Le Mans
Hoy, 25 de mayo de 1646
Señor:
Si su caridad no conociera ya hace tiempo nuestras miserias, yo diría que nuestro buen Dios se las quiere hacer experimentar con las dificultades que El dispone tenga usted en la negociación del asunto en el que con tanta generosidad está trabajando por el servicio de sus pobres. Para mí es una gran confusión el pensar que sólo nuestras ruindades y malas disposiciones son las que causan tanta perturbación para aceptar nuestros servicios ahí. Le ruego pida perdón a Dios por nosotras y nos perdone usted también, así como el señor Gallais,1 por todo el trabajo que le estamos dando. Tenemos muchos motivos para alabar a Dios por todo lo que está haciendo a través de usted y por que su Providencia le haya encomendado este asunto; sólo a su bondad pertenece formar designios y cumplirlos. Si la Providencia no nos quiere ahí, será un alivio para nuestras Hermanas de Angers,2 porque según creo que los señores Administradores están resueltos a pedir cuatro más, y nuestra buena Sor María Despinal3 lleva, según nos han dicho, tres días agonizando, lo que me hace pensar que a estas horas Dios habrá dispuesto de ella. Cuando su caridad esté en Angers, se enterará de las buenas disposiciones de su alma en el asunto más importante de nuestra vida. Le suplico, señor, dé gracias a Dios por todas las que su bondad le ha concedido.
Mucho le desean en aquel lugar todas nuestras Hermanas y la necesidad de dos o tres de ellas, le requiere a usted allí con urgencia. Supongo habrá usted recibido una carta mía en la que le suplicaba hiciese el favor de hablar con el señor Ratier y con el confesor de las Religiosas de Santa María, llamado señor Tonnelier, antes de ir al Hospital; otra cosa que también le suplico muy humildemente es que se asegure usted todo lo posible en cuanto a las jóvenes que solicitan ser admitidas entre nosotras. Igualmente le ruego que, antes de salir de Le Mans, hable con la señora du Clos que no cesa de escribir a nuestra buena Sor Juana Delacroix para meterla en escrúpulos por haber dejado a su madre, y se entere usted si de verdad ésta la necesita o a su hermana Renata,4 que es la última que ha enviado usted y que por cierto nos ha dicho que su madre misma le pidió a usted que la admitiese. Las tres5 son muy buenas muchachas, suponiendo, como así lo creo, que no haya nada oculto.
Nunca como ahora tuvimos tan gran necesidad de Hermanas y (para colmo) tenemos unas doce enfermas o delicadas, especialmente nuestra Sor Andrea que está en Issy y que no pensamos pueda durar mucho tiempo, hace unos días ha recibido la Extremaunción. La encomiendo a sus oraciones y soy en el amor de Jesús Crucificado, señor, su muy obediente y humilde servidora.
- Señor Gallais, Superior de Le Mans (ver C. 117 n. 2).
- Dos de las cuatro Hermanas que habían ido a Le Mans pasarían a Angers: Claudia Brígida (ver C. 65 n. 1), y Andrea (ver C. 143 n. 4).
- María Despinal, que estaba en Angers (ver C. 147 n. 1).
- Juana y Renata Delacroix eran oriundas de Le Mans.
- La tercera de Le Mans era Salomé (ver C. 152 n. 2).







