Luisa de Marillac, Carta 0150: A Sor Magdalena (Mongert)

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luisa de MarillacLeave a Comment

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Author: Luisa de Marillac .
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Hija de la Caridad, sierva de los pobres enfermos en el hospital de Angers

Hoy, 23 de mayo (1646)

Muy querida Hermana:

Estoy muy apenada por el estado de nuestra buena Sor María Despinal;1 si Dios nos la conserva todavía aquí, en la tierra salúdela de mi parte y dígale que le ruego haga todo cuanto pueda por mejorar y así emplear el resto de sus días en el servicio de Dios. ¡Qué amor compasivo tendrá entonces hacia los pobres enfermos, después de ese ejercicio de sufrimiento que espero habrá bendecido la bondad de Dios con su ayuda y consuelos!

Pero cuánto me sorprende y aflige lo que me dice usted de esa otra pobre Hermana.2 ¿Desde cuándo ha notado usted en ella disgusto por su vocación? Déle seguridad completa de que la recibiremos bien y si desea dejar la Compañía para ponerse a servir, nos ocuparemos con todo cuidado de buscarle colocación; pero que se guarde de cometer la falta de marcharse como una vagabunda. Su señor hermano, que como le he dicho a usted es de la Misión, no le consentirá que siga en esas disposiciones. Me extraña que las Hermanas estén tan agitadas a pesar del mucho trabajo que tienen; les ruego que renueven con frecuencia el deseo de hacer todas sus acciones con los ojos puestos en Dios y por su amor, y piensen en la merced tan grande que su bondad les ha hecho al llamarlas a tan santa ocupación a la que se dedican personas de alta posición y con tanto fervor que no tienen tiempo para hacer tantas reflexiones sobre sí mismas ni para buscar tanto su propia satisfacción.

Espero que pronto tendrán ahí al señor Portail. En cuanto esos señores pidan Hermanas para el menester que me ha dicho usted, con la gracia de Dios se las enviaremos. Saludo de corazón y con todo afecto a nuestras queridas Hermanas y les ruego reciban lo que le digo a usted en esta carta como si fuera para cada una en particular. Todas nuestras Hermanas, sanas y enfermas, se encomiendan a sus oraciones y a las de usted, de quien soy mi querida Hermana, muy humilde hermana y afectísima servidora.

  1. María Despinal murió a finales del mes (ver C. 147 n. 1).
  2. Catalina Huitmill, que vacilaba en su vocación (ver C. 119 n. 6).

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