La MISERICORDIA como praxis de la vida y del apostolado del misionero (II)

Mitxel OlabuénagaEspiritualidadLeave a Comment

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  1. EL HÓTEL-DIEU DE PARIS, UNA CONMOCIÓN SIN LÍMITES.

San Vicente establecía las Cofradías de la Caridad en las parro­quias al finalizar las Misiones. Cada parroquia misionada debía tener una Cofradía de la Caridad, y no se comprendía una Cofradía de la Caridad fuera de una parroquia. Sin embargo, había una Cofradía que no tenía como base una parroquia: la Cofradía del Hótel-Dieu de París. Estaba compuesta por Damas de la buena sociedad francesa, todas ellas fervientes católicas, como por ejem­plo, la presidenta Goussault, viuda del presidente de la Cámara de Cuentas, y primera presidenta de la Cofradía, la duquesa de Aiguillon, Madame de Miramion, Madame de Polaillon, madame de Lamoignon, Luisa de Gonzaga, futura Reina de Polonia, y otras.

Al principio de su llegada a París, siendo Rector o Principal del Colegio de Bons-Enfants y más tarde Señor de San Lázaro, san Vicente trabajaba sobre todo con tres Damas: Luisa de Marillac que se encargaba de las Cofradías, la Presidenta Goussault que visitaba sobre todo los hospitales, y madame Polaillon que ayudaba sobre todo con las niñas huérfanas.

El Hospital de Paris (Hótel-Dieu) estaba emplazado al lado de la Catedral, en la margen izquierda de Sena, para indicar que había nacido de la misericordia cristiana y que se mantenía sobre todo de las limosnas de los fieles y de las rentas del Obispado. Estaba aten­dido por religiosas Agustinas que lo hacían muy bien. Las Damas daban una merienda por las tardes, preparaban a las mujeres para la confesión, y pagaban confesores que atendían a los hombres. Fue la Presidenta Goussault quien invitó a San Vicente a acudir a la reunión de las Damas del Hótel-Dieu.

San Vicente era una personalidad en París: había sido el preceptor de los sobrinos del Arzobispo por lo que a efectos sociales era un Gondi; era Señor de San Lázaro, y un hombre de espíritu y bici formado como sacerdote: se ganó el corazón de las Damas y esta Cofradía fue el socorro de las grandes necesidades surgidas de la continuas guerras.

Las Damas de la Caridad se hicieron cargo de los niños expósitos en 1638, y la obra marchaba bien, aunque con algunas dificultades. En 1648, ante la posibilidad de abandonar esa obra, San Vicente convocó una Asamblea General de las Damas de la Caridad del Hótel-Dieu, y les habló con tanta convicción que ese mismo día recolectó el dinero necesario para seguir con la obra.

La situación era difícil, porque no solo se trataba de una obra muy delicada y de mucho cuidado, sino que se entremezclaban algunos aspectos religiosos que hacían que las Damas creyeran que estaban obrando mal al atenderlos. En el diálogo de la película sobre San Vicente la presidenta Goussault le llega a decir, poniendo delante una cuna: «Este niño es hijo del vicio y del pecado»; y otra señora se hace eco y le dice a san Vicente: «No nos pida más, Señor Vicente, lo que nos pide está rodeado de demasiadas cosas repugnantes». Entonces, según la misma película, san Vicente se conmueve y conmueve a las Damas:

«No les permito juzgar; Yo solo sé que Dios me pide salva estos niños inocentes antes que socorrer cualquier otra miseria… Yo saldré mañana por las calles, yo saldré todasnoches y os traeré más niños sobre esta mesa… Vosotras los veréis debatirse y pediros la vida. ¡Ya veremos si les dejáis morir!»

Juan Julián Díaz Catalán, C. M.

CEME 2015

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