La Iglesia camina hacia los pobres

Francisco Javier Fernández ChentoFormación VicencianaLeave a Comment

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Author: Emilio Cid, C.M. · Year of first publication: 1979 · Source: Vincentiana.
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I. Puebla, un signo para los hijos de san Vicente

Este comentario estaría justificado en Vincentiana solo con tener en cuenta que en América Latina hay 13 provincias de la Congregación, una Viceprovincia (Costa Rica), y dos misiones (Honduras y Panamá). Los efectivos de la Congregación en esta área son: 14 Obispos, dos Administradores Apostólicos, 816 sacerdotes (22,14%) y 57 hermanos (12,61 %).

Pero los documentos de Puebla tienen un alcance universal, como han notado ya los comentaristas. El análisis de la realidad latinoamericana tiene un fondo ambiental, como es obvio. El fenómeno de la pobreza en América Latina tiene un volumen y unas características propias, que plantean el gran problema a la Iglesia que pretende ser la servidora del hombre. Evidentemente no se pueden trasponer los problemas de América latina a las demás naciones, pero tampoco se pueden olvidar las motivacio­nes evangélicas, el misterio de la pobreza de Cristo y su dedicación a los pobres, que son válidas para todo el mundo. Las formas de pobreza son diferentes y el testimonio de pobreza de la Iglesia tiene eficacia en otras direcciones.

Para los hijos de San Vicente, que tienen por lema «Evangeli­zar a los pobres», los documentos de Puebla son un signo de los tiempos y resultan un comentario de su vocación. «Evangelizar a los pobres » es una línea de fuerza que va desde la primera página hasta la última como un estribillo que se repite continua­mente. Hay un marcado acento en las dos palabras: evangelizar y pobres. Y para que la semejanza sea más notable hay un especial interés por los «campesinos «. En el índice temático se mencionan los campesinos hasta 20 veces.

Hay todavía otras dos líneas que tocan nuestros ministerios tradicionales: la misiones populares y los seminarios.

El tema de las misiones populares se toca brevemente en n. 816, hablando de la catequesis: «La acción catequética se dirigi­rá en forma simultánea a los grupos y a las multitudes. Para estas últimas resultan de mucha eficacia las misiones populares, convenientemente renovadas, en una línea evangelizadora».

Sobre la reactivación de los seminarios hay todo un capítulo (683-694). En él se revalorizan los seminarios menores, como una preparación humano-cristiana, donde se capacite al joven para hacer una opción por el sacerdocio libre y madura.

Sobre el Seminario Mayor el documento vuelve a recoger todos los valores positivos del antiguo seminario:

  • La experiencia de Dios mediante la oración, la Eucaristía y la devoción a la Virgen María.
  • El rigor académico.
  • La austeridad, la disciplina, la responsabilidad y la vida comunitaria.
  • Todo ello en un clima nuevo en contacto con la realidad.

No podemos perder de vista una larga historia en la forma­ción del clero en América Latina desde la época poscolonial hasta después del Concilio Vaticano II en que se acentuó la crisis del sistema. La historia pasada no se repetirá, pero pode­mos pensar en colaborar humildemente a recrear los seminarios que América latina necesita en este momento.

II. La Iglesia de los pobres

iglesia que es puebloLos documentos de Puebla representan un momento muy importante en la Historia de la Iglesia, pero forman parte de un movimiento mucho más amplio y profundo, que ha encontrado su expresión refleja en el Concilio Vaticano II y en toda la literatura posconciliar.

Juan XXIII acuña la expresión «Iglesia de los Pobres » en un mensaje radiofónico el 11 de septiembre de 1962, un mes antes de empezar el Concilio: «Frente a los países subdesarrollados la Iglesia se presenta tal como es y tal como quiere ser: la Iglesia de todos y, especialmente, la Iglesia de los Pobres» [AAS, LIV (1962) 682].

El Cardenal Lercaro en la sesión del 6 de diciembre de 1962 dice así: «No cumpliremos nuestra misión y no responderemos a la inspiración de Dios y a las esperanzas de los hombres, si no hacemos del misterio de Dios en los pobres y de la evangeliza­ción de los pobres el centro y el alma de la obra doctrinal y legislativa de este concilio » [Docum. Cathol. LX (1963) col. 321].

En los textos del Concilio

Durante el Concilio se multiplicaron las intervenciones en este sentido. La expresión «Iglesia de los Pobres» no pasa a los textos, pero pasa el contenido, bien filtrado sin duda, pero significativo.

La segunda parte del n. 8 de Lumen Gentium se puede considerar como el texto germinal:

«Sicut autem Christus opus redemptionis in paupertate et persecutione perfecit, ita Ecclesia ad eamdem viam ingrediendam vocatur, ut fructus salutis hominibus communicet. Christus Iesus, cum in forma Dei esset, semetipsum exinanivit, formam servi accipiens (Phil. 2, 6-7) et propter nos egenus factus est, cum esset dives (2 Cor. 8, 9): ita Ecclesia, licet ad missionem suam exsequendam humanis opibus indigeat, non ad gloriam terre­strem quaerendam erigitur, sed ad humilitatem et abnegationem etiam exemplo suo divulgandas. Christus a Patre missus est evengelizare pauperibus… sanare contritos corde (Luc. 4, 18) quaerere et salvum facere quod parierat (Luc. 19, 10); similiter Ecclesia omnes infirmitate humana afflictos amore circundat, immo in pauperibus et patientibus imaginem fundatoris sui pauperis et patientis agnoscit, eorum inopiam sublevare satagit, et Christo in eis inservire intendit «.

En este número el slogan de la «Iglesia de los Pobres » se desdobla en dos: la Iglesia pobre como Cristo pobre, y evangeli­zadora de los pobres como Cristo. De esta manera la evangeli­zación de los pobres es el signo mesiánico de la venida de Cristo, y será así mismo el signo de la autenticidad de la Iglesia continuadora de la obra de Cristo. La Iglesia pobre y servidora de los pobres se convierte en una categoría teológica y en una nota universal de la Iglesia.

El n. 8 de Apostolicam Actuositatem recuerda una vez más que la evangelización de los pobres es un signo mesiánico (Mt. 11, 4-5) e identifica el servicio a los pobres con el servicio a Cristo (Mt. 25, 40). Así el «exercitium caritatis» es parte esencial del servicio de la Iglesia al mundo, que no se reduce a un servicio asistencial, sino que es la verdadera fuente de la lucha por la justicia, los derechos humanos y la promoción humana.

En otros documentos del Concilio se hacen las aplicaciones del principio general enunciado en Lumen Gentium.

La Constitución para la Liturgia describe la obra de Cristo con el famoso texto de San Lucas, 4, 18 (SC, 5).

Gaudium et Spes empieza con el párrafo famoso: «Gaudium et Spes, luctus et angor hominum huius temporis, pauperum praesertim et quorumvis affictorum, gaudium sunt et spes, luc­tus et angor etiam Christi Ecclesiae » (GS, 1).

En Christus Dominus se dice a los obispos: «In eadem tradenda, maternam Ecclesiae sollicitudinem comprobent erga omnes homines, sive fideles sive non fideles, et peculiari cura prosequantur pauperes et tenuiores, quos evangelizare misit eos Dominus » (CD, 13).

La misma recomendación se hace a los sacerdotes en Presby­terorum Ordinis n. 6.

Un texto significativo de San Vicente

Algo había intuido San Vicente cuando decía: «Nuestro Se­ñor pide de nosotros que evangelicemos a los pobres: es lo que El hizo y lo que quiere seguir haciendo por medio de nosotros. Tenemos muchos motivos para humillarnos en este punto, al ver que el Padre Eterno nos destina a lo mismo que destinó a su Hijo, que vino a evangelizar a los pobres y que indicó esto como señal de que era Hijo de Dios y de que había venido el Mesías que el pueblo esperaba… No hay en la Iglesia de Dios una compañía que tenga como lote propio a los pobres y que se entregue por completo a los pobres para no predicar nunca en las grandes ciudades; y esto es de lo que hacen profesión los misioneros, lo especial suyo es dedicarse como Jesucristo a los pobres. Por tanto, nuestra vocación es una continuación de la suya» (Conf. 6-XII-1658, Ed. Sígueme, XI, 386-387).

Otros documentos pontificios

La literatura en este sentido es copiosa, especialmente después del Concilio. He aquí solo una lista de los documentos oficiales más notables.

Antes del Concilio: Rerum Novarum (1891), Quadragesimo Anno (1931), Mater et Magistra (1961) y Pacem in Terris (1963) ya durante el Concilio.

Después del Concilio: Populorum Progressio (1970) y Octo­gesima Adveniens (1971).

Al mismo tiempo la Iglesia estableció en 1967 la Comisión Pontificia de Justicia y Paz, y el Sínodo de los Obispos de 1971 publicó un documento sobre la Promoción de la Justicia en el Mundo.

En 1968 los documentos de la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano han cambiado la imagen de la Iglesia en todo el continente.

Ante estos hechos bien se puede hablar de la conversión de la Iglesia a los pobres.

III. La conferencia de Puebla

La presencia del Papa Juan Pablo II

Son conocidas de todos los reacciones negativas al Documen­to de Consulta, distribuido a principios de 1978. Apareció después el Documento de Trabajo, pero muchos abrigaban reservas sobre el resultado de la Conferencia. En estas circun­stancias el Papa Juan Pablo II decidió su viaje a México para dar a la Conferencia una orientación fundamental. Su presencia fue determinante. Su discurso fue tomado como base de las discu­siones.

El discurso del Papa sintetiza los dos polos de la cuestión: Dios y el hombre. En la audiencia pública del 29 de noviembre de 1978 había formulado por primera vez este pensamiento fundamental:

«La verdad del Cristianismo responde a dos realidades funda­mentales, que nunca podemos perder de vista. Las dos están estrechamente ligadas. En realidad esta conexión tan íntima, en que una realidad explica la otra, es la nota característica del Cristianismo. La primera realidad se llama «Dios» y la segunda el «hombre». El cristianismo brota de la relación particular y recíproca entre Dios y el hombre» (L’Oss. Rom. 30-XI-1978).

Esta idea básica se repite con frecuencia en los discursos de Advientg, Navidad y principios de año, y encuentra su expre­sión sistemática en la Encíclica Redemptor Horninis del 4 de marzo de 1979.

Con esa idea básica en la mente cubre toda la realidad humana y divina lo mismo en México que en Polonia.

El discurso del 28 de enero, con el que inaugura la Conferen­cia de Puebla, tiene cuatro partes, tan íntimamente ligadas, que hay que aceptar enteras o rechazar enteras, pero no se pueden separar unas de otras.

En la primera intenta una orientación doctrinal sobre Cristo, la Iglesia y el hombre.

En ella nota las desviaciones más notorias en ciertos ambien­tes: el silencio sobre la divinidad de Cristo, la reducción a un líder social o político; la contraposición entre Iglesia y Reino de Dios, Iglesia institucional e Iglesia del pueblo, la llamada «orto- praxis «, según la cual el Reino de Dios se puede realizar sin la Iglesia. Sobre el hombre pone en guardia sobre las ciencias humanas, que ayudan a comprender el hombre, pero no pueden ser determinantes cuando vienen en conflicto con la idea cristia­na del hombre, imagen de Dios. Si suprimimos este valor fundamental del hombre cristiano, lo dejamos a merced de las ideologías, que de una manera u otra atacan la dignidad humana.

En la segunda parte trata de reforzar la autoridad de los obispos, a los que exhorta a la unidad con los sacerdotes, los religiosos y el pueblo de Dios, al mismo tiempo condena los magisterios paralelos.

En la tercera parte, partiendo de la misma base teológica, afronta los grandes problemas de América Latina: la pobreza, los derechos humanos, la redistribución de la riqueza, no solo al interior de las naciones sino a nivel mundial. Estudia las relacio­nes entre evangelización y promoción humana o liberación.

Ante todo intenta que la Iglesia se ponga al servicio de los pobres, pero sin violencia y con toda la libertad espiritual ante las ideologías y los sistemas políticos.

No baja a detalles, que será el trabajo de la Conferencia, pero en la exposición del Papa caben todas las aspiraciones legítimas de los pueblos latinoamericanos y todas las metas positivas de la teología de la liberación. No queda lugar para los inmovilistas, ni tampoco para los que quisieran convertir el cristianismo en una ideología o movimiento político.

IV. La opción preferencial por los pobres

En la «Cuarta Parte» titulada «La Iglesia Misionera al Servi­cio de la Evangelización» la Conferencia hace una Opción Preferencial por los Pobres.

Este capítulo viene a ser un resumen operativo, que sintetiza todo el pensamiento anterior. La opción por los pobres es una línea de fuerza que se aplica rigurosamente a todos los aparta­dos: a la Iglesia en general, a los obispos, a los sacerdotes, a los religiosos, a los diáconos, a los laicos y a las comunidades de base. De la misma manera se inserta en toda la actividad de la Iglesia: las parroquias, la educación, la sanidad, los medios de comunicación social, etc.

La llamada a este problema viene corrientemente en forma específica a los pobres, pero otras veces viene en forma genérica: las campañas por la justicia, por la construcción de un mundo mejor, etc.

Las motivaciones

La motivación primera arranca de un análisis del estado de pobreza en que vive la mayor parte de los habitantes de América Latina (7-39). Es un signo de los tiempos para la Iglesia en un continente cristiano.

Pero esta constatación es la ocasión para remontarse a los motivos cristianos que arrancan del Evangelio. Ya no es un motivo humanitario o social, sino que se convierte en una verdadera teología. El capítulo II sobre la dignidad humana (202-235) examina, desde la teología, las raíces cristianas del hombre. En él se examinan las concepciones del hombre vigen­tes hoy en América Latina y en el mundo, para contrastarlas con la visión cristiana del hombre, hijo de Dios, como verdadero fundamento de su dignidad.

En los nn. 342-378 se dan unos criterios de discernimiento sobre la promoción humana y la liberación como partes inte­grantes de la Evangelización; y en los nn. 379-416 se presta gran atención a los problemas que plantean las ideologías y la polí­tica.

En realidad es necesario tener en cuenta todo el conjunto de los documentos para comprender el sentido, la extensión y la profundidad de este capítulo.

De Medellín a Puebla

La Opción por los Pobres tiene tres partes: 1. De Medellín a Puebla. 2. Reflexión Doctrinal. 3. Líneas pastorales.

La valoración de Medellín es positiva, como reconoce el mismo Papa: «Deberá pues tomar como punto de partida las conclusiones de Medellín, con todo lo que tienen de positivo, pero sin ignorar las incorrectas interpretaciones a veces hechas, y que exigen sereno discernimiento, oportuna crítica y claras tomas de posición » (Disc. de Inaug., Introd.).

Es verdad que los documentos de Medellín se interpretaron de una manera unilateral y que fueron instrumentalizados por ideologías no cristianas, pero también es verdad que otro sector, dentro de la Iglesia, se opuso sistemáticamente a aplicarlos.

También hay que reconocer que la Conferencia de Medellín cambió la imagen de la Iglesia latinoamericana. Entre los puntos positivos se pueden enumerar los siguientes:

  • La Iglesia toma conciencia de su misión y vuelca su influen­cia a favor de los pobres.
  • La Iglesia toma su distancia de los poderes políticos, para mantener la libertad necesaria para cumplir su misión y disociar­se de la injusticia.
  • El pueblo toma conciencia lentamente de su situación y vuelve a confiar en la Iglesia.

La situación general en muchos países ha empeorado en virtud de una dinámica económica imposible de controlar, pero la simiente está en la tierra para producir el fruto oportuno.

Aquí tropezamos con un gran problema: Cuál es el camino del futuro?

La minoría dominante después de la independencia cambió muy pocas cosas del tiempo de la colonia, con frecuencia hizo política anticlerical, pero la fe del pueblo sobrevivió gracias al trabajo de los misioneros durante 300 años.

En este momento el marxismo se presenta como el gran mesianismo del futuro, pero las experiencias tienen muchos puntos negativos; suprimen una dependencia para crear otra más dura y más inhumana.

La Conferencia condena el capitalismo, la doctrina de la seguridad nacional y el marxismo. Para encontrar el camino habrá que hacer comprender a las clases dirigentes que las reformas son urgentes y que el clamor del pueblo, alentado por la Iglesia, no tiene conexión con ninguna ideología, sino que la nisma evangelización contiene la promoción humana del pueblo para hacer valer sus derechos y sus aspiraciones como hijos de Dios. La concientización y la liberación interior del pueblo lleva dinámicamente a su liberación exterior.

Reflexión Doctrinal

La «Reflexión Doctrina » contiene tres partes:

  • Jesús evangeliza a los pobres.
  • El servicio al hermano pobre.
  • La pobreza cristiana como medio de evangelización

La fuente de esta reflexión es el Evangelio, el n. 8 de Lumen Gentium y los discursos del Papa. Sin embargo las semejanzas con el pensamiento de San Vicente son tan notables que he preferido dar los textos paralelos para que se vea con más claridad cuánto este apartado toca a nuestra vocación.

Líneas pastorales

Las líneas pastorales tienen un sentido marcadamente ambien­tal para América Latina, sin embargo también en este apartado he preferido dar algunos textos de San Vicente y otros de las Declaraciones de nuestra Asamblea General de 1974.

La Vida Consagrada y la opción preferencial por los pobres

Hay todavía otro título de «opción preferencial por los pobres » en el apartado de la vida consagrada (nn. 575-577).

El documento reconoce la nueva orientación de la vida consa­grada en América Latina, donde muchos religiosos y religiosas trabajan en zonas marginadas y han intentado adaptar los méto­dos de trabajo a las necesidades reales de los marginados. Nota que muchos ensayos han fracasado por falta de preparación y madurez en las personas, por falta de apoyo comunitario y por falta de motivación evangélica.

Esta reorientación de la vida religiosa hacia la pobreza y hacia la dedicación a los pobres es notoria en América Latina, como se puede constatar en los cuadernos de la CLAR, pero este movimiento está tomando cuerpo por todas partes. He aquí solo unos datos fragmentarios:

La Conferencia Interamericana de Religiosos y Religiosas en Ottawa en 1977 trató sobre el futuro de la vida religiosa, y el P. Harvey, Presidente de la misma, resume así el camino hacia el futuro: «El futuro de la vida religiosa dependerá de la unión íntima de una experiencia de Dios y un compromiso por la justicia, concretado en la solidaridad con los pobres e> (Vie Consacrée, n. 2, 15 mars 1978, p. 68). El P. Tillard en su alocución a la Conferencia de Ottawa usa el slogan de San Vicente, sin citarle: «Los pobres son nuestros amos «.

El P. Tillard propone las mismas ideas a la Conferencia de Superiores Mayores de Francia, celebrada en Versalles en enero de 1978.

La Conferencia de Superiores Mayores de Hombres y Muje­res de los Estados Unidos, celebrada en Cleveland (Ohio) del 27 al 31 de agosto de 1978, terminó haciendo tres llamadas signifi­cativas:

  • a la sencillez en el estilo de vida, la propiedad y el uso de los bienes materiales;
  • a la organización de programas de educación para la justicia y la paz;
  • a la acción de los religiosos a favor de todos los que sufren opresión. (Cf. Prov. Newsl. Midwest, 27.IX.1978).

El movimiento dentro de la Congregación de la Misión

La Congregación de la Misión ha ido un poco a remolque de todo este movimiento, pero ha dado pasos significativos sin duda en la mentalización y en los documentos más que en la práctica.

La Asamblea General de 1968-69 tomó conciencia de nuestra orientación en la Iglesia según la idea original de San Vicente, pero las Constituciones experimentales dejaron muchos puntos indecisos.

Entre 1969 y 1974 las provincias celebraron dos Asambleas Provinciales en las que formularon, con diversa fortuna y gene­rosidad, los objetivos vicencianos de las mismas. Aunque no es de este lugar el estudio de estas asambleas y menos una valora­ción de las mismas, no hay duda que han significado un avance positivo en diversos grados.

Esto se ha reflejado en la Asamblea General de 1974 que ha elaborado unas Declaraciones con un sentido mucho más vicen­ciano sin grandes radicalismos.

La CLAPVI en la Asamblea Extraordinaria de Buenos Aires en 1973 ha intentado describir el perfil del vicenciano en Améri­ca Latina. En noviembre de 1977 en la Conferencia de México ha trazado unas líneas operativas, tanto en el orden interno como en el externo, después de un análisis de la situación. (Cf. Vinc. 1-2/1978, pp. 27-39).

La Reunión de los Cinco Visitadores de los Estados Unidos de West Hartford el 9-10 de noviembre de 1978 dedicó una atención particular a las conclusiones de la Conferencia de Cleveland. (Cf. Vinc. 1/79, p. 58).

Una Comisión de la provincia de Irlanda elaboró un proyecto de «Reorientación Radical hacia los Pobres «. (Cf. Vinc. 1/79, pp. 66-69).

Vista desde fuera, nuestra contribución resulta humilde, pero vista desde dentro supone un progreso importante. Sin embargo la Evangelización de los pobres sigue siendo un reto a la Congregación tanto de parte de los mismos pobres como de la Iglesia. Habrá que dar todavía muchos pasos para responder adecuadamente y llegar a ser «la esperanza de los pobres » como nos decía Pablo VI.

V. Consideraciones finales

Los Documentos de Puebla están llamados a ejercer una gran influencia, no solo en América Latina, sino también en otras partes del mundo donde hay problemas semejantes.

Resulta dudoso si se ha avanzado doctrinalmente desde Medellín a Puebla, pero tampoco se puede decir que se haya dado ningún paso atrás. Se han realizado clarificaciones impor­tantes sobre la naturaleza de la Evangelización, sobre la teología de la liberación, sobre el sentido de la promoción humana, sobre la religiosidad popular. Estos no son avances, sino clarifi­caciones que facilitarán grandemente en el futuro el camino de la unidad pastoral.

Después de Medellín se produjo el distanciamiento reflejo de la Iglesia de los poderes políticos para mantener su libertad espiritual y ser capaz de ejercitar su ministerio profético. Segu­ramente después de Puebla se llegue a producir el distanciamien­to de las ideologías, tanto de izquierdas como de derechas, para impedir la confusión de ambos campos y evitar las suspicacias de los gobiernos.

Hay un hecho que distingue las conclusiones de Puebla de las de Medellín. Los Documentos de Medellín fueron elaborados por una minoría y necesitaron tiempo para hacerse aceptar en todo el ambiente. En cambio los documentos de Puebla parten de una base de reflexión mucho más amplia, en la que tomaron parte los agentes pastorales de toda América Latina. La misma controversia, que provocó el Documento de Consulta, no hizo sino profundizar las ideas del documento final. Los Documentos de Medellín pudieron ser ignorados y aun atacados desde diver­sos puntos de vista dentro de la Iglesia. Nada de esto podrá hacerse con los Documentos de Puebla, si se quiere estar dentro de la línea de Evangelización de la Iglesia latinoamericana y aun de toda la Iglesia.

Los documentos constatan un mayor realismo en la evan­gelización, ahora ya no será fácil separar la acción social de la verdadera evangelización y tampoco al revés.

Los diez últimos años fueron años de concientización para los agentes pastorales y se ha creado en el pueblo un movimien­to inicial de superación. Las experiencias no siempre han sido afortunadas. En los años próximos es previsible una acción más concertada y orgánica, ya que la Iglesia ha ganado profundidad y se ha generalizado la doctrina.

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