rezan, mañana y noche, las oraciones con los enfermos, el Benedicite y las «gracias» antes y después de las comidas? Tienen servilletas en las camas de los enfermos? ¿Las tienen bien limpias? Pero, sobre todo, queridas hermanas, ¿tienen ustedes un gran amor por su salvación? Porque esto es lo que nuestro buen Dios espera en particular de ustedes, y piensen que no tendrán que responder de ellos sólo durante el tiempo que pasen en el hospital, sino también de las faltas que cometan en sus confesiones si no han hecho ustedes lo necesario para instruirles sobre la forma de hacerlas bien; y también si dejan de exhortarles, antes de que se marchen, a llevar una vida como Dios manda. No es, queridas hermanas, que quiera yo atemorizarlas, pero sí quería ayudarlas a tener tanto amor a nuestro buen Dios, que llegasen ustedes a pensar con frecuencia en los medios que pueden emplear para ayudar a las almas a que le glorifiquen.

Ahí tienen a nuestras dos Hermanas1 que les enviamos llenas del deseo de seguir los buenos ejemplos que ustedes les den para trabajar virtuosamente en el servicio a los pobres por amor de Dios. Hemos escrito ya, desde que regresé, a Sor Isabel2 y a Sor Catalina Bagard,3 y después he enviado la carta del buen enfermo Hermano Melais.

Encomiéndenme a las oraciones de éste y a las de todos los demás señores. Y a ustedes les encarezco, por amor de Dios, que les presten el servicio que deben con gran mansedumbre y respeto.

Buenas noches, queridas Hermanas, rueguen a Dios por nosotros: soy en su santo amor su obediente hermana y servidora.

  1. Enriqueta Gesseaume (ver C. 86, n. 1) y María Thilouse (ver C. 177, 3).
  2. Isabel Martin, la Hermana Sirviente (ver C. 27 n. 1).
  3. Catalina Bagard (ver C. 84. n. 4).

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