Le Mans
27 de marzo de 1646
Señor:
Sería una gran presunción por mi parte creerme necesaria en los establecimientos de nuestras Hermanas en los diferentes lugares a donde Dios las llama, y menos ahí donde está usted; más bien tengo que temer echarlo todo a perder. Pienso que lo que me hace ir a algunos lugares es la poca confianza que tengo en la capacidad de las Hermanas, causada por mis malos ejemplos y descuido en dirigirlas. Y como hablo cien veces mejor que obro, me parece que, no teniendo otra cosa que hacer cuando voy a esos establecimientos, reparo en ellos con mis advertencias en cada circunstancia, las faltas cometidas por mí en otro tiempo.
Cuando lo diga al señor Vicente, enviaremos a usted dos Hermanas. Le había rogado, señor, puesto que usted las conoce, que nos hiciera la caridad de señalar las que le parecieran más adecuadas1. Yo había propuesto al señor Vicente a nuestra Sor Juana Lepintre2 como Hermana Sirviente, y luego ya recuerda que tenemos disponibles a las dos regresadas de Angers: sor Claudia3, que ahora está en San Bartolomé y sor Genoveva4 que está en San Gervasio; también Sor Andrea5 que estaba en San Esteban a quien quizá convenga alejarla (de París). Vea usted, señor, quiénes serán las más a propósito.
Le había preguntado si no sería posible hacer venir a las jóvenes que están ahí y que desean pertenecer a nuestra Compañía. Lo creo tan necesario, que hasta podríamos enviarle cuatro de aquí; porque aun cuando parezcan muy sumisas ahora; es de temer, señor, que en la práctica se desmientan, y que además pase a sentar precedente para otros lugares. Cuando fuimos a Angers, no entramos en el hospital hasta que todos hubieron salido, a excepción de una, hasta que hubo encontrado colocación y para que nos fuera proporcionando algunas instrucciones de las que teníamos necesidad.
Me seria difícil dar desde aquí las instrucciones necesarias a nuestras Hermanas para cuando estén ahí: para ello tendría que saber la forma en que acostumbran a servir a los enfermos, el número de éstos, la situación del hospital, me refiero a cómo están alojados hombres y mujeres; si existen empleados que se encargan de preparar la comida a los pobres, si hay un boticario, si las Hermanas tienen que sangrar. Me parece, además, que el señor Gallais6 me ha dicho que, aparte de las que él llama Hermanas, hay cantidad de sirvientas. Ahora bien, señor, este punto me parece de gran importancia, porque, a mi juicio, es preferible dar más Hermanas y que desaparezcan por completo las criadas, por los medios más suaves y caritativos que podamos. Me parece también, señor, que para nosotros es asunto de gran importancia el establecimiento de Le Mans, precisamente por venir propuesto por ustedes y por haber también, según creo, muchas personas a quienes hemos de complacer. Suplico a la bondad de Dios, por intercesión de la Santísima Virgen, que la divina Providencia lo lleve de su mano. Si tengo noticias suyas y Dios me inspira alguna otra idea, no dejaré de escribirle.
Le pido humildemente perdón: acabo de encontrar ahora mismo la carta que le decía haberle enviado, es un efecto más de mi feliz memoria. Hago muchas como ésta; le ruego pida a Dios perdón por mí y la gracia de corregirme.
Soy en su santo amor y en el de la Virgen Santísima cuya fiesta celebramos hoy, su muy obediente y humilde servidora.
- Cfr. C. 141. La presente carta responde a la que el P. Portail le escribió en respuesta a aquélla el 18 de marzo de 1646. El 7 de abril 1646 responde a esta el P. Portail (Cfr. Notices 1ère Série. I, p. 35-36).
- Juana Lepintre, (ver C. 75 n. 1).
- Claudia Brígida. C. 65 n. 1
- Genoveva Caillou, (ver C. 23 n. 1).
- Andrea: salió para Le Mans el 4 de mayo. Ante la imposibilidad de llevar a cabo dicho establecimiento, se la envió a Angers, en donde permaneció hasta junio de 1648.
- Señor Gallais, sacerdote de la Misión (ver C. 117 n. 2).







