(27 marzo de 1646)1
Soy indigna de las disposiciones de la divina Providencia sobre mí las cuales su caridad me hace el honor de manifestarme para sacarme de mis infidelidades. Renuncio, pues, a mis aprensiones del porvenir para no querer más que lo que Dios quiera ordenar cada día; sin embargo, no creo pueda impedir los justos temores que, sin faltar 3 la sumisión, debo tener por mis infidelidades.
No fue en absoluto mi intención que el cuadro de la Santísima Virgen fuera para nuestro oratorio ni para los Niños Expósitos, sino para servir de ornato en un altar dedicado a la Virgen Santísima para reparar en cierto modo las faltas de mi hijo, habiendo, empleado en su ejecución algunas sortijas que me quedaban. Por eso, le ruego muy humildemente, señor, acepte que sea en su iglesia donde se haga esta expiación, ya que he sido tan desgraciada que el delito ha salido de una de sus casas por este hijo mío2.
El rosarito es la devoción para la que le pedí permiso a su caridad hace tres años y que practico en particular; tengo guardados en un cofrecito muchos de estos rosarios con un papel en el que están escritos los pensamientos sobre el tema, para dejarlos a nuestras Hermanas después de mi muerte, si su caridad lo permite; ninguna sabe nada de esto. Es para honrar la vida oculta de Nuestro Señor en su estado de encerramiento en las entrañas de la Santísima Virgen, y para felicitarla a ella por su dicha durante aquellos nueves meses; las tres cuentas pequeñas son para saludarla con sus hermosos títulos de Hija del Padre, Madre del Hijo y Esposa del Espíritu Santo. Esto es lo principal de esta devoción.
Por la gracia de Dios y a pesar de lo indigna que soy, no la he interrumpido desde el tiempo que le señalo y estoy dispuesta a dejarla, con la ayuda de la gracia de Dios, si su caridad me lo ordena. Mi intención al hacer este breve ejercicio es pedir a Dios por la Encarnación de su Hijo y las súplicas de la Santísima Virgen, la pureza necesaria a la Compañía de las Hermanas de la Caridad y la solidez de esta Compañía, según su divino agrado.
Mañana, Dios mediante, le enviaré una carta para el señor Portail3 que me hará usted el favor de leer para ver si es oportuno mandársela. Trataré de estar presente en espíritu al santo sacrificio de la Misa mañana, y aunque creo que su caridad no la dirá abajo, si pudiera saber la hora, tendría la dicha de asistir a ella. Por favor, no olvide la contestación a lo que la señora Presidenta de Lamoignon4 pregunta sobre la continuación de las colectas, ni tampoco que soy su muy agradecida hija y obediente servidora.







