La oración en la Hija de la Caridad: práctica y catequesis

Francisco Javier Fernández ChentoHijas de la CaridadLeave a Comment

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Author: Jesús Lusarreta, C.M. · Year of first publication: 1979 · Source: Segundo encuentro de animadores espirituales de las Hijas de la Caridad, Salamanca, Octubre-Noviembre de 1979, propiciado por el Secretario de la Comisión Mixta Española.
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Presentación

El presente trabajo es una breve Catequesis sobre la Oración Comunitaria en san Vicente de Paúl, que tiene co­mo objetivo: «ayudar a caer en la cuenta de la necesidad que tenemos de orar, en clima adecuado, con medios adapta­dos y siguiendo las líneas de Vicente de Paúl».

Por eso vamos a distinguir —buscando estos objetivos:

  1. Partir de la experiencia humana y religiosa.
  2. Introducirnos en los contenidos teológicos y caris­máticos de la oración vicenciana.
  3. Hablar de los nuevos métodos de oración como ac­tividad presente.
  4. Insinuar las actitudes de oración que deseamos crear en los ejercicios.
  5. La Catequesis no es una lección, sino una búsqueda de actitudes.

1. Partida

1.1. Experiencias deficientes

a) Sin duda ninguna que desde nuestra niñez nos ha ocurrido tener un sentimiento de impotencia humana y de­sear consiguientemente apelar al poder divino, ya sea para conseguir un beneficio, ya para desechar de nosotros una dificultad. La petición a Dios, en ese momento, era un medio de protección ante la necesidad real del hombre. Aparente­mente, era reconocer a Dios como poder, pero realmente, era búsqueda de nosotros mismos, «egocentrismo en lugar de teocentrismo».

b) Otra experiencia negativa de oración es la recitación de una oración desconexionada del interior, cumplimiento le­guleyo de reglas.

1.2. Experiencias o constataciones presentes

— Hemos podido comprobar últimamente:

a) Que en nuestro pueblo .bautizado se ha dado una fuerte vuelta a lo religioso, al cultivo de lo sagrado. Ha au­mentado la asistencia a procesiones, peregrinaciones… Se han buscado o analizado algunas causas, pero quizás no venga a qué en este momento.

b) Entre las Hijas de la Caridad jóvenes, según se ha dicho aquí, se constata una generación joven de signo dis­tinto, menos agresiva, con más ansias de vuelta a las fuentes, ansiosa de una oración compartida, más amante de la Co­munidad.

c) Entre Hermanas de otras edades, constatamos que se ha acrecentado la participación en la oración, el gusto por las celebraciones más festivas y reposadas.

d) Vemos también, a la escucha de lo que oimos en las comunicaciones de oración, que la oración es menos indi­vidualista, más universal y más comprometida en la acción Pastoral.

e) En la síntesis de la Asamblea General 1980 se nos dice con relación al número 9 de Constitución que la oración es fuerte apoyo para la vida interior y que el aspecto de con­templación es esencial en nuestra vida para mantener firme nuestra vocación; es una defensa contra el activismo.

— La oración compartida es un medio de profundizar en la vida espiritual, fraterna y apostólica.

— Y del número 22 se dice:

En la Comunidad de oración experimentamos la perte­nencia a una Comunidad de Fe, y añade: «Las Hermanas jóvenes insisten en la importancia de la oración compartida, que «reúne, une, construye y vitaliza la Comunidad»».

1.3. La experiencia de Vicente de Paúl

a) En la vida de Vicente de Paúl, hubo un momento, una experiencia, que fue punto de partida para un cambio: el diálogo sacerdotal con el doctor de la Sorbona tentado contra la fe, y la llamada de su conciencia a ayudarle.

Esta experiencia sería causa de una opción radical en su vida y de unos planteamientos nuevos para ver al pobre.

Guitton dice que Vicente de Paúl es uno de los mayores intuitivos de la Historia, comparado a Juan XXIII y Atenágoras. Como intuitivo, dice, ve con claridad el futuro, está seguro de su opción, y sin ser soñador, se entrega a su misión con entusiasmo y coraje.

«No es suficiente que yo ame a Dios si mi prójimo no le ama». «Debemos correr en auxilio de las necesidades de nuestros prójimos como a auxiliar en un incendio».

b) Nuestro obrar tiene relación con nuestro ser y nues­tro orar. El P. Dodin, en su libro «La oración en la vida apostólica» después de exponer en las páginas 1 y 13 unas breves notas históricas sobre la oración dice de la actitud de san Vicente: «En las consignas que el Santo daba a los Misioneros y a las Hijas de la Caridad tenía en cuenta las dos tendencias de oración: la oración afectiva y la oración mística. Conocidas ambas por él no sólo a través de los libros sino por la experiencia de algunos dirigidos. Muchos de los consejos de la oración mental están relacionados con la tra­dición Ignaciana ya que san Vicente se aprovecha mucho, en la oración práctica, de la Compañía de Jesús. Además san Vicente preocupado de no traicionar el pensamiento de san Francisco de Sales, aprovecha profundamente los recur­sos de la afectividad. La introducción a la vida devota, el Tratado del amor de Dios, y el Tratado de la Oración del P. Granada son libros particularmente recomendados.

Esta anchura de miras en sus directrices dotan a la ense­ñanza de un valor particularmente notable.

  1. San Vicente, por principio no prohibe ninguna for­ma de oración. Si desaconseja la oración de quietud a algu­nos, si prohibe a las Hijas de la Caridad que hagan la ora­ción al estilo de los Carmelitas, no es porque desestime el valor de estas formas de oración para aquellos o aquellas que deben utilizarlas, sino que no las ve adecuadas para el estilo de vida de las Hermanas.
  2. San Vicente aconseja y prescribe múltiples formas de oración, pero nunca llega a admitirlas o rechazarlas sino después de haber tenido en cuenta el temperamento, el estado físico, la gracia y la eficacia del método.

c) Interrogantes que plantea la experiencia evocada.

  1. Si la oración marca el camino de vida, cómo ten­drá que ser la oración de las Hijas de la Caridad para que ellas no lleguen a la conclusión de que son religiosas?
  2. Si para servir al pobre integralmente, se necesitan personas todas de Dios, capaces de seguir la oración en el servicio, ¿qué método de oración deberán seguir? Son váli­das las existentes. He aquí el por qué la vida de oración de la persona o de la Comunidad marcan y provocan su hacer, su estilo de vida, su mística en la acción.

2. Algunos principios teológicos sobre la oración. Contenido

2.1. La oración es una experiencia de Dios en Cristo, experiencia de la persona, hay que decir de toda la persona.

Experiencia profunda del vivir los propios estados y actua­ciones interiores. No es algo que podamos hacer por noso­tros mismos, fruto de nuestro esfuerzo. El verdadero sentido de la oración —dice el P. Castillo— es a nivel de experien­cia, contacto entre dos personas, relación de actitudes, verda­dera presencia mutua, convivencia personal, existencia acti­va, comunicación de amor.

En consecuencia, toda experiencia personal de oración conlleva tres elementos:

2.1.1. Una fe viva de que esa persona está ahí y se me quiere comunicar. Está no sólo dispuesta sino en camino hacia mí. Fe viva en un Dios, que se ha comunicado, que se está comunicando y me lo ha demostrado en Cristo.

2.1.2. La certeza de que es posible esa comunicación, ya que el hombre, al ser imagen de Dios, vive la posibilidad de este encuentro. La oración y su posibilidad es algo que está enraizado en la misma Constitución, en el mismo ser del hombre, de la persona según nuestra fe. Dios mantendrá al hombre siempre, a pesar de sus fallos, como su inter­locutor.

2.1.3. No es una comunicación cualquiera por muy ín­tima y profunda que pueda ser. Se trata de la comunica­ción y yo tengo que estar convencido de ello.

Cristo es el grande y decisivo Hecho de Dios y tiene que ser acogido no solo ni principalmente por el entendi­miento y la sensibilidad, sino sobre todo a nivel de persona y actitudes.

2.2. La esencia de la oración

  • Es el tránsito que hace el alma a la unión con Dios, el medio o camino por donde ha de ir el alma a esta unión.
  • La oración es cristiana en la medida en que se ora en el nombre de Jesús, buscando conocerle y por medio de El llegar al Padre.
  • Es sed de Dios y apertura para llenarse de El, conscientes de que la oración no es fruto del esfuerzo humano, sino un testimonio de buena voluntad ofre­cido a Dios. Es esfuerzo por estar atentos a Dios para escucharle. Luz ténue a veces, pero que da fuer­zas para obrar el bien.
  • Adhesión a Dios íntima y verdadera, sencilla, natural y espontánea, que se traduce en todos los actos y actitudes.
  • Atmósfera que envuelve toda la vida, que llega a hacerse constante y sin interrupción.
  • La oración en sí, no tiene como fin conocer mejor el objeto de nuestra fe, ni enriquecer nuestros conoci­mientos con datos nuevos, es algo más auténtico y profundo, es desarrollar el germen de fe pura, des­pertando la conciencia del que ama a Dios, sabe que es de él, que hay algo que va hacia él, que vive bajo su mirada.

2.3. Condicionamientos de base

2.3.1. Mi oración debe de estar integrada en la vida. Vida y oración no son realidades paralelas que transcurren la una al lado de la otra. Ni mucho menos contrapuestas. La oración en la historia del pueblo de Dios brota de la misma vida e historia. Es la vida quien dicta, quien marca, quien sugiere la materia y estilo de oración. Es el encuentro, la gesta, el signo, el hallazgo, quien interpela a la persona para que ore en espíritu de petición, alabanza, acción de gracias, adoración. Las oraciónes de la Biblia, especialmente los Salmos, son una buena muestra de ello (Sal 68, 77, 78, 105, 106, 136, etc.).

— La historia de Jesús está frecuente e insistentemente inscrita en su ministerio.

Algunos datos:

Jesús hace oración antes de los principales hechos de su vida; en el trabajo ordinario, en el fracaso y después del éxito. Toda la vida de Jesús es oración y así nos lo recogen los Sinópticos: Lc 6.12; Mt 14.19; 15.36; Mc 6.41-8, 7; Lc 7, 16; 9, 28-29.

2.3.2. Mi oración debe tener conciencia comunitaria.

El primer título que el israelita tenía para orar era su pertenencia al pueblo de Dios. De aquí que nunca actúa en solitario, siempre actúa y ora como miembro de la Comu­nidad, no quiere decir esto que yo no pueda pedir o pre­sentar mis problemas o preocupaciones, sino que lo haga con conciencia de Comunidad. Cuando ora Moisés, dice: Esta nación es tu pueblo «Ex 33-13» (Sal 44, 74-77). Que por mi causa no queden defraudados los que confían en ti: Sal 69. Y Jesús realzó unas líneas comunitarias en la oración tipo: el Padrenuestro (Mt 6, 5-15; Lc 11, 2-4).

2.3.3. Mi oración debe responder a una necesidad.

No es algo simplemente utilitario que tomo y dejo según las circunstancias. La oración no tiene razón de medio sino de fin, porque toca la médula de nuestra fe. La oración es la expresión de nuestra fe.

Aquí está en juego el dinamismo del amor, la conviven­cia personal, el contagio afectivo, la mutua presencia, lo que hace que dos personas poco a poco vayan pensando igual, actuando igual, vibrando igual, teniendo las mismas actitudes. «Entre vosotros tened la misma actitud de Cristo Jesús» (Fil 2, 5).

2.4. Signos de la Verdadera oración

2.4.1. La verdadera oración nos lleva a un descubri­miento de la voluntad del Señor.

2.4.2. Aunque la oración, en principio, es diálogo en soledad con Dios, la verdadera oración me lleva a sen­tir más profundamente en Iglesia.

2.4.3. Es compromiso con los hombres y con el mundo que nos ha tocado vivir.

3. La oración comunitaria (Según el Vaticano II)

Se puede mirar desde tres aspectos distintos.

3.1. La oración comunitaria litúrgica recogida en los números 19, 27 y 83 de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia.

Es la consciente comunicación entre Dios y sus fieles en los actos litúrgicos, plenos de la Iglesia, realizada por el mis­mo acto, no con ocasión del mismo, orar y hacer, orar es lo único que interesa en la acción litúrgica, no hay intención litúrgica si no tiene como objetivo poner a la Comunidad en trance de oración.

— La Iglesia se reconoce en el grupo de los fieles reuni­dos en nombre del Señor, la Comunidad reunida en su nombre es signo sacramental de la presencia del Señor en la Iglesia.

Es signo de Cristo Orante. En las palabras y canto, en el silencio y en los gestos de la comunidad litúrgica en oración, toma cuerpo y presencia humana el Cristo Orante. Este será el primer contenido de la oración litúrgica.

En toda reunión litúrgica se dan como signos: la escu­cha de la Palabra, la unión a toda la Iglesia, la respuesta a Cristo que habla. La oración eucarística, misterio, sacrificio y comunión, es la cumbre y Centro de toda oración litúrgica.

3.2. La oración comunitaria

Toda oración litúrgica es conveniente que sea comuni­taria (ej. la Eucaristía).

Ni la misa, ni la liturgia de las hermanas son acciones de fieles aislados, ni siquiera accidentalmente reunidos y adicio­nados, sino una Comunidad en cuanto tal.

Pero hay muchas ocasiones, en las que la Comunidad:

  • se reúne en el nombre del Señor,
  • quiere hacerlo presente,
  • quiere obrar como Iglesia-Comunión,
  • busca responder a las exigencias del Señor.

Entonces, la oración no es la de una Comunidad huma­na que se reunió al toque de un horario, sino a la llamada de una fe que le pedía unirse a los hermanos para expresar su gozo y esperanza.

Esta oración, en la que el creyente está abierto a los hermanos, alcanza entonces el sentido de oración co­munitaria.

3.3. La oración comunitaria en la acción catequética

En Catequesis, el silencio de profundización de la pala­bra (oración privada) y la expresión en oración compar­tida, son acciones imprescindibles.

La fe madura en Comunidad. La oración también, porque fe y oración corren por las mismas vías. La fe es adhesión a Cristo. La oración diálogo con él. Adhesión y diálogo discurren por el camino del encuentro. En Cate­quesis se hace oración para madurar en la fe, para mostrar la grandeza de la Comunidad cristiana reunida en el nombre del Señor.

La Catequesis encierra también el descubrimiento del significado de los signos, explicación que tiene como objeti­vo crear unas actitudes, provocar gestos o palabras de adhe­sión a la Comunidad, interiorización y adhesión desde los símbolos.

4. La vida de oración de la Hija de la Caridad

Al pensar en lo que «pienso que pensó» san Vicente al ver realizada su intuición, voy a recordar una historia:

  • En 1960 en la semana de Burgos, un sacerdote me dijo: «Las Hijas de la Caridad tienen un defecto, no son mujeres de oración, se les ve mucho en la calle»…
  • San Vicente pienso que vio muy claro desde su ex­periencia de Fe.
    • Que no las quería religiosas porque no podrían lle­var a cabo la obra de servicio para la que nacieron.
    • Que tenían que ser «muy de Dios, para ser todas de los pobres».
    • Que no podían orar al estilo de los religiosos porque les formaría conciencia de religiosos y «hay mu­chos que con tener el exterior bien expuesto y el in­terior lleno de grandes sentimientos de Dios, se de­tienen ahí; y cuando se viene a los hechos, y es mo­mento de actuar, se quedan cortos».
    • Que había que librarlas, y estaban muy expuestas a ello por el estilo de su vida, tanto del
      • activismo exagerado y para eso había que poner tiempos de oración y en común
      • como de las doctrinas jansenistas de la época, y para eso se inventó las repeticiones de oración.

4.1. La Espiritualidad del hacerse hombres

El gran éxito de la obra de san Vicente proviene

— Dice Coluccia, página 133, de que en él se hallan indisolublemente unidos, sentido de lo real, sentido del hombre y sentido de Dios. Si se presume tratar a los hombres sin tener en cuenta las realidades que a éstos circundan, se les reconoce que tienen a Dios por Padre.

Vicente restaura las relaciones entre hombre y Dios, entre gracia y libertad, entre espíritu y realidad hu­mana. Sus intuiciones traducen el verdadero sentido de la gracia y de la personalidad. No un Dios distan­te, juez, inaccesible a la experiencia humana, sino el Dios de Jesucristo, el Padre, presente en la historia.

— Vicente, ni místico ni humanista, es en verdad el hombre cuya originalidad es preservada en la pure­za del cristianismo. Y así escribe Leclerq sobre el profundo cambio del siglo xvii. «Tras los excesos de la especulación, el retorno al primado absoluto de la caridad, a la sencilla conformidad con Cristo, a la práctica de la virtud, de la humildad y del des­prendimiento, a una reducción del vacío verbalismo y de las sutilezas a una visión más realista de la vida cristiana; he ahí otras tantas reacciones sanas y benéficas».

4.2. Sin meterme en el estudio de escuelas de la época, nos vamos a fijar en Vicente de Paúl, educador de la vida de oración de las Hermanas

4.2.1. La repetición de oración como escuela de formación para «el pensamiento y las formas»:

a) «La repetición de oración, dirá él… era una cosa desconocida en la Iglesia de Dios. Estamos obligados a agradecer a Dios esta gracia que ha concedido a la Compa­ñía; podemos afirmar que esta práctica no ha estado en uso en ninguna caridad, sino sólo en la nuestra» (17-V-58, 5-VIII-59).

b) En la conferencia del 21-VII-34 después de decirles cómo tienen que comenzar la oración les añade: «Tened mucho cuidado de dar cuenta de vuestra oración lo antes que podáis hacerlo, no podéis imaginaros lo útil que os será esto. Decíos mutuamente con toda sencillez los pensamientos que Dios os ha dado, y sobre todo mantened con cuidado las resoluciones que hayáis tomado en ella. La Bienaventu­rada hermana María de la Encarnación se sirvió de este medio para adelantar mucho en la perfección. Ella daba cuida­dosamente cuenta de todo a su criada».

c) Más tarde, el 26-IV-43, partiendo del método ante­rior, san Vicente se fija que hay Hermanas a quienes les cuesta la meditación, y por eso les dice: «Os hablaré por medio de preguntas, como se hace en el Catecismo. Y para animar a las más tímidas y a las más ignorantes, añadió: Si hay algunas que no pueden responder, les ruego que no se preocupen, porque las que saben hablar poco a veces obran mejor, y las que comprenden y dicen bien las cosas que se les proponen, a veces no obran tan bien, a pesar de que hay quien dice y obra bien. Es preciso, hijos míos, que las que dicen bien se humillen mucho (es una gracia de la que conviene muestren agradecimiento al Señor) y que las que no pueden comprender lo que se les propone ni decir lo que piensan, confíen en Dios y tomen nuevas resoluciones de obrar bien». Para evitar los apuros que algunas Herma­nas pasaban con este método tan eficaz, san Vicente dijo a las Hermanas que podían escribir el pensamiento a fin de que no pasaran mal rato (p. 10, tomo IX, Conferencia 23, p. 225).

4.2.2. San Vicente, como pedagogo, busca métodos sencillos para personas sencillas.

Antes de entrar en el método de oración vamos a recordar que san Vicente es pedagogo-catequista, y busca que lleguen las Hermanas a Dios de la manera más ade­cuada.

a) A las que saben leer les dice:

La lectura meditada, para lo cual será conveniente que todas tengan su libro, puede ser método maravilloso.

Lo mismo la S.E., será muy bueno aprender textos, seleccionarlos, acomodados a las necesidades y disposicio­nes de cada cual. Así podréis repetirlos durante la oración (Dodin, p. 96).

b) A las que no saben leer:

Para facilitar la meditación y la oración, san Vicente tuvo la idea de presentar cada noche una estampa del Mis­terio sobre el cual habían de meditar al día siguiente: «Tener algunas estampas un poco grandes de los misterios princi­pales de la vida y pasión de nuestro Señor, y por la noche, después de la lectura, la Hermana Sirviente mostrará la es­tampa a la Hermana, diciéndole: Hermana, he aquí el tema para nuestra meditación de mañana». «Cuando os faltasen las ideas —añade san Vicente— mirad la estampa» (T. IX-217) (F).

Otro método de iniciación aconsejado por san Vicente es la oración por presencia amorosa.

Algunas personas no pueden sujetarse a un método de­terminado. En este caso, el método puede reemplazarse por la unión amorosa de Dios. «Cada una puede ponerse a los pies de la Cruz, en la presencia de Dios; y si no hallase qué decirle, espera a que el Señor le hable; y si la dejase allí, quédese con gusto, esperando de su bondad la gracia de es­cucharle (IX-50).

Este método —añade san Vicente— lo enseñó el Obis­po de Ginebra y hasta los enfermos pueden seguirlo.

4.2.3. La hija de la Caridad, mujer de oración.

La vida de la hija de la Caridad tiene un objetivo con­creto: el servicio al pobre. Este servicio va a conllevar: dul­zura, alegría; y también necesidad de descubrir a Cristo en el Hermano. San Vicente se plantea: ¿podrá descubrir a Cristo en el pobre, sin vida profunda de fe, de oración?

La oración es semejante al agua fertilizante (IX, 402) que riega las plantas dos veces al día y las hace florecer. Es el alimento que toma cada persona tres veces al día (X, 416), es la bebida que hace conservar la vida (T. X-604), es el aire de nuestra alma. La oración es tan necesaria para la vida del alma como el aire para la vida del cuerpo… La hija de la Caridad no puede vivir sin oración (T. X, 582-83).

La oración llega a ser el alma de nuestras almas, porque interiormente mantiene nuestra voluntad en el bien (X. 416­417) (pp. 28-32), «Hermanas mías, haced siempre lo que podáis, para que siendo la oración vuestra primera ocupa­ción, esté vuestro espíritu lleno de Dios todo el resto del día».

«No os digo que hagáis un tiempo de oración cada día, os digo que no salgáis nunca de la oración».

Y siempre que podáis, haced la oración en común. 4.2.4. ¿Cómo tenéis que orar?

«A los que hacen bien la oración se les conoce no solamente por la manera de repetirla, sino por sus actos y su comportamiento, por donde dejan entrever los frutos que de ella salen» (p. 62, La Fe que dio sentido a su vida).

Para san Vicente la oración es una predicación hecha a sí mismo para convencerse de la necesidad que tenemos de recurrir a Dios y de cooperar con su gracia para estirpar los vicios de nuestro espíritu y en él cultivar las virtudes (XI-84).

La iniciativa se deja a disposición de Dios para que El sea quien abra el camino.

Distingue san Vicente dos maneras de hacer oración:

— La oración mental, de entendimiento o meditación, accesible a todos (IX-420).

— La oración de contemplación, donde el alma es­tá presente de un modo pasivo y Dios colma de sus bendiciones si quiere (IX-420-21).

  • Es de destacar que san Vicente desconfía de las oraciónes llamadas extraordinarias. «Los éxtasis son más perju­diciales que útiles para las Hijas de la Caridad» (IX, 30) y toma una actitud prudente con respecto a la oración de quietud (XI, 29).
  • En cambio, opina que la meditación afectiva no está reservada, ni mucho menos, a un grupo selecto y anima a las Hijas de la Caridad a este Santo Ejercicio (IX, 3), aun a las que no saben leer (IX-3).

4.2.5. El método de oración de san Vicente.

San Vicente bebe su espiritualidad en Berulle, san Igna­cio y san Francisco de Sales y lo filtra para que su síntesis pueda servir a las personas sencillas que sirven a los pobres.

La vida de oración no se improvisa. Requiere unas actitudes personales abiertas a Dios y abiertas a las Her­manas.

4.2.5.1. A esto llama san Vicente preparación remota que lleva consigo:

— vaciarse de sí mismo,

— llenarse de Dios.

a) Para vaciarse de sí mismo se requiere:

  • humildad: reconocerse delante de Dios, pecador,
  • mortificación: verse libre del dominio de las criaturas,
  • silencio: recogimiento
    • encuentro de sí mismo (IX, 340);
    • hallar a Dios (pp. 58-60);
    • recogimiento:
      • compostura del cuerpo,
      • modestia interior.

b) Para llenarse de Dios:

  • sencillez: que es hacer todas las cosas por el amor de Dios
    • confiar en el prójimo;
  • presencia de Dios: la sencillez es búsqueda acti­va de Dios.

4.2.5.2. La preparación próxima.

— Siguiendo san Vicente a san Ignacio, quiere que las Hijas de la Caridad, como ya lo hacen los misioneros en San Lázaro, preparen la oración la noche anterior leyendo los puntos de meditación del día siguiente, invitando además a alguna Hermana a que exponga sus pensamientos, y aclare la oración del día siguiente (X. 590-91).

— Por la mañana:

a) Al levantarse (y esto lo hacía a las cuatro) que lleve al Señor el primer ofrecimiento de las obras.

b) Adoración: san Vicente recuerda las enseñanzas besalianas; adorar es poseer una idea muy alta de lo que nosotros adoramos: «el verbo encar­nado», es reconocerle.

c) Acción de gracias.
No basta con adorarle, hay que darle gracias.

d) Ofrecimiento de todas las obras del día (Dodin, pp. 7-72. Oración y Vida Apostólica).

4.2.5.3. Preparación inmediata.

  • La oración comienza poniéndose en la presencia de Dios. Es imaginarse al Señor presente en el Santísi­mo Sacramento del Altar. El hecho de que Dios esté presente en nosotros nos ayuda a tomar con­ciencia de su presencia en la Eucaristía. Esto se hace o por medio de la fantasía o por medio del acto de fe sin esforzarse en buscar imaginación alguna (X.-589).
  • Se invoca la asistencia divina. Es ponernos bajo el amparo divino.
  • Presentación del tema. Se suele leer. Es interesante que no nos portemos pasivamente.

4.2.5.4. Cuerpo de la oración (la consideración).

Los temas de la oración pueden ser de dos clases: sensibles o abstractos. Cuando son sensibles es necesario representarlos teniendo en cuenta los detalles y las circuns­tancias.

Si es abstracto hay que considerar en qué consiste dicha virtud, cuáles son sus propiedades.

Dificultades que pone el mismo san Vicente a esto:

a) Una sensibilidad inadaptada.

b) Abuso de la facultad discursiva. Cuando se quiere tener fuego se echa mano de un fusil, se le golpea y tan pronto como el fuego salta, se enciende la mecha, siendo inútil seguir golpeando.

Los efectos:

— La consideración —dice san Vicente— es un medio secundario y accesorio para obligarnos y comprome­ternos en la acción. Las consideraciones, si no nos conducen a los efectos, no tienen ningún valor (pp. 62-64).

4.2.5.5. Las resoluciones.

Es uno de los aspectos más importantes. Aquí debemos mantenernos particularmente y no en las razones y en los discursos. El principal fruto de la oración consiste en resol­verse valientemente, fundamentar las resoluciones, conven­cerse de ellas, disponerse a practicarlas previniendo los obs­táculos para superarlos (XI-87).

Las resoluciones —decía san Vicente— deben de en­cauzarse hacia el amor afectivo: amar a Dios con el esfuerzo de los brazos y el sudor de la frente.

Acusarse alguna vez ante Dios y ante la Caridad de los defectos y tomar la resolución de corregirse.

No dejar de tomar resoluciones, como no se deja de tomar alimento cada día.

4.2.5.6. Conclusión de la oración: Tiene tres partes:

— agradecimiento de las gracias recibidas,

— ofrecimiento a Dios de las resoluciones,

— petición de la perseverancia.

5. La oración – servicio

Es un tipo de contemplación distinta, de almas fuertes, carismáticas. San Vicente no quiso hacer a las Hijas de la Caridad religiosas contemplativas, sino servidoras de los po­bres que le contemplan en el servicio. Dice así: «Se dan algunas ocasiones en las que no pueden guardarse el orden de los quehaceres del día. Por ejemplo, llamará alguien a la puerta durante el tiempo en que oráis, para que vaya una Hermana a ver a un pobre enfermo al que urge, ¿qué hará? Hará bien en irse y dejar la oración, o mejor en proseguirla, pues Dios le manda eso».

Y aquí da la regla de oro que repite incansablemente: «La caridad está por encima de todas las reglas y todos tienen que referirse a ella. Es una gran señora. Hay que ha­cer lo que manda. Es, en este caso, dejar a Dios por Dios. Dios os llama a hacer oración y al mismo tiempo os llama al lado de ese pobre enfermo. Esto es dejar a Dios por Dios».

Existe sin embargo el peligro de ver multiplicarse las ocasiones y hasta los pretextos para dejar la oración. Por eso invita el Santo a hacer las distinciones necesarias.

«Es cierto que en caso de necesidad, el servicio de los enfermos tiene preferencia a la oración, pero si ponéis cuidado en ello tendréis tiempo. No se purga a los enfermos durante los grandes calores. El diablo hace todo lo que puede para impedirnos hacer oración, pues bien sabe que, si es el primero en llenarnos el espíritu de pensamientos frívolos, será nuestro amo todo el día. Por eso, hijas mías, os exhorto cuanto puedo a que hagáis oración antes de salir, y a que la hagáis juntas. Pero si aun así estuviéreis jus­tamente impedidas, hacedla más tarde en la iglesia. Pero que sea lo más raramente posible».

6. Cómo han recogido las constituciones del 75 esta doctrina vicenciana

(Página 15 y números 9, 10, 22 y Estatuto 4)

Pienso que son una síntesis precisa del camino vicen­ciano.

  • escucha del Señor para conocer su Voluntad,
  • presentación de la vida y de las necesidades de hecho,
  • comunidad de oración que tiene su fuerza en una Fe compartida.

Es vuelta a las fuentes, al estilo de oración de los pri­meros Hermanos, pero, con el enriquecimiento de la Litur­gia del Vaticano II y las nuevas formas de oración que van experimentando los distintos grupos.

Lo esencial de la oración comunitaria no es estar juntas sino compartir; y este compartir necesita signos que testifiquen la unión, la unión en la fe, el ansia de Dios, la búsqueda de un mejor servicio. La oración que no lleve a un mejor servicio integral al pobre, no estaría llena de vacío personal, ansia de Dios y fuerza de envío-compromiso, y por ello, no sería auténtica oración.

7. Las nuevas formas de oración

En la «vida de oración» de las Hijas de la Caridad del Padre Bernarg Haring en su libro: «Centrarse en Dios», 1977, tiene un capítulo que me ha resultado interesante, se titula «El diálogo de la Fe y la oración». Nos habla de la importancia que siempre dio la Iglesia a la «experiencia religiosa» y que los jóvenes han vuelto a descubrir con valor y profundidad.

  • La apertura artificial del propio espíritu a dicha ex­periencia por medio del LSD y otras drogas no es sino una forma extraviada de expresar su hambre de experiencias más profundas de la realidad religiosa.
  • Millones de jóvenes de diversos países siguen al jo­ven Maharaj-Ji, que les promete el conocimiento, es decir, un conocimiento vital de la luz divina. En to­das partes encontramos grupos de oración, muchos de ellos desligados de toda institución eclesiástica, formados por jóvenes que se han unido para orar de un modo espontáneo y expresar sin trabajo sus opiniones y sentimientos sobre la realidad de la fe.
  • En el profundo cambio cultural por el que atravesa­mos actualmente, la expresión espontánea de fe es un testimonio de que creemos en Dios viviente, en el Señor de la historia. Movidos por el Espíritu expre­samos nuestra fe como hombres de nuestra época y de una cultura concreta.
  • El diálogo de fe es cada día más común. Orando, di­cen, conocen más a Cristo y se conocen más mutua­mente.
    ¿Qué puerta nos abre este movimiento?

7.1. El diálogo de la Fe como meditación comunitaria en los grupos actuales

Una Comunidad de fe no se concibe —sigue el Pa­dre Horig— sin alabanza en común al único Dios y Padre. No nos reunimos simplemente para recitar plegarias en común, sino también y sobre todo para sostenemos y fortificamos en la fe y alegría del Señor.

No es normal que hombres adultos se reúnan para orar y que no expresen de alguna manera su libertad creadora y espontaneidad.

La manera de hacer grupo de oración suele ser: invocación al Espíritu, o una oración espontánea que cree clima, lectura en la S.E. una pequeña interven­ción del responsable y tras el silencio, viene la inter­vención de la Comunidad. Cada uno se pregunta lo que significa para él el mensaje y se comparten las experiencias internas. El diálogo desemboca en ora­ción de petición, alabanza, acción de gracias.

7.2. Las diversas ocasiones para el diálogo de la Fe

La espontaneidad y libertad creativa de los grupos de oración representa en la vida de cada uno de los participan­tes, de su familia y amistades. Todos aprenden a expresar espontáneamente su gratitud a Dios en las diversas situacio­nes de la vida, a buscar en todo la voluntad de Dios.

Las nuevas normas litúrgicas de la Iglesia nos dan un armazón sólido y a nosotros corresponde hallar el justo medio entre anarquía y simple repetición mecánica.

  • La liturgia penitencial, con petición de perdón a la Comunidad, ofrece el encuentro en la reconciliación.
  • La respuesta a la Palabra, como eco, la adhesión a su voluntad.
  • La confesión comunitaria de Fe, el punto de partida para el servicio.
  • La oración de los fieles, la unión a toda la Iglesia orante.
  • La acción de gracias después de la comunión, la ex­presión de nuestro amor.
  • La oración de las Hermanas, constancia en el orar.

Estas diversas ocasiones están dando nueva vida de ora­ción y maduración de la Fe a muchos hombres que buscan.

Será esto, se pregunta Horing al elogiar las múltiples escuelas de oración, realidad o sueño.

8. La oración comunitaria en la Hija de la Caridad

San Vicente no pudo vivir esta hermosa realidad con el respaldo de un Concilio Vaticano II que anima a la partici­pación Litúrgica activa y responsable, y fomenta la acción catequética para que se llegue a profundizar en los «signos» de cada celebración, pero no hay duda de que, su talante catequético de Evangelizador

— o su Carisma que diríamos hoy, le llevó a intuicio­nes maravillosas de acercamiento a este estilo de Comunidad de oración.

Destaco las siguientes:

  • Valoración de la oración en comunicación con actitudes de unión mutua.
  • Comunicación de los pensamientos de la oración a la Comunidad como ayuda para quien no sabe orar o como exigencia personal.
  • Descubrir a Dios en el pobre a quien se sirve.
  • Aprecio de la Eucaristía como centro de la devoción y ofrecimiento de la propia persona a Cristo en unión con el sacerdote (31-VII-34).
  • Frecuencia de Sacramentos como purificación, unión a Cristo, compromiso con la Iglesia.
  • El no acostarse sin pedir perdón a la Hermana de la Comunidad a quien se ha ofendido.
  • ORAR unos por otros y también por sus trabajos.
  • El expresar en la recreación, etc., las alegrías del encuentro con Dios.

¿Todo esto no forma parte de la esencia de la oración comunitaria tal como hoy se nos da en la Liturgia y en el descubrimiento de los grupos de oración?

Conclusiones

San Vicente captó el proceso que sigue la adoración de la fe desde tres vertientes distintas:

1. La oración. La oración como encuentro interper­sonal con Dios, encuentra en nuestro Dios técnica:

  • para centrar los sentidos,
  • para provocar la imagen,
  • para llegar a interrogarse.

Los Episcopados Español y Suizo han hablado recien­temente de los medios audiovisuales y de las nuevas formas de oración tomados de otras culturas, como ayuda efi­caz para educar en la oración y de salir al paso en la cultura moderna.

¿Estarán estos medios fuera del pensar vicenciano?

San Vicente, para educar en la oración hemos dicho anteriormente que usó:

  • las imágenes, estampas;
  • las repeticiones de oración, exposición de ex­periencias;
  • el diálogo fraterno o provocación de profundización.

Probablemente se inspirara en la Liturgia y oración de todos los tiempos porque:

  • ¿Qué son los retablos, sino plasmación artística de la Historia de la Salvación?
  • ¿Cómo se daba la Catequesis, sino desde la VISION que había plasmado el artista?
  • ¿Qué es el rezo litánico, sino provocación reiterada para crear ambiente de presencia de Dios?

Los obispos suizos nos han recordado a este respecto, que los templos modernos pueden contar con medios audio­visuales adecuadamente colocados que iluminen la PALA­BRA y la clasifiquen a fin de que resulte más fácil su com­prensión y la oración.

2. La oración litúrgica. San Vicente ha captado que las ceremonias litúrgicas encierran un profundo significado, son signos de acciones de la Historia de la Salvación, enca­minadas a crear actitudes personales de conversión. De aquí que a los Misioneros y clero les insista a celebrar los actos litúrgicos con precisión, recogimiento y también pensando que los fieles de esta precisión y recogimiento han de captar signos catequéticos que les lleve a la conversión y celebración de la Fe.

El movimiento Catequético-Litúrgico actual nos habla:

  • de descifrar los signos,
  • de profundizar mediante catequesis en los distintos momentos de la celebración,
  • de usar medios adecuados, para que en las distintas edades y niveles de fe, se llegue a orar y celebrar la liturgia como expresión gozosa de la fe.

¿Nuestras Constituciones no nos invitan a celebrar así nuestras liturgias? ¿No serán necesarias en los días de ejercicios, sobre todo, catequesis de los momentos litúrgicos que eduquen nuestras actitudes de celebración forzosa?

3. Hablar de oración en ejercicios. Pienso que tiene dimensiones distintas.

  • Es imprescindible hablar de vida de oración.
  • Descubrir que los métodos vicencianos están siendo utilizados en la nueva metodología con medios audio­visuales son más actualizados y perfectos.
  • Llevar todo esto a la práctica, buscando que en los
  • Ejercicios la oración ocupe el puesto central:
    a) buscando lugares de oración que inviten al si­lencio y la paz;
    b) usando la música, la luz, los audiovisuales, co­mo medios que faciliten el recogimiento;
    c) invitando a la práctica muy común entre los movimientos de oración modernos —según expuesto— de la puesta en común de la expe­riencia de fe, que recuerde los tiempos de san Vicente, y los potencie.

4. Dar pie a Eucaristías muy participadas, donde:

  • la ambientación, moniciones,
  • música,
  • catequesis de las distintas partes de la misa, les ayu­de a profundizar y experimentar el sentido litúrgico que tiene en la vida de la Iglesia.

5. Celebración de la Penitencia, reposada y con clara visión eclesial. Desconocen las verdaderas celebraciones de la Penitencia, donde siguiendo el ritual, se da pie a la re­flexión, a la respuesta, a la Palabra, petición de perdón a la Comunidad, paz.

6. Invitar a que se prepare para provocar actitudes de oración:

  • La celebración Mariana.
  • Celebración de la Palabra.

El movimiento de Taizé usa la repetición de la misma jaculatoria, cántico o invocación, como medio psicológico para crear clima de Paz, presencia de Dios.

7. oración y Liturgia ambientados, preparados, pueden provocar en las Hermanas:

a) Una nueva experiencia de Fe que les ayude a pro­fundizar en sus actitudes.

b) Dar nuevas formas que ellas puedan usar en su acción evangelizadora.

En definitiva, de todo esto se trata en Ejercicios. De ha­cer vivir y de ayudar a que desde los Ejercicios vivan su Fe, en su ambiente, con más entusiasmo.

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