Juan Gabriel Perboyre

Francisco Javier Fernández ChentoJuan Gabriel PerboyreLeave a Comment

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Autor: Desconocido .
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El mes de septiembre reúne tres celebraciones importantes para la Familia Vicenciana: hace dos días celebrábamos el recuerdo del beato Ozanam, el 27 de septiembre se celebrará la fiesta de san Vicente de Paúl y hoy, 11 de septiembre, la fiesta del mártir san Juan Gabriel Perboyre, sacerdote paúl.

El evangelio del día de hoy se hizo vida en la vida de Juan Gabriel. El santo paúl interiorizó profundamente estas palabras de Jesús, y las procuró hacer vida, incluso en aquellos últimos momentos, cuando era torturado:

Evangelio según San Lucas 6,27-38: “Pero yo les digo a ustedes que me escuchan: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian. Bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los difaman. Al que te pegue en una mejilla, preséntale también la otra; al que te quite el manto, no le niegues la túnica. Dale a todo el que te pida, y al que tome lo tuyo no se lo reclames. Hagan por los demás lo que quieren que los hombres hagan por ustedes. Si aman a aquellos que los aman, ¿qué mérito tienen? Porque hasta los pecadores aman a aquellos que los aman. Si hacen el bien a aquellos que se lo hacen a ustedes, ¿qué mérito tienen? Eso lo hacen también los pecadores. Y si prestan a aquellos de quienes esperan recibir, ¿qué mérito tienen? También los pecadores prestan a los pecadores, para recibir de ellos lo mismo. Amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada en cambio. Entonces la recompensa de ustedes será grande y serán hijos del Altísimo, porque él es bueno con los desagradecidos y los malos. Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados. Den, y se les dará. Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Porque la medida con que ustedes midan también se usará para ustedes”.

A continuación, una biografía resumida del santo:

Juan Gabriel Perboyre nació en Puech de Montgesty (Lot) el 5 de enero de 1802. Es el mayor de ocho hijos del matrimonio formado por Pedro Perboyre y María Rigal. La familia vivía del trabajo de la granja y este trabajo da sus frutos. Fue educado en una sólida fe católica.

Juan Gabriel tenía un tío, hermano de su padre, sacerdote de la Congregación de la Misión, Santiago Perboyre. Toda la familia estaba orgullosa de él.

Santiago estaba destinado en el Seminario de Montauban, al cargo de los Padres Paúles, para la formación de los futuros sacerdotes. La influencia que Santiago ejerce en su familia es inmensa. Recibirá, en esa pequeña pensión de Montouban 18 de sus sobrinos y primos, de los que varios llegarán al sacerdocio.

Luis, el hermano más pequeño de Juan Gabriel, fue enviado al Seminario a estudiar en 1816 y Juan Gabriel fue con él para acompañarle sólo durante los meses de invierno, a la vez que él también estudiaba. En la primavera, cuando Juan Gabriel ya debía regresar a su casa, en su discernimiento vocacional llegó a la decisión de que deseaba ser sacerdote.

El 15 de diciembre de 1818 Juan Gabriel fue recibido en la Congregación de la Misión en Montauban. El 23 de Septiembre de 1825 fue ordenado sacerdote por Monseñor William Dubourg, obispo de Montauban en la capilla de la rue du Bac en Paris.

Después de una estancia como profesor de teología y director del colegio, es llamado a París para desempeñar la función de Director del Seminario Interno de la Congregación de la Misión. Pero Juan Gabriel desea ardientemente partir para la misión de China.

En 1835 partió para Macao. Durante cuatro meses se aplicó al estudio del idioma chino, en el que alcanzó sorprendentes progresos con rapidez. Tuvo que disfrazarse y vestir a la usanza de los naturales del país; se hizo rapar la cabeza y se dejó crecer la coleta y los bigotes.

Le destinaron la misión de Honán. En el ejercicio de esta actividad se dedicó preferentemente a la salvación de los niños abandonados, de los que había gran número; los recogía, los alimentaba y educaba, instruyéndolos como podía en la doctrina. Viajaba a pie, a veces en lentos carros tirados por bueyes. Muchas veces se quedó sin comer, pasando las noches al descubierto, padeciendo el frío, el viento y la lluvia que lo calaba hasta los huesos; pero siempre con alegría, respirando el aire de la libertad, de la vocación conseguida y realizada, con la sangre ardiendo en el sacrificio y en la fe.

Dos años después fue enviado a la provincia de Hupeh, que sería el lugar de su martirio. En el año 1839 había irrumpido un violento brote de persecución. Por orden del gobernador la misión fue ocupada por las tropas. Los padres lazaristas que lograron escapar anduvieron errantes al sur del Yang-Tse Kiang, por los montes y las plantaciones de té y algodón. Deshecho de cansancio, Juan Gabriel Perboyre se detuvo en una choza, ocupada por un chino convertido que lo recibió con amabilidad. Mientras nuestro santo dormía, aquél lo delató a un mandarín, recibiendo en pago treinta monedas de plata. De aquí en más, el padre Perboyre recorrió un itinerario de sufrimientos. Fue llevado interminablemente de tribunal en tribunal, siendo azotado, escarnecido y torturado, puesto en prisión junto a malhechores comunes; con hierros candentes grabaron en su rostro caracteres chinos, pero fracasaron al querer que pisoteara un crucifijo.

Al año de ser capturado se dio fin a su martirio, en la capital, Wuchangfú, ahorcándolo en un madero con forma de cruz, el 11 de septiembre de 1840, junto con el padre Francisco Régis Clet, lazarista como él, después también beatificado.

Fue beatificado el 10 noviembre de 1889, y canonizado por Juan Pablo II el 2 de junio de 1996.

Su cuerpo fue trasladado a san Lázaro, Casa Madre de la Congregación de la Misión en París, veinte años después de su muerte en cuya capilla es venerado.

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