La Palabra de Dios en san Vicente de Paúl (II)

Mitxel OlabuénagaEspiritualidad, Espiritualidad vicencianaLeave a Comment

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  1. COMO SE ACERCÓ VICENTE A LA PALABRA

Aparentemente el tema se ofrece sencillo puesto que el cono­cimiento que tenemos de Vicente nos deja conocer cómo leyó y meditó la Palabra de Dios (según la traducción de la Vulgata) y siempre en clave de evangelización de los pobres.

  1. El marco de la Exhortación «VERBUM DOMINI» del Papa Benedicto XVI me ofrece un camino de lectura de la pro­pia experiencia de Vicente desde nuestro contexto de hoy. En la primera parte del documento papal intitulada «EL DIOS QUE HABLA» hay una reflexión sobre el lugar de la Palabra en la vida de los cristianos, como Palabra que partiendo de Dios abre el diálogo entre Dios y los humanos, y lógicamente Palabra que pide la atención y adhesión de nuestra parte para dejarnos educar y formar por ella.

Ahí percibo la etapa personal de confrontación con la Palabra de Dios en la vida del fundador, en el espacio sagrado de su cora­zón y de su vida sin que tengamos reflexiones particulares de su parte pero que son de suponer aun en sus etapas demasiado rápi­das de educación hacia el sacerdocio. Escuchar y acoger como cristiano la Palabra divina que no se equivoca debió ser una cer­teza que le acompañó y que supo dejarnos en herencia, tan impregnado lo encontramos de la Palabra divina.

San Vicente como creyente cree y vive lo que la Segunda carta de Pedro afirma:

«Pero ante todo, tened presente que ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia; porque nunca profecía alguna ha venido por voluntad humana, sino que hombres, movidos por el Espíritu Santo, han hablado de parte de Dios».

Esa es la actitud del Fundador, y esa la actitud que el Papa Benedicto recuerda a los cristianos de hoy. Vicente es un creyen­te profundamente piadoso, para inquietarse menos por una lectu­ra critica de la Biblia que por una docilidad afectuosa a la auto­ridad de la Palabra divina. Escuchar…rumiar…obedecer, son etapas a través de las cuales SE DEJA ENTRAR A DIOS EN NOSOTROS.

  1. La segunda parte de la Exhortación: «La Palabra en/y la Iglesia» abre el espacio a la percepción de la relación que Vicente debió vivir en cuanto sacerdote de Iglesia y para el ser­vicio de la Iglesia.

Su misión como también la frecuentación de personas más comprometidas en el mundo de la reflexión bíblica pudieron aportarle esa visión de una «Palabra Divina» confiada a la Igle­sia, para orientar el pueblo de Dios y particularmente para ayudarlo a través de los sacramentos y en particular el de la Eucaris­tía con el destino de la misión hacia los pobres.

Con el conocimiento que tenía de la Escritura, leída desde la fe y para ayudar a hacer crecer esa semilla en el corazón de los cristianos podemos comprender la recomendación que dirige a los misioneros de:

«Hemos de tener mucho interés en ser fieles a la lectura del capítulo del Nuevo Testamento, haciendo al comenzar los actos: 1.° de adoración, adorando la palabra de Dios y su verdad; 2.° entrar en los sentimientos con que las pronunció nuestro Señor y aceptar esas verdades; 3.° resol­verse a la práctica de esas mismas».

Y en su actitud de fe total añadirá:

«Sobre todo hay que evitar leerlo por estudio, diciendo: «Este trozo me servirá para tal predicación», sino leerlo sólo para nuestro provecho espiritual». Solamente leer para avanzar… leer y creer para avanzar.

Es casi revivir le gesto profético de Ezequiel de «de comerse el libro y anunciar su contenido».

Si el Papa, en su Exhortación «Verbum Domini», recorre todos los espacios eclesiales donde se vive y se crece como pue­blo de Dios es porque sabe que la Palabra no puede ser extraña o ausente en ningún espacio que signifique experiencia de fe o compromiso de caridad, que se trate de los pastores del pueblo de Dios o de los laicos o de quienes han respondido al llamado de Dios en la vida consagrada.

Es desde la Palabra divina donde san Vicente ha propuesto nuestros caminos de respuesta a Dios. ¿Quién desconoce todo el tesoro de reflexiones sobre las Máximas Evangélicas que son las pistas que muestran la ruta que hay que emprender cada día? Máximas que el teólogo alemán J. B. METZ llama «arsenal de recuerdos peligrosos» porque incomodan, desinstalan… obligan a comportamientos más coherentes.

Vicente dirá siempre que las REGLAS COMUNES recibidas por las dos familias son «todas extraídas de la Palabra de Dios».

Lo dice claramente a los Misioneros cuando les distribuye el 17 de mayo de 1658 las Reglas Comunes:

«Miradlas (interioricemos el verbo) no como producidas por espíritu humano sino como emanadas del espíritu divino. Hemos intentado basarlas en el espíritu, obras y vida de Jesucristo, en cuanto fuimos capaces de hacerlo. Nos parecía que quienes han sido llamados a con­tinuar la misión del mismo Cristo, misión que consiste sobre todo en evangelizar a los pobres, deben llenarse de los sentimientos y afectos de Cristo mismo, más aun deben llenarse de su espíritu y seguir fiel­mente sus huellas» (Prólogo de Reglas Comunes).

San Vicente no habría dicho diferentemente lo que el Papa dice al concluir la segunda parte de su Exhortación:

«Junto a los Padres Sinodales expreso el vivo deseo de que florezca «una nueva etapa de mayor amor a la Sagrada Escritura por parte de los miembros del Pueblo de Dios, de manera que mediante la lectura orante y fiel a lo largo del tiempo, se profundice la relación con la per­sona misma de Jesús».

Tanto hay para pensar cuando podemos reprocharnos el de ser con frecuencia «oyentes distraídos y olvidadizos de la Pala­bra» ha escrito el apóstol Santiago.

  1. La Misión de la Iglesia: anunciar la Palabra al Mundo: «Evangelizare pauperibus misit me».

Si la Iglesia tiene como misión la de anunciar al mundo la Palabra de Dios para ofrecerle la luz necesaria para su caminar no podía ser otra la misión de la Palabra de Dios en la vida y la misión de san Vicente, teniendo como destinatarios privilegia­dos los «pobres» en donde san Vicente descubre más acogida a la Palabra divina según su propio testimonio:

«Lo que me queda de la experiencia que tengo es el juicio que siempre me he hecho: que la verdadera religión está entre los pobres. Dios los ha enriquecido con una fe viva; ellos creen, palpan, saborean las pala­bras de la vida».

Es verdad que el evangelio de Lucas le ha ofrecido una misión: (evangelizar); le ofreció también destinatarios de privi­legio: (los pobres), pero su mirada iba sin duda mas lejos para encontrar, en la línea de la historia de Israel, la presencia de los profetas que estimulaban por su doctrina y su valentía el celo apostólico en el ejercicio de su propia misión.

Los tejidos de relaciones que san Vicente construía sin cesar eran los areópagos donde su evangelización podía realizarse, con­vencido como estaba que esos areópagos le daban la posibilidad de no «decepcionar a los pobres» como el Papa Benedicto lo recuerda en su Exhortación, en el n. 107, y porque ellos son los primeros en tener derecho a recibir el mensaje de salvación que el Papa llama «el Logos de la Esperanza: Jesucristo».

Una trilogía se construye y se liga con fuerza misteriosa: La PALABRA, VICENTE, LOS POBRES y en torno a estos cuan­tos puedan ayudarles.

A nosotros pertenece el rehacer esta misma trilogía.

CEME

Álvaro Restrepo Álzate

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