Los nuevos métodos de evangelización

Francisco Javier Fernández ChentoFormación VicencianaLeave a Comment

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Author: Rafael Ortega, C.M. · Year of first publication: 1968 · Source: Anales españoles.
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SVP-FORMACIONEl tema que se me ha dado para estudiar tiene por título «LOS NUEVOS METODOS DE EVANGELIZACION». Esto me parece, sin embargo, excesivamente amplio para tratar en una sola Conferencia, y, por otra parte, o bien se cae en utopías de teoricismo pastoralista, o bien se restringe excesivamente a lo circunstancial, sea en el tiempo o en espacio. Me parece que el tema, enfocado simple­mente de esta forma, me llevaría fácilmente a la aventura de la inmaduración. De ahí que haya preferido —no sin cierta osadía— concretarle en algo que entra más de lleno en mi especialidad. Por eso, dentro de un terreno práctico y teórico a la vez, voy a tratar de exponer y concretizar el tema en lo que yo entiendo por «LAS NUEVAS FORMAS DE PRESENTAR EL MENSAJE EVANGELICO», es decir, voy a presentar un nuevo Temario misional.

1.- PRINCIPIOS FUNDAMENTALES

Para la construcción de un Temario nuevo misional hay que te­ner muy presente ciertos principios elementales, sin los cuales —tanto en el terreno de la teoría como de la práctica— toda presentación genuina del mensaje evangélico —por muchos aspectos positivos que tenga— sería ineficaz para el hombre de hoy, del siglo XX, que es al hombre que vamos a misionar. Y todavía hay que tenerlos aún más presentes para el hombre del futuro. Estos principios que expongo con un orden espontáneo, más que lógico o jerárquico, y que concretizan aspectos de algunos de los oradores que me han precedido, son los siguientes:

1º El Concilio Vaticano II nos ha hablado en la Constitución GAUDIUM ET SPES para decirnos lo que la Iglesia piensa de sí misma con relación al mundo de hoy, que es con quien vamos a dialogar y misionar. Allí se nos dice que es el hombre, con sus preocupaciones y actividades, individuales y sociales, el objeto mis­mo de las preocupaciones del hombre de hoy. Es decir: el hombre se preocupa ante todo de sí mismo, y, partiendo de sí mismo, trans­ciende a los demás para realizarse. Este es el aspecto novedoso de un mensaje que el hombre de hoy exige; incluso el hombre creyente y culto que cree saber y practicar todo en el campo religioso.

2° Existe un enorme MOVIMIENTO ACTUAL ANTROPOLOGI­CO, tanto en el campo de la teoría como en el de la práctica:

La sicología moderna, la sociología, los actuales sistemas filo­sóficos —llámense marxismo, existencialismo, estructuralismo, et­cétera…—, como los nuevos enfoques de la pastoral catequética o de la teología actual buscan un nuevo y mejor humanismo.

Las revoluciones sociales, la violencia extendida por gran parte del mundo, el sentido de la orientación de las masas, los anhelos y reivindicaciones de las juventudes obreras y universitarias (ver­bigracia, la Revolución francesa del pasado mes de mayo), no son más que la expresión de la aspiración, cada vez más grande, que la Humanidad tiene, en la actualidad, de llegar a ser más humana.

3° En la presentación de todo mensaje debe existir un DIÁLOGO con el hombre a quien hablamos. Si no queremos que nuestra predicación sea un monólogo, tenemos que responder a los inte­rrogantes que preocupan a nuestros auditores. Sólo así existirá la «simpatía» capaz de abrir el corazón del interlocutor. Por otra parte, si no se quitan las objeciones que el oyente tiene en su mente, como prejuicios contra el orador o su mensaje, es inútil todo dis­curso por la auténtica falta de atención en ese aparato receptor que es nada menos que un hombre con sus preocupaciones e in­quietudes. Dicho de otra forma: mientras al hombre no se le re­suelvan problemas, profundamente humanos y naturales, es inútil hablarle de los sobrenaturales. Nos hemos acostumbrado a hacer una distinción excesivamente marcada entre el natural y sobrena­tural, y hemos pensado que los cristianos son o deben ser hombres colgados del cielo y sin pisar tierra; y el resultado ha sido otro muy distinto, aunque evidente: han muerto ahorcados.

Pues bien, el diálogo con los separados, y aun con los cristianos mismos, se funda en el verdadero humanismo que aspira a toda su plenitud: Si los ateos han rechazado a Dios totalmente, es por­que creen que es un rival para el hombre. Si los hombres son materialistas —marxistas o capitalistas— es porque en muchas oca­siones un «angelismo» o «maniqueísmo» larvado les ha hecho olvi­dar que si la filosofía griega quiso redimir el espíritu de la mate­ria, el cristianismo pretende redimir incluso la materia misma (no es otro el significado óntico de la encarnación y resurrección de Jesús). Si la filosofía existencialista se ha apartado de la Iglesia, es porque, en gran parte, cree que ella no sabe dar una respuesta a los problemas más elementales de la vida humana, etc… Y si los partidarios de la violencia armada buscan la reivindicación de sus derechos legítimos contra los violentos solapados, es porque creen equivocadamente que el Evangelio no exige del hombre el máximo de desarrollo y la equidad social capaces de cambiar las múltiples situaciones infrahumanas…

El REALISMO de la experiencia en la vida nos dice que muchos no quieren oír hablar de problemas religiosos, y, por consiguiente, tampoco van a escuchar el mensaje misional cuando se les presenta, porque, en definitiva, piensan que no les damos en él soluciones que resuelvan problemas de la vida real… «Yo ten­go mis problemas de casa (dicen): Mi matrimonio, mis hijos, el trabajo, el salario, mis relaciones con los demás, etc., etc…., y ¿qué soluciones me da la Iglesia para todo esto?… ¿Qué me da a mí el ser católico?…» Hay que responderles en nuestro mensaje evangélico: «al menos te dará el ser más hombre». Y no nos enga­ñemos con un falso optimismo: en el fondo esto mismo lo dicen, o al menos lo piensan, incluso la mayor parte de los fieles que llenan nuestras iglesias los domingos…, si es que no lo experimentan también muchos sacerdotes en crisis. Por otra parte, aunque así no pensaran, este mensaje será un antídoto para cuando en el futuro materialista, que se echa encima, surja esa tentación.

5° Pero es que hoy mucho más, y esto es lo más importante: Nosotros predicamos como único Salvador y único Mediador entre Dios y los hombres, a CRISTO, AL MESIAS, A UN DIOS ENCAR­NADO, HECHO HOMBRE. Y sabemos que Cristo significa «Mesías» y lo que supone el «mesianismo» o cristianismo: redención, dolo­rosa y liberadora a la vez, que trae la abundancia y el desarrollo total del hombre, como algo intrínseco a sí mismo. El objeto de la promesa mesiánica y de la iniciativa divina fue Cristo, Dios y hom­bre verdadero; no un Cristo doceta o «angelical», contra lo cual ya tuvo que lanzarse en lucha el magisterio de la Iglesia primitiva. El Cristo mítico y el cristianismo angelical —que son cosas pare­cidas— no tienen sólo su origen en el existencialismo, sino también y sobre todo en un falso espiritualismo —bastardo de una imagina­ria filosofía griega—, cuyos hijos fueron el docetismo, el mani­queismo y todos los falsos espirituales de diversas épocas.

La mejor respuesta a todas estas desviaciones anti-cristianas está en la predicación de un Dios Humanado, que, sin dejar de ser Dios, murió por nosotros, sí, pero resucitó para siempre («ef­apax») para hacer de su cuerpo no solo el cuerpo humano personal. sino el cuerpo humano eclesial y el cuerpo material cósmico. Dios no ha querido revelar a los hombres directamente lo que El es, sino cómo actúa y reacciona ante el hombre: como un AMOR-FIEL que se exterioriza en la Alianza eterna que hace con los hombres. Si de veras, pues, queremos predicar a Dios, en Cristo muerto y resucitado, tenemos que predicar un verdadero e integral humanis­mo que, sin dejar nada de lo verdaderamente humano, aspire a divinizarse en Cristo por su Espíritu… Pero en un Cristo histórico y real, en el Dios amoroso y fiel que se hizo «carne» por nosotros para traernos a todos su amor y fidelidad.

6º En todo temario misional que quiera ser un intérprete fiel de la verdadera tradición eclesiástica y misionera deben recogerse todos los elementos válidos de las fuentes más genuinamente evangélicas y misioneras. El mensaje misionero es el Evangelio, y la Palabra de Dios es eterna. Para ser modernos en teología o predi­cación no hace falta ser como los atenienses, que «no tenían otro pasatiempo que decir o escuchar las últimas novedades» (Act. 17, 21) Es cosa sabida de todos que en cuestiones dogmáticas y teológicas la originalidad o novedad no es siempre la mejor señal de auten­ticidad u honradez científica. De ahí que el olvido de los innume­rables valores positivos de la verdadera tradición misionera nos llevaría a los mayores desastres. Por eso deben ser incorporados todos los elementos válidos del mensaje clásico de las misiones. Cito solamente algunos de estos muchos elementos positivos —muy elaborados, sobre todo en algunos de los Temarios misionales últimamente publicados—:

  • Lenguaje bíblico (en cuanto sea posible e inteligible). Presentación más positiva que negativa del mensaje.
  • Lo eclesial (sin monofisismos de ninguna clase), como asunción, sin aniquilación, de lo personal; es decir, el sentido de la sal­vación comunitaria de la persona.
  • Cristo, como centro y culmen del hombre y del mundo en la His­toria, sobre todo en su misterio pascual.
  • El aspecto escatológico (novísimo y definitivo) del cristiano.
  • La Historia de la Salvación como encuadre y explicación de la tensión «gracia-pecado» del cristianismo en el mundo, y como acción salvífica de Dios.

Quiero hacer resaltar que los Temarios misioneros han tenido muchos de estos valores. Hoy no se trata, pues, de rechazar nin­guno de estos elementos positivos, sino de orientarlos y hacerlos novedosos al público de hoy. Por ello mismo no se trata de hacer piruetas teológicas al presentar el mensaje, sino de captar y ex­plicar las verdades más elementales del Evangelio. La terminología actualmente usada —no siempre de fácil comprensión— es algo que el buen decir del misionero inteligente sabrá traducir oportuna­mente ante los diversos públicos.

7° Otro principio, por fin, a mi modo de ver elemental, es que todo Temario debe tener no sólo una orientación actual del men­saje evangélico, sino que además esta actualización del mensaje debe estar encarnada en UNA DINÁMICA VERTEBRAL ASCENDENTE que una, concatene y engrane unos temas con otros, co­menzando por lo más elemental hasta llegar a la cumbre del final. Con esto no sólo damos cabida a las leyes de la oratoria y sicolo­gía, sino también a las de la Teología más genuina: como son las de la Historia de la Salvación y la escatología, cuya perfección o plenitud llega —a través de la tensión histórica de Cristo y del cristiano— en el tiempo futuro. Creo no equivocarme al decir que la mayor parte de los Temarios misionales últimamente confec­cionados, llenos de enormes valores positivos, han carecido de una de estas dos cualidades:

  • O bien no han captado la realidad actual del mensaje para el hombre de hoy;
  • O bien no han sabido darle esa estructura dinámica ascendente

2.- OBSERVACIONES

Antes de pasar a presentar eI mensaje misionero tal como yo entiendo debe presentarse al hombre de hoy, quiero hacer alguna observación:

1ºPrescindo, por razones tanto teológicas como prácticas, de la División de los Temas en Kerygma, Didascalia y Parénesis, o si se quiere en: Sermones, Pláticas o Doctrinas y Homilías, como antiguamente se decía. Entiendo que todo Tema abarca los tres aspectos, aunque es evidente que siempre quede más resaltado al­guno de esos aspectos según la materia que se trate.

2º Algunos de los Temas presentados podrán desdoblarse en dos o tres, o, en los que se crea conveniente, podrá seguirse un orden inverso, fundiéndolos en uno solo. Esto dependerá en gran parte de la necesidad pastoral del auditorio, tal como el misionero lo considere necesario, asesorado por el sociólogo, el teólogo-pas­toralista y las necesidades que exija la Pastoral de conjunto.

3º El enunciado de los Temas está bastante cuidado. No dudo, sin embargo, sea susceptible de varios retoques. Pero lo que interesa es, ante todo, la idea fundamental.

4º Sigo un orden lógico y teológico, que, a la vez, creo es sicológico y oratorio, al menos en líneas generales… Tal vez tam­bién pueda alterarse el orden de algún Tema, según las necesida­des… Claro que esto dependerá un poco de cómo el misionero entiende el fin de la «misión». Personalmente confieso que no bus­co directa e inmediatamente lo que tradicionalmente se ha llamado «la conversión» (vgr. por la recepción inmediata de los sacramen­tos, sobre todo la penitencia), aunque tampoco la excluyo. Por eso algunos desearían verse tratadas inmediatamente (en la primera semana, que llamaban) las mal llamadas «verdades eternas» (y digo «mal llamadas» por su sentido exclusivo, como si sólo esas verda­des fueran eternas, y por la carencia del sentido de tensión histó­rica con que eran explicadas, como si lo escatológico no hubiera comenzado ya en Cristo y en el bautismo), y otros temas sacramen­tales, vgr., penitencia, eucaristía…, etc.

5º Prescindo igualmente, en mi Temario, de las estructuras misionales en cuanto a los actos generales se refiere o en cuanto a la forma de presentar el mensaje por monólogo (o predicación) o por puro diálogo, como en familia. Opino que el mensaje evan­gélico es y debe ser siempre el mismo y para todos. Por consi­guiente, a todos habrá que dirigirse, aunque, evidentemente, la forma práctica de enseñarlo sea distinta para los diversos audito­rios. Pero incluso cuando la misión se dirija a «grupos especiales», deberá tener el mismo mensaje evangélico como base, aunque, evi­dentemente, se le añada lo propio del grupo…

3.- PRESENTACION DE UN NUEVO TEMARIO MISIONAL

Supuesto todo lo dicho anteriormente, todo el mensaje misio­nero podría resumirse en las siguientes proposiciones: EL HOMBRE ACTUAL ENCUENTRA SU DIGNIDAD DE HOMBRE —QUE HA PERDIDO POR EL PECADO— EN CRISTO, DIOS Y HOMBRE PERFECTO, PERO PERPETUADO EN LA IGLESIA BAJO UN PLANO SENSIBLE SACRAMENTAL Y BAJO UN PLANO VIVEN­CIAL DE LA CARIDAD, QUE ES LA LEY NUEVA. LA ESCATOLO­GIA CONSTITUYE LA PLENITUD DEFINITIVA DE LA DIGNIDAD DEL HOMBRE EN CRISTO. Ahora pueden verse claramente las líneas fundamentales más al detalle:

SENTIDO Y DIGNIDAD DEL HOMBRE EN EL MUNDO: Vocación de todo hombre. (Este tema debe tratarse al principio porque sicológica y oratoriamente debemos entrar en diálogo con los misionados desde el primer momento. Hay que hacerles ver que la religión, el ser católicos, es algo que tiene que ver con los problemas ordinarios de su vida y de sus aspiraciones. Son Temas conciliares que hay que tratar en forma profética o de pregón, como lo hace más o menos el Concilio en el Esquema XIII, y no de una forma demagógica, que es como suele hacerse.)

  • Dignidad del hombre: El hombre «imagen» de Dios, «poco menos que Dios»…, como nos dice la Biblia. Explotar el sentido teológico bíblico de las grandes perícopas antropológicas del A y N. Testamento: El hombre sacerdote, rey y profeta de la creación. Esto lo consigue por el desarrollo de la libertad y personalidad y a su vez colaborando con Dios. Resaltar el aspecto individual.
  • El hombre colaborador de Dios por medio de su actividad: Sentido del trabajo como acto de obediencia, de culto, de caridad, de sociabilidad, de redención, de pena, de humanismo, etc… Expli­car el sentido y valor positivo de las cosas de la tierra: Desarrollo, paz, pobreza…, etc. Que si «el nuevo nombre de la paz es el des­arrollo» (Pop. Progressio), podría igualmente decirse que el nuevo nombre de la pobreza evangélica es el desarrollo integral del hom­bre por «una genuina esperanza mesiánica que arrastre a un com­promiso en la historia para la liberación y felicidad de todos los hombres» (P. Chenu). Y que «no es posible estar con los pobres más que estando contra la pobreza» (P. Ricoeur).
  • El hombre colaborador de Dios por medio de la sociabilidad: Sentido de la vida en sociedad, como acto de obediencia, de imita­ción divina, de desarrollo integral: El hombre está hecho para vivir con otros, formando una sociedad, una familia, un pueblo… La «esterilidad», la «clausura egoística» y el «narcisismo» son voca­blos que no se encuentran en el diccionario católico. «El hombre no se realiza a sí mismo, si no es superándose»… «No hay más que un humanismo verdadero que se abre al absoluto» (P. Progres.).
  • Tensión dinámica del hombre en la historia en su camino a la perfección o maduración humana. (Este tema podría supri­mirse ante muchos públicos que no sean muy cultos. Pero es im­portante para que el misionero conozca la realidad de la historia salvífica en cada hombre y la tensión misteriosa en el desarrollo de la dignidad humana desde el nacimiento hasta la muerte. Sólo esto explica la tensión de la «maduración-irrealización» existencial en la conversión total del hombre que es su desarrollo humano in­tegral.)
  • El hombre amigo e hijo de Dios: Es decir, que Iodo hombre (piénsese en el Paraíso terrenal) está ordenado por el !pistilo Dios. Desde el principio le impuso esta vocación… En la teología clásica se decía que el «estado de naturaleza pura» no ha existido. Con­viene hacer ver en este tema, que el hombre no se realiza más que viviendo para dominar el mundo, viviendo para los demás, pero sobre todo para Dios. Así la dignidad humana tiene su origen en la vida e iniciativa divinas.

EL PECADO DESTRUYE LA DIGNIDAD DEL HOMBRE.

Hay que saber explicar con toda profundidad que el hombre, por el pecado, no ha adquirido la vocación para la que fue llamado por Dios y a la cual él mismo aspira:

  • El pecado es ofensa y apartamiento de Dios. — Pierde así el hombre la amistad divina.
  • El pecado es ofensa y apartamiento de sí mismo. — Pierde así el hombre la vida misma individual.
  • El pecado es ofensa y apartamiento de la sociedad. — Pierde así el hombre la sociabilidad.
  • El pecado es ofensa y apartamiento del mundo. — Pierde así el hombre la realeza en el mundo.

JESUCRISTO (por ser también Dios) ES EL HOMBRE PERFECTO, el nuevo Adán, el hombre nuevo que ha realizado el ideal vocacional de hombre en que había fallado el hombre antiguo y todo hombre. El es así —a diferencia de lo que no fue Adán— la «imagen visible del Dios invisible». (Hay que fijarse no sólo ea el aspecto estático de Cristo, sino también y sobre todo en el as­pecto dinámico: lo que es Cristo para el hombre y su maduración):

  • La Persona de Cristo, como hombre, cuyo misterio llega a la cumbre en la resurrección. Hay que predicar este tema como un verdadero profeta enamorado de la Persona encarnada de Dios. Desgraciadamente en los temarios antiguos se hablaba de los Sacra­mentos de Cristo, de la Iglesia de Cristo, de la Madre de Cristo, y casi nunca se dedicaba una charla o pregón a la Persona misma de Cristo. En este tema hay que hacer resaltar los datos genuina­mente históricos (y teológicos) que la crítica misma actual cien­tífica admite.
  • La obra de Cristo y el mensaje de Cristo: Cristo, el verdadero Sacerdote, Rey y Profeta de la creación, como antítesis del hombre antiguo. El enseñó con su vida y palabras esa vida genuinamente humana, a la que aspira todo hombre: trabajó, fundó un pueblo, fue el verdadero amigo e hijo de Dios. (Fijarse bien en la tensión histórica que existe en la misma vida de Cristo desde su Encarna­ción hasta el culmen de la Pasión y resurrección…, pero que no llegará a su plenitud más que en la Parusía.)
  • Jesucristo nos revela al Padre en el Espíritu Santo: Este tema que a primera vista parece excesivamente teológico es uno de los que pertenecen a las llamadas verdades «de medio» y nos introduce en la más alta mística cristiana, con un profundo sentido trinitario. Hay que explicar que Cristo ha llevado a su plenitud la revelación anticotestamentaria sobre Dios: que Dios es un AMOR-FIEL que se nos manifiesta en Cristo por la donación del Espíritu del Padre en virtud del cual solamente podemos llamar a Dios: «i Padre!» (Así quedará también clara, una vez más, la gratuidad en la dig nidad del hombre, pues la iniciativa ha partido del Padre.)

LA IGLESIA PERPETUA LA PERSONA, OBRA Y MENSAJE DE CRISTO, HOMBRE PERFECTO: (Como Cristo es el único medio para que el hombre pecador recupere la dignidad para la cual ha sido creado, y Cristo, por otra parte, ha desaparecido, después de su Ascensión a los Cielos, de entre nosotros, no queda más remedio que adquirir la dignidad personal a través de la Iglesia, que es la continuadora de la obra de Cristo en la tierra, ya que Ella es la plenitud, ampliación o continuación del mismo Cristo histórico…)

  • La Iglesia, Sacramento universal de salvación: Por ser Ella la plenitud y continuación del Único Mediador del Salvador universal, Cristo, Sacramento original de Dios, es también el signo eficaz para la posible salvación de todos los hombres. Sólo en la Iglesia el hombre encuentra su dignidad total, al participar de los servicios mismos de la Iglesia que el hombre perdió por el pecado. Ser Sacerdote, Rey y Profeta de la Creación.
  • El Espíritu Santo, Gracia y Vida («Dominum et vivificantem») de la Iglesia: El Espíritu Santo, alma de la Trinidad y de la Igle­sia, se nos transmite por Cristo resucitado, y El, que fue el que suscitó a Cristo nos suscitará a todos, unidos entre nosotros mis­mos y con Cristo, para formar la verdadera sociedad, eclesial y cós­mica, repletos todos de la vida divina. Este es el Tema fundamental de la GRACIA, puesto que es el Espíritu quien nos une y asemeja a la Trinidad, produciendo en nosotros esa genuina transformación de «imágenes» divinas para lo que habíamos sido creados.

a) Plano visible o sacramental de la Iglesia: Los siete sacra­mentos no son más que la visibilidad eficaz y eclesial de Cristo glo­rioso, único Sacramento original de Salvación. Si la Iglesia es Sacramento, esta sacramentalidad nos la expresa a través de sus siete sacramentos, facetas que tratan de sensibilizar el único Sacra­mento, el Cristo histórico y real. (Este tema no hace falta predi­carlo, tal vez, aisladamente, pero es principio elemental al orien­tar todos los temas siguientes):

  • El Bautismo y Confirmación, Pascua y Pentecostés del cris­tianismo; allí comienza (bautismo) la génesis y llega su mayoría de edad (confirmación) la dignidad del hombre como nueva crea­tura, «imagen» de Dios: sacerdote, rey y profeta en la creación…
  • Penitencia o Reconciliación con Cristo, consigo mismo, con la Iglesia e incluso el cosmos, a los cuales había ofendido el hom­bre con el pecado. (Este tema debe adquirir toda la importancia que ha tenido en la tradición misionera, pero como medio, no como fin de la misión. Hay que predicar con fuerza sobre él —sin caer en juridicismos, ni en excesivos detalles—, y convencer al público que en la historia de la salvación es el medio elegido por el mismo Cristo para transmitir su dignidad a los hombres que por el pecado personal la han perdido.)
  • La Eucaristía, Sacramento por antonomasia de Cristo nos incorpora a la Iglesia en nuestro peregrinar a la Gloria… Explicar el aspecto sacramental, sacrificial y escatológico, e incluso cósmi­co, de este sacramento… Hacer ver que es banquete de vida y uni­dad… (Este tema puede desdoblarse en varios, resaltando y ex­plicando los aspectos de la liturgia actual.)
  • El Matrimonio cristiano como imagen del amor y fidelidad del amor trinitario en sí mismo y del amor y fidelidad de Cris­to a su Esposa, la Iglesia: Fidelidad amorosa que en las circuns­tancias ordinarias desembocará en la fecundidad consciente y res­ponsable… a imagen del amor fiel y fecundidad de Cristo a la Iglesia y de la Trinidad…
  • El Orden, como sacramento de la visibilidad terrestre de Cris­to, fuente y cabeza de la Gracia, o de la Vida, en la Iglesia: así se expresa visiblemente la realeza (servicio) sacrificio y profetis­mo de Cristo… El sacerdote, hombre de entre los hombres y para los hombres. Así el sacerdote con su trabajo por la sociedad realiza la vocación para la que todo hombre fue llamado…
  • La Extremaunción o Sacramento de la vida y salud definitivas, por ser el medio sensible y eficaz que nos conduce a la plenitud de la vida que recibimos en el bautismo (Tensión histórica del cristia­no), y unge definitivamente para la plenitud de nuestra dignidad personal de imágenes de Dios: como sacerdotes, reyes y profetas de la creación… para siempre…

b) Plano vivencial de la Iglesia por la Caridad, que es la Ley Nueva: La caridad o Ley Nueva, que de hecho es el Espíritu Santo, hace la Iglesia, y por consiguiente nos da nuestra dignidad perso­nal. Estos temas que siguen, deben ser el «pregón» de la vida prác­tica del cristiano en Cristo. No deben ser una pura casuística, ni una ética natural, ni algo puramente jurídico y negativo.

  • La Ley de Cristo: Merece la pena dedicar una charla o pre­gón para exaltar el valor vital de la Ley, y también el valor jlrí­(Eco. Hacer bien la distinción entre lo esencial y lo accidental, en­tre el Espirítu y la Letra. Ambas cosas tienen su valor, pero el as­pecto externo, jurídico, no debe ser más que la exteriorización de la vida interior del Espíritu de Cristo.
  • La FE como entrega total y personal. Este tema debe hacer ver la limitación o pobreza natural del hombre, a pesar de toda su dignidad de hombre; de ahí, que sólo en la entrega a un Transcen­dente —que es Dios Padre— por Cristo. (Hay que hacer ver al hombre que si busca su dignidad solamente, no es generoso ni como hombre, ni como cristiano: hay que buscar la Gloria de Dios y ésto lo conseguimos por la entrega, por la fe. Así, la fe es el acto fun­damental de «decisión» por el que el hombre se realiza en, Cristo.
  • La Esperanza cristiana, frente al materialismo moderno y el egoísmo, pero también como exigencia mesiánica (Mesías igual a Cristo) para el máximo desarrollo del universo… Sólo en Cristo y en la Iglesia conseguirá el hombre sus anhelos… (Todos los temas anteriores y siguientes deben incitar a la Esperanza cristiana.)
  • La Caridad, Ley nueva: La misma Ley es la ley del Espíritu Santo, que es Amor. Proyección fraterna, familiar, social y mun­dial… La vida de trabajo y de sociedad deben encontrar en la cari­dad su alma… (Tal vez no haga falta desdoblar este tema, como muchos pensarían; porque de diversas formas todo el temario tiende a exaltar los valores de la caridad.)

El amor a los padres y a los hijos como reflejos del amor de Dios a los hombres y de Cristo a su Padre… Exaltación de la vida de familia.

Dios es dueño de toda vida: Respecto a la vida natural y sobre­natural en la vida individual, familiar y social…

Dignidad Eclesial (fecundidad y servicio) y escatológica de la castidad: Explicar esta virtud en sus perspectivas positivas, ecle­siales y escatológicas, y aplicada a cada uno de los estados.

La justicia completa y la comunicación cristiana de bienes: Hacer ver que la caridad exige la justicia y que la justicia obliga en caridad. No separar, pues, la una de la otra. La Ley nueva, exige en toda su amplitud y en todos los estratos de la vida esta virtud.

El culto a la verdad, exigencia de la caridad-justicia en pala­bras y juicios, y no sólo en las obras.

La santidad del seglar, como mandato divino: Los llamados «consejos» evangélicos no son el privilegio de una «casta» religiosa, ni algo que no obligue con verdadera exigencia. La virtud de la pru­dencia nos obliga a todos bajo grave y sabemos que a veces hay imprudencias mortales. El Concilio Vaticano II ha hablado bien claro sobre este asunto de la santidad seglar.

Santificación (o»consagración») del mundo: Este tema no puede dejarse al margen. Es un auténtico mandato de Dios al hombre y al cristiano para que realice su misma dignidad de hombre cris­tiano. Santificarse en la calle, en la oficina, en el empleo en el cumplimiento del deber… Así haremos un mundo más bello, por medio del desarrollo, y lucharemos contra la pobreza con un ge­nuino mesianismo (cristiano).

LA ESCATOLOGIÁ CONSTITUYE LA PLENITUD DEFINI­TIVA DE LA REALIZACION DEL HOMBRE: CRISTO, PLENITUD DE LOS TIEMPOS: El es la plenitud de la Historia y la Historio llega en El a su plenitud… Este Tema tal vez no merezca la pena predicarse aisladamente a todos los públicos, pero es necesaria para comprender la tensión de temporalidad-eternidad en la Esca­tología de Cristo y del cristiano…

  • La muerte cristiana, Pascua o tránsito definitivo a la plenitud definitiva de la dignidad del hombre en una vida que no muere… plenitud de libertad, personalidad. Liberación de la «carne de pe­cado», etc., etc…
  • La justicia y el juicio de Dios, cuyo proceso se abrió cuando Cristo estuvo en la Cruz, ya se está realizando en la vida del cris­tiano, por la recepción o rechace de la fe y los sacramentos…, pero llegará su plenitud definitiva en el último día. (Evitar todo juridicismo al hablar del juicio.)
  • Cielo-Infierno como plenitud o destrucción definitiva de la dignidad del hombre en Cristo, en la Iglesia o sociedad y en el inundo entero. El cielo es la plenitud de la vida en Cristo. El in- infierno, el fracaso total; como continuación del estado de pecado en que el hombre mismo se ha puesto libremente. Dios no crea, pues, el infierno.
  • María Santísima, Madre y Modelo definitivo de la Iglesia y de la dignidad del cristiano: En Ella se ha realizado perfectamente —modelo dinámico— el ideal humano, cristiano y eclesial; pero a la vez causa lo que significa: Ella es el sacramento maternal de la Iglesia peregrina.
  • En los Nuevos Cielos y en la Nueva Tierra, unidos todos por Cristo y el Espíritu para la gloria de Dios Padre, es donde el hom­bre encuentra la maduración de todo su ser, de sus anhelos, etc…, pero estos «Nuevos Cielos» y esta «Nueva Tierra» la estamos fabri­cando ya aquí en esta tierra con el esfuerzo y el trabajo cristiano de todos los días… (Este tema vale de despedida, y puede ser como resumen del temario y el mejor motivo de perseverancia.)

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