Las Asambleas en la Compañía

Mitxel OlabuénagaHistoria de las Hijas de la CaridadLeave a Comment

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Author: Miguel Lloret, C.M. · Year of first publication: 1991.
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hijas_caridadPor quinta vez (1968-69, 1974, 1979-80, 1985, 1991), la Compañía va a celebrar, de acuerdo con sus Constituciones y Estatutos, una Asamblea General en el sentido pleno de la palabra, es decir:

  • representativa, verdaderamente, de toda la Compañía, a través de sus miembros de derecho, a saber, los miembros de oficio y los miembros delega-dos;
  • en posesión de la suprema autoridad para:
    •  elegir a la Superiora General y a sus Consejeras y, entre éstas, a la Asistenta General;
    •  legislar, si lo juzga conveniente, bajo forma de Estatutos o Decretos o, inclusive, modificando las Constituciones, si los dos tercios de sus miembros están de acuerdo y si la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y para las Sociedades de Vida Apostólica da su aprobación.

Se tratará de una Asamblea General ordinaria, y por ello hará como una especie de «revisión de vida», que habrá de desembocar, bajo una forma u otra, en orientaciones destinadas a promover el carisma propio y la vitalidad apostólica.

Fue necesario, en efecto, esperar el Decreto de la entonces Sagrada Congre-gación para los Religiosos y los Institutos Seculares, del 10 de febrero de 1967, para que la Compañía pudiese celebrar Asambleas Generales en este sentido pleno.

Es cierto que las Constituciones de 1954 — insistiremos en ello— preveían la Asamblea General (no la Provincial ni la Doméstica); pero sus miembros de derecho (que eran la Superiora General, la Asistenta General, las Consejeras Generales, la Ecónoma General, la Secretaria General y las Visitadoras) podían elegir a la Superiora General, a las Consejeras Generales (en número de seis) y, entre éstas a la Asistenta General y a la Ecónoma General, por un mandato de seis años, renovable una vez. Podían también deliberar, pero sin gozar de poder de decisión, acerca de los asuntos que se les proponían.

Antes de 1954 y desde los orígenes, la Compañía estaba regida por una legislación interna (sin Constituciones propiamente dichas aprobadas como tales por la Iglesia). Como vamos a ver, la palabra «Asamblea» se empleaba con significados diversos que no estaban en relación con lo que hoy entendemos por dicho término.

Podemos distinguir tres etapas:

I – Desde los orígenes hasta 1954

1. En tiempo de los Fundadores

•    Al erigir la Compañía de las Hijas de la Caridad como Cofradía especial (distinta de las de las Señoras de la Caridad), el 20 de noviembre de 1646, y nuevamente el 18 de enero de 1655 (con el fin, esta vez, de ponerla bajo la dirección de San Vicente y de sus sucesores), el Arzobispo de París aprobó el «Reglamento» de la misma que preveía de manera especial la elección, cada tres años, de una Superiora (reelegible una vez) y la elección, todos los años (sucesivamente), de tres «Oficiales» (la Asistenta, la Tesorera y la Despensera).

•    De hecho, por lo que se refiere a la Superiora, la idea de San Vicente era que esta disposición no tuviese aplicación sino después del fallecimiento de Santa Luisa (Cf. Coste IX, p. 324; Conf. esp. n. 534). Y la misma actitud adoptó el 8 de agosto de 1655, al tratarse del «Acta de Fundación», que firmaron todas las Hermanas presentes (Cf. Coste XIII, 574; Síg. X, 714).

•    El 27 de agosto de 1660, San Vicente decide nombrar «solamente por esta vez» (Conf. esp. n. 2403) a Margarita CHETIF para suceder a Santa Luisa. A pesar del resultado de la votación, mantiene a Juliana LORET como Asistenta y, teniendo en cuenta los votos, Luisa Cristina RIDEAU pasa a ser Tesorera y Sor Felipa BAILLY, Despensera (Cf. Coste X, 736; Conf. esp. n. 2404 y ss.).

Queda claro que las cosas se hicieron de manera bastante informal. Sin em-bargo, San Vicente no deja de recordar, entre otras cosas, que la Superiora ha de tener por lo menos treinta años de edad y diez de vocación, y las «Oficialas», veintiocho de edad y ocho de vocación. En su Instrucción sobre los Votos (1701), el P. HENIN puntualizaba, además, que se requería la condición de haber sido admitida a hacer los votos, para poder tomar parte en las reuniones de eleccio-nes y para ser elegida.

2. Los Estatutos del Padre BONNET (1708)

El Padre BONNET redactó unos Estatutos —según él mismo dice a modo de conclusión— para conservar «el orden y el gobierno» que los Fundadores habían dejado establecido de manera «abreviada» y que los Padres ALMERAS y JOLLY, sucesores inmediatos de San Vicente, habían «explicado y organizado algo más extensamente, después de haberlos examinado y revisado con esmero».

•    Por lo que se refiere a las elecciones dichos Estatutos puntualizan que

  •  Para ser elegida válidamente Superiora, es necesario tener al menos treinta y cinco años de edad y diez de vocación, y para ser elegida válidamente «Oficiala», veintiocho de edad y diez de vocación (Cf. n. 14).
  •  Las Hermanas de París y alrededores (distantes un día de viaje como máximo), con ocho años de vocación y que hayan sido admitidas a hacer los votos en el año, serán consideradas como «delegadas-natas de toda la Compañía», según el uso observado desde los comienzos (Cf. n. 12).
  •  Las que puedan estar presentes «sin perjuicio para el Servicio a los Pobres» se reunirán (normalmente el lunes de Pentecostés) en la capilla de la «Casa Principal», hacia las dos de la tarde (Cf. n. 19). En voz baja, se pronunciarán entre los dos nombres que les propondrá el Superior General asistido por el Director, después de haberlo tratado con el Consejo. Este uso, salvo alguna variación de detalles, se mantuvo en la Compañía hasta la primera elección de Madre LEPICARD, en 1953.

•    Estos Estatutos (n. 12) prevén que, además de las elecciones, las Hermanas reunidas con tal ocasión, pueden ser «consultadas» sobre cosas extraordinarias o de importancia para toda la Compañía. Pero la principal innovación introducida por el Padre BONNET fue, además, la de las «Asambleas sexenales» (celebradas cada sexenio) y la de la creación en Francia (también en Polonia), primero de catorce y después de diecinueve, Provincias. Esta medida llevó consigo la creación del cargo de «Visitadoras» (en el sentido de Inspectoras o delegadas). En realidad, esto había sido ya implantado en principio por los Fundadores. Además del informe que cada tres años debían enviar, tenían la obligación de acudir a la Casa Madre cada seis años, para deliberar con los Superiores acerca de las necesidades de la Compañía. Cada una de ellas debía presentar el estado global de las casas de su «Provincia», señalando las deficiencias más comunes, proponer medios para subsanarlas y transmitir, después, a sus Hermanas, los reglamentos que se hubieran establecido y los consejos que se hubieran dado.

Lamentablemente, el único informe que ha llegado a nuestro poder es el de la «Asamblea extraordinaria» de que habla la Madre DELEAU en su circular del 18 de abril de 1792. Se trataba de tomar las medidas necesarias en aquel momento en que el Gobierno francés suprimía las Congregaciones. Vamos a contentarnos con citar esta bella frase que contempla el hecho de la dispersión de las Hermanas:

«No olvidaremos jamás que la asistencia a los pobres enfermos era la feliz ocupación a la que Dios nos había llamado y destinado; por consiguiente, cada una de nosotras considerará como deber suyo el aliviarles en toda ocasión en tanto le sea posible, en espera de los acontecimientos misteriosos, conocidos sólo por la divina Providencia, que no deja de velar por nosotras. Fortalezcámonos cada vez más en el Señor por medio de la oración y la paciencia, cumpliendo con mayor exactitud que nunca los deberes de nuestro estado. Tratemos de estar a bien con Dios y Dios estará con nosotras. Entonces, todo marchará bien para el tiempo y para la eternidad» (Génesis de la Compañía, p. 43).

3. Después de la Revolución Francesa

•    Con intención de poner fin a la marejada producida por la Revolución, el Papa Pío VII decidió por sí mismo lo que él llama en su Breve de 18 de enero de 1815, una «Asamblea General», y para que se pudiera proceder con toda libertad a las elecciones, nombró a monseñor d’ASTROS, Vicario Capitular de París, Visitador Apostólico de la Compañía. Pero añadía: «Queremos, no obstante, que los dere-chos de nuestro amado hijo HANON (Vicario General de la Congregación de la Misión) se mantengan en toda su integridad; asistirá, pues, con vos a dicha asamblea y en ella desempeñará todas las funciones que le incumben en virtud de los Estatutos».

Esta Asamblea se celebró el 12 de marzo siguiente y dio como sucesora de la Madre DURGUEILH a la Madre BAUDET. El 3 de febrero de 1816, quedaba restablecida en Francia la Congregación .de la Misión, por Luis XVIII. El Padre HANON trabajó mucho por conseguir la unión de los espíritus y de los corazones en aquellos tiempos difíciles. Falleció el 24 de abril de 1816.

•    A medida que la Compañía fue extendiéndose fuera de Francia, mientras las Asambleas de elecciones reemprenden su ritmo habitual, se van multiplicando las «Asambleas de Visitadoras». La primera la convocó el Padre BOR E, para el 30 de marzo de 1876. Otras tres siguieron durante el generalato del Padre FIAT. En 1936, el Padre SOUVAY recordará que se celebraba la decimocuarta reunión de este tipo (reuniones que seguían siendo informativas y consultivas únicamente). Después de la canonización de Santa Catalina LABOUR E, el 27 de julio de 1947, eran veintiséis las Visitadoras que se reunieron en torno al Padre SLATTERY (recién elegido Superior General) y a la Madre BLANCHOT.

II – Las Constituciones de 1954

1. Algunos puntos que recordar

En 1917 se había publicado el Código de Derecho Canónico. Recogía en su texto a numerosas Congregaciones de votos simples, que habían nacido y se habían desarrollado a partir del siglo XIX, y las situaba entre los «Estados de perfección canónicamente reconocidos». Por lo que se refiere a la Compañía, ya desde el 10 de junio de 1918 (el Código había entrado en vigor el 20 de mayo de aquel año), el Padre VERDIER puntualizaba que quedaba indudablemente bajo el fa-moso Título XVII consagrado a las «Sociedades de Vida Común» (sin votos públicos), y que nada había cambiado en su estructura particular.

De hecho, para ponerla en conformidad con el Código de Derecho Canónico, se hacía necesaria la redacción de unas Constituciones que la Iglesia aprobara como tales. Fue éste un largo y delicado trabajo. Por fin, el 6 de junio de 1954, el Cardenal VALERIO VALER I, Prefecto de la Congregación de Religiosos, llevaba personalmente a la Casa Madre el texto en cuestión, al que no esperaba una larga vida: porque, el 25 de enero de 1959, Juan XXIII anunciaba la convoca-toria de un Concilio Ecuménico y la reforma del Derecho Canónico… Ya sabemos todas las consecuencias que esto debía tener.

2. Las «Asambleas Generales»

Este término aparece, pues, oficialmente, en las Constituciones de 1954. Pero sigue refiriéndose esencialmente a Asambleas para las elecciones, sin poder al-guno de decisión. Dado que las Visitadoras son miembros de oficio de estas Asambleas, esto llevará consigo el establecimiento de verdaderas Provincias. Hasta entonces, sólo algunas Visitadoras de países alejados habían recibido poderes especiales.

La primera Asamblea en conformidad con lo previsto en las Constituciones de 1954, se celebró en Pentecostés de 1956 (comprendía cuarenta y seis Visita-doras). Esta Asamblea reeligió a Madre LEPICARD por un mandato de seis años. Antes que ella, Madre BLANCHOT había sido mantenida en el cargo un año más, con la aprobación de Roma (1946-1953), con el fin de dar lugar a que se acabara la redacción de las Constituciones.

No repito lo que ya he dicho a este respecto en la introducción. La Asamblea siguiente, en Pentecostés de 1962 (con cincuenta y cuatro Visitadoras) se desa-rrolló en las mismas condiciones y eligió a Madre GUILLEMIN.

«La Asamblea de Asuntos» de 1965 (con sesenta y seis Visitadoras) merece una mención aparte. Se desenvolvió en el clima entusiasta del Concilio, en el que quedó envuelto también el discurso de Pablo VI, hasta tal punto que ha podido llamársele «la carta espiritual de la Compañía» (Cf. Ecos de la Compañía, julio de 1965). Se había iniciado en profundidad el «aggiornamento». El hábito había sido modificado en 1964 y, al anunciar este cambio, Madre GUILLEMIN (que era por entonces Auditora en el Concilio) añadía que «era necesario emprender un trabajo profundo de reflexión y de estudio para poner de acuerdo los pasos de la Pequeña Compañía con los de la Iglesia». Se consultó a todas las Hermanas sobre los temas que habrían de ser objeto de estudio: Valores de la Vocación, Formación, Renovación del Consuetudinario (que prácticamente no había cambiado desde los orígenes).

III – A partir de la Asamblea extraordinaria de 1968-1969

1. Preparación

El «aggiornamento» o puesta al día propiamente dicha, debía hacerse en con-formidad con el pensamiento del Decreto Conciliar «Perfectae Caritatis» y del Motu Proprio «Ecclesiae Sanctae», del 6 de agosto de 1966, completado, el 6 de enero de 1969, por la Instrucción «Renovationis Causam». Todo ello resultó posible para la Compañía por la decisión de la Sagrada Congregación para los Religiosos

Institutos Seculares de conferir a la Asamblea General el poder de legislar, previendo para ello la celebración de Asambleas Domésticas y Provinciales, que habían de elegir delegadas y tendrían la facultad de presentar Postulados. Fue éste verdaderamente un giro histórico dentro del régimen de la Compañía.

No es, pues, de extrañar que la Asamblea General de 1968-69 requiriera un enorme trabajo de preparación, del que Madre GUILLEMIN fue la animadora competente e incansable, a partir de aquellos famosos «cuestionarios»: se trataba de refundir por completo las Constituciones (de ahí el título de «extraordinaria» que se dio a esta Asamblea). Los Cánones 578 y 587 del Derecho actual resumen bien los criterios fundamentales:

  • pensamiento y proyecto de los Fundadores, tal y como la Iglesia los ha reconocido,
  • naturaleza, fin y espíritu del Instituto,
  • sanas tradiciones,
  • reglas fundamentales de gobierno del Instituto, disciplina de los miem-bros, incorporación, formación, objeto propio de los vínculos sagrados (votos),
  • armonización de los elementos espirituales y de los elementos jurídicos,
  • recopilación en otro código (Estatutos) de las otras reglas de forma que puedan ser revisadas y adaptadas oportunamente, según las exigencias de lugares y tiempos.

Fue necesario también, por primera vez, redactar Directorios para las Asam-bleas. Se comprende el desconcierto producido por el fallecimiento imprevisto de Madre GUILLEMIN, cuando faltaban pocas semanas para la Asamblea, el 28 de marzo de 1968. Pero todo estaba preparado y dispuesto.

2. Desarrollo

Por primera vez, sesenta Provincias y Vice-Provincias estaban representadas por ciento cuarenta y una Visitadoras y Delegadas, además de los miembros de oficio de la Curia Generalicia. Después de la elección de Madre CHIRON, la Asamblea decidió elevar a ocho el número de Consejeras (ya no es cuestión de una elección para la Ecónoma General). Los setecientos treinta y dos postulados fueron guiando la reflexión acerca de los cuatro capítulos propuestos: Vocación de la Compañía, Vida espiritual, Vida comunitaria, Gobierno.

Una segunda etapa —asimismo cuidadosamente preparada — se abrió el 6 de septiembre de 1969. Tuvo como resultado las Constituciones y Estatutos provi-sionales, que el Padre RICHARDSON presentó a la Compañía en 1970 y que es-taban distribuidos en nueve capítulos: Vocación de la Compañía, Diálogo con Dios, Caridad fraterna, Vivir como consagradas los Consejos Evangélicos, Vida Apostólica, Actividad misionera, Formación, Gobierno, Administración de los bienes temporales.

3. Hacia las Constituciones de 1983

Las Asambleas de 1974 (con mil postulados) y de 1979-1980, se calificaron de «Asambleas ordinarias con cometido extraordinario». Se trataba esencialmente de proseguir la revisión y redacción de las Constituciones y Estatutos. En ellas fue elegida —y luego reelegida — la Madre ROGE, cuyo mandato se extendió en un total de once años, porque las Asambleas de 1980 y 1985 (normalmente hu-biera tenido que ser 1986) se adelantaron seis meses cada una, con el fin de evitar al Superior General el tener que presidir, en el mismo año, la Asamblea de los Sacerdotes de la Misión y la de las Hijas de la Caridad. El Padre Richard Mc CULLEN fue elegido Superior General el 11 de julio de 1980 y reelegido por un segundo sexenio en 1986.

Entre las Asambleas, se celebraron diversos Encuentros internacionales, que enriquecieron la reflexión, la participación y la vitalidad de la Compañía:

  • Jornadas de estudios para las Visitadoras (1972-1977-1983), que se desarrollaron en dos tiempos: reflexión sobre diversos temas y prepara-ción de la Asamblea siguiente, incluida en ella la propuesta de asuntos a tratar y cuestionarios. A partir de 1983, se convocó, juntamente con las Visitadoras, a las Responsables Regionales.
  • Encuentros para Responsables de Formación (Seminarium), que ya había inaugurado Madre GUILLEMIN. Son de señalar especialmente los de 1979 y 1983, que tuvieron como coronación las «Directivas para la Formación Inicial». Estas Directivas —y lo mismo puede decirse de las de Hermanas Sirvientes y las de las Visitadoras— respondían a una petición de las Asambleas Generales de 1968 a 1985 (es también el caso de la Instrucción sobre los Votos).
  • Encuentros de Hermanas Jóvenes (se inauguraron en 1979). El pensa-miento de éstas, recogido en un informe aprobado por todas, sería ex-puesto a la Asamblea General por algunas representantes.
  • Evidentemente, el acontecimiento más importante de estos años ha sido la aprobación de las nuevas Constituciones por la Sagrada Congregación de Religiosos e Institutos Seculares, el 2 de febrero de 1983. Eran el fruto del trabajo de tres Asambleas, después de dos ediciones provisionales.

4. Las Asambleas Generales Ordinarias

En adelante, las Asambleas Generales tendrán esencialmente como tema «problemas de vida». No obstante, a la de 1985, después de la elección de Madre DUZAN y de su Consejo, le incumbió también el completar algunos puntos jurídicos (texto adicional) que, a causa de la publicación simultánea de las Constituciones y Estatutos y del nuevo Código de Derecho Canónico, no habían podido concretarse. Pero lo esencial de la reflexión de esta Asamblea cristalizó en un «Documento Inter-Asambleas» («en la Encrucijada…»). Este documento tuvo mucha aceptación por la solidez de su contenido y sus orientaciones prácticas (Cf. Ecos de la Compañía, junio a diciembre de 1985).

En cuanto a la Asamblea de 1991, estará consagrada, como es sabido, a «La Hija de la Caridad en el mundo y para el mundo de hoy». Su preparación se inició en el Encuentro de Visitadoras y Responsables Regionales de 1988 (Cf. Ecos de la Compañía de julio-agosto 1988). Los trabajos enviados por las Asambleas Provinciales han sido sintetizados por una Comisión Internacional, que ha redactado un interesante «Instrumento de trabajo» y ha agrupado por temas los Postulados y Proposiciones. Las Hermanas Jóvenes han tenido también, una vez más, su Encuentro, del 20 de septiembre al 22 de octubre de 1990 (Cf. Ecos de la Compañía, diciembre de 1990).

En esta fecha, la Compañía está formada por setenta y cuatro Provincias (incluidas la Cuasi-Provincia de la Casa Madre y la Vice-Provincia de Alemania Oriental). La Asamblea se compondrá de ciento setenta miembros de derecho. Las Responsables Regionales asistirán a ella a título de Auditoras.

Al término de esta breve exposición histórica, nos queda como impresión dominante la de una continuidad en lo esencial, que trasciende las modificaciones y adaptaciones necesarias. Las participantes en esta Asamblea no podrán firmar, sin gran emoción, el grueso libro de las elecciones que Maturina GUERIN inau-guró en 1668. En momentos así, cobra vida lo que dice la Constitución 1. 3:

«La llamada que oyeron las primeras Hermanas sigue suscitando y reuniendo, a través del mundo, a las Hijas de la Caridad, que se esfuerzan por beber en sus fuentes las inspiraciones e intuiciones de los Fundadores, para responder, con fidelidad y disponibilidad siempre renovadas, a las necesidades de su tiempo».

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