Luisa de Marillac, Carta 0165: Al Señor Vicente

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luisa de MarillacLeave a Comment

CREDITS
Author: Luisa de Marillac .
Estimated Reading Time:

Hoy, martes 21 de agosto (1646)

Señor:

Supongo habrá usted recibido la carta en la que le decía que me parecía que la divina Providencia quería que siguiésemos lo ordenado por usted en cuanto a la dirección de nuestras Hermanas, y también la gracia que su bondad nos ha concedido en las dificultades que yo le había manifestado sobre Sor Petra.1 Creo que nuestras Hermanas tendrán como confesor ordinario el2 de las Religiosas de la Visitación que se ofrece a ejercer en el hospital el cargo de capellán, en lugar del que hay desde hace mucho tiempo; temo que esas buenas religiosas nos culpen de la contrariedad que van a tener con ello, todavía no lo saben y por mi parte haré lo posible por tener el honor de verlas antes, para que no me lo echen en cara, aunque yo no he contribuido para nada en el asunto.

Le agradezco humildemente, mi muy Honorable Padre, la bondad que ha demostrado con mi hijo, lo que me tranquiliza mucho. El día en que tuve el honor de recibir su carta, había sentido en mí un fuerte deseo de dárselo a Dios, abandonándoselo por completo, y esto me ayudó a soportar la noticia que su caridad me daba.3

Espero que mañana podrán quedar terminados nuestros asuntos con estos señores; no habrá ya más que aguardar a que lleven a cabo los arreglos que he pedido a estos señores y ver a nuestras Hermanas durante un poco de tiempo en la práctica exacta de sus reglas, cada una desde su puesto; pero el temor de concederme una satisfacción no necesaria y de caer enferma, me hace decidirme a marchar la semana próxima para ir a Angers y allí tomar la carroza, si me mantengo en el buen estado de salud que Dios me está concediendo. Sor Juana Lepintre4 me ha dicho que un eclesiástico ha pasado por allí para que me dijeran fuera yo por Le Mans, lo que no pienso hacer, al menos para detenerme, a no ser que su caridad me lo ordene y me advierta lo que allí he de hacer. Siento que mi hijo no haya aceptado el honor que le hizo usted de ofrecerle su casa. ¡ Dios mío! pienso no voy a ser escuchada en mi petición de que se convierta de veras, me parece que el mal que ha tenido es de cuidado, más de lo que él se piensa; pero temo que se haga el sordo y no quiera dar entrada en su espíritu al temor por miedo a que no le impulse a una feliz mudanza. No sé nada de la salud de usted y esto me preocupa un tanto; por amor de Dios, señor, le ruego me tranquilice a este respecto.

Creo que las señoras del Hospital General estarán muy satisfechas de mí cuando vean que no he dejado de escribir; lo que me extraña es que yo las preocupe tanto, porque no lo merezco; pero, y Dios lo sabe, ¿cómo lo permite? Es sin duda para humillarme. Echo un poco la culpa a su caridad de los honores que aquí se nos dispensan. En nombre de Dios, señor, no engañe usted más a nadie acerca de mí, me toman por una gran señora. Yo creo que no queda ni una sola señora de distinción que no haya venido a vernos, y hay personas que han venido exprofeso del campo. ¡Ah! y ¡cómo arderé un día, y qué confusión será para mí! ¡Que se cumpla la voluntad de Dios!, señor, en la que soy su muy obediente servidora e indigna hija.

  1. Petra de Sedan, salió de París con Luisa de Marillac y se quedó en Angers.
  2. Señor de Joncheres (ver C. 161, n. 3).
  3. Miguel Le Gras estuvo gravemente enfermos y el señor Vicente mandó a dos Hijas de la Caridad para que lo cuidaran.
  4. Juana Lepintre, que sustituía a Luisa de Marillac como superiora, en París.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *